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América para los Americanos

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Todos se preguntan por qué gano Donald Trump. En primer lugar fue mejor candidato que Hillary Clinton. Al igual que Ronald Reagan promete la vuelta al American Dream, un conjunto de costumbres y tradiciones sobre lo que los explicadores argentinos, que ni siquiera conocen bien Miami, no tienen ni idea. Entre esas cuestiones está el debate sobre el derecho a armarse contenido en la segunda enmienda de la Constitución y que ocupó mucho espacio en la campaña. Aclaro que no tiene nada que ver con Garfunkel y Sra. Cazando cocodrilos para hacer portafolios. Trump apoyó siempre este derecho y por eso la Asociación Nacional del Rifle le dio su apoyo con un acto que duró cuatro horas y que presidió el gobernador de Kentucky.
No es cierto que Trump sea xenofobo, que odie a los inmigrantes, a los latinos y a cualquier minoría. Trump lo que quiere es combatir la inmigración ilegal, no al que tiene sus papeles en orden. Un Pichetto de cabellera naranja y que habla inglés. Te suena? Esto lo dijo en sus discursos una y otra vez. Los latinos en EEUU especialmente los cubanos no son de izquierda.

HILLARY: UNA MALA ALUMNA DE CRISTINA

Hillary y Cristina tienen varios puntos en común. Las dos son abogadas, participan en política desde que eran estudiantes universitarias, son de centro izquierda y sus maridos fueron presidentes. Pero Cristina la superó, se convirtió en Presidenta mientras que Hillary -en el mejor de los casos- deberá conformarse sólo con acompañar a Barack Obama como candidata a vice. Claro, pero la culpa es de Hillary por no haber imitado a nuestra Presidenta, que no sólo le mostró el camino de cómo deben hacerse las cosas sino que le brindó su desinteresado apoyo.

Hillary Clinton se enfrascó en una interna que duró seis meses, participó en cerca de 25 debates con su contrincante Barack Obama, participó en innumerables conferencias de prensa y se sometió a eternos reportajes para radio, televisión y medios gráficos. Dilapidó una verdadera fortuna en la campaña, viajó por todos los Estados Unidos sometiéndose una y otra vez a elecciones eternas, pronunció discursos por doquier, se reunió con empresarios, con minorías étnicas, con agricultores, sindicatos, estrellas de Hollywood y la lista podría continuar y continuar. Sin embargo, más allá de todo este enorme esfuerzo, Hillary perdió su nominación como candidata demócrata a manos de un contrincante que hace seis meses era un virtual desconocido.

La responsable de su derrota no es otra que la misma Hillary, principalmente por no haber seguido los pasos de una verdadera pionera como Cristina Fernández de Kirchner. Nuestra Presidenta no se expuso a internas, no se arriesgó a someterse a la mirada escrutadora e indiscreta del periodismo; siempre dispuesto a resaltar las debilidades y jamás a comunicar buenas noticias. Por eso en la Argentina no hubo ni hay conferencias de prensa y los escasos reportajes concedidos en campaña siempre se hicieron con un periodista que preguntara cosas importantes, bueno importantes para la candidata que no necesariamente tienen que ser importantes para la gente. Pero éste es un detalle de poca trascendencia.

Hillary Clinton se empecinó en recorrer Estados Unidos sin visitar nunca otro país, aquí tienen otro error garrafal. En cambio, Cristina viajó y viajó, se lució con elegancia por el mundo y se codeó con la fina estirpe de los más prestigiosos mandatarios internacionales. Francia, España, Estados Unidos, Venezuela, Brasil son algunos de los destinos hasta donde llegó la campaña electoral argentina; eso es hacer política. La pobre Hillary se dedicó durante seis meses a explicar su propuesta a los votantes demócratas. ¡Y en una interna! Estos Yankees están todos locos, cuándo aprenderán a llevar las riendas de un país. Eso en la Argentina no pasa. Además, anoche luego de perder la nominación, Hillary se acordó de la cuestión de género y ni siquiera utilizó el argumento para victimizarse. No, así no se puede esperar ganar. Cristina siempre tiene este tema a la mano y no trepida en denunciar que los obstáculos que muchos se empeñan en poner en su camino, se explican sólo por hecho de ser mujer.

Por otro lado, Bill Clinton demostró ser un muy mal marido en comparación con Néstor Kirchner. Fue presidente dos veces del país más importante del mundo y no le pudo conseguir a su mujer la candidatura presidencial. Eso pone en riesgo cualquier matrimonio. No se portó como Kirchner que sólo fue presidente cuatro años, fundó su propio partido y le ahorró a Cristina pasar por el infierno que afrontó Hillary. En la Argentina no hubo internas, no hubo debates, no se gastó una fortuna en la campaña (bueno tal vez en este punto no esté muy acertado), no hubo reportajes; todo se decidió entre cuatro paredes y listo. Sí, Néstor es mejor marido que Bill.

Por estas horas, en Washington se hacen muchas especulaciones acerca de la conveniencia de incorporar a Hillary Clinton en la fórmula que encabezará Obama. Las dudas principales son dos: la primera es si una fórmula encabezada por un afro americano (no escribo negro porque temo que me llamen del Observatorio de Medios para reflexionar) y secundada por una mujer no sería demasiado transgresora para un país tan conservador como los Estados Unidos. Hay que tener en cuenta, querido lector, que la Unión no es sólo Miami, Disney y New York; hay lugares como Nebraska, Omaha, Oregon o Utah que esta fórmula de unidad sería casi un sacrilegio. La otra duda del equipo de Barack Obama, estriba en qué hacer con Bill Clinton si Hillary se llegara a convertir en vice.; temen que el ex presidente opaque a Barack y le dispute poder. Bien, una vez más los Kirchner tienen la solución para que los demócratas no se ahoguen en un vaso de agua; parece que allá tampoco hay cafés literarios para contener a ex presidentes desocupados. Es muy sencillo, sólo hay que nombrar a Bill Clinton presidente del Partido Demócrata para que se mantenga ocupado.

Una vez más queda comprobado que la Argentina es un país adelantado en serio, y aquellos que se dicen desarrollados están a muy lejos de nosotros. Hillary tuvo la oportunidad de ser como Cristina pero no la imitó, ahora es tarde para lágrimas.