Tag Archives: Martín Lousteau

América para los Americanos

img_1364

Todos se preguntan por qué gano Donald Trump. En primer lugar fue mejor candidato que Hillary Clinton. Al igual que Ronald Reagan promete la vuelta al American Dream, un conjunto de costumbres y tradiciones sobre lo que los explicadores argentinos, que ni siquiera conocen bien Miami, no tienen ni idea. Entre esas cuestiones está el debate sobre el derecho a armarse contenido en la segunda enmienda de la Constitución y que ocupó mucho espacio en la campaña. Aclaro que no tiene nada que ver con Garfunkel y Sra. Cazando cocodrilos para hacer portafolios. Trump apoyó siempre este derecho y por eso la Asociación Nacional del Rifle le dio su apoyo con un acto que duró cuatro horas y que presidió el gobernador de Kentucky.
No es cierto que Trump sea xenofobo, que odie a los inmigrantes, a los latinos y a cualquier minoría. Trump lo que quiere es combatir la inmigración ilegal, no al que tiene sus papeles en orden. Un Pichetto de cabellera naranja y que habla inglés. Te suena? Esto lo dijo en sus discursos una y otra vez. Los latinos en EEUU especialmente los cubanos no son de izquierda.

LA PLATA EMPIEZA A ESCASEAR

lavagna2La frase que lleva por título esta nota pertenece al ex ministro de Economía Roberto Lavagna, quien rara vez hace declaraciones altisonantes y uno de sus rasgos característicos es la mesura.

A lo largo de la entrevista que concedió a Contrapunto (FM Identidad 92.1), Lavagna brindó definiciones importantes: “La Argentina está cara en dólares”, dijo y con referencia a la crisis internacional, que para el su sucesor Amado Boudou prácticamente no va a tener efectos en el país subrayó que “ningún país puede quedar blindado”. En este sentido afirmó que debido a la crisis internacional la Argentina corre el riesgo de sufrir “un debilitamiento en los precios de los commodities”. Un escenario que sin lugar a dudas profundizaría el déficit fiscal que muchos economistas afirman que existe pero que el gobierno se encarga de disimular.

Las declaraciones de Lavagna realizadas en Contrapunto impactan en una semana en que Bossio, titular del ANSES, le explicó a los ministros de la Corte Suprema de Justicia que el organismo no tiene el dinero suficiente para hacer frente a la generalización del fallo Badaro que afecta a ciento de miles de jubilados. Es evidente que, a pesar de las enormes cantidades de dólares que entraron a la Argentina, el modelo económico del kirchnerismo empieza a mostrar síntomas de fatiga. Por eso, ni pocos economistas hablan desde hace muchos que se necesita “un service” en palabras de Martín Redrado o “una corrección en el rumbo” como afirma desde hace bastante Martin Lousteau.

A pesar de todos los avisos, el gobierno jamás hecho caso a ninguna de las advertencias y uno de los principales problemas del modelo económico como es la inflación directamente se niega y solo se admite que lo que hay es una tensión de precios, tal el diagnóstico de Amado Boudou. Es claro que, alguien que niega un problema o en el mejor de los casos lo minimiza, jamás se va a preocupar en resolverlo porque directamente no existe. Y ese es el verdadero problema.

“LOUSTEAU: “NO SE PUEDE HABLAR DE REACOMODAMIENTO DE PRECIOS”

Lousteau El ex ministro de economía, Martín Lousteau, sostiene que la inflación “va a ir en alza”. Calcula que el índice de precios se ubicará en alrededor del 20 por ciento y define al gobierno como una administración que “lo resuelve todo a través del gasto y usa el gasto para disciplinar”.

Lousteau está convencido que a Néstor Kirchner sólo le interesa tomar medidas económicas que tengan un impacto positivo en “la arena doméstica”. Así, para el ex ministro, las medidas económicas sólo se deciden en el marco de una estrategia de acumulación de poder poder político.

El ex ministro de economía habló de todo en Contrapunto. Escuchá la entrevista completa.

¿SE AGOTO EL ESTILO K?

Cristina Fernández de Kirchner encaró el atril y seguro pensó que, al igual que en tantas ocasiones lo había hecho su marido, un discurso fuerte y sin concesiones bastaría para disciplinar a los díscolos. Esta vez los hombres del campo habían sacado los pies del plato que terminaban el décimo tercer día de paro y habían anunciado que la medida era por tiempo indeterminado.
Sin embargo, el resultado seguro que no fue el deseado. A las pocas horas estallaron los cacerolazos en la Ciudad de Buenos Aires y en el interior del país. La gente se congregó en las principales ciudades del país y comenzaron a marchar a la porteña Plaza de Mayo. Incluso, muchos fueron hasta las puertas de la Quinta de Olivos. Por estas horas la Presidenta y sus principales asesores se deben preguntar: ¿Qué salió mal? Todo. No cabe duda que fue el error político más grave de la Presidente desde que asumió, es evidente que en la Casa de Gobierno leyeron mal la realidad. Ya no se trata de la protesta del campo, las manifestaciones de ayer hablar del fin de la lógica kirchnerista que sostiene que todo puede resolverse a golpe de atril. Fue echarle nafta al fuego y por la noche Luis D’Elía se encargó de agravar más la situación provocando a la gente que manifestaba pacíficamente en la emblemática Plaza. A diferencia de los que muchos dirigentes pueden pensar, D’Elía debilitó más al gobierno de lo que lo había hecho la misma Cristina a la tarde. Ayer colapsó una manera de comunicar y de gobernar, mucha gente se cansó de los retos desde el atril y los próximos serán decisivos para determinar si las reacciones populares de anoche sólo tienen que ver con el conflicto rural o si es más abarcativo. Sería muy difícil probar si D’Elía fue a la Plaza como fuerza de choque del gobierno, pero lo que ningún funcionario podrá negar es que no lo frenaron.
El kirchnerismo, desde siempre, entendió que la única forma de negociación es la lógica de la rendición incondicional del adversario y solo una vez que está quebrado dialogar. Algo que se enmarca en la concepción de los hechos consumados y recién entonces convocar al “diálogo”. Esa, es al parecer la forma de gobernar que cambió anoche.
Uno de los principales errores del discurso de la Presidenta fue la evidencia de una falta de correcta lectura del problema. Ella habló de una lucha de clases en que la avaricia de unos pocos quieren adueñarse de aquello que les corresponde a todos. Es decir, los ricos que quieren seguir explotando a los pobres como ocurría con los grandes terratenientes cuando se decía que la Argentina era “el granero del mundo”. Pero desde hace décadas la situación cambió y los que cortan las rutas nada tienen que ver con la percepción que tiene la doctora Kirchner y que plasmó en su discurso de ayer. Las imágenes de televisión, transmitiendo día y noche la crisis agropecuaria, se encargaron de poner de manifiesto su error de cálculo. Incluso varios de los chacareros que están en las distintas rutas del país están bastante peor vestidos que varios de los piqueteros que anoche se arrogaron la propiedad de la Plaza de Mayo.
Ayer, Cristina Fernández de Kirchner perdió la oportunidad de recibirse de estadista poniendo en práctica un discurso conciliador, que de ningún modo debe implicar un síntoma de debilidad o que signifique acceder a las exigencias del campo. En cambio, optó por resolver el conflicto a golpe de atril, y como se han encargado de señalar no pocos dirigentes la consecuencia fue intentar apagar un incendio tirando nafta. Así, las palabras de la Presidenta recorrieron el país como una verdadera mecha sembrando piquetes, cacerolazos y concentraciones por doquier. Un efecto que los funcionarios más importantes del gobierno no calcularon. No es aventurado pensar que el Estilo K de gobernar y comunicar, que tan buenos resultados le dio a Néstor Kirchner, se está agotando y que el gobierno debería empezar a ensayar otra manera de vincularse con la sociedad.
El papel del ministro de economía demuestra que no tiene la cintura política que requiere su cargo. “Los que protestan no ven que el modelo de cambio les permitirá ganar más por cada tonelada”, dijo Martín Lousteau. ¿La gente de campo será tan obtusa que protesta por una medida que los beneficia? Hace catorce días que los tipos empezaron un paro, levantaron decenas de piquetes, se movilizan cada vez con más firmeza; pero no se dieron cuenta que en realidad con el nuevo esquema de retenciones van a ganar más. Si serán desagradecidos. Claro, es difícil tomarse en serio a alguien que hace tres años escribió, junto a Javier González Fraga, el libro “Sin Atajos”, donde Martín (que es Lousteau) afirmó: “Reducir gradualmente las alícuotas del IVA al 18%, débitos y créditos bancarios (hasta su eliminación) y retenciones a las exportaciones (8% para los productos primarios y 0% para las manufacturas)”. Pero cuando se convirtió en ministro K no sólo no abogó por reducir las retenciones, sino que las aumentó. Si esta es la generación de nuevos políticos, prefiero a la vieja. Por eso, suena cómico cuando desde el gobierno se le pide a los ruralistas honestidad intelectual.
El ministro Aníbal Fernández ayer hizo de la Plaza de Mayo una zona liberada, jugando con la seguridad de las personas que legítimamente estaban manifestando en ese lugar. Las cadenas de noticias reflejaron que, en uno de los momentos de mayor tensión entre los manifestantes y los huestes de Luis D’Elía, los periodistas y los fotógrafos separaban a ambos bandos. La policía no estaba. Fernández, que diariamente no duda en opinar sobre todo, tendría que dar explicaciones.
Las próximas horas son cruciales para el gobierno, que deberá estudiar de qué manera sale del laberinto en el que se encerró.

ENTRE EL PODER Y LOS CARGOS

Los rumores sobre la posible renuncia del ministro de economía, Martín Lousteau volvieron a ganar espacio. Como se sabe, la razón estriba en la feroz interna que mantiene con el poderoso Guillermo Moreno, responsable de la salida de Guillermo Peyrano; que había llegado al Palacio de Hacienda reemplazando a Felisa Micelli, eyectada del gobierno luego del escándalo de la bolsa aparecida en el baño de su despacho.
El gobierno intenta implementar un nuevo sistema de medición de precios, bajo el argumento de sincerar la Encuesta Permanente de Hogares de acuerdo a los hábitos de consumo de los argentinos. Claro, esa es la explicación oficial, la verdad es que desde la Casa Rosada se busca dotar de cierto barniz de credibilidad al “dibujo” de los índices que se llevan a cabo desde hace más de un año. Lousteau se opone y Moreno sigue haciendo gala del poder que le confirió Kirchner (Néstor). Además, de sus ya conocidas referencias al tamaño de sus partes anatómicas íntimamente relacionadas con la masculinidad, al menos de acuerdo con el más tradicional acervo arrabalero.
Más allá de estas pinturas anecdóticas, el INDEC muestras hoy profundas heridas en su credibilidad, gracias a la tácita intervención de Moreno y su gente que data de hace más de un año. Por eso, la concepción del gobierno de implementar un nuevo sistema de medición de precios más creíble, parece algo ingenua y el gobierno se enfrenta a un callejón sin salida en donde se encerró a sí mismo. Nadie puede pensar que el nuevo índice, cuya implementación mantiene a Lousteau al borde la renuncia, vaya a arrojar el verdadero nivel de inflación que todos los argentinos enfrentan cada vez que van al supermercado. De hecho, la prueba que se realizó con el nuevo sistema arrojó una variación de precios del 0,4%, es decir la mitad del 0,9 que difundió el INDEC en enero. Un dato que sirve de prueba para vaticinar lo que vendrá: un índice “científicamente” dibujado. Por el contrario, si el nuevo sistema fuera veraz, el índice de inflación sería bastante más alto que el que mes a mes difunde el gobierno, luego de ser dibujado en la Secretaría de Comercio. Obviamente, esto sería un “sincerisidio” que demostraría que el gobierno viene mintiendo desde hace algo más de un año. Por eso, el gobierno está encerrado y a punto de perder su segundo ministro de economía por la polémica de los índices, e incluso, no son pocos los que se animaron a vaticinar que Moreno podría convertirse en el reemplazante del debilitado Lousteau. Un nombramiento con el que desde siempre sueña el secretario de comercio, y que en definitiva, constituiría un verdadero sinceramiento entre quien detenta el poder real y el cargo que figura en su tarjeta. Sin embargo, una movida de este tenor implicaría pagar un importante costo político, que terminaría de echar por tierra aquel anhelo de la Presidenta de jerarquizar las instituciones, una promesa de campaña –que como el pacto social y la concertación- hoy yacen en el baúl de los recuerdos.
Guillermo Moreno se convirtió en Secretario de Comercio Interior, gracias a la fama de duro que se había granjeado maltratando ejecutivos de las empresas telefónicas, en su paso por la Secretaría de Telecomunicaciones. Al principio, su estrategia de “convencer” a empresarios para acordar precios máximos dio resultado. A golpe me amenazas, palabras subidas de tono y demostraciones de virilidad Moreno consiguió controlar la inflación. Sin embargo, el efecto no fue eterno y cuando los empresarios empezaron a perderle el miedo, los precios empezaron a subir y Moreno posó sus ojos sobre el INDEC. Entonces, el gobierno de la mano de Guillermo Moreno comenzó a crear su propia realidad, que como suele suceder nada tiene que ver con la realidad. Es obvio que Moreno ya no le sirve a nadie y menos al país, tiene que renunciar y el gobierno debe ponerse a trabajar en cómo contiene verdaderamente la inflación. Es obvio, que su método falló porque de otro modo no habría problemas de precios y no habría sido necesario meter mano en el INDEC, convirtiéndolo en una caricatura de lo que fue.
En medio de los rumores de renuncia del ministro de economía, la figura omnipresente de Néstor Kirchner volvió a hacerse sentir. Al parecer el ex presidente “operó” sobre varios periodistas para desmentir la salida del ministro, que cada vez está más acotado y débil políticamente. ¿Se acuerdan del doble comando de Duhalde? Parece que en la Argentina actual los que detentan los cargos, no son los mismos que tienen el poder.