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EL KIRCHNERISMO POST KIRCHNERISTA

CFKLos interrogantes se agolpan, se acumulan y se superponen. Hay análisis interesados y otros verdaderamente directamente alejados de la realidad. No pocos dejaron deslizar que la desaparición de Néstor Kirchner redundaría en que la Presidenta empezara a gobernar como ella realmente quería, casi como si en todos estos años hubiera sido una especie de rehén de su marido0 que no la dejó ser quien verdaderamente es. Otros ensayan una hipotética reunificación del peronismo ahora que el antagonista de los peronistas que rompieron lanzas con el kirchnerismo ha desaparecido. Es probable que no suceda ni una cosa ni la otra y estas aseveraciones queden reservada para el mundo de los deseos.

Cristina Fernández no era una rehén de su marido, era socia de Néstor Kirchner y entre ambos había un reparto de tareas en la que Néstor se había quedado, principalmente, con el manejo de la economía y con el armado político. Ahora, el principal desafío de la Presidenta será reunificar todo en su persona, cuestión que no será para nada fácil. El modelo seguirá incólume a nadie puede caberle ninguna duda de ello, las formas seguirán confundiéndose con el fondo y unas y otras cobrarán mayor o menor relevancia de acuerdo al contexto político del momento. La Presidenta ya lo dejó bien claro en las decisiones que tomó en el velatorio del ex Presidente, usó la vara kirchnerista para que no quedaran dudas quiénes son los amigos y los enemigos. La señal fue clara y a ella se sumaron las elegantes expresiones del Canciller Héctor Timerman que con el fanatismo de los conversos no dudó en mandar a la puta que lo parió al vicepresidente Julio Cobos y a Mauricio Macri. Fue una segunda fase que había estado antecedida por el lanzamiento a la reelección de Cristina a través de la cadena noticiosa CNN, garantizando que el mensaje llegaría claro no sólo fronteras adentro de la Argentina sino también al exterior. Nadie seriamente puede pensar que Timerman haría semejante movida sin un guiño que lo autorizó.

La Presidenta necesita mantener la mística y transmitir que sigue siendo alternativa de poder, independientemente que compita o no por un nuevo periodo, si no quiere que su gobierno se debilite. En este sentido también debe dar señales claras hacia las entrañas del Peronismo y allí deberá asumir la jefatura política del partido y demostrar que tiene las riendas del poder. Kirchner podía darse el lujo de ser el presidente del Justicialismo sin ser el Presidente de la Nación porque él y su mujer eran vistos como una unidad política, por eso el gobierno de Cristina Fernández no se debilitaba. Esta situación de excepción terminó y más allá de los cargos ella deberá conducir la estructura partidaria y deberá mostrar rápidamente señales en este sentido. Por esta razón es que en una decisión perfectamente coordinada los voceros prácticamente pusieron en marcha un operativo clamor. saben que no hay tiempo que perder porque en el peronismo los vacíos de poder son ocupados rápidamente.

Tal vez el principal desafío de la Presidenta sea justamente reemplazar a su marido como estratega en el armado político, cuestión en la que ella nunca se metió y siempre desdeñó. No sólo pasa por ocupar el cargo formar de cabeza del movimiento sino también poder ser reconocida como líder dentro de la estructura. No va a ser fácil. En este sentido tal vez haya tres personas que puedan colaborar en esta tarea: el ministro Julio De Vido, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández y Florencio Randazzo; aunque éste último en menor medida y por supuesto el infaltable Carlos Zanini, secretario Legal y Técnico. Por su parte, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, es una figura más importante de la que parece. No es sólo el funcionario encargado de coordinar la logística de las apariciones presidenciales como se la ha querido hacer ver, Parrilli es el puente entre el gobierno y  las organizaciones sociales. Muchos hablan del rol que podría tener Máximo Kirchner, fundador de La Cámpora, agrupación que cada vez cobra mayor relieve. Hasta el momento no hay nada decidido pero no son pocos los que señalan un rol protagónico del primogénito de los Kirchner al lado de su madre.

La marcha de la economía es una incógnita, no porque haya un debate acerca de los ejes del modelo kirchnerista sino porque el que la llevaba era Néstor Kirchner y Amado Boudou sólo representaba un papel secundario. “Es un tema difícil porque Boudou tiene un equipo impresentable”, explica un miembro del equipo económico de Eduardo Duhalde.

Daniel Scioli ha sido uno de los nombres que más sonaron desde el fallecimiento de Néstor Kirchner junto con el de Hugo Moyano. El gobernador bajó a sus colaboradores una línea clara que consiste en archivar la embrionaria candidatura presidencial que había comenzado a asomar en las últimas semanas. La estrategia es encerrarse en la provincia y desde allí estudiar el panorama. Este es el sentido que hay que darle a las palabras de Scioli cuando dijo que él era sólo el presidente “de hecho” del Justicialismo y no dudó en encolumnarse detrás de la Presidenta. Si hay algo que el gobernador sabe muy bien es como moverse rápidamente acorde a la coyuntura política. Además, aprovechó para hacer una demostración de fuerza convocando a La Plata a todos los intendentes de la provincia. Dieron el presente los barones del Conurbano, los “rebeldes” del grupo de los ocho donde está enrolado Sergio Massa y algunos radicales. Un encuentro para expresar el respaldo a la Presidenta pero también para marcarle la cancha a Hugo Moyano y demostrarle que el dueño del territorio es él. Como se recordará la semana pasada Moyano no pudo reunir los congresales necesarios para reunir al Congreso partidario, mientras que Scioli no tuvo problemas de reunir rápidamente 91 intendentes en la capital bonaerense. La demostración del gobernador fue contundente y demostró que tiene el control del territorio, exigencia imprescindible en el justicialismo para integrar la mesa chica del poder. Ahora habrá que esperar de qué manera Moyano digiere el golpe. Por estas horas, el kirchnerismo trasunta en cómo contener al camionero porque saben que su poder creció más de lo que a muchos les gustaría, tarea que la conoce muy bien Julio De Vido pero que también llevaba adelante Néstor Kirchner. Lo que parece ser una certeza es que sería muy difícil hacer algo en contra de Moyano o sin él, ahora habrá que buscar la manera de contenerlo pero siempre manteniéndolo adentro del redil kirchnerista.

Es cierto que la posición del Peronismo Federal no parece ser la más fácil, porque muchos especulan que desaparecido su principal antagonista debieran empezar a tejer su vuelta al partido o, por lo menos, revisar su estrategia electoral de cara a las elecciones. Ese espacio ya antes del fallecimiento de Kirchner necesitaba un debate interno, algo que a partir de la semana pasada eso se ha transformado en algo urgente. En realidad el Peronismo Federal deberá esperar los próximos movimientos de la Cristina Fernández. Si como muchos sostienen el kirchnerismo dobla la apuesta como ha venido siendo su estilo desde el 2003, el espacio que lidera Eduardo Duhalde, aunque el resto lo niegue, no debiera tener mayores problemas para seguir adelante con el rumbo trazado cuando decidieron pegar el portazo del Justicialismo. Por supuesto, deberá adaptar su estrategia electoral pero en definitiva el oficialismo terminaría siendo funcional a este espacio. En cambio, si el gobierno ensaya una política de apertura y de flexibilización en esa línea que separa los amigos de los enemigos; le será más difícil a los disidentes justificar su permanencia puertas afuera del partido.

Por estas horas hay pocas certezas pero no hay dudas que las próximas horas serán cruciales para que Cristina Fernández comience a dar sus primeros pasos sola, sin contar con quien era su mejor consejero, con su ministro de economía y con el estratega política que se encargaba de cuidar las espaldas del matrimonio presidencial. Hay muchas miradas que se posan sobre la Presidenta y, como en un partido de ajedrez, todos esperan que ella mueva las blancas. Arranca una nueva era política el kirchnerismo sin Néstor Kirchner, es claro que ya nada será como era pero todavía existen muchas incógnitas para saber cómo será.

ESO QUE TODOS LLAMAN GOBERNABILIDAD

La semana pasada el kirchnerismo reveló su principal eje de campaña. El lunes pasado el co presidente disparó: “Si el Gobierno pierde la mayoría, el país puede volver al vacío de 2001, a ese país que estalló”. Dos días después, la Presidenta fue más a fondo y dobló la apuesta: “En las elecciones de junio están en juego la estabilidad y la calidad democrática”. Por su parte, el gobernador Daniel Scioli también hizo declaraciones en el mismo sentido que su jefe político. No cabe duda que el principal pilar de la campaña kirchnerista es infundir miedo, el viejo axioma que reza “Después de mí el diluvio”. Es una estrategia perversa que ya ha sido utilizada por otros presidentes.

La crisis del 2001 está todavía muy presente en las mentes y en los bolsillos de los que más la han sufrido, esa sensación de disolución no es sencilla de olvidar. En las frases del matrimonio subyace el concepto de gobernabilidad, que ya ha sido expresado por otros más explícitamente, y que siempre aflora ante los inconvenientes que debe afrontar el poder de turno. La Real Academia Española dice que gobernabilidad significa “cualidad de gobernable”, por lo que la pregunta obligada sería ¿por qué el país perdería esta condición si el kirchnerismo es derrotado?

La lógica indica que el país no sería menos gobernable si de las elecciones del 28 de junio emerge un Congreso más fortalecido. Es la parte del juego democrático que los Kirchner prefieren ignorar.Sencillamente, el gobierno debería negociar con el Congreso las iniciativas que pretenda convertir en ley. Eso es todo y es lo que pasa en cualquier democracia del mundo. Pero ya se sabe que la lógica del matrimonio presidencial no es la misma que impera en el mundo civilizado, porque no saben de discusiones ni de búsqueda de consensos. En el mundo K gobernabilidad hacer lo que Néstor quiere y manejar la Argentina como si fuera un gran feudo donde sólo es ley la voluntad del poder. La mejor respuesta a la estrategia del miedo no llegó de boca de ningún dirigente de la oposición, sino de Alberto Fernández quien dijo que si la Argentina vuelve al 2001 “será porque fracasamos”. Pocas horas atrás el actual jefe de gabinete, Sergio Massa, hizo declaraciones en el mismo sentido que su predecesor y separándose de la estrategia del miedo. “A mí me parece que no vale la pena hacer ese tipo de especulaciones porque, además, lo más importante de todo es pensar que la Argentina está en una situación fiscal, de superávit comercial, de ocupación en el mercado de trabajo, que le da fortaleza para seguir adelante en medio de esta crisis internacional fenomenal”, dijo Massa.

Las palabras de CFK son más graves aún que las de su marido, porque no puede pensarse que la calidad democrática de la Argentina está atada al resultado de una elección. En todo caso, cada elección –independientemente de su resultado- fortalece el sistema. Pero al parecer las voz del pueblo sólo debe ser escuchada si está en sintonía con la visión kirchnerista, pero si elije otra cosa se resiente la democracia. Es una lógica perversa que es parte de ese mismo credo que exteriorizó Emilio Pérsico de una renuncia anticipada de la Presidenta. Eso también está presente en la lógica del miedo. Recordemos que ya la Presidenta se había referido a las elecciones como ese “escollo” que hay que pasar, lo hizo en oportunidad de anunciar el adelantamiento basándose en la crisis económica internacional, esa de la que no teníamos por qué preocuparnos y que el resto del mundo debía nota del modelo argentino. Hoy, esos argumentos asoman –por lo menos- bastante poco sólidos.

En verdad, la lógica del miedo encierra un el temor del kirchnerismo de enfrentarse quedar entrampado en un escenario con un Congreso fortalecido. Hay que tener en cuenta que el matrimonio presidencial, tanto en Santa Cruz como a nivel nacional,  nunca gobernó con un Poder Legislativo robustecido que no actuara como una escribanía. En ambos casos, la chequera oficial se había mostrado eficiente para comprar voluntades y distribuir obras acá y allá. Pero el proceso político iniciado en 2003 demuestra síntomas de agotamiento, lo mismo que la chequera. No hay dudas, que en este sentido, la crisis con el campo aceleró el desgaste, además del protagonismo del co presidente que relegaron a su mujer –la Presidenta formal- a un segundo plano y a un casi exclusivo rol protocolar. Otro dato no menor es la permanencia en el poder de un grupo de funcionarios indigeribles para la sociedad como Guillermo Moreno, que operan como un corset para que el gobierno de CFK adquiera un perfil propio.

El kirchnerismo enfrenta un panorama electoral muy complejo. Mendoza, Córdoba, Santa Fé están perdidas; la Ciudad de Buenos Aires amenaza con convertirse en un papelón porque no hay nadie, salvo por Carlos Heller que no lo termina de convencer a Kirchner, de presentarse como candidato del oficialismo. la Provincia de Buenos Aires también presenta sus dificultades, el conurbano no promete una victoria segura y las encuestas más serias hablan arrojan un reporto equitativo entre el Frente para la Victoria, el Pro Peronismo y la alianza UCR Coalición Cívica. En el interior del territorio bonaerense la situación crece en dificultades para el oficialismo, porque como en otras zonas del país, las consecuencias de la crisis del campo son más visibles. La Argentina de los Kirchner se ha achicado dramáticamente.

En las últimas horas, Daniel Scioli presiona a los intendentes de La Plata, Pablo Bruera, de Mar del Plata, Gustavo Pulti y de Bahía Blanca, Cristian Breitenstein para que se sumen a las candidaturas testimoniales. Los tres resisten alegando que en su partidos no toleraría tomar una decisión en ese sentido. En las tres ciudades viven al menos un millón de personas, una cifra nada despreciable pero también son zonas que sus formas están estrechamente ligadas al campo.  No es fácil que allí cale el discurso kirchnerista.

Mientras el mundo lidia como puede con la crisis internacional y todos los gobiernos tratan de mantener y llevar la calma, en la Argentina el kirchnerismo hace todo lo contrario elevando el nivel de incertidumbre. Es difícil que en este contexto los inversores se deciden por invertir en el país. El gobierno en vez de atraerlos, se dedica a espantarlos.

¿QUE PASA SI NO PASA?

Hoy la Cámara de Diputados trata el proyecto del gobierno de adelantar las elecciones, donde probablemente la iniciativa sea aprobada de forma ajustada y la semana que viene se discuta en el Senado. No son pocas las fuentes que sostienen que el gobierno tiene los votos pero la ventaja sobre la oposición es pequeña. Algo parecido a lo que pasaba cuando se trató la Resolución 125. Las diferencias estrechas en el Congresos son riesgosas porque son inestables y pueden evaporarse de un momento a otro.

El presidente virtual decidió jugar a todo o nada y tensar el sistema institucional hasta límites peligrosos. Ayer en La Plata, Néstor Kirchner se sinceró y prácticamente dejó traslucir las verdaderas razones de que lo llevaron a tratar de adelantar las elecciones. Desaforado, como es el tono de sus últimos discursos, dijo que cuando hay dos visiones sobre el país hay que dirimirlo en las urnas. Criticó fuertemente a Mauricio Macri y a los gobernadores que “adelantaron” las elecciones en sus distritos. El jefe de la bancada oficialista en el Senado, Miguel Angel Pichetto, en un programa de televisión también fue sincero acerca de las razones de convocar las elecciones el 28 de junio. Explicó que había cierta picardía política por parte de los gobernadores para que el oficialismo llegara al 25 de octubre con tres derrotas sobre sus espaldas: Catamarca, Santa Fe y la Ciudad de Buenos Aires. Es algo bueno que el gobierno haya sincerado sus verdaderas razones, que no parecen tener relación con las esgrimidas por la Presidenta cuando el viernes pasado anunció el adelantamiento. La crisis internacional está golpeando a la Argentina y la va a golpear más, pero va quedando claro que esto no es lo que más le preocupa al gobierno. Néstor Kirchner comprende que el poder se le está escurriendo entre las manos, y como sólo comprende el ejercicio del poder desde la imposición decidió matar o morir.

Los voceros del oficialismo chicanean a los gobernadores de la oposición diciendo que ellos también “adelantaron” sus respectivas elecciones. Ayer Kirchner se quejó que nadie dice nada cuando los opositores lo hacen, pero si lo hace el gobierno es calificado de “antidemocrático”. Lo que no dice el presidente virtual es que los gobernadores tienen la facultad de fijar la fecha de elecciones en  sus distritos, porque todavía queda algún resabio de federalismo. Nadie puede ser ingenuo e ignorar que esas decisiones tienen un contenido político, pero es parte del juego democrático. Tampoco puede dejar de observarse que ni Brizuela del Moral, ni Hermes Binner y Mauricio Macri tuvieron que hacer ninguna reforma para fijar los respectivos calendarios electorales en sus distritos. No es un dato menor. Es decir, que ninguno de ellos adelantó las elecciones, sólo el gobierno lo hace al sus pender un artículo del Código Electoral que prescribe que las elecciones se celebran el último domingo del mes de octubre.

Ahora bien, ¿no cabe preguntarse cuáles serían las consecuencias políticas si el proyecto del Ejecutivo naufragara en el Congreso? Sin lugar a dudas, sería un golpe mucho más doloroso que el rechazo del esquema de retenciones móviles. La gobernabilidad que Kirchner pretende fortalecer se vería seriamente debilitada. No sería extraño que el dique de contención que aún mantiene a varios legisladores dentro del redil kirchnerista terminara por fracturarse. El gobierno quedaría debilitado innecesariamente por la desesperación de Kirchner de convalidar el gobierno de su mujer, un camino riesgoso para evitar cualquier tipo de negociación y búsqueda de consenso. La sesión en la Cámara de Diputados ha comenzado y no le ha resultado difícil al oficialismo conseguir los legisladores necesarios para formar quórum, no es antojadizo que el proyecto atraviese el trámite sin mayores contratiempos. Sin embargo, algunas fuentes sostienen que los verdaderos contratiempos podrían darse en el Senado, similar a lo ocurrió con la 125. De acuerdo con este razonamiento, el jueves el conflicto con el campo volvería a subir de temperatura cuando el oficialismo no preste el quórum para debatir el proyecto de baja de retenciones acordado entre la oposición y la Mesa de Enlace. Este hecho precipitaría a los productores más radicalizados a “subirse a las rutas”. En las cercanías de Alfredo De Angeli dice que cada vez les es más difícil contener a los productores, que “se sienten forreados” por el gobierno luego de la reunión de ayer.

Eduardo Duhalde, desde su bunker en Lomas de Zamora, ha sugerido a algunos interlocutores del campo que redoblen la presión sobre el gobierno, aunque no lo dijo directamente pero eso fue lo que entendieron los ruralistas. El ex presidente, por estos días, se muestra arrepentido de haber entronizado a Néstor Kirchner en el poder y por eso está intentando armar una alianza entre Margarita Stolbizer y el Peronismo Disidente. Es muy sabido que Elisa Carrió y el ex presidente no se llevan para nada bien, y por eso la titular de Coalición Cívica ha dicho una y otra vez que no está dispuesta a “caer en la trampa de Macri y Duhalde” cada vez que le han sugerido entablar un entendimiento con los peronistas rebeldes.

El sentimiento de Duhalde hacia Kirchner es de odio y por eso no le importa tratar de tender puentes hacia Carrió, que es su más acérrima enemiga política. Incluso, el ex presidente intenta aconsejar a sus interlocutores del PRO para que Gabriela Michetti no encabece la lista de candidatos a diputados nacionales en la Ciudad de Buenos Aires. En este punto, Duhalde y Carrió tienen coincidencias, saben que no tiene sentido que Michetti y Carrió se fagociten entre sí debido a una mera coyuntura electoral. En las filas de la vice jefa de gobierno han llegado a la misma conclusión y esperan que, cuando retorne de sus vacaciones el próximo lunes, se le plante a Mauricio Macri y rechace la candidatura a diputada.

La situación del jefe de gabinete, Sergio Massa, es complicada y está ajeno a las decisiones más importantes del gobierno. Massa no ha podido llevar adelante ninguno de los objetivos que se trazó al llegar al cargo, como desactivar la constante intromisión de Guillermo Moreno en el INDEC. Ha sido raleado de las negociaciones con el campo y se enteró por los medios del adelantamiento de las elecciones. A medida que se llama se apagaba fue creciendo la del ministro del interior, Florencio Randazzo que hoy es su contratara. Massa quiere reasumir la intendencia de Tigre y no está dispuesto a integrar la lista de diputados del Frente para la Victoria. Muchos kirchneristas lo ubican en segundo lugar detrás de Kirchner en la lista y arriba de la ministra de salud Graciela Ocaña. Independientemente de si termina como candidato o vuelve a Tigre, la salida de Massa del gabinete parece un hecho. Por estas horas, suena el nombre del diputado Agustín Rossi como candidato a sucederlo, luego que la semana pasada se afirmara que ese lugar estaba reservado para Aníbal Fernández. Al actual jefe de la bancada oficialista se le vence el mandato el próximo 10 de diciembre y su enfrentamiento con Carlos Reutemann le impediría ser reelecto, aunque el legislador haya dicho que su intensión es ser candidato.

 

SOLO PARA LA FOTO

El señor de la foto se llama Carlos Fernández y es el Ministro de Economía de la Argentina. ¿Lo tenés? Sí, la Argentina tiene ministro de economía, pero no habla ni tampoco sabemos si trabaja como tal. Por allí está, ocupa la oficina más importante del quinto piso del Palacio de Hacienda a metros, nada más, de la Casa Rosada.


Desde hace semanas el mundo enfrenta una sangría que parece no tener fin. Las bolsas de todo el mundo parecen no encontrar su piso, el dólar en la Argentina volvió a ser un tema de discusión y los arbolitos volvieron a brotar cotizando el billete norteamericano hasta los $ 3,40. Claro, a cambio no hay que firmar ninguna declaración jurada y todo queda en un “pacto de caballeros”. Diariamente, arrecian los pronósticos más que agoreros desde todos los rincones: devaluación, pérdida de puestos de trabajo, freno en seco del crecimiento, desplome de la cotización de la soja y siguen las firmas.

La semana pasada para el gobierno parecía que la crisis era un fenómeno lejano, cuyos efectos jamás llegarían a estas latitudes gracias al aislamiento argentino. Incluso, CFK se dio el lujo de recomendarles a los norteamericanos la conveniencia de tener un Plan B. Hasta el momento, no se sabe si George Bush escuchó el consejo, aunque las cosas no parecen irle demasiado bien. Sin embargo, la Presidenta hizo declaraciones reconociendo que algunas de las consecuencias de la crisis financiera internacional, podían hacerse notar por aquí. Es cierto que Cristina lo reconoció una vez que todos los economistas de todas las ideologías, incluidos esos a los que ella llama “loros”, ya lo habían vaticinado y la cuestión había sido impresa en “letras de molde” por esos oscuros personajes llamados periodistas. Es un buen augurio porque, tal vez, algún día CFK reconozca que en la Argentina hay inflación. Incluso, la sinceridad gubernamental no se detuvo en las palabras de la primera mandataria, Aníbal Fernández –opinador todo terreno-, coincidió con la Presidenta en que podíamos sentir “los coletazos” de la crisis; aunque se excusó de abundar en detalles porque no integra el comité de crisis. Gracias.


Hoy, en Santa Cruz en donde pasará el fin de semana, la Presidenta reiteró que la Argentina está “mejor preparada para enfrentar la crisis”, mientras el INDEC informaba que la inflación de septiembre era sólo del 0,5 por ciento. Pero ¿Dónde está el señor de la foto? Cri Cri, Cri Cri ¿Qué piensa Carlos Fernández de lo que está pasando? Cri Cri, Cri Cri Una aclaración: Carlos Fernández es el ministro de la economía de la Argentina. Ah, cierto. Me había olvidado. ¿Tiene Plan B el gobierno? Cri Cri, Cri Cri.


Más allá de las frases de barricada en que la Presidenta nos recuerda que teníamos razón, y que los Estados Unidos están cayendo como el Imperio Romano a manos de los bárbaros; parece que a nadie en el gobierno le parece importante explicar de manera calmada en dónde estamos parados. Incluso, hasta sería valorable una conferencia de prensa simulada con un puñado de colegas escogidos por el diligente Miguel Núñez sólo como para saber en qué andan. ¿Sería mucho pedir que el señor de la foto, en su calidad de ministro de economía designado, nos contara qué piensa? Tal vez sí, su perfil es tan bajo que su presencia no estaba prevista –un en principio- en la primera reunión del comité de crisis que monitorea la debacle financiera y que encabeza el jefe de gabinete Sergio Massa. Pero después en el gobierno deben haber pensado que el ministro Fernández (Carlos) quedaba demasiado pintado y decidieron incluirlo, pero no se sabe si dijo algo en el transcurso del cónclave. Ojo, al gobierno no le gusta que al comité de crisis se lo llame comité de crisis, así que se aceptan sugerencias.


Bueno, en definitiva que el mundo se joda por no imitar el modelo kirchnerista. En Buenos Aires empezó el calor, hay fin de semana largo, Cristina está en el Calafate y los precios apenas aumentaron el 0,5 por ciento. ¡Qué carajo me importa lo que piense Carlos Fernández!

PERSONA NO GRATA

Napia, Poronga, Lassie, Patota; son algunos de los sobrenombres más populares de Guillermo Moreno, el todavía secretario de comercio interior. A lo largo de este fin de semana fue el funcionario más mencionado por los medios, y gobernadores –oficialistas y opositores-, diputados, líderes de la izquierda y la derecha y sindicalistas, todos, piden la renuncia del Napia. Incluso el mismo Sergio Massa, el flamante jefe de gabinete, declaró que había que trabajar en volver a darle credibilidad al INDEC. Un obvio tiro por elevación a Poronga Moreno, que como se sabe, ha convertido ese organismo en un feudo privado regenteado por su propia patota; señalada por los dirigentes de ATE como los responsables de los actos de violencia de la semana pasada. Hasta el malogrado Martín Lousteau definió el trabajo de Patota de “una ineficacia implacable”.

Guillermo Moreno se ha convertido en un emblema de la era kirchnerista, cuya sola presencia convierte en fallido cualquier intento de oxigenar una administración deshilachada. El Napia se hizo célebre por sus “acuerdos” de precios que conseguía a fuerza de aprietes, amenazas e insultos; y alguna que otra exhibición de armas de fuego. Pero su metodología hace rato que dejó de dar resultados, ya nadie le teme y según dicen sus días están contados. Sin embargo, Patota sigue siendo secretario de estado y al parecer su relevo se produciría en unos quince días. El matrimonio gobernante opina que desprenderse de él mientras se pide su renuncia, implica que se le marquen los tiempos. Curioso que un gobierno que siempre habla de diálogo y consenso mantenga entre sus filas, a alguien que ha hecho del apriete su principal herramienta de gestión.

Sergio Massa sabe que en algún momento deberá pedir la cabeza de Moreno, porque de otra manera se convertirá en un adversario que no dudará en esmerilarlo. El mismo tratamiento que le aplicó al inexperto Lousteau, a quien llamaba “pendejo” a pesar de ser su jefe; claro pero sólo en el organigrama del ministerio de economía. Pero Massa no es Lousteau, tiene el cuero más curtido y aprendió a hacer política con los tiempos de Eduardo Duhalde.

Los precios, que no paran de subir, son hasta ahora el único enemigo que los aprietes del Napia no han podido doblegar. La inflación anual se calcula entre el 25 y el 30 por ciento, aunque Napia nos quiere hacer creer a todos que no supera el 10.

Las frases de Guillermo Moreno son antológicas, como cuando dijo que “va a llover gas oil”. Hace mucho que ya nadie anda con paraguas porque si hay algo que escasea en la Argentina es ese combustible.

Moreno es Kirchner y sólo cumple sus órdenes, como cuando se encargó boicotear las negociaciones entre la mesa de enlace y Alberto Fernández.

Hay quienes sostienen que Moreno se irá de la secretaría de comercio, pero que se le está buscando otro lugar en el gobierno. Los Kirchner no quieren aparecer como cediendo frente a las presiones de todos los que piden que el “guardián de los precios” se vaya de una vez por todas.

Ahora bien, la concepción de Guillermo Moreno acerca de la inflación y de los precios –al igual que la de Néstor Kirchner-, es en punto muy infantil. Nadie seriamente puede pensar que dibujando los índices del INDEC la gente se va a creer que cuando los precios suben en realidad bajan. Es casi el razonamiento de un chico, que cree que la realidad la puede construir como mejor quiera. El problema con Moreno es que hace rato que dejó de ser un chico –un tema que bien le convendría charlar en terapia-, y además es funcionario público y lo más grave es que el matrimonio presidencial lo sigue mancando. Sin embargo, lo más grave que hasta ahora, los aprietes de Patota parecen ser la única estrategia del gobierno para combatir la inflación: estamos en el horno.

Los Kirchner creen que sostener a Poronga mientras políticos y empresarios hacen cola para pedir su renuncia es una muestra de fortaleza. Es una forma anacrónica de entender la política y el poder, que nada tiene que ver con la mentalidad de un estadista. Contrariamente a lo que piensa el matrimonio, que Moreno siga en funciones es un síntoma de debilidad y de falta de gestión. También muestra un gobierno muy poco versátil a la hora de amoldar sus estrategias de acuerdo con la realidad, que siempre es variable y nunca estática.

¡BASTA NESTOR!

En un gobierno en el que el gabinete es una masa informe, sólo dos de sus integrantes sobresalieron: Alberto Fernández y Julio De Vido. El primero se fue, el otro todavía sigue. ¿Va a haber más cambios? ¿Cuándo? ¿Quiénes se van? ¿Quiénes vienen? Estas son las preguntas más repetidas durante las últimas 24 horas, y los nombres de Guillermo Moreno y Ricardo Jaime están al tope de cualquier especulación. Luego de un día dominado por el vértigo como el de ayer, el gobierno parece haber enfriado la pelota pero no los rumores y las operaciones de prensa y políticas se siguen enhebrando sin cesar.

Los rumores van desde la lógica hasta la fantasía total. Algunos dicen que se va a reformar la estructura de los ministerios, como volver a desdoblar seguridad y justicia, y ofrecer esa cartera al ex diputado Rafael Bielsa; que en la actualidad aparece con casi una nula actividad política. También se señala que se podría fusionar Desarrollo Social –a cargo de la hermana Alicia- y Salud, en realidad un rumor que se reedita cada vez que hay una crisis. En el mismo sentido, se menciona que otra vez Producción se convertiría en un ministerio, como en tiempos de Eduardo Duhalde, y algunas fuentes postulan para ese cargo al diputado Felipe Solá. Sí, a Felipe el mismo que Kunkel le gritaba “traidor hijo de puta” mientras hacía uso de la palabra en la sesión de Diputados en la que se discutían las retenciones móviles. Sin lugar a dudas parece un escenario un poco fantasioso, pero dicen que sería una manera de atraer al redil a un díscolo. Raro, muy raro; especialmente en un gobierno dominado por el matrimonio Kirchner que para los rebeldes sólo vale el tronar del escarmiento. Incluso, se ha llegado a mencionar la posibilidad de que un gobernador ocupe el ministerio del interior y que el diligente Florencio Randazzo, vuelva a cruzar la General Paz y busque un lugar en el gobierno de Daniel Scioli. Una receta salida del manual de la ortodoxia peronista que tendría mucho sentido si el presidente fuera Eduardo Duhalde o alguno de los hermanos Rodríguez Saá, pero que con el kirchnerismo en el poder suena a ciencia ficción. Rumores, operaciones, posicionamientos, re posicionamientos; pero la verdad es que por el momento el gobierno se empeña en emitir señales más que ambiguas.
Dejando de lado los rumores, lo cierto es que el gobierno –gracias a la salida de Alberto Fernández- tiene una excelente oportunidad para emprender una reestructuración profunda. El tan mentado relanzamiento puede convertirse en realidad, sin embargo desde el gobierno no quieren emitir señales concretas en este sentido. Es claro que con la llegada de Sergio Massa a la jefatura de gabinete no alcanza, aun cunado sea joven, exitoso, simpático y dialoguista. El problema es que cada vez que se intenta pensar en cambios importantes dentro del gobierno, inevitablemente aparece la figura de Néstor Kirchner que se ha convertido en un especie de máquina de impedir; al punto que parece estar empeñado que la asunción de su mujer se siga retrasando. Las voces que describen el estado de ánimo de Néstor, dicen que está “sacado”, que quiere venganza y que no duda en colgarle el mote de Judas a cualquiera que disienta con él. El ranking hoy lo encabeza Julio Cobos y Alberto Fernández.
La sociedad está expectante esperando la movida del gobierno y no puede haber margen para el error. La Presidenta ya perdió más de veinte puntos de imagen positiva y si no hace nada o las decisiones que tome difieren de las expectativas de la sociedad, las elecciones legislativas del año que viene pueden convertirse en una catástrofe convirtiendo los dos últimos años de su presidencia en un calvario. Ya no hay margen para sobrevolar los problemas como si no existieran, Cristina Kirchner debe comprender que ya es hora que empiece a gobernar, que es algo muy distinto a pararse frente a un atril a retar a todo aquel que no piensa como ella o a reivindicar permanentemente la década del ’70. Es hora que Néstor Kirchner entienda que el método de la confrontación permanente, que en su momento le permitió obtener varios triunfos- ya está agotado y la sociedad también. ¡Basta Néstor!