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EN EL NOMBRE DEL PADRE

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El secretario de comercio interior Guillermo Moreno es la manifestación salvaje del kirchnerismo explícito. Amenaza, insulta, descalifica, degrada, patotea demostrando obediencia ciega a Néstor Kirchner, el verdadero padre de esta criatura que corre por la delgada línea entre el ridículo y la ilegalidad.

Guillermo Moreno se erige como un torpe comisario político que utiliza métodos de burlesque en pos de la defensa de un modelo político y económico que el mundo olvidó hace ya demasiado tiempo; mientras sus patrones se enriquecen de manera dudosa contrariando los principios más básicos de la ideología que dice defender.

Hay algo que no se puede negar del Secretario Moreno, está convencido de lo que hace y realmente cree que sus métodos son suficientes para llevar adelante su cruzada. Más allá de algunas sospechas, hasta ahora está exento de protagonizar algún escándalo de corrupción. Moreno no tiene nada que ver con Ricardo Jaime o con Claudio Uberti; aunque los tres terminan perjudicando al país.

Las imágenes captadas por una escurridiza cámara oculta en Papel Prensa, mientras sus directores trataban de llevar adelante una votación que impidió a los gritos, desnudaron a Guillermo Moreno en toda su dimensión y patetismo. “Acá no se vota” gritaba desencajado, trataba de “tarambana” a un director que estaba exponiendo y le sugería que siguiera diciendo pavadas mientras atendía una llamada impostergable. Repartía guantes y cascos de plástico como un soldado de juguete que se prepara para una guerra que solo se librará en la cabeza de un niño. Así de ineficaz es Moreno, que en vez de enfrentarse a los verdaderos problemas generados por el aumento de precios y la inflación prefiere meterlos debajo de la alfombra falseando las cifras del INDEC. Lo que pasa es que la realidad no negocia ni se deja amedrantar como la mayoría de los empresarios argentinos o los directores de Papel Prensa, que no dudaron en asumir su papel de mansos corderos frente a las descalificaciones del iracundo funcionario. Y este es el segundo problema, aquellos que se dejan manosear por Guillermo Moreno. Por eso, Néstor Kirchner no es el único responsable de mantener con vida a su criatura que se ha transformado en su alter ego. Las “víctimas” de Moreno también alimentan su poder de opereta y lo mantienen en vigencia.

La pregunta es por qué hombres poderosos y ricos que no han dudado en presionar gobiernos para defender sus propios intereses, se comportan como un grupo de niños obedientes que se saben culpables de alguna travesura. ¿Son todos masoquistas? ¿El modelo que defiende Moreno los termina haciendo más ricos y poderosos? ¿Esconden demasiados secretos que prefieren ser humillados frente a la posibilidad que sean revelados? Puede tratarse de alguna de estas posibilidades o de todas, ninguna es excluyente pero es difícil pensar que esos hombres disfrutan del tratamiento dispensado por el secretario de comercio. Pocos fueron los que se atrevieron a enfrentarlo y se animaron a denunciarlo ¿serán tan ingenuos que piensan que se puede negociar una  derrota acotada con Néstor Kirchner? Por eso, los empresarios que se dejan vapulear por Moreno más que víctimas terminan siendo cómplices.

Las diputadas Paula Bertol (PRO), Silvana Giúdice (UCR) y Margarita Stolbizer (GEN) decidieron presentar un proyecto para que el Congreso decida la remoción del soldado kirchnerista, utilizando por analogía la figura de moción de censura prevista en la Constitución Nacional para el Jefe de Gabinete. Si bien la interpretación jurídica que han hecho las legisladoras pueda ser atacable, es la primera reacción desde la política que se propone poner un freno contundente al funcionario. Es difícil imaginar al matrimonio presidencial pidiéndole la renunciar a su más fiel escudero sólo porque el Congreso lo ordena.

Guillermo Moreno no es sólo un funcionario con un comportamiento inadmisible, también es un funcionario ineficaz que nunca ha tenido éxito en ninguna de las tareas que el matrimonio presidencial le encomendó. Es la manifestación más palmaria de la debilidad de los Kirchner para combatir la inflación. Fracasó controlando los precios y su intento de convertirse en empresario al frente de la ex papelera Massuh terminó en un fiasco, que hasta los mismos obreros que dice defender lo repudiaron. Moreno también es la demostración de las contradicciones del gobierno y su ya clásico doble discurso. Es el mismo Moreno el encargado de desmentir a la Presidenta cuando desde algún atril de la patria clama por la búsqueda de consensos o dice ser la Presidenta de todos los argentinos. El Napia deja en claro que el kirchnerismo sólo admite a los que piensan igual… para el resto ni justicia.

FUERZA BRUTA

gamez Nadie los conoce. Ninguno se hace cargo. Todos los niegan. Julio Grondona, Diego Maradona y Aníbal Fernández ya no saben como hacer para evitar que el tema se salga de control. Sin embargo, los barras bravas o hinchas caracterizados –como se los denomina ahora- están en Sudáfrica a donde llegaron en el mismo avión que la selección argentina. Maradona dice que prácticamente ni los escuchó gracias a las pastillas que se toma para dormir, Grondona dijo que no sabía que viajaban en el mismo avión y Aníbal Fernández parece no darse cuenta que dos de los “caracterizados” son parte de la patota que Guillermo Moreno utilizó para tomar el INDEC por asalto. Se trata de Ariel “Gusano” Pugliese y Javier Miranda, ambos pertenecientes a la barra brava de Nueva Chicago y que participaron del escrache a Gustavo Noriega en la Feria del Libro. Es el mismo INDEC que Amado Boudou prometió devolverle la trasparencia cuando asumió el Ministerio de Economía.

En el Senado, Aníbal Fernández rehusó hablar de Guillermo Moreno aduciendo que los Secretarios de Estado se limitan a cumplir órdenes de la Presidenta. El Jefe de Gabinete no le hice un favor a Cristina Fernández, porque de sus palabras fácilmente puede deducirse que, entonces, fue la Presidenta quien le ordenó a Moreno sembrar el organismos de patoteros y barras bravas para que amenacen a los trabajadores que están en contra de la intervención, como lo denunció el delegado de ATE Daniel Fazio en Contrapunto.

Raúl Gamez en Contrapunto (FM Identidad 92.1)

Daniel Fazio en Contrapunto (FM Identidad 92.1)

Aníbal Fernández no sólo debería explicar qué hace una fuerza de choque dentro de un organismo oficial, implantada allí por Moreno, tal vez por órdenes de la Presidenta a decir del propio Jefe de Gabinete, sino por qué están en Sudáfrica  cuando alguno de ellos inclusive tienen antecedentes judiciales. Pero además, Fernández tendría que explicar por qué viajó a Pretoria el comisario Alberto Perrone, a cargo de Eventos Deportivos de la Policía Federal que depende de la Jefatura de Gabinete. El diario Crónica reveló que Perrone tiene relación con Marcelo “Manco”Aravena, uno de los capos  de la hinchada que alienta en forma permanente a la Selección y que ya está en Pretoria. El diario publicó una foto en la que se lo puede ver a Perrone apoyándole amistosamente una mano sobre el hombro al “Manco”. “Este barra tiene prohibido salir del país por haber participado en el asesinato de dos hinchas de River, Walter Vallejos y Angel Delgado, el 30 de abril de 1994”, publicó Crónica sobre Aravena. Fernández cuya facilidad de opinión está más que probada, debe explicar por qué en un país con graves problemas de inseguridad, la policía cuida a los barras bravas que han provocado no pocas tragedias y han diezmado familias y muchos de ellos se encuentran vinculados con negocios muy turbios; en vez de proteger a las víctimas.

Por su parte, el ex presidente de Vélez Sarfield Raúl Gamez fue durísimo con Fernández cuando en Contrapunto declaró que “parece mentira” que Aníbal Fernández sea el jefe de Gabinete del gobierno nacional y advirtió que es “muy probable” que se produzcan enfrentamientos de barrabravas en Sudáfrica, para “ver quién es el más guapo”. Además, que el funcionario es responsable, como la dirigencia del fútbol y la Policía Federal, de que estos grupos violentos hayan crecido en los últimos años, y acusó que “el Gobierno tiene características de ese tipo, de comprar mano de obra violenta para algunas marchas políticas”. La respuesta del funcionario estalló y la polémica no se hizo esperar.  Fernández no dio argumentos para explicar lo que al parecer no tiene explicación, pero como es su costumbre se encargó de desacreditar a Gamez: “es un charlatán y como todo charlatán habla charlatanerías, él es un barra brava”.

La esgrima verbal de Aníbal Fernández no aclara nada y es una respuesta que lleva indeleble sello, más cercanas a los programas de chimentos que involucran a personajes de la farándula que al ministro más importante del gabinete. En sus declaraciones en FM Identidad, Gamez pronunció una frase brutal cuando dijo que el gobierno tiene la característica de comprar “mano de obra violenta”. Es difícil argumentar en contra. El gobierno ha dado muchas demostraciones de utilizar la violencia como una herramienta más de la gestión. La intervención del INDEC, el escrache a periodistas y aquel bloqueo a las estaciones de servicio de Shell varios años atrás organizado por Luis D’Elía son inapelables. Pero sin lugar a dudas, el caso del INDEC es el más revelador, allí directamente contrataron a los barras bravas; los blanquearon. En este marco no parece casual que el fútbol para todos lo controle el gobierno, porque todo cierra para alcanzar la ecuación perfecta de la que resulta violencia, amedrentamiento con el objetivo de acumular y retener el poder.

 

“LOUSTEAU: “NO SE PUEDE HABLAR DE REACOMODAMIENTO DE PRECIOS”

Lousteau El ex ministro de economía, Martín Lousteau, sostiene que la inflación “va a ir en alza”. Calcula que el índice de precios se ubicará en alrededor del 20 por ciento y define al gobierno como una administración que “lo resuelve todo a través del gasto y usa el gasto para disciplinar”.

Lousteau está convencido que a Néstor Kirchner sólo le interesa tomar medidas económicas que tengan un impacto positivo en “la arena doméstica”. Así, para el ex ministro, las medidas económicas sólo se deciden en el marco de una estrategia de acumulación de poder poder político.

El ex ministro de economía habló de todo en Contrapunto. Escuchá la entrevista completa.

DE LA CAROTIDA DE NESTOR A SANCHO PANZA

sancho panza El gobierno acaba de transitar una semana difícil, que comenzó con la operación de carótida de Néstor Kirchner. Como nunca la administración encabezada por su mujer sintió la Nestordependencia y la Presidenta buscó demostrar en todo momento que la afección de su marido no generaba ninguna consecuencia en la marcha del gobierno. En línea con esta estrategia, lo voceros de siempre buscaron llevaron tranquilidad, pero terminando sobreactuando y el mensaje terminó siendo que una operación de carótida no se le niega a nadie. En este sentido lo que se buscó dejar muy en claro que Kirchner está listo para reasumir la jefatura del PJ en la fecha programada.

La pregunta recorrió todos los pasillos oficiales: Qué pasaría con el gobierno de Cristina si la dolencia de Néstor hubiera sido más grave? No pocas fuentes oficialistas reconocieron que el interrogante sobresaltó a más de uno. En suma, la dolencia de Kirchner puso al desnudo los problemas que se generan cuando el poder formal y el real están en cabeza de dos personas distintas. Muchos se acordaron que el mismo episodio de carótida fue padecido por Carlos Menem, en cuyo gobierno también se vivieron horas de preocupación como recordó Alberto Kohan, secretario general de la Presidencia por aquellos días. Pero la diferencia entre un episodio y otro es que Menem ostentaba el poder formal y el real, mientras que CFK comparte el poder con su marido como si fuera un bien ganancial.

Cuando a Kirchner le faltaban poco menos que 24 horas para ser dado de alta, Carlos Reutemann rompió su clásico silencio para disparar un certero misil contra el kirchnerismo. “los argentinos estarán contentos si no se afanan la Rosada ni la Plaza de Mayo”.

Una vez más los voceros de siempre salieron a escena e hicieron cola para devolver el golpe del Lole. Como no podía ser de otra manera, las voces de Hugo Moyano y de Carlos Kunkel fueron las más estruendosas y las que a las postre terminaron por legitimar las críticas de Reutemann, gracias a la poca imagen positiva que ambos ostentan.

Néstor Kirchner siempre prefirió ignorar a Reutemann y nunca lo atacó en forma directa a pesar de haber sido uno de los artífices de la derrota en el Senado por la ya célebre Resolución 125.

Más tarde, llegaron las nuevas críticas de la Presidenta dirigidas al sector rural por el aumento de la carne, que palabras más palabras menos prácticamente acusó a los productores de quedarse con las vacas debajo del colchón para que aumente el precio de la carne. Cristina y todo el gobierno no entienden que hay menos vacas porque no hay incentivos para producir carnes, gracias a las políticas del gobierno y a Guillermo Moreno, que aunque se haga compadrito no puede torcer los fundamentals de la economía. La cuestión es muy sencilla: al restringirse la exportación de carne y planchar los precios internos a los productores, estos se pasaron a la soja que es más barata de producir y terminó siendo una actividad más rentables. Mientras muchos productores liquidaban sus stocks, faenando madres –que son las fábricas de carne- para destinar sus campos a sembrar “el yuyo”, la oferta de carne se incrementó y el precio se mantuvo pero ahora ésta se retrajo y el precio aumentó. la famosa ley de la oferta y la demanda, que seguramente quien la descubrió debió ser un exponente del neoliberalismo de los noventa.

Para el INDEC la inflación de enero fue de solo el 1 por ciento, un índice que está cada vez más alejado de la realidad; mientras que las consultoras privadas lo ubicaron entre el 2 y el 2,5%. Es una clara demostración que el gobierno profundiza su estrategia de vivir fuera de la realidad de los argentinos y descalificar a cualquiera que lo critique. En este sentido las palabras de la Presidenta son más que elocuentes: “Ladran Sancho, señal que son perros”. Es triste que la Presidenta de todos los argentinos descalifique a la oposición, que al igual que ella, también tiene la legitimidad del voto popular.

CRISTINA NO VIVE EN LA ARGENTINA


Cristina Fernández de Kirchner asumió hace dos años con un índice de popularidad que superaba el 60%. Llegó al gobierno prometiendo jerarquizar las instituciones, implementar políticas de redistribución del ingreso y recrear un clima de tranquilidad luego de la crisis del 2001. Pero nada de eso ocurrió, o mejor dicho, sucedió todo lo contrario.

La primera señal que algo estaba mal ocurrió cuando la Presidenta ratificó a casi la totalidad de los integrantes del gabinete de su marido, muchos de los cuales sufrían un gran desgaste como Julio De Vido y Aníbal Fernández; y otros funcionarios de segunda línea de segunda línea como Guillermo Moreno y Ricardo Jaime. A los tres días de hacerse cargo del gobierno estalló el escándalo de la valija de Antonini Wilson y sus dólares venezolanos, que precipitó la salida de Uberti y un nuevo enfriamiento de las relaciones con los Estados Unidos.

Meses más tarde llegó la crisis del campo que marcó a fuego el gobierno de CFK y fue pródiga en frases poco felices por parte de la Presidenta como “el yuyo” y su vasto conocimiento sobre las actividades rurales que la llevaron a autodenominarse como “una experta” en la materia. En este marco, se produjo la estruendosa derrota de la Resolución 125 que no sólo se llevaron al ministro Martín Lousteau, una figura prometedora malograda por el matrimonio presidencial, sino también no poco jirones de poder y popularidad. La noche del voto “no positivo” de Julio Cobos, que marcó la ruptura definitiva con el vicepresidente que se convirtió en uno de los líderes mejor ponderados de la oposición; configuró una derrota que fue muy difícil de asimilar por los Kirchner.

El paso del tiempo fue desnudando que el verdadero rostro del poder era el de Néstor Kirchner, que nunca dudó en cargarse las decisiones centrales del gobierno; dejando a su mujer en un dramático segundo plano. Mientras el ex presidente quedaba al descubierto quedó al descubierto la figura de Guillermo Moreno, un funcionario multifacético siempre bien predispuesto para cumplir los mandados de Néstor. No cabe duda que la figura de Moreno claramente se convirtió en la contracara de la jerarquización de las instituciones, una bandera arriada por el gobierno hace mucho tiempo.

La destrucción de la credibilidad del INDEC fue el comienzo del aislamiento del gobierno con respecto a la sociedad, que no se conformó sólo con construir un relato de la realidad a su medida, sino que intentó –y sigue intentando- directamente fabricar una realidad distinta al que experimentan el resto de los argentinos. Si a la lucha contra el campo el gobierno puede teñirla de ideológica, en su afán por darle algún tipo de sustento, la disputa con los trabajadores del INDEC terminó rozando el ridículo y puso de manifiesto el objetivo aislacionista de la administración.

Cataratas de anuncios incumplidos, el ataque sistemático y desmedido a la prensa, la ley de medios, la reforma política y el ninguneo constante a la oposición y a las instituciones; terminaron por conformar un estilo que alejó a la Presidenta del pueblo. La misma dirigente que llegó a la Casa de Gobierno, desde hace mucho tiempo prefiere encabezar un acto sólo rodeada por quienes están dispuestos a aplaudirla y festejar sus ocurrencias; por lo general alimentadas de un corrosivo estilo soberbio en sus formas y superficial en sus contenidos.

Hoy, dos años después de su asunción, la popularidad de Cristina Kirchner se ha derrumbado. Sus ministros muestran verdaderos signos de fatiga política, los escándalos de corrupción surgen sin cesar, la inflación con alguna baja sigue siendo una de las más altas de la región.

La señora Fernández de Kirchner no vive en la Argentina, donde sus habitantes están asolados por el crecimiento del desempleo, el aumento de los precios y el incremento exponencial de la inseguridad. Estos son lo problemas que todos los días enfrentan los argentinos, pero son temas que tienen una preocupante ausencia de los discursos presidenciales. En esas ocasiones sólo se escuchan diatribas con un fino barniz ideológico, generalmente utilizado para fustigar a algún enemigo de turno pero raramente para que los argentinos conozcan el pensamiento presidencial sobre los temas preocupantes. Obviamente, al estar fuera de la agenda oficial los temas que más preocupan a los argentinos quedan sin resolver.

La Presidenta vive en un país donde hay seguridad, donde la gente tiene trabajo, hay pleno empleo, los precios no aumentan y el resto de las naciones envidian el paradigma de ese paraíso. Desafortunadamente, los argentinos vivimos en la Argentina donde las cosas son muy distintas.

ERROR DE CALCULO

25-09-09 EEUU - Pte EEUU. La Presidenta consiguió en Estados Unidos lo fue a buscar, una foto con Barack Obama que ahora el gobierno meneará hasta el cansancio como muestra de la cercanía de Cristina con el hombre del momento. Pero la política exterior es mucho más que un álbum de viaje y si bien las imágenes son importantes, la de la Argentina está reducida solo a expresiones superficiales. Las fotos que trajo CFK no son más que un módico gesto a cambio de un encuentro bilateral que nunca llega y que por el momento los norteamericanos no parecen tener interés.

Claramente, la administración Obama se ha encargado de mantener con el gobierno argentino un trato frío y distante; es la retribución por la contra cumbre de Mar del Plata impulsada por Caracas y La Habana en donde el ex presidente Bush y su política fueron maltratados. El gobierno argentino no comprende por qué el principal rival político de Bush es el encargado de pasar la factura por aquel desplante. Los norteamericanos tienen una clara conciencia de la continuidad del Estado, por eso consideran que la agresión a Bush fue una afrente a los Estados Unidos, y no simplemente a uno de los presidentes más desacreditados de los Estados Unidos.

La frialdad a la Argentina es evidente y no se la puede disimular con un puñado de fotos de ocasión. Los presidentes de Brasil, Uruguay, Chile, Colombia y Méjico ya ha tenido su oportunidad del “téte a téte” con Obama, en el caso Lula la química entre ambos es evidente; Brasil hace rato que juega en otra liga que la Argentina.

Mientras la política exterior de la Argentina iba tras su apreciada imagen en la Argentina hacía su reingreso en la agenda política la protesta social, cuya expresión más brutal fueron los episodios del viernes en la planta de Kaft en General Pacheco que además desnudó otras dos cuestiones no menores como la feroz interna que existe entre el gobierno nacional y la administración de Daniel Scioli y la inacción de Hugo Moyano para contener las expresiones trabajadoras no peronistas. En este último punto el caso de Kraft se emparenta con el de Metrovías, donde en los sindicatos hay líneas internas que no reconocen la conducción formal del gremio. Son expresiones enroladas en la izquierda con métodos de acción política notoriamente más duros que los empleados tradicionalmente por la CGT; que tarde o temprano siempre llegan a un acuerdo con la patronal y salvo algunas excepciones, como la protagonizada por uno de los hijos de Hugo Moyano en las oficinas de Autopista del Sol, nunca emplean métodos violentos. El conflicto se prolongó por casi cuarenta días en donde se vio a un ministerio de trabajo menos eficiente que de costumbre en la búsqueda de consensos para arribar a una solución, prácticamente una marca registrada de Carlos Tomada que ha demostrado saber obturar conflictos sindicales.

VHB_8621 A los hechos del viernes se sumaron otros episodios tal vez menos difundidos pero igualmente preocupantes. El martes fueron bloqueados los accesos a la Ciudad de Buenos Aires por una cuatro horas, operativo que volvería a producirse en las próximas horas. El jueves un grupo de trabajadores enrolados en la Unión de Trabajadores Desocupados tomó una planta de la empresa Panamerican Energy en Salta y los petroleros estuvieron a  punto de dejar sin gas a la provincia de Neuquén. No son pocas las fuentes que sostienen que estas expresiones son solo el comienzo de varios episodios similares.

Es cierto que todos estos conflictos tienen un altos grados de ideologización y que en muchos casos se los exacerba para obtener algún rédito político, como la disputa a la CGT por parte del Partido Comunista Revolucionario y del Partido Obrero del monopolio de la representación de los trabajadores. Pero más allá de esto, que no pasa de ser un ingrediente en el análisis pero de ningún modo termina siendo central, es claro que las condiciones sociales se han deteriorado dramáticamente. Es cierto que el gobierno puede seguir empecinado en fabricar un espejismo de masas a través del INDEC que no tiene pudor en anunciar la baja de la pobreza en una economía en recesión, una construcción que ha causado más sorpresa en las filas del propio kirchnerismo que en los sectores críticos. En suma, el gobierno puede continuar inventando estadísticas pero los efectos de la crisis económica y el aumento de la pobreza empiezan a hacerse visibles. No hay duda que existe un escenario propicio para que la lucha social vaya instalándose en la agenda política nacional.

El director de la consultora Sel, Ernesto Kritz, tiene una visión  muy preocupante acerca del deterioro social y el crecimiento de la pobreza. Según sus números, la brecha entre la canasta básica que difunde el INDEC y la relevada en los supermercados es del 60 por ciento, mientras que para el organismo oficial la línea de pobreza es de $ 1.000 para Kritz asciende a los $ 1.600. De acuerdo con estas cifras, el INDEC estaría ocultando nada más y nada menos que 7 millones de pobres, si se tiene en cuenta que las estadísticas sobre el tema que difundió el instituto durante la semana que acaba de terminar. Incluso, lo paradójico de la situación es que el INDEC ha comenzado a contradecirse en sus propias estadísticas, sería un enigma difícil de dilucida aun para el economista más avezado cómo un país que experimenta una baja en su nivel de actividad simultáneamente es capaz de reducir la pobreza. Para Kritz la Argentina dejó de generar antes del estallido de la crisis global, con lo que es claro que las causas del deterioro social se debe principal a factores domésticos.

El matrimonio presidencial puede seguir inventando la realidad y creer que la discusión es la redistribución del ingreso, cuando no comprende que el debate ahora es simplemente el ingreso. Resulta paradójico y por supuesto contradictorio que quienes están sintiendo los principales efectos de una administración que se empecina en no tener ningún plan, sean aquellos que los Kirchner dicen preocuparse por mejorar sus condiciones de vida. Las protestas sociales no estaban en los cálculos del matrimonio presidencial y mucho menos que lleguen desde la izquierda. Ya no se trata de los bolsones oligárquicos del campo que una y otra vez fueron emparentados con la dictadura o la derecha nostálgica que añora los noventa y el consenso de Washington. Ahora, están comenzando los piquetes de la escasez que reflejan la caída de la producción y los efectos de la inflación, cuestión para la que el gobierno no parece contar con otra solución que no sea los aprietes de Guillermo Moreno que a esta altura ya no asustan a nadie.

Uno de los riesgos para Néstor Kirchner es que las protestas empiecen a perturbar las maltrechas economías provinciales es que se quiebre el bloque de gobernadores, que no sin cuestionamientos, todavía siguen jurando fidelidad en público al kirchnerismo aunque en muchos casos hacen escuchar sus críticas todavía por lo bajo.  No cabe duda que Kirchner se encamina a una bifurcación en su camino político donde la aprobación del proyecto de la ley de medios es fundamental, no sólo por la posibilidad de desguazar rápidamente los multimedios y poner en jaque a la prensa libre, sino también porque se pone a prueba su fortaleza política. Algo que es vital para la agenda legislativa que el kirchnerismo proyecta enviar al Congreso para asegurarse una gobernabilidad que no le haga perder el sueño al matrimonio presidencial. Sin embargo, empieza a conformarse otro escenario en la política argentina que Néstor Kirchner no tenía en sus cálculos y que si no es capaz de amortiguarlo no hay duda que marcará toda la agenda del gobierno de manera excluyente.