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EL AMOR DE UN GOLPEADOR

NKGALL Los psicólogos sostienen que la violencia familiar, donde generalmente el hombre ocupa el rol del golpeador, es una patología cíclica que consta de tres fases. 1) Tensión: Se producen enojos, discusiones, acusaciones y abuso verbal; 2) Erupción: Es la etapa más grave donde aparece la violencia física propiamente dicha que consiste en golpes, cachetadas y amenazas y 3) La denominada Luna de Miel, en la que el golpeador generalmente niega la violencia, pone excusas para justificar su comportamiento, se disculpa y promete que no lo volverá a hacer. Más tarde, esta etapa es desplazada una vez más por la tensión y el ciclo vuelve a repetirse.

En el Boxing Club de Río Gallegos Néstor Kirchner mostró que transitaba la fase tres del ciclo de un golpeador: la Luna de Miel. Allí apareció un Kirchner calmado y sereno que dijo “Podemos tener acuerdos o diferencias con la actual Corte Suprema, pero quien les habla es respetuoso de la Justicia, como uno de los responsables morales de la construcción paulatina de una Justicia independiente”, aseguró.

En el acto Néstor Kirchner ,flanqueado por más de una docena de gobernadores, repitió en varias oportunidades la palabra amor y de no responder a las agresiones de la oposición y por supuesto cargó contra el Grupo Clarín. Alabó a la Corte Suprema por su independencia pero ratificó con sus palabras, aunque de manera un tanto elíptica, que el fallo que ordena la reposición de Eduardo Sosa como fiscal ante el Superior Tribunal de Justicia de Santa Cruz no será cumplido. Afirmó también que volvía a su tierra como un militante más para resguardar el federalismo, que los gobernadores que lo rodeaban se mostraban como sus fieles guardianes. Habría qué preguntarse cuántos estaban allí por convencimiento genuino o por temor a que su provincia no reciba de la Nación los fondos necesarios que aseguren la gobernabilidad de sus distritos.

La etapa dos no la había llevado adelante él mismo, la encargada de mostrar la violencia y descargar con todas sus fuerzas el golpe había sido Hebe de Bonafini; cuando amenazó con tomar  Tribunales como si se tratara del Palacio de Invierno de la Rusia zarista. En la fase uno fueron muchos los involucrados, desde el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández hasta la Presidente Cristina Fernández; quienes en declaraciones a los medios o simplemente a fuerza de Twitter se encargaron de escalar la tensión entre el gobierno y la Corte.

Néstor Kirchner no se enojó, no gritó su bronca contra sus enemigos y más bien quiso mostrarse calmo y reflexivo. A los pocos segundos de comenzar su intervención anunció que volvía a radicar su domicilio en la capital santacruceña. Por supuesto, las repercusiones comenzaron de inmediato. Una de ella indica que podría volver a disputar la gobernación y que Cristina Fernández de Kirchner iría en busca de su reelección. Hay que tener presente que ella mide mejor que él. Otras que fue una estrategia para mantener la incógnita de si en el 2011 será pingüino o pingüina. Más allá de las especulaciones, es posible que al gobernador Daniel Peralta el anuncio no le haya caído nada simpático, ahora justo que no aparece mal posicionado frente al diputado Eduardo Costa, que muy probablemente vaya a ser el candidato radical en las próximas elecciones.

Kirchner hizo buena letra en el Boxing Club, sin embargo un psicólogo especializado en violencia familiar diría que esta calma y serenidad con la que se mostró es transitoria porque indefectiblemente el ciclo volverá a comenzar. Desde esta perspectiva habrá que ver si en los próximos vuelve la tensión y el patrón del hombre golpeador se repite una vez más.

Foto: Clarín

EL PROBLEMA NO ES UN SOLDADO SINO EL GENERAL

guillermo moreno El secretario de comercio interior Guillermo Moreno se ha convertido en un emblema que representa la decadencia del kirchnerismo. A lo largo de los últimos días, las conjeturas sobre su continuidad en el gobierno han crecido de manera exponencial, confiriéndole al “Napia” una importancia que no tiene. En este sentido, las palabras del flamante Jefe de Gabinete han sido más que acertadas: “Hace lo que se instruye”, sentenció Aníbal Fernández. No hay dudas que en pocas palabras el ministro ha ensayado un análisis muy acertado. El problema no es Moreno. La salida no resuelve nada, porque es un jugador muy menor en el tablero de la política argentina. No es un más que un funcionario bizarro como en su momento fueron tantos otros de otras administraciones. Parece que cada una tiene que tener el suyo.

Hacer un análisis sobre la continuidad del gobierno, poniendo la variable Moreno en un lugar de preeminencia es equivocar el diagnóstico. la cuestión es mucho más profunda y la crisis en que está inmerso este gobierno también. El problema no es el soldado sino el general que le da las órdenes. ¿Qué caso tiene desplazar a Moreno si su reemplazante va a seguir recibiendo las mismas órdenes? Tampoco tendría sentido si el matrimonio presidencial decide deshacerse de él, y pone en su lugar alguien con modales más refinados pero siguiendo las mismas políticas.

El problema de fondo es Néstor Kirchner que le da las órdenes a Moreno y la Presidenta que hasta ahora estuvo de acuerdo en transitar el camino del apriete, las amenazas y la distorsión de las estadísticas del INDEC. Por eso, el matrimonio presidencial tiene que convencerse que la metodología utilizada hasta ahora está agotada, y la prueba más contundente en este sentido fue el resultado del 28. La salida de Moreno no puede deberse a un cambio cosmético para ganar tiempo u ocupar los titulares de los diarios, tal como han sido la mayoría –sino todos- de los anuncios dirigidos al campo. Al matrimonio presidencial ya no le queda tiempo para continuar con la estrategia del anuncio como un fin en sí mismo. No tienen margen para que a Néstor se le ocurra un a salida “creativa” para desestabilizar a sus oponentes, como fueron las candidaturas testimoniales y el adelantamiento de la fecha de las elecciones. Lo que se agotó es una forma de gobernar.

Hugo Moyano defiende el trabajo de Moreno al frente del INDEC, destacando su trabajo en la “contención” de la inflación. Sin embargo, más allá de esta defensa Moyano se encamina a una negociación de salarios para los camioneros por el 17 por ciento aproximadamente; cifra que está bastante lejana a la inflación que admite el organismo. Sería muy difícil que Moyano no recibiera fuertes cuestionamiento de los trabajadores si sólo se limitara a pedir una actualización de salarios en base a las cifras del INDEC.

Por otra parte, la actuación de Guillermo Moreno como freno a la inflación funcionó en los primeros tiempos. En el 2006 y el 2007 la Argentina era muy distinta a la actual, y los originales métodos del Napia para alcanzar acuerdos con los formadores de precios dieron algunos resultados. Sin embargo, hoy son pocos los que le temen y el nivel de inflación real demuestra que su rol ya no da resultados. Néstor y Cristina creen que todavía es vital tenerlo a su lado y frente a la polémica que se ha generado en torno a su permanencia en el gobierno no parece que el matrimonio vaya a sacarlo porque la conveniencia de su renuncia aparece “en letras de molde”, como le gusta decir a la Presidenta. De hecho, los Kirchner nunca sacaron a ningún funcionario porque lo pidan los medios, la oposición o cualquiera. Hoy el matrimonio presidencial considera que la salida de Moreno sería entregarlo y revelaría una debilidad que no están dispuestos a admitir. De hecho, Moreno consolidó su poder en el INDEC en las últimas horas gracias al nombramiento de Norberto Itzcovich, que recientemente había dicho “hay Moreno para rato”. En ATE sostienen que es parte de la intervención y fue nombrado como Director Nacional de Estadísticas y Precios de la Producción y el Comercio, a través de un decreto firmado por Cristina Kirchner.

Finalmente, el gobierno dio el primer paso y el ministro Florencio Randazzo convocó a los partidos políticos para comenzar la discusión de la reforma política. Es un buen inicio, aunque si bien este capítulo es importante no es el más urgente. Faltan dos años para las próximas elecciones y la sociedad siente que ésta es una cuestión más importante para los políticos que para mejorarle la vida a la gente. El 2011 está muy lejos y la inflación, el conflicto abierto con el campo, la destrucción de puestos de trabajo y los constantes dibujos del INDEC golpean a la sociedad hoy.

El gobierno debe dar otro paso rápidamente y plantear una agenda que contenga los temas por los que la sociedad está verdaderamente preocupada. No es posible pasar los próximos meses discutiendo una reforma política lejana, que frente a los temas tan preocupantes que hoy asolan a la Argentina, parece más un tema importante para que la corporación resuelvan –o en muchos casos depuren- sus disputas de poder.

Si bien siempre es positivo el diálogo, especialmente con este gobierno que nunca ha sido muy proclive a esta práctica, es justo decirlo que empezar los contactos por el tema de la reforma política se asemeja más a una estrategia para que la oposición se entretenga un rato. El matrimonio debe comprender que factor tiempo se ha convertido en una de las variables más importantes para llegar al 2011 sin demasiados sobresaltos. Tarde o temprano las retenciones deberán bajar, se reformará la composición del Consejo de la Magistratura, se acotarán los super poderes y se rectificará el INDEC. Los Kirchner deberán elegir si son parte de ese proceso o si el proceso los deja a un lado.

EL JUEGO DE LA SILLA

08070903 El matrimonio presidencial decidió introducir cambios en el gabinete, pero aquel que piense que esta decisión implica un cambio en el rumbo del gobierno producto del resultado electoral del domingo 28 se equivoca.

En primer lugar demuestra una vez más el grado de improvisación en que se encuentra inmerso el gobierno y las contradicciones que ya son moneda corriente en el gobierno de Cristina. Como se puede recordar, en oportunidad de aquella lamentable conferencia de prensa el lunes posterior a las elecciones en que la Señora trató de convencernos que en realidad el gobierno había ganado, un colega le preguntó si habría cambio en el gabinete. Con su acostumbrado tono altivo y socarrón, CFK respondió que no veía razones para impulsar cambios, porque no había ninguna relación entre el resultado electoral y política desplegada por los ministros. Sin embargo, ocho días después la realidad es otra. Como dijo el General la única verdad…bueno ya sabemos lo que dijo.

El “nuevo” gabinete es más de lo mismo pero debe interpretarse como la respuesta del co Presidente a los gobernadores y es está en línea con sus palabras la noche de la derrota: “profundizar el modelo”, sí el modelo que rechazaron 7 de cada 10 argentinos. Es la demostración de que el gobierno se cerrado una vez más sobre sí mismo y que no está en sus planes un cambio en el estilo de gobierno. Por supuesto, que estas movidas no tienen nada que ver con los cambios que se pidieron desde  el oficialismo, la oposición y lo que toda la sociedad le hizo saber al matrimonio el 28 de junio. Néstor Kirchner, el indudable mariscal de la derrota, fue el arquitecto de estos enroques encadenados, enviando un claro mensaje hacia las entrañas del Justicialismo que el que sigue mandando es él y que no está dispuesto a compartir ninguna porción con los gobernadores. Pero el mensaje de Kirchner no tuvo sólo una dirección interna, también implica un mensaje hacia el exterior que dice que no hay que esperar ningún cambio y fiel a su estilo dobló la apuesta. Si bien en el 2003, cuando la autoridad presidencial estaba resquebrajada, el duro estilo K era considerado un valor, hoy  significa todo lo contrario: demuestra debilidad.

La salida de Sergio Massa de la Jefatura de Gabinete era un hecho esperado y no puede sorprender a nadie. Su relación con Kirchner venía muy deteriorada desde hace mucho tiempo y se agravó desde la noche del 28. Es uno de los considerados “traidores” por el co Presidente, debido a la buena performance que hizo Malena –su mujer- concejal electa en contraposición de la lista de diputados. Fue la gota que colmó el vaso. Su gestión terminó muy deslucida si se recuerda con los bríos con que la inició. Intentó conservar el mismo perfil alto que tuvo en el ANSES y que le permitió alcanzar la intendencia de Tigre, pero rápidamente fue conminado al bajo perfil que deben observar los ministros kirchneristas. Fracasó en su intento por transparentar el INDEC, proyecto que entendió debía abortar rápidamente si quería permanecer en el gabinete. Perdió una interna con Florencio Randazzo por ganarse la confianza del matrimonio presidencial que jamás consiguió.

Aníbal Fernández es el nuevo Jefe de Gabinete, un premio a su verticalismo de un ministro todo terreno. Fernández, seguirá como siempre, tratando de encarnar a un Carlos Corach aunque menos inteligente y algo más rústico. Obviamente, si la obediencia lo encaramó a lo más alto del gabinete, al menos en los papeles, no parecería lógico que se decidiera a tener juego propio justo ahora. Un caso muy parecido es el de Amado Boudou, nadie con seriedad podría pensar que vaya a ser un ministro de economía con un importante margen de libertad. No hay que olvidar que hasta ayer era el encargado de desembolsar los fondos de los jubilados allí donde los Kirchner los necesitaran. Boudou nunca pudo convencer al Congreso del criterio que utilizaba para desembolsar ese tesoro que es el ANSES y nunca pudo despejar las dudas de los legisladores de la oposición. Tampoco jamás respondió porqué envió más de cinco millones de cartas a los afiliados del ANSES haciendo campaña por Kirchner, que obviamente pagaron los jubilados. Por esta razón, el nuevo ministro de economía podrá tener un packaging más fashion pero sólo se diferenciará en eso de Carlos Fernández.

El nombramiento de Mariano Recalde al frente de Aerolíneas Argentinas, en reemplazo de Julio Alak que recala en el sillón que ocupaba Aníbal Fernández, es una clara concesión a Hugo Moyano, que había mostrado síntomas de rebeldía cuando ayer declaró que “cualquier peronista puede ser jefe del PJ” en relación con que Eduardo Duhalde implemente una ofensiva destinada a quedarse, por lo menos, con la presidencia del justicialismo bonaerense. El nuevo hombre fuerte de la aerolínea de bandera es el hijo de Héctor Recalde, diputado del FPV y asesor de Moyano desde hace varios años. Es claro que el gobierno, debilitado y cada vez con menos aliados, trata de mantener al jefe de la CGT dentro del redil.

No hay lugar a dudas, los cambios muestran que Néstor Kirchner ha decidido ir en contra de la voluntad popular y debilitar todavía más la gestión de su mujer. Ahora, habrá que esperar la respuesta de los gobernadores y los más osados dicen que el tronar de las cacerolas; que tarde o temprano se harán escuchar.

 

DANIEL SCIOLI: ENTRE EL PODER REAL Y EL PODER FORMAL

Escuchá el análisis de la semana de Martin.

AFERRADA A UNA ILUSION

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Ilusión: Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. (Real Academia Española)

Ayer, Cristina Fernández de Kirchner decidió obturar cualquier esperanza de diálogo y de búsqueda de consenso, que necesariamente se había abierto a partir del domingo. La Presidenta tenía una noticia que dar en la que ni el analista más sagaz había reparado, el gobierno / partido / modelo habían ganado las elecciones. Es más ni su marido lo había advertido, ya que horas antes decidió alejarse de la conducción del Partido Justicialista “por dos puntitos”.

Después de recitar una fárrago de números de números, porcentajes y bancas, ensayó una interpretación que demostró una desconexión de la realidad más que preocupante. Como consecuencia de creer en un triunfo inexistente, no ve ninguna razón para hacer cambios en el gabinete y una vez más avaló las distorsionadas estadísticas del INDEC. Pero no sólo eso, para justificar la derrota en Santa Cruz –síntoma por cierto más que contundente- explicó que se pudo deber a errores internos y su falta de presencia en la provincia; aunque recalcó que en Calafate ganaron por el 60 por ciento. Puso la responsabilidad de la gobernabilidad, tal vez la palabra más escuchada desde el domingo a la noche, en manos de la oposición y prácticamente se desentendió del tema. Utilizó la alquimia dialéctica para mostrar a Mauricio Macri derrotado, que si bien Gabriela Michetti hizo una elección bastante lejos de la espectacularidad que se presagiaba, el PRO ganó en la Ciudad mientras que Néstor perdió en la Provincia y se enredó en cuentas confundiendo los votos de una primera vuelta con una segunda. Ensayó una alianza de facto con Pino Solanas, interpretando que las quejas del cineasta se debían a que el gobierno se quedaba a medio camino en las transformaciones que implementaba. Entonces, el razonamiento es que Pino es más kirchnerista que Kirchner y lo que verdaderamente quiere la gente es Kirchnerismo recargado. A esta altura Solanas no sabe cómo explicar que no tiene nada que ver con el gobierno. Ahora en esta argumentación también subyace una debilidad manifiesta, si la Presidenta ve la necesidad de refugiarse en un partido prácticamente nuevo y con un fulgor que en el distrito porteño puede ser efímero; luego de haber utilizado desenfrenadamente todos los recursos del estado para juntos votos. Por supuesto la Presidenta no dejó pasar la oportunidad para desplegar sus más variadas chicanas para fustigar al periodismo.

Es difícil resistirse a la tentación de no utilizar un calificativo que raye con la descalificación luego de ser espectador de tremendo espectáculo, por caso Francisco De Narvaéz calificó a la Presidenta de “autista” y Ricardo Buryaile –vicepresidente de CRA y diputado electo por el Acuerdo Cívico y Social- en Contrapunto dijo que era “patético”. La puesta en escena que se completó con la presencia, a modo de escoltas, de los ministros Sergio Massa y Florencio Randazzo, que fueron maltratados en varias oportunidades como corresponde al equivocado ritual del kirchnerismo para demostrar autoridad. Es difícil no preguntarse por qué ambos resisten semejante tratamiento. ¿En algún momento se habrán preguntado qué estamos haciendo acá? Algunas muecas lo delataron.

Una vez más la Presidenta ensayó la estrategia de mostrar fortaleza para mitigar un estado de debilidad, pero ello no se consigue practicando la negación serial desde un atril pagado con el dinero de los contribuyentes. Cristina Kirchner confunde soberbia con autoridad y el resultado termina siendo una persona que demuestra una preocupante desconexión con la realidad. Ayer la Presidenta se equivocó otra vez, sigue sin escuchar y luchando con los fantasmas del pasado mientras las urnas dieron su veredicto que hasta ahora prefiere ningunear. Las señales llegan de todas partes y de todas las maneras posibles.

La conferencia de prensa de ayer es también una llamada de atención para la oposición y el justicialismo, para aquellos que van a asumir sus bancas a partir del 10 de diciembre, e inclusive para los que las ocupan en la actualidad. La tarea que les espera será más difícil que la que les esperaba, eso quedó demostrado ayer. Gobernabilidad y consensos son dos palabras que habitualmente pueblan los discursos presidenciales, pero que en labios de Cristina significan disciplina y sumisión. Nunca la discusión de igual a igual. No hay ninguna razón para aventurar que esa posición vaya a cambiar y como se ha escrito en este sitio, el kirchnerismo por el contrario se va a radicalizar.

La Presidenta ayer desgranaba cálculos de bancas propias y de posibles aliados, con el fin que el Congreso vuelva a su estado de apéndice del Ejecutivo. Sin embargo, habría que hacer un análisis menos superficial para determinar si hoy, con la actual conformación de las Cámaras, el gobierno pueden reunir las voluntades necesarias para seguir sacando sus iniciativas sin tropiezos. ¿Hoy los aliados siguen fieles al derrotero del gobierno? ¿A partir del 10 de diciembre todos los legisladores electos en las listas del Frente para la Victoria se resignarán sólo a obedecer? ¿Los aliados son los que la Presidenta calcula? Son preguntas difíciles de responder a sólo 48 horas de las elecciones, pero sería muy difícil que toda la relación de fuerzas se mostrara imperturbable luego del domingo. Por eso, si Cristina Kirchner no comprende que el contexto político empezó a cambiar, no sólo desde la oposición, sino también dentro de su propio partido es necesario preocuparse por la gobernabilidad. Claro, pero con la salvedad que en este marco la gobernabilidad puede ser puesta en riesgo por el oficialismo.

La oposición ya mantiene conversaciones reservadas para empezar a marcar el territorio en el Congreso, y en esos contactos no hay pocos hombres del justicialismo. Los tiempos se aceleraron y no es improbable que intenten probar suerte tratando de torcer el veto a la ley de protección de glaciares, iniciativa que fue derribada por la presión del gobernador sanjuanino Gioja y la minera Barrick Gold. Probablemente, luego sea el turno de volver a tratar de conseguir el quórum para bajar las retenciones, porque el conflicto del campo se va a resolver sólo desde el Congreso y no puede seguir abierto por siempre a riesgo de tener que hacer importaciones de carne, leche y tal vez trigo. La reforma de la composición del Consejo de la Magistratura seguro vendrá luego del 10 de diciembre. En septiembre, cuando se comience a discutir el presupuesto para el 2010, es más que probable que se eliminen los super poderes y la emergencia, verdadero disfraz legislativo para que el Ejecutivo haga y deshaga sin control. Aun con la composición actual de las cámaras legislativas, nadie puede razonablemente puede pensar que los senadores y diputados justicialistas tienen espacio para seguir otorgando estas iniciativas al matrimonio presidencial.

Los gobernadores del PJ están entrando en escena y Daniel Scioli sabe que ocupa el máximo lugar de ese partido por el poder del dedo de Néstor Kirchner, que ahora pretende congelar al Justicialismo como en su momento lo hizo Carlos Menem. Scioli es la transición pero, al igual que su jefe político, es un derrotado en su propio territorio una circunstancia que no se admite dentro de la estricta liturgia partidaria. Tarde o temprano cuando la relación de fuerzas se equilibre el gobernador deberá dar un paso al costado y llamar a internas como se escucha cada vez con más fuerza.

La película La Caída tiene una escena que muestra a Adolf Hitler desencajado sobre un mapa, haciendo movimientos de tropas inexistentes, que habían sido diezmadas por los aliados mientras sus generales se miraban perplejos. En su bunker, a varios metros bajo tierra, el dictador había perdido conexión con lo que pasaba en la superficie y se había convertido en una caricatura de si mismo.

 

SOY UN MUCHACHO PERONISTA

Néstor Kirchner no descansa y su lugar de ex Presidente poco se diferencia de cuando ejercía la presidencia. Kirchner gobierna. Ya no lo hace desde sus oficinas de Puerto Madero, sino desde la sede del PJ, donde en la última semana se reunió con gobernadores, líderes de organizaciones sociales, legisladores y en los próximos días con los cuadros de la menguada “transversalidad”; antes había jusntado a los intendentes bonaerenses. Así Matheu 160 se convirtió en el Unico centro de poder. El Señor K es el presidente del PJ pero parece que sigue siendo el de la Argentina. En tanto, Cristina Kirchner parece haberse convertido en una mandataria formal reservado para los actos protocolares en la Casa Rosada, en los cuales sólo se refiere al conflicto del campo de manera tangencial y elíptica. (Aclaración: Querido lector, éste no es un comentario de con el objetivo de menoscabar al género femenino, sólo pretende ser un modesto análisis político).

El ex presidente decidió utilizar la vieja estructura justicialista para enfrentar a los rebeldes ruralistas. Esa misma estructura que en más de una oportunidad denostó y en el mejor de los casos ignoró, sólo basta recordar al ministro Aníbal Fernández recomendando depositar la vieja Marcha Peronista en aquel lugar donde no da el sol. Kirchner no quería quedar entrampado dentro de la maquinaria peronista, especialmente ser víctima de los manejos de los gobernadores. Por eso, decidió dejar de lado el partido y así nació la transversalidad, duramente criticada por Antonio Cafiero. Más tarde llegó el Frente para la Victoria, una estructura kirchnerista donde se apiñaron algunos justicialistas y varios referentes de la malograda Alianza; especialmente provenientes del Frepaso. En las elecciones de octubre del año pasado se habló de Concertación y los radicales K tuvieron sus quince minutos de fama, por supuesto hoy ya quedaron a un lado de los focos de la primera línea política.

Desde un PJ artificialmente unificado, aunque con la ausencia de varios distritos de peso como Córdoba y Santa Fé –a raíz de la crisis del campo-, Kirchner maneja los hilos del poder opacando la figura de su esposa que es la Presidenta como todos recuerdan.

Néstor Kirchner sobreactúa su peronismo como para borrar del imaginario popular sus ensayos electoralistas. Impuso la impronta partidaria a la crisis con el campo y aunque los remiendos de las retenciones móviles se anuncien en la Casa Rosada, todos saben que las decisiones no se toman allí.

Independientemente de la resolución del conflicto con el campo y quienes se proclamen vencedores, la pregunta que hay que formularse es ¿cómo se equilibrarán las cargas de poder? Responder a esta pregunta también implica responder qué rol se le asignará a Cristina Fernández de Kirchner y cuál jugará su marido. Ya no se habla del relanzamiento del gobierno ni de los cambios de gabinete que esta jugada conllevaría, sólo sigue en vigencia la posible salida de Alberto Fernández luego que se resuelva el conflicto rural.

Ahora bien, algo que se deberá analizarse en este contexto es que frente a un conflicto de la magnitud que adquirió el del campo, la estructura de poder no será posible ensayar una estrategia de desgaste tan impresionante, que implicó dejar enormes porciones de popularidad. La otra cuestión será determinar cómo se realinean los gobernadores luego del conflicto y cuáles serán los daños en los bloques de diputados y senadores. Los próximos meses serán de reacomodamientos profundos y Néstor Kirchner seguramente no pasará sus días en un café literario.