Tag Archives: Ricardo Echegaray

QUE LINDO ES TENER VICEPRESIDENTE

boudouEl vicepresidente Amado Boudou se ha convertido en una persona que incomoda al gobierno y en especial a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, en el gobierno, más allá del mal humor que provoca el escándalo que involucra al otrora favorito de Cristina, se lo ha decidido proteger. Boudou es un hombre del cristinismo, fue la Presidenta que lo eligió como su compañero de fórmula y quien, por supuesto, lo llevó al sillón del vice. Boudou no es Julio Cobos que fue un invento de Néstor Kirchner, producto de aquel experimento fallido que se llamó Convergencia y que se presentó como una evolución de lo que en su momento se denominó Transversalidad. La creación de Amado Boudou lleva sólo la autoría de Cristina Fernández y es por eso que no le pueden soltar la mano porque la única responsable es ella.

Hay dos hechos objetivos que demuestran que, por el momento, el vicepresidente será protegido más allá de lo que muchos quisieran como el poderoso Guillermo Moreno. El primero fue en el acto llevado a cabo en Rosario con motivo del acto por el bicentenario de la jura de la bandera, que marcó la primera aparición pública de la Presidenta luego de la masacre de Once. En aquella oportunidad, Amado Boudou fue ubicado al lado de Cristina Fernández. No fue un detalle menor, teniendo en cuenta que en política muchas veces son los gestos los que dicen mil palabras. El segundo hecho fue la conferencia de prensa que brindó el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, en la que inusualmente para un gobierno que hace un culto del desprecio al periodismo, el funcionario permitió que le hicieran preguntas.

La conferencia de prensa de Echegaray, que hasta ese momento había intentado mostrarse lo más alejado posible de la cuestión, no llegó en cualquier momento sino luego del raid mediático en el que Amado –a pesar de conceder entrevistas a medios amigos del gobierno-, no hizo un buen papel. El viejo dicho “no aclares que oscurece” describe el pobre papel que hizo Boudou cuando intentó explicar un escándalo que no para de crecer. Pero además, por las dudas el titular de la AFIP demostró que también actuaba en defensa propia. Por un lado se metía en el escándalo Ciccone, trató –aunque tibiamente- de no dejar mal parado al vicepresidente; pero por el otro puso en claro que sus decisiones en el tema estaba respaldadas por el propio Boudou.

Fuentes bien informadas afirman que Boudou salió a dar explicaciones por orden de la Presidenta. El mismo día aparecieron dos reportajes en los diarios Página 12 y Ambito Financiero. En el primero, el vice puso al descubierto el núcleo de su pobre argumentación: “Muchas veces peleamos contra poderes ocultos, poderes que se esconden atrás de sectores de la prensa, del trabajo que hace el Grupo Clarín y el diario La Nación utilizándolos a veces para hacer trastadas políticas ­por ejemplo, el duhaldismo y el duhaldismo residual­, a veces para hacer negocios y negociados. Y me estoy refiriendo al grupo Boldt, que está detrás de todo esto”. Frente a toda la información que diariamente se conoce del llamado Boudougate, acusar a los medios y a Duhalde –que desde las elecciones ha desaparecido de los lugares que solía frecuentar- aparece como una explicación que, como de costumbre, no está sustentada por ninguna prueba.

Sin embargo, los dichos de Boudou no son graves y ya son parte del cotillón kirchnerista. Buscar culpables afuera y ser víctima de una conspiración orquestada por los enemigos del modelo, que no son otros que los “medios hegemónicos” y Duhalde. Un argumento desgastado y que ya no tiene efecto. Pero lo más grave es la manifiesta contradicción en la que cayó en su paso por los medios amigos. Afirmó que no había intervenido para que la AFIP reviera el pedido de quiebra que había solicitado a la justicia por deudas tributarias de Ciccone de más de $ 50 millones. “No influí ni tuve ninguna participación directa”, declaró Boudou. Sin embargo en menos de veinticuatro horas tuvo que desandar ese camino y admitir que había firmado una nota el 8 de noviembre de 2010 –que lleva el N° 154/10-, donde avalaba “la continuación de la empresa concursada”. En la nota, Boudou basaba su decisión en la protección de las fuentes de trabajo y “su importancia estratégica”. Una razón por cierto bastante vaga y que no dice nada, pero que casualmente también había sido esgrimida por la Casa de Moneda cuando había tomado la decisión de imprimir los billetes de $ 100 en la ex Ciccone por unas U$S 50 millones. Seguramente debe tratarse de una casualidad, como también debe serlo el hecho que la titular del organismo, Katya Daura, haya llegado a ese cargo de la mano del actual vicepresidente luego de trabajar en la ANSES cuando Amado dirigía el organismo. No es un detalle menor que el trámite en el Ministerio de Economía  sólo demandara 65 horas, un caso record de celeridad que no tiene ningún contribuyente a menos que tenga muy buenos contactos.

En la conferencia de prensa del viernes, Ricardo Echegaray admitió la participación de Boudou en el tema Ciccone, cuando reveló que el ex ministro de economía había respondido a una consulta de la AFIP. Echegaray confirmó que Boudou mintió y al mismo tiempo pareciera que, de esta manera, comparte responsabilidades en su decisión de otorgarle una moratoria especial y extraordinariamente beneficiosa. Es importante recordar que la misma AFIP le había solicitado la quiebra a Ciccone y gracias a la recomendación de Boudou y las facultades de Echegaray, la imprenta obtuvo una moratoria de de 168 cuotas a una tasa de interés de tan solo el 0,5%, muy por debajo de la irreal tasa de inflación del INDEC y del interés que cobra la misma AFIP. En la actualidad, cualquier deuda que un contribuyente tenga con el organismo recaudador, devenga una tasa del 3% mensual para intereses resarcitorios, equivalentes al 0,1% diario o lo que es lo mismo el 36 anual.  Además, si la AFIP inicia una ejecución fiscal se agregan intereses punitorios por 4% mensual. Queda muy claro que el trato que recibió Ciccone con respecto al de cualquier ciudadano común es más que conveniente.

Hay otra cuestión llamativa. Una empresa llega a ser declarada en quiebra si incumplió un concurso preventivo de acreedores o si vuelve a caer en cesación dentro del año de haber cumplido con el concurso en lo que se llama el periodo de exclusión. Es importante señalar esto porque no se llega la instancia de la quiebra fácilmente. El fallido debe incumplir una y otra vez los planes de pago. El otro detalle es que al momento de obtener la moratoria extraordinaria otorgada por la AFIP, la ex Ciccone ya estaba siendo manejada por Alejandro Vanderbroele. Es decir que la compañía debió haber tenido muchos incumplimientos para llegar a esa situación, pero ello no fue un obstáculo para que Echegaray la beneficiara con una moratoria a tasa de interés negativa; algo absolutamente fuera del alcace de cualquier contribuyente sin buenos amigos.

En su paso por los medios, Boudou repitió una y otra vez que no conoce a Vanderbroele y éste afirmó lo mismo a través de un para de solicitadas. Fue un intento de desmentir los dichos de la todavía mujer de Vanderbroele que afirmó que éste era el testaferro de Amado Boudou. El 2 de marzo, Laura Muñoz concedió un reportaje a Contrapunto donde, si bien no quiso brindar muchos detalles porque ya había declarado frete al fiscal de la causa Carlos Rívolo, dejó en claro que su marido, Núñez Carmona y Boudou se conoce desde hace muchos años desde Mar del Plata. “La vinculación es fácil de probar y esto es muy obvio, el vinculo no es solo de amistad sino también laboral”, explicó Muñoz quien afirmó que los tres tenían negocios antes del escándalo Ciccone y que Núñez Carmona y Boudou le habían propuesto a Vandenbroele trabajar juntos y el dinero “se repartía”. El audio de la entrevista lo podés escuchar al final de esta nota.

Las revelaciones de Muñoz son muy importantes, porque si se comprobara que los tres participaron en otros negocios, anteriores a Ciccone, como primera medida quedaría desvirtuado el argumento de Boudou y Vanderbroele que no se conocían. En segundo lugar se debería determinar si en esos supuestos negocios pesó o no el hecho de los cargos públicos que Amado Boudou ocupó con anterioridad como titula de la ANSES y Ministro de Economía. Si ello llegara a comprobarse en sede judicial, no sólo podría investigarse al vicepresidente por tráfico de influencia sino también podría caberle el delito de asociación ilícita; un delito que es muy difícil de probar.

Hoy el juez de la causa, Daniel Rafecas, trabaja sobre la hipótesis que se haya configurado el delito de negociaciones incompatibles con el ejercicio de funciones públicas, que el artículo 265 del Código Penal define como: “el funcionario público que, directamente, por persona interpuesta o por acto simulado, se interesare en miras de un beneficio propio o de un tercero, en cualquier contrato u operación en que intervenga en razón de su cargo”. El código establece una pena de de prisión de uno a seis años e inhabilitación especial perpetua.  Es por eso que es de vital importancia probar la vinculación entre Amado Boudou o Alejandro Vandenbroele y justamente, por esto mismo, es que ambos hicieron hincapié en asegurar una y otra vez que nunca tuvieron relación de ningún tipo.

“No soy conocido ni amigo de Vendembroele, sí soy amigo desde muy pequeño de Núñez Carmona”, declaró Boudou en La Red. Por su parte, Vandenbroele afirmó en una solicitada publicada por El Cronista: “Es absolutamente falso que sea testaferro del señor vicepresidente de la Nación. No fui, ni soy amigo, ni conocido y mucho menos cierto que tenga con él relación comercial alguna”.

Ahora bien, suponiendo que fuera cierto que Boudou no tiene ninguna relación con Vanderbroele, sí la tiene con Núñez Carmona quien a su vez sería socio de éste. Así, el juez y el fiscal tendrían que investigar si Vandenbroele no se benefició de la amistad de Núñez Carmona y Boudou. Un primer indicio de ello es que la ex Ciccone fue la encargada de la impresión de las boletas que el Frente Para la Victoria utilizó en las primarias. Un contrato que le reportó a la imprenta unos $ 14 millones. El segundo hecho es la extraordinaria y beneficiosa moratoria que obtuvo Ciccone, gracias al sorprendente cambio de opinión de Echegaray, que pasó de pedirle la quiebra a solicitar su levantamiento y la Súper Moratoria que le otorgó merced a la recomendación de Boudou.

Pero hay más, aunque seguro debe ser obra de los conspiradores de siempre. En la declaración jurada que Boudou presentó ante la Oficina Anticorrupción, correspondiente al periodo 2009-2010, figura como su deudor Fabián Carosso Donatiello, por el alquiler de un departamento en Puerto Madero, propiedad del compañero de fórmula de Cristina Fernández. La deuda ascendería a unos $ 10.000.

Carosso Donatiello le alquiló el departamento a Boudou, gracias a que Vandenbroele le pidió a Núñez Carmona que le consiguiera un departamento a su amigo. En la solicitada que publicó Vandenbroele en el Cronista, explica que: “De esa conversación surgió la posibilidad de concretar el arrendamiento, el que terminó concluyéndose entre ausentes, en el mes de junio de 2010, suscribiendo el licenciado Boudou el contrato aquí en Buenos Aires, y Fabián Carosso Donatiello hizo días después, en Madrid, España, de modo tal que ni siquiera se conocieron”. Boudou no conoce a nadie ni nadie lo conoce a él, pero todos los caminos parecen terminar en el vicepresidente. A su vez, desde el 2007, Carosso Donatiello y Vandenbroele  son socios en “Agroibérica de Inversiones SA”, con domicilio en San Miguel Tucumán y en Madrid. El abogado Ricardo Monner Sans encontró el acta de creación de “Agroibérica de Inversiones” en el Boletín Oficial de la Provincia de Tucumán. Según ese documento, la sociedad fue creada para la “elaboración, distribución, comercio e importación y exportación de alimentos y bebidas y de todo tipo de productos”; para la “administración” y “adquisición” de valores mobiliarios y participaciones sociales de empresas”; y para administración “de fondos propios de entidades” no residentes en España. la sociedad constituyó su domicilio e la calle San Miguel 683 de la capital tucumana. Quienes aseguraron ser los dueños de la propiedad declararon que no tenían nada que ver y que allí no funciona ninguna empresa.

Ya se sabe que los tiempos de la justicia no son los de la política y lo que es necesario probar en una, no lo es en la otra. Probablemente, Amado Boudou pueda salir airoso del trámite judicial gracias a esos vericuetos insondables que tienen los jueces, aunque Daniel Rafecas no tiene nada que ver con Norberto Oyarbide. Tal vez, aquello que se afirma con tanta seguridad simplemente no pueda ser probado, sin perjuicio que ello sea verdad; aunque cada día que pasa surge nuevas revelaciones que parecen ir acorralando más y más a Boudou. Sin embargo, lo que resulta ser claro es que políticamente Amado Boudou ya no es lo que era.

“No saben lo lindo que es tener vicepresidente. Estoy tan contenta”, dijo Cristina Fernández de Kirchner a los pocos días de asumir su segundo mandato. ¿Seguirá pensando lo mismo?

Reportaje a Laura Muñoz en Contrapunto (FM Identidad 92.1)

NADIE FUE

0132677B La irrupción de unos 200 inspectores de la AFIP en la sede central del Grupo Clarín que debe tomarse como una clara persecución del gobierno a un medio de comunicación. También hubo inspecciones al Grupo Vila y a la Rural, que maneja el diputado Francisco De Narvaéz.

El jefe de la AFIP Ricardo Etchegaray salió a desmarcarse del papelón a través de una carta que le envió a Ricardo Kirchbaum, editor general del diario, haciéndole saber que no había ordenado ese operativo. El Jefe de Gabinete también salió a sostener la línea argumental de Echegaray, afirmando que el organismo recaudador no tuvo nada que ver y que alguien que lo había pagado y se va a despedir a los responsables; aunque afirmó que se trata de una operación política. Algunas horas más de la declaraciones de Fernández se supo que la AFIP despidió a el director regional metropolitano, Andrés Vázquez, y el director regional de la zona sur, Sergio Mancini; quienes aparentemente habrían estado al frente del operativo que Etchegaray dice que no ordenó. Varias versiones señalan que ambos funcionarios no son de carrera y que habrían sido nombrados en sus cargos hace tres meses por el propio Echegaray. Es decir, que de esta manera, la hipótesis de la operación política señalada por Aníbal Fernández pierde entidad, a menos que desde el gobierno se armen operaciones políticas contra el mismo gobierno.

Una vez más queda claro que el gobierno no tiene límites y no duda en exhibir su poder. Por la noche, se conoció que la Presidenta estaba “consternada” en Olivos como si fuera una mera espectadora y no quien lleva las riendas del país. La Presidenta no debe estar consternada tiene que pedirle la renuncia a Echegaray porque si es cierto lo que el funcionario sostiene en la carta que le envió a Kirchbaum, queda claro que no es capaz de imponer su autoridad a los inspectores del organismo. Si el operativo de ayer, contrariamente a lo que ahora sostiene el gobierno, fue efectivamente ordenado por Néstor Kirchner –como sostienen en Clarín- también debe irse porque no se puede utilizar un organismo tan importante como la AFIP para perseguir a aquellos que el gobierno considera sus enemigos. La cuestión reviste una gravedad inusitada porque se está utilizando a uno de las instituciones más importantes del Estado como una fuerza de choque del gobierno. Suponiendo que el Grupo Clarín hubiera evadido impuestos, si fuera estuviera en una buena relación con el kirchnerismo, como de hecho lo ha estado hasta hace menos de un año, cabría preguntarse si en ese caso el gobierno hubiera hecho la vista gorda frente a los incumplimientos. Con lo que se desprende que el pago de impuestos, al cual estamos todos obligados, se convertiría en una cuestión arbitraria decidida por la mayor o menor cercanía del contribuyente con el poder. Es grave y serio. A nadie escapa la guerra que están disputando el gobierno y el Grupo Clarín que terminó por explicitarse luego del frustrado intento del multimedio por adquirir Telecom, en medio de la discusión por el controvertido proyecto de la ley de medios.

La Argentina está crujiendo por los cuatro costados y la tensión es cada vez más grande. Los Kirchner están decididos ha convertir esa frase emblemática que repiten desde 2003: “Vamos por todo”. Por eso, el kirchnerismo pelea cada batalla como si fuera la última y el país poco a poco se va convirtiendo en un campo arrasado. Si al mundo le quedaba alguna duda sobre la Argentina, las fotos publicadas en los principales medios de comunicación de inspectores persiguiendo a un grupo periodístico, nos saca definitivamente de cualquier consideración de entrar en alguna agenda de inversiones. Por el contrario, nos pone al tope de la consideración de Venezuela que hace mucho dejó de jugar en la liga de las naciones que progresan.

No se trata de defender a Clarín, sobre el que pesa no pocos cuestionamientos sobre su conducta empresaria, pero la torpeza del kirchnerismo lo está convirtiendo en el adalid de la libertad de prensa de la Argentina. Pero bajo ningún concepto puede avalarse la utilización de los organismo del estado para perseguir a los que disientan con el gobierno. Esta acción implica un punto de inflexión en el accionar del gobierno, porque nunca como ayer el kirchnerismo demostró el desparpajo inaudito en utilizar los recursos del Estado para perseguir a sus ciudadanos. Además, no hay que olvidar que al operativo en contra de Clarín se suma los realizados a las empresas de Daniel Vila, que la semana pasada tuvo expresiones durísimas contra el gobierno y el proyecto de medios oficialista y contra el diputado Francisco De Narvaéz que derrotó a Kirchner en la provincia de Buenos Aires en las últimas elecciones. No cabe duda que el coctel es explosivo: persecución de medios de comunicación y de dirigentes opositores. 

Ricardo Kirchbaum contó en Contrapunto que los inspectores manifiestamente apoyaban el proyecto de ley de medios, y que varios de ellos recomendaron preguntarle a Kirchner sobre el operativo. A medida que pasan las horas y se van conociendo distintos detalles del episodio, va quedando claro que el operativo de ayer fue ordenado por Néstor Kirchner y que la su mujer, la Presidenta, habría estado ajena. Kirchner continúa desgajando la imagen de su mujer que una y otra vez parece obligada a ocuparse de hacer anuncios que presenta como fundacionales y que después se implementan a medias o directamente pasan al olvido. Una vez más utilizando la cadena, Cristina Fernández anunció el envío al Congreso de un proyecto de ley para despenalizar el delito de calumnias e injurias. Sin lugar a dudas, una decisión que debe ser apoyada pero a menos de 24 horas de sucedido el apriete de ayer no parece muy sincero, y se parece más bien a una estrategia para tratar de amortiguar las consecuencias políticas de la polémica generada en el día de ayer.

LA CONTINUIDAD NO DEBE CONTINUAR

Una lectura profunda del gobierno con el conflicto del campo y las cacerolas de colmaron la Plaza de Mayo, indican que la continuidad de la manera de gobernar de los Kirchner está agotada. Las protestas no sólo cuestionan una medida económica, sino también una forma de relacionarse con la gente. Si el gobierno no hace esta lectura los problemas se agravarán, pero además, por primera desde el 2003 este estilo comenzó a irritar a los de adentro. Los gobernadores empezaron a hacer valer su condición de funcionarios respaldados por los votos, porque saben que sus carreras políticas están en riesgo si por mantener su incondicionalidad con el matrimonio presidencial desatienden su base electoral. El gobernador de Chubut Mario Das Neves aparece como el díscolo de una tropa que ya no responde tan ciegamente a los designios del matrimonio. Llegó a pedir que echen al Jefe de Gabinete.
El 31 de julio del año pasado publiqué en este blog La Reelección y el 15 de noviembre otro artículo titulado Por Ahora Ganó la Continuidad, en ocasión del armado del gabinete de Cristina Fernández de Kirchner. Es decir que los problemas que el gobierno enfrenta en la actualidad ya se preanunciaban desde hace varios meses. El gobierno encabezado por la Presidenta no tiene apenas tres meses como dice ella, sino que viene desde el 2003. No sólo porque ella es la mujer de Néstor, sino porque además conservó la misma forma de toma de decisiones de su antecesor e inclusive a las mismas personas; salvo por algunos cambios menores. Sí, es cierto ganó la continuidad, pero una continuidad que ya no puede seguir en un gobierno cuyas principales espadas aparecen desgastadas y cada vez con menos margen de maniobra.
Cristina Fernández de Kirchner irrita en cada una de sus apariciones y esto genera una irritación mayor en ella. El atril presidencial que cuando era ocupado por Kirchner (Néstor) se había transformado en un símbolo de poder –y hasta en algo pintoresco- ahora resulta odioso. El desaliño permanente del Primer Caballero, con mocasines incluidos, contrasta brutalmente con el vestuario demasiado refinado y el maquillaje muy cargado que ostenta la Presidenta. Acomodar permanentemente los micrófonos, los dedos para arriba, las posturas estudiadas al extremo para obtener el mejor ángulo de las cámaras de televisión; generan rechazo en la gente porque toda esa estética se percibe como artificial y poco auténtica. Por supuesto, lo mismo sucede con los contenidos de los discursos, donde lo único que prima es la lógica que quien cuestiona o se opone es un golpista o un conspirador, que sólo asume dicha postura para disputar poder aprovechándose de la condición de mujer de la Presidenta. El extremo llegó con la acusación a Hermenegildo Sabat de ser portador de un mensaje cuasi mafioso por haber publicado una caricatura, que reflejaba lo que muchos pensaban y piensan: que no hable más. No se puede apelar constantemente a las tragedias del pasado para solucionar los problemas del presente y acusar a todo a quien que disienta con ser cómplice de la dictadura. Esto no significa dejar de revisar los años negros de la Argentina, pero ello no puede ser un obstáculo que no nos permita mirar hacia el futuro.
La irritación que produce la Presidenta a propósito del conflicto con el campo ya empezó a reflejarse en las encuestas. Por caso, un sondeo realizado por Graciela Römer arrojó como resultado que la aprobación de la gestión del gobierno bajó 8 puntos en marzo y que la imagen negativa creció un 5. Queda claro que hay algo que no está funcionando, pero cabe preguntarse si el kirchnerismo será capaz de advertirlo o sencillamente responsabilizará a los eternos conspiradores que cree agazapados preparados para minarles el poder y volver al pasado.
Hoy Cristina Fernández es percibida como una Presidenta que reina pero cuyas decisiones de gobierno están muy acotadas debido a la omnipresencia de su marido que parece haberse convertido en una especie de Primer Ministro el estilo de las democracias europeas; donde los presidentes tienen reservados roles más bien protocolares. Cada día se percibe más que el poder real en la Argentina pasa por Puerto Madero, donde se toman las decisiones de gobierno más sensibles. Parece que la sentencia que hizo Elisa Carrió en un reportaje que me concedió, cuando dijo que “hay un solo comando, el de Néstor Kirchner”, se está confirmando.
El conflicto con el campo tiene algo de paradójico porque Cristina Fernández ganó en aquellos lugares donde las protestas fueron más intensas. En las elecciones que la llevaron a la presidencia se impuso en Pergamino, Gualeguaychú, Las Flores, el interior de la Provincia de Córdoba y la Provincia de Buenos Aires. Es decir, que los “piqueteros de la abundancia” acompañaron el modelo y Cristina está acusando de golpistas a sus propios votantes. No parecen ser neoliberales con saudade de los noventa. Parece ser un raro caso de suicidio político.
El gobierno cree que desarmó la protesta del campo pero se equivoca. Por estas horas su principal objetivo es intentar dividir el frente rural que cada vez se muestra más consolidado. Los productores ya están planeando su vuelta a las rutas si sus reclamos no son atendidos, a medida que su humor empeora porque pasan los días y no son convocados por el gobierno para negociar. Por su parte, el gobierno no parece estar transitando una tregua en el conflicto, sino que fiel a su estilo le sigue doblando la apuesta a un adversario que ya demostró que tiene espaldas para aguantar y que no se amilanó frente a las huestes de Hugo Moyano. Así, el ya pintoresco Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, decidió denunciar judicialmente a las cuatro entidades ruralistas por violar la Ley de Abastecimiento. Además, Moreno decidió bajar contenedores de carne que debían ser exportados. El viernes se conoció la noticia que al frente de la Oncaa, organismo que reparte los subsidios para el sector y es conocido como “la caja del campo”, asumirá Ricardo Echegaray. Sí, el mismo Echegaray que estaba en la Aduana y fue despedido por Alberto Fernández a raíz de sus internas con Alberto Abad. Bien, ahora fue convocado otra vez por el mismo Alberto Fernández que lo despidió. Puede que Ricardo Echegaray sea un funcionario estrella dotado de virtudes poco frecuentes o daría la impresión que el gobierno se está quedando sin gente. Una consecuencia, esta última, que sería más que lógica en una administración que cada vez se cierra más sobre sí misma y donde sólo se franquea la entrada a los incondicionales que estén dispuestos a morir por la causa.
Es curioso que Felisa Micelli se haya transformado en una de las defensoras más activas del gobierno frente al conflicto con el campo. Un detalle que no deja de rozar con lo patético. Recordemos que la ex ministra de economía debió dejar el cargo por la aparición de una bolsa con dinero en efectivo en el baño de su despacho, y que no supo ser lo suficientemente convincente a la hora de explicar su origen. En medio de un conflicto tan grave, éste puede parecer un detalle nimio pero pone de manifiesto las contradicciones e inconsistencias de un gobierno que dice tener el objetivo de jerarquizar las instituciones. No parece ser el camino más adecuado para alcanzar esta meta.
Llegó el momento que de una vez por todas, Cristina Kirchner asuma la presidencia y entienda que diálogo y negociación no son sinónimos de derrota. La Argentina no está en la misma situación que en el 2003, con lo cual el gobierno no puede seguir actuando de la misma manera que en aquellos días aciagos. En esta nueva etapa es necesario arrumbar el atril en el arcón de los recuerdos, aprender del pasado pero sin que se convierta en un obstáculo para mirar hacia el futuro, desmovilizar a las patotas que creen ser los únicos de la patria y el modelo y pasar a retiro efectivo a algunos funcionarios muy desgastados como Guillermo Moreno. El tono crispado debe ser reemplazado por el equilibrio.

¡AFUERA!

La Presidenta Cristina Kirchner decidió la salida de Alberto Abad, titular de la Afip, y de Ricardo Echegaray, que estaba al frente de la Aduana. La interna entre estos dos funcionarios había estallado hace tiempo atrás cuando Echegaray decidió cuestionar la efectividad del Sistema María.
En los papeles Abad era el superior de Echegaray, pero éste le decía a su jefe que sólo recibía órdenes de Néstor Kirchner. No hay que olvidar que se trataba de un pingüino que anteriormente había sido titular de la Aduana de Río Gallegos. Por su parte, Abad llegó a la Afip de la mano de Eduardo Duhalde y gracias a los resultados de la recaudación, pudo sortear la purga de funcionarios duhaldistas que el kirchnerismo implementó luego que Duhalde y Kirchner se enfrentaran. El Jefe de Gabinete Alberto Fernández era su principal apoyo, y a él había recurrido días atrás para exigir el alejamiento de Echegaray. El ex ministro de economía de la Provincia de Buenos Aires, Gerardo Otero, un viejo amigo de Abad, respondió en Contrapunto que el ahora ex titular de la Afip no es de esos funcionarios atornillados a una silla.
Los efectos de la interna de los ahora flamantes ex funcionarios también se evidenciaron en varias renuncias y remociones de hombres que respondían a uno y otro bando. Una muestra de ello puede observarse en los fundamentos de la renuncia presentada el 26 de febrero de este año por el Jorge De Cicco, que se desempeñaba como Subdirector General Técnico Legal Aduanera. En su dimisión, Di Cicco señala: “Hallándome en uso de la licencia anual por vacaciones he contemplado a la distancia y en función del tiempo de reflexión disponible que, lejos de procurarse reencausar un trabajo conjunto las diferencias se generalizan, acercándonos peligrosamente a un estado de cosas que compromete seriamente el futuro de la Institución Aduanera. Estamos avanzando para quedarnos sin organismo y sin organización. La articulación ordenada de los órganos que integran la Dirección General se ha perdido. Actualmente se habla de alineamiento “con el Director” o “contra el Director”, en un ejercicio que resulta perjudicial para el Organismo todo. Advierto con desazón que la dirección, la ejecución, la jerarquía, la coordinación y el control pilares fundamentales de toda organización ya no existen, lo que torna imposible de realizar en forma ordenada, integral y uniforme las funciones administrativas asignadas…..se ha perdido todo control de la situación produciendo un ataque abierto a las nuevas autoridades designadas ene el ámbito de la Subdirección General de Control y aquellas que han sido confirmadas en la Subdirección General de Operaciones Aduaneras del Interior. En el primer caso, se impide el desarrollo de la gestión desde su inicio, restándole participación en la conducción; sin advertir ni entender que se trata de funcionarios designados y confirmados por la máxima autoridad de la Administración Federal de Ingresos Públicos, en el marco de las facultades que le son propias”. Estas líneas extractadas del texto de renuncian del Subdirector Di Cicco, ponen de relieve el alto grado de confrontación entre Abad y su subordinado. Inclusive dejan entrever casi un estado de rebeldía por parte de Echegaray al no aceptar los nombramientos de su jefe.
El conflicto entre Abad y Echegaray tiene varias similitudes con el mantienen Martín Lousteau y Guillermo Moreno. En este caso, al igual que sucedía con Echegaray, Moreno no acepta recibir órdenes de su superior formal porque su base de sustentación está en Puerto Madero. La diferencia de esta pareja es que ninguno amenazó con renunciar si el contrincante seguía en su cargo, nadie se atrevió a pronunciar la sentencia: “Es él o yo”. Lousteau y Moreno se enfrentaron pero no sacaron los pies del plato, siempre respetaron la principal “regla de etiqueta” del kirchnerismo: saludo uno, saludo dos.
El doble comando existe y la interna entre Abad y Echegaray es una prueba más ello, ya que el primero perfectamente podría haberle pedido la renuncia al segundo y no lo hizo. Pero también se percibe cierta debilidad en el manejo de la “tropa”, como consecuencia de un poder que atiende en Balcarce 50 y en Puerto Madero simultáneamente. El lector sabrá diferenciar entre la casa matriz y la sucursal. No fueron pocos los que intentaron interpretar la renuncia de ambos funcionarios como un gesto de firmeza de la Presidenta, aunque sin embargo parece ser todo lo contrario. Cristina no pudo acallar una interna entre son funcionarios que, aunque importantes, ni siquiera tenían el cargo de ministro. Y, para cortar por lo sano, terminó desprendiéndose de Alberto Abad que había demostrado ser eficiente sin generar los escándalos de su colega bonaerense Santiago Montoya. Queda claro que este gobierno no admite personalidades fuertes y al parecer premia la lealtad a la eficiencia.