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POMPA Y CIRCUNSTANCIA

Dos mil cuatrocientos millones de personas en 180 países siguieron minuto a minuto el casamiento de William y Kate, la boda del siglo como fue bautizada por la prensa mundial y con la que la monarquía británica pretende reinventarse a sí misma.

Las crónicas hacen hincapié en los momentos de menor rigidez que el futuro Rey del Reino Unido fue capaz de llevar adelante con el rígido protocolo victoriano, como para mostrarse como un simple mortal; una persona normal que, como se sabe, es una rareza en la realeza europea y toda una excepción en la británica. Pero un camino que fue allanado por su madre la fallecida Lady Di. Sin embargo, más allá de algunas pinceladas de normalidad el rígido, aristocrático y tradicional protocolo inglés salió a relucir en todo su esplendor.

Lejos de Londres se llevó a cabo otra ceremonia, pero sin el glamour de los sombreros y de la realeza de las coronas europeas, pero con el glamour de lo doméstico: el acto de la CGT, cuyo único y central protagonista fue Hugo Moyano. Aquí la Reina Madre, a diferencia con el Reino Unido, estuvo ausente en un intento por no sacarse la foto con su más estrecho aliado; pero al mismo tiempo con su más férreo antagonista en esta etapa del surgimiento del cristinismo.

El acto de Hugo Moyano, al igual que la boda del siglo, también estuvo signado por una estricta liturgia y un rígido protocolo. El cruce de las Avenidas 9 de Julio y Belgrano fue el lugar elegido para poner en marcha la mayor demostración de fuerza que puso en marcha el líder sindical. Flanqueado por sendas gigantografías de Juan Domingo Perón, Evita y Néstor Kirchner y al pie del mítico edificio donde la líder de los descamisados hizo su mítico renunciamiento histórico. Fue un acto peronista de cabo a rabo, con toda la flema que el Movimiento supo acuñar en más de cincuenta años de existencia, muy alejado de los vientos setentistas que en la actualidad están de moda en la Casa Rosada. La liturgia peronista se respetó con el mismo celo con que los británicos llevaron adelante el relanzamiento de su alicaída monarquía.

Moyano habló durante cuarenta minutos poniendo de manifiesto que el Partido Sindical no se conforma con ser la columna vertebral del Movimiento, reclama un lugar en la cabeza. “Los trabajadores no estamos sólo para votar, también podemos reclamar algún cargo en las listas”, advirtió, pero siguiendo la más tradicional de las ortodoxias justicialistas enfatizó: “El movimiento obrero organizado ha pedido a nuestra presidenta que se presente en la elección para ser reelecta”.

El mensaje fue claro y dirigido hacia las entrañas del kirchnerismo. El sindicalismo quiere su recompensa por el apoyo desde el 2003 y dejó claro que la deuda no se salda con dinero, sino con una porción más grande de poder político. Además, Moyano fue el primer dirigente que pareció ungir la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner, casi como tomando el papel de un hacedor de reyes; una figura muy difundida en las democracias europeas pero casi desconocida en la Argentina. Sin embargo, un dato que no debe pasarse por alto es no volvió a pedir que la fórmula de Cristina se complete con Héctor Recalde como candidato a vice presidente, una opción que ya parece definitivamente descartada. Ahora parece que Moyano se conforma con lugares en las listas, probablemente aspirando al 30 por ciento que históricamente el movimiento obrero reivindicó. No debe olvidarse que Moyano también es el vice presidente del Justicialismo bonaerense en ejercicio de la presidencia y, aunque resistido por varios barones del conurbano, que prácticamente no se hicieron ver en la convocatoria, hará pesar su cargo a la hora de armar las listas de candidatos que están bajo la atenta mirada y supervisión de Cristina Fernández de Kirchner.

Hugo Moyano marcó la cancha una vez más y dejó en claro que a este sindicalismo no se lo conforma con dinero y un puñado de concesiones para mantener vivo el legado del General. Sabe que es un hombre poderoso y a diferencia de otros secretarios generales de la CGT, sabe que tiene poder por sí mismo. Su gremio cuenta con 200.000 afiliados, muchos de ellos arrancados a otros gremios casi por la fuerza. Una orden suya puede paralizar el país aun cuando ninguna otra organización sindical lo acompañe. Hugo Moyano lo sabe y la Presidenta también. Ambos saben que están midiendo fuerzas y aun cuando la tensión llegue a niveles altos, los dos son conscientes que por el momento sus destinos están atados. Por eso la Presidenta que esquivó la foto con el dirigente por el que más aversión siente la clase media que ella trata de conquistar, envió a casi todo su gabinete que oficiaron de cortesanos y espectadores privilegiados de la firme demostración de poder que ensayó el camionero.No faltó La Cámpora, el grupo político que hoy goza del favor del poder ocupando lugares de influencia que la juventud sindical liderara por Facundo Moyano no puede alcanzar.

La demostración de fuerza que hizo Moyano, también se vio muy bien reflejada cuando volvió a pedir que Cristina Fernández de Kirchner le diera impulso al proyecto del diputado Héctor Recalde de participación de los obreros en las ganancias de las empresas. El momento no fue elegido por casualidad, el reclamo lo hizo justo cuando la Presidenta intenta re lanzar el siempre fallido Pacto Social en el marco del cual recibirá a la CGT y a la Unión Industrial Argentina. “El reclamo es permanente. más allá de algunas fricciones, la patronal no quiere compartir sus ganancias, pero los trabajadores respondimos con responsabilidad y la economía crece igual. Vamos camino a lograr el fifty fifty del que nos hablaba Perón”, disparó como para dejar claro que detenta una cuota de poder para nada despreciable. Es muy probable que el flamante jefe de la UIA, José Ignacio De Mendiguren, haya tomado nota de estas palabras y cuando se reúna con la Presidenta trate de buscar alguna definición sobre la cuestión.

Pero más allá de sus devaneos, la principal preocupación de Hugo Moyano es su situación judicial, que por el momento es la principal cuestión que lo desvela. En este sentido, su demostración de fuerza también debe ser interpretada en esta dirección. La imagen de José Pedraza y Juan José Zanola esposados es una foto para la que Moyano no está dispuesto a posar. Sabe que el kirchnerismo mantiene sólo lealtades funcionales y que las detenciones de sus colegas, además, lo tuvo como principal destinatario.Si bien hay causas que lo involucran directamente o a miembros de su clan que son instruidas por los jueces Claudio Bonadío y Ariel Lijo; las más importantes están en manos del controvertido Norberto Oyarbide y que las decisiones sobre las mismas no se toman en el juzgado sino en Olivos y en la Casa de Gobierno.

Astuto como sabe que tiene que ser para moverse en la política argentina, Moyano desgranó uno a uno los logros del kirchnerismo. Le rindió culto a El y dejó entrever una vez más que su relación con Néstor Kirchner era más fluida que con la Presidenta. ¿Habrá pactos pendientes que aún deben ser saldados? A veces algunas frases pronunciadas por el líder de los trabajadores así parecen dejarlo entrever. No se privó de disparar contra la oposición a quien acusó de estar compuesta por muchachos que viven en un submarino. Bueno, en este punto tal vez haya quienes compartan la apreciación del líder sindical.

Hugo Moyano hizo su gran demostración de fuerza con toda pompa y circunstancia, igual que la boda del siglo que se celebraba a miles de kilómetros de Londres y demostrando que es un flemático sindicalista que no lo van a poder conformar con poco.

EL DIA QUE MOYANO SE ENFURECIO Y EL GOBIERNO TEMBLO

moyanoHugo Moyano entró al salón de la sede del Sindicato de Camioneros, donde lo aguardaban más de trescientos seguidores que entonaban cánticos amenazantes. Empezaba a escribirse el último capítulo de lo que había sido un largo día de furia, que había estallado cuando a través del sitio Centro de Información judicial, se conoció la existencia de un exhorto llegado desde Suiza donde se pedía la justicia argentina información sobre las causas judiciales que se le siguen a Moyano y a su hijo Pablo. La investigación había comenzado a raíz del descubrimiento de una cuenta en ese país por cerca de dos millones de dólares a nombre de Ricardo Depresbiteris, el dueño de la empresa Covelia que se la vincula a Moyano y a su familia.

“No tengo un carajo que ver con Covelia”, disparó contundente Moyano con el tono de como quien quiere terminar un tema que lo saca de las casillas. Era cierto, el camionero estaba furioso desde que se había conocido la intención de los suizos. Desde el primer momento creyó ver la mano del gobierno detrás de los acontecimientos y obedeció lo que su instinto le ordenaba; lanzar un paro del transporte con movilización y convocar al Concejo de la CGT para discutir si la medida de fuerza se transformaba en una huelga general. Omar Viviani una de sus más fieles lugartenientes estaba convencido que los popes de la central sindical respaldarían la medida de fuerza, “un trámite” se escuchó decir cerca del líder de los peones de taxi. Pero no fue así. Después de tres horas de deliberar, la CGT decidió apoyar a su jefe pero dejando en claro que no iba a cortar, por ahora, las relaciones con el gobierno que es lo que ocurriría si se llegaba a un paro general. Al final, no habrá paro general, movilización ni tampoco paro de transporte. El gobierno respiró tranquilo y el triunfo se lo anotó Julio De Vido, que fue el encargado de convencer a Moyano del inconveniente de tomar medidas extremas. No es un paz definitiva, sólo se trata de una tregua que únicamente el paso del tiempo y la evolución de las causas judiciales, que atormentan a Moyano y a su familia, determinará que tan sólida es.

Un análisis superficial concluiría que Moyano quedó en un posición de debilidad, pero ello no sería cierto. El camionero hizo una demostración de fuerza, que aunque no fue tan potente como se esperaba, ello no es suficiente como para sostener que Moyano está debilitado. Un detalle no menor es que la medida de fuerza sólo se suspendió, es decir que está latente y puede renacer de acuerdo con los próximos acontecimientos.

Las últimas cuarenta y ocho estuvieron plagadas de señales desde el moyanismo al gobierno, en el convencimiento que tiene su jefe que hay sectores del gobierno que, de mínima, le quieren recortar el poder que acumuló con Néstor Kirchner. La Presidenta nunca se llevó con Moyano y su predilección por La Cámpora en desmedro del peronismo tradicional profundizaron la brecha entre ambos. Inclusive, un encuestador con buena llegada a De Vido sostuvo en estricto “off the record” que el gobierno ya tiene al reemplazante del camionero al frente de la CGT. Se trataría de Gerardo Martínez, el líder de la UOCRA; cuyo sindicato hace menos de una semana obtuvo una señal en el sistema de televisión digital. Moyano sabe que desde que Kirchner falleció es mirado con recelo en la Casa Rosada, pero está dispuesto a presentar batalla. “Queremos llegar al poder, ese es el objetivo”, tronó el líder sindical entre los gritos de sus seguidores. El mensaje es claro y todo sucede en la misma semana que desde la CGT se había lanzado el nombre de Héctor Recalde como compañero de fórmula de Cristina Fernández de Kirchner, justo en el momento en que los grupo de influencia más cercanos a la Presidenta ensayan una desperonización del gobierno, que genera no pocas inquietudes y deliberaciones.

No es un dato que la suspendida movilización en apoyo a Hugo Moyano convergería en la Plaza de Mayo, a las puertas de la Casa de Gobierno. No se pensó marchar al Palacio de Tribunales o hacer un escrache en la Embajada de Suiza. Nada de eso, la idea fue la de mandar un mensaje inequívoco al gobierno que no será tan sencillo prescindir de los popes sindicales.

Es claro que la demostración de fuerza que hicieron Moyano y los suyos encendieron todo tipo de alertas en el gobierno. Por ahora, ni los unos ni los otros pueden enfrentarse en una batalla abierta porque saben que por ahora ambos bandos tienen mucho más que perder que ganar. Pero en esa demostración de fuerza que ayer ensayó el camionero también hay vestigios de cierto grado de debilidad. No puede dejarse de lado el detalle que originalmente, la conferencia de prensa que se hizo en la sede de camioneros estaba programada que se llevara a cabo en la CGT. No parece ser un dato menor, unido a la cuestión que las deliberaciones en la central obrera se demoraron tres horas y no los breves treinta minutos que había proyectado Viviani horas antes del encuentro. Es claro que si Moyano hubiera recibido un cerrado apoyo de la CGT hubiera habido paro general o, al menos, una potente movilización a Plaza de Mayo. Eso no ocurrió y probablemente no ocurra en los próximos días, pero el gobierno sabe que Moyano, a pesar de estas cuestiones, no es un dirigente que esté totalmente debilitado y no represente riesgos en el corto plazo. Ambos bandos saben que a partir de ahora sus resquemores quedaron al descubierto y tendrán que demostrar sus dotes de tiempistas sino quieren perder más de lo que puedan ganar.

En su discurso Moyano se encargó de atacar a cada uno de sus enemigos: Graciela Ocaña, el empresario Daniel Hadad, Francisco de Narvaéz, Eduardo Duahlde, Ernestina Herrera de Noble y hasta Carlos Menem. Con ellos tiene y tuvo múltiples batallas, en la que sobresale Graciela Ocaña que tal vez se haya convertido en su principal enemiga desde que ocupaba el Ministerio de Salud. Ocaña es amiga personal de la ex embajadora suiza en la Argentina Carla del Ponte y podría haberle entregado en forma privada información que vincula a Moyano con Covelia. La ex ministra y ex diputada declaró en Contrapunto que oficialmente no le entregó ninguna información mientras su amiga desempeñaba funciones diplomáticas en la Argentina. De ser así, ¿podría pensarse que la causa del exhorto suizo haya sido información que salió desde la Argentina? Es más que probable y no hay que olvidarse que en política no hay casualidades.

Al igual que el gobierno, Moyano ve a la prensa como uno de sus principales enemigos. No debe olvidarse que en el por ahora suspendido plan de lucha, se esbozó bloquear una vez más la salida de los diarios. “Para la prensa, los que conducimos una obra social somos asesinos seriales o envenenamos a la gente. También fui el ideólogo y ejecutor del crimen de Beroiz. A mi hijo Gerónimo, de 11 años, le tuve que explicar que era un invento. Me hicieron una canallada: Menem y Duhalde me metieron droga en 1989. Jamás nos opusimos a la Justicia ni impedimos que nos allanen los gremios. Tenemos bronca con la prensa, no con la Justicia”, disparó. Moyano pretende que los medios no se ocupen de él, algo que es imposible siendo, como es, uno de los hombres más poderosos del país. En este sentido, está dispuesto a hacer demostraciones de fuerza como ya lo hizo. Es probable que el gobierno, como ya lo hizo, mire para otro lado. Al fin y al cabo, ambos consideran a los medios el enemigo común que impide, aunque sea un poco, frenar la acumulación de poder.

El kirchnerismo genera su propia oposición porque es claro que no la encuentra fuera de sus propios límites. Esto marca una señal más de la debilidad de las distintas expresiones del arco opositor, que hasta ahora ninguno de ello aparece como una alternativa clara de poder de cara a las elecciones de Octubre. Por eso Eduardo Duhalde admite que hasta ahora la Presidenta corre sola hacia la reelección. Aun la oposición no ha parido un rival lo suficientemente robusto que genere preocupación en el gobierno. Hoy las preocupaciones del Cristinismo están más relacionadas con la propia tropa que con los adversarios de afuera que todavía no alcanzaron la categoría de amenaza. 

EL KIRCHNERISMO POST KIRCHNERISTA

CFKLos interrogantes se agolpan, se acumulan y se superponen. Hay análisis interesados y otros verdaderamente directamente alejados de la realidad. No pocos dejaron deslizar que la desaparición de Néstor Kirchner redundaría en que la Presidenta empezara a gobernar como ella realmente quería, casi como si en todos estos años hubiera sido una especie de rehén de su marido0 que no la dejó ser quien verdaderamente es. Otros ensayan una hipotética reunificación del peronismo ahora que el antagonista de los peronistas que rompieron lanzas con el kirchnerismo ha desaparecido. Es probable que no suceda ni una cosa ni la otra y estas aseveraciones queden reservada para el mundo de los deseos.

Cristina Fernández no era una rehén de su marido, era socia de Néstor Kirchner y entre ambos había un reparto de tareas en la que Néstor se había quedado, principalmente, con el manejo de la economía y con el armado político. Ahora, el principal desafío de la Presidenta será reunificar todo en su persona, cuestión que no será para nada fácil. El modelo seguirá incólume a nadie puede caberle ninguna duda de ello, las formas seguirán confundiéndose con el fondo y unas y otras cobrarán mayor o menor relevancia de acuerdo al contexto político del momento. La Presidenta ya lo dejó bien claro en las decisiones que tomó en el velatorio del ex Presidente, usó la vara kirchnerista para que no quedaran dudas quiénes son los amigos y los enemigos. La señal fue clara y a ella se sumaron las elegantes expresiones del Canciller Héctor Timerman que con el fanatismo de los conversos no dudó en mandar a la puta que lo parió al vicepresidente Julio Cobos y a Mauricio Macri. Fue una segunda fase que había estado antecedida por el lanzamiento a la reelección de Cristina a través de la cadena noticiosa CNN, garantizando que el mensaje llegaría claro no sólo fronteras adentro de la Argentina sino también al exterior. Nadie seriamente puede pensar que Timerman haría semejante movida sin un guiño que lo autorizó.

La Presidenta necesita mantener la mística y transmitir que sigue siendo alternativa de poder, independientemente que compita o no por un nuevo periodo, si no quiere que su gobierno se debilite. En este sentido también debe dar señales claras hacia las entrañas del Peronismo y allí deberá asumir la jefatura política del partido y demostrar que tiene las riendas del poder. Kirchner podía darse el lujo de ser el presidente del Justicialismo sin ser el Presidente de la Nación porque él y su mujer eran vistos como una unidad política, por eso el gobierno de Cristina Fernández no se debilitaba. Esta situación de excepción terminó y más allá de los cargos ella deberá conducir la estructura partidaria y deberá mostrar rápidamente señales en este sentido. Por esta razón es que en una decisión perfectamente coordinada los voceros prácticamente pusieron en marcha un operativo clamor. saben que no hay tiempo que perder porque en el peronismo los vacíos de poder son ocupados rápidamente.

Tal vez el principal desafío de la Presidenta sea justamente reemplazar a su marido como estratega en el armado político, cuestión en la que ella nunca se metió y siempre desdeñó. No sólo pasa por ocupar el cargo formar de cabeza del movimiento sino también poder ser reconocida como líder dentro de la estructura. No va a ser fácil. En este sentido tal vez haya tres personas que puedan colaborar en esta tarea: el ministro Julio De Vido, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández y Florencio Randazzo; aunque éste último en menor medida y por supuesto el infaltable Carlos Zanini, secretario Legal y Técnico. Por su parte, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, es una figura más importante de la que parece. No es sólo el funcionario encargado de coordinar la logística de las apariciones presidenciales como se la ha querido hacer ver, Parrilli es el puente entre el gobierno y  las organizaciones sociales. Muchos hablan del rol que podría tener Máximo Kirchner, fundador de La Cámpora, agrupación que cada vez cobra mayor relieve. Hasta el momento no hay nada decidido pero no son pocos los que señalan un rol protagónico del primogénito de los Kirchner al lado de su madre.

La marcha de la economía es una incógnita, no porque haya un debate acerca de los ejes del modelo kirchnerista sino porque el que la llevaba era Néstor Kirchner y Amado Boudou sólo representaba un papel secundario. “Es un tema difícil porque Boudou tiene un equipo impresentable”, explica un miembro del equipo económico de Eduardo Duhalde.

Daniel Scioli ha sido uno de los nombres que más sonaron desde el fallecimiento de Néstor Kirchner junto con el de Hugo Moyano. El gobernador bajó a sus colaboradores una línea clara que consiste en archivar la embrionaria candidatura presidencial que había comenzado a asomar en las últimas semanas. La estrategia es encerrarse en la provincia y desde allí estudiar el panorama. Este es el sentido que hay que darle a las palabras de Scioli cuando dijo que él era sólo el presidente “de hecho” del Justicialismo y no dudó en encolumnarse detrás de la Presidenta. Si hay algo que el gobernador sabe muy bien es como moverse rápidamente acorde a la coyuntura política. Además, aprovechó para hacer una demostración de fuerza convocando a La Plata a todos los intendentes de la provincia. Dieron el presente los barones del Conurbano, los “rebeldes” del grupo de los ocho donde está enrolado Sergio Massa y algunos radicales. Un encuentro para expresar el respaldo a la Presidenta pero también para marcarle la cancha a Hugo Moyano y demostrarle que el dueño del territorio es él. Como se recordará la semana pasada Moyano no pudo reunir los congresales necesarios para reunir al Congreso partidario, mientras que Scioli no tuvo problemas de reunir rápidamente 91 intendentes en la capital bonaerense. La demostración del gobernador fue contundente y demostró que tiene el control del territorio, exigencia imprescindible en el justicialismo para integrar la mesa chica del poder. Ahora habrá que esperar de qué manera Moyano digiere el golpe. Por estas horas, el kirchnerismo trasunta en cómo contener al camionero porque saben que su poder creció más de lo que a muchos les gustaría, tarea que la conoce muy bien Julio De Vido pero que también llevaba adelante Néstor Kirchner. Lo que parece ser una certeza es que sería muy difícil hacer algo en contra de Moyano o sin él, ahora habrá que buscar la manera de contenerlo pero siempre manteniéndolo adentro del redil kirchnerista.

Es cierto que la posición del Peronismo Federal no parece ser la más fácil, porque muchos especulan que desaparecido su principal antagonista debieran empezar a tejer su vuelta al partido o, por lo menos, revisar su estrategia electoral de cara a las elecciones. Ese espacio ya antes del fallecimiento de Kirchner necesitaba un debate interno, algo que a partir de la semana pasada eso se ha transformado en algo urgente. En realidad el Peronismo Federal deberá esperar los próximos movimientos de la Cristina Fernández. Si como muchos sostienen el kirchnerismo dobla la apuesta como ha venido siendo su estilo desde el 2003, el espacio que lidera Eduardo Duhalde, aunque el resto lo niegue, no debiera tener mayores problemas para seguir adelante con el rumbo trazado cuando decidieron pegar el portazo del Justicialismo. Por supuesto, deberá adaptar su estrategia electoral pero en definitiva el oficialismo terminaría siendo funcional a este espacio. En cambio, si el gobierno ensaya una política de apertura y de flexibilización en esa línea que separa los amigos de los enemigos; le será más difícil a los disidentes justificar su permanencia puertas afuera del partido.

Por estas horas hay pocas certezas pero no hay dudas que las próximas horas serán cruciales para que Cristina Fernández comience a dar sus primeros pasos sola, sin contar con quien era su mejor consejero, con su ministro de economía y con el estratega política que se encargaba de cuidar las espaldas del matrimonio presidencial. Hay muchas miradas que se posan sobre la Presidenta y, como en un partido de ajedrez, todos esperan que ella mueva las blancas. Arranca una nueva era política el kirchnerismo sin Néstor Kirchner, es claro que ya nada será como era pero todavía existen muchas incógnitas para saber cómo será.

UNA ECUACION CON MUCHAS INCOGNITAS

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Néstor Kirchner le dobló la apuesta a su salud y perdió. Su muerte cambia radicalmente el escenario político de la Argentina, no puede haber otra consecuencia porque falleció el hombre más poderoso del país. Desde su muerte a las nueve y cuarto de la mañana las especulaciones políticas rápidamente comenzaron a tejerse de manera cada vez más vertiginosa. Sin embargo, es muy difícil trazar un análisis más o menos preciso por estas horas porque la política argentina abruptamente se convirtió en una ecuación con demasiadas variables que aún es difícil despejar.

Cristina Fernández de Kirchner no es Isabel Perón y cualquier comparación en este sentido carece de un fundamento lógico. Pasado el shock inicial frente a su repentina viudez, la Presidenta deberá mover las piezas para imprimir su sello personal a los trece meses que le quedan a su gobierno. En este sentido a Cristina Fernández se le presentan varios caminos, uno de ellos y el que por estas horas se dice que es el probable que tome al menos públicamente y como primera medida, mantener la lógica amigo enemigo con la que el matrimonio gobierna el país desde el 2003. Modelo de acumulación de poder que el mismo Néstor Kirchner había radicalizado desde la derrota en las elecciones legislativas del año pasado. No cabe duda que la guerra desatada contra el Grupo Clarín es la demostración más tangible de la vigencia de esta estrategia. El otro escenario en el menú es que la Cristina empiece a virar su gobierno hacia una posición más dialoguista y permeable, estrategia que no sería revelada desde lo discursivo pero sí desde los hechos. Esta posibilidad implicaría un reconocimiento tácito que los números en las encuestas no venían dando bien y quienes dicen que implicaría capitalizar electoralmente la muerte del ex presidente, que como siempre sucede un hecho de estas características trae como consecuencia una ola de simpatía de la gente que es una especie de luna de miel.

No es una novedad que Néstor Kirchner y la Presidenta concebían el poder como un bien ganancial que se distribuían entre ambos, y que en ese reparto Kirchner ostentaba la mayoría accionaria basada principalmente en el manejo de la economía, el armado político y las relaciones exteriores. Ahora, la desaparición de Néstor Kirchner obligará a la Presidenta a amalgamar el poder formal que ella ostenta desde diciembre de 2007, sumando su cuota de poder real con la porción más importante de ese poder real que estaba en manos de su marido. La tarea no será sencilla, pero Cristina deberá demostrar que ella está preparada para gobernar sin el sostén de Kirchner. Por supuesto no son pocos los que por estas horas, leyendo este escenario tratarán de jugar sus fichas para lo más cerca posible de la Presidenta. Obviamente, este somero y preliminar análisis lleva indefectiblemente a ensayar lo que podría ser un natural cambio en el gabinete. No es una idea antojadiza ya que muchos ministros están muy desgastados pero son hombres puestos allí por Néstor Kirchner, que lo reconocían como su verdadero jefe político; reconocimiento que no le dispensaban en el mismo grado a la Presidenta. No sería serio especular con nombres por estas horas y mucho menos con sus posibles reemplazantes. Ahora bien, pero una de las tantas preguntas que se hacen no pocos analistas políticos es quién es la gente de la Presidenta. ¿Cuál es su equipo? Es un interrogante que flota en el aire cada vez con mayor densidad. Esta es una más de las incógnitas de esta gran ecuación en que se ha convertido la política argentina desde que Néstor Kirchner falleció en El Calafate.

La muerte de Néstor Kirchner generó sorpresivamente la irrupción del post kirchnerismo de la manera menos pensada. Comienza un nuevo periodo que ya tuvo dos hechos con un alto significado político. El primero fue generado por Hugo Moyano, uno de los dirigentes que ha agigantado su poder en las últimas horas y que sin lugar a dudas constituye una de las piezas fundamentales de este nuevo rompecabezas. Moyano hizo una convocatoria de urgencia a la CGT para invitar a los trabajadores a despedir los restos de Kirchner, no hablaba con el tono enardecido acostumbrado por los sindicalistas; vestía el traje de político, estaba arropado con el cargo de presidente del justicialismo bonaerense. Es jun dato no menor y que lo hará valer a la hora de la distribución de las cuotas de poder. El otro hecho político no menos interesante es la decisión de la Presidenta que Néstor Kirchner sea velado en la Casa Rosada y no en el Congreso donde es costumbre que se realicen las exequias de los presidentes. Así, Kirchner que vivió y murió en función del poder se despide en la cuna de los poderosos y no del lugar que hoy simboliza en la lógica del kirchnerismo la guarida de los enemigos y los traidores.

LA OPOSICION TAMBIEN DEBE DOBLAR LA APUESTA

Kirchner01(1) Los principales dirigentes de la oposición de forma coordinada han establecido que el proyecto del gobierno para regular la fabricación, venta y distribución del papel para diarios termine en algún cajón del Congreso durmiendo el sueño de los justos. Desde el radicalismo hasta la Coalición Cívica, pasando por el PRO y el Peronismo Federal; prácticamente todos han salido a resistir la nueva ofensiva del gobierno aduciendo que el tema no pertenece de la agenda parlamentaria. Que es un tema que no forma parte de las principales preocupaciones que tiene la sociedad, donde como se sabe, ese ranking está encabezado por la seguridad y la inflación que cada vez más afecta el bolsillo de los trabajadores.

El diagnóstico que ensaya la oposición es cierto. El tema de Papel Prensa es percibido como un round más en la guerra entre el gobierno y el Grupo Clarín. No parece ser que el kirchnerismo esté blandiendo una bandera noble, en todo caso está utilizando a los derechos humanos como parte de su estrategia de acumulación de poder. Entre los dirigentes opositores se percibe al proyecto como una estratagema más del kirchnerismo con el objetivo de disciplinar a los diarios críticos y en especial a Clarín. Es difícil discutir el argumento cuando la idea proviene de las mismas mentes que destruyeron el INDEC, distribuyen la pauta oficial con arbitrariedad y hasta idearon la conformación de un multimedios oficialista para contrarrestar el peso del Grupo Clarín. Todos emprendimientos que fracasaron y por eso ahora Néstor Kirchner decidió, como lo hizo Juan Domingo Perón, regular el flujo de papel para, en definitiva, restringir el acceso de la sociedad a la información.

El proyecto es abiertamente inconstitucional porque viola las derechos y garantías de la Constitución y de los tratados de Derechos Humanos. La oposición también lo ha dicho y, desde luego, tiene razón. Sin lugar a dudas es la jugada más osada y grave que pretende impulsar el kirchnerismo desde el 2003. Es un avance descarado y anacrónico contra los derechos de la sociedad a informarse, a elegir a través de quién quiere hacerlo pero también una limitación a publicar las ideas a través de la prensa; uno de los derechos más arraigados en la Argentina que siempre estuvo presente en los textos constitucionales y en los ensayos que hubo antes de 1853.

Sin embargo, la oposición se equivoca si piensa no tratar el tema en el recinto de la Cámara de Diputados o se enreda en las chicanas que le va a plantear el oficialismo. Es cierto que la sociedad no está interesada por la cuestión y que ni siquiera los editores de los diarios habían planteado la necesidad de un marco regulatorio del papel para diarios, sencillamente porque hoy en el mundo sobra el papel y su importación tiene arancel cero. No hay restricciones, no hay escasez y por lo tanto no hay peligro; por lo que la intención del gobierno de regular la libertad de expresión ni siquiera puede ser disimulada con el informe presentado el martes en la Casa de Gobierno. Y, justamente, allí es donde reside la gravedad institucional de la senda que ha comenzado a transitar el gobierno que lo pone en una peligrosa cercanía con el autoritarismo. Se equivoca la oposición cuando dice que hay temas más importantes, éste es el tema central porque avanza en un campo donde la democracia debe operar como el límite natural. Y el ejercicio de ese límite está en manos del Poder Legislativo, aunque siempre existe la Corte Suprema es la instancia de última ratio.

El Congreso debe tratar el proyecto del gobierno y rechazarlo para enviar un mensaje político al oficialismo con tal contundencia que entienda que aun en la acumulación de poder existen los límites. Permitir que el proyecto pierda su estado parlamentario arrumbado en algún cajón implica esquivar un momento político, que por obra del oficialismo, requiere de posiciones indubitables.

El kirchnerismo empezó una vez más a radicalizarse en el marco del inicio del proceso electoral, y en este escenario, Néstor Kirchner no tiene intenciones de mostrarse como el líder de una era política que acusa síntomas de debilidad y de desgaste. Kirchner no sólo buscar mantener y acrecentar su poder, también sabe que debe mandar mensajes hacia la fracción del peronismo que le responde donde no haya dudas que el jefe sigue siendo él. Los destinatarios son los gobernadores e intendentes, principalmente del Gran Buenos Aires, que no puede permitir que hagan demostraciones de independencia. Como se sabe, la lealtad en el peronismo tiene plazo fijo y siempre está relacionada con la cuota de poder que conserve el líder. Por eso, Kirchner no puede darse el lujo de ser percibido con síntomas de debilidad y muchas de sus decisiones van en este sentido.

El gobierno ha puesto, una vez más, a la Argentina al borde de la crispación y Kirchner no dudará en doblar la apuesta si se anoticia que la reacción de la oposición es confusa y evasiva. Es cierto, la regulación del papel para diario no está en la agenda de la sociedad porque son de esos temas pergeñados en la Quinta de Olivos, que parecen muy alejados de la vida diaria de los ciudadanos comunes. Sin embargo, si la oposición quiere gobernar e inaugurar la era post kirchnerista debe entender que a veces los temas importantes no figuran en la agenda del gran público hasta que es muy tarde. “Lo que sucede es que no es una tema de opinión pública”, explica un encuestador analizando la estrategia de la oposición. Tiene razón, pero entonces la oposición lo tiene que convertir en uno.

El arco opositor debe dar el debate y rechazar el proyecto, porque la finalidad no es la regulación del papel para diarios, el verdadero objetivo es restringir la libertad de expresión.

ANGELES Y DEMONIOS

Elisa_Carrio Elisa Carrió volvió a ser el centro de las miradas y de las críticas, acaba de pegar el portazo en el Acuerdo Cívico y Social que ayudó a fundar para hacerle frente al kirchnerismo desde la vereda del progresismo. Carrió hace de la coherencia su fortaleza y la punta de lanza de comportamiento políticamente incorrecto, que en un país tan contradictorio y con los valores por el piso como es la Argentina; la convierte en un “rara avis” frente a los pragmáticos del poder.

La Carrió que acaba de decir adiós es la misma que no dudó en el 2004 de señalar a Julio De Vido como un engranaje clave en la matriz de corrupción del kirchnerismo. No hay que olvidar que por aquel entonces, Néstor Kirchner tenía una imagen positiva superior al 70%, que la oposición estaba desconcertada frente a un gobierno que se había animado a cambiar la Corte, que le daba aumentos a los jubilados y que mes a mes hacía bajar el índice de desocupación. Eran tiempo en que Clarín hacía oficialismo explícito. Carrió no dudó en atacar al kirchnerismo justo en donde más le duele, en los negocios y en la caja. A casi seis años sus vaticinios parecen cumplirse.

Hoy, Elisa Carrió ha decidido una vez más tomar el camino del desierto en pos de esa coherencia que defiende al ultranza, el “deber ser” de Kant y su Imperativo Categórico también. Tomó una decisión largamente anunciada y se fue del Acuerdo Cívico y Social, porque no está dispuesta a convalidar una nueva versión de la Alianza y lo que podría ser una nueva decepción. Adrián Pérez explicó en Contrapunto que sus críticas están dirigidas a Julio Cobos, algo que sabido por todos, pero también apuntan a Leopoldo Moreau y al Coti Nosiglia, a quienes denomina los gerentes del radicalismo. Por supuesto, que las diferencias con Margarita Stolbizer existen y son profundas pero no tienen la misma gravedad que con los anteriores.

La nueva estrella en el firmamento radical se llama Ricardo Alfonsín y sólo él será capaz de hacer desandar la decisión que tomó Carrió. Mientras se afianza como posible candidato a la presidencia, Alfonsín sabe que en este marco su llave a la Casa Rosada pasa por cohesionar a la UCR y por sellar un acuerdo sólido con el socialismo. Así, se comprenden sus palabras cuando dice una y otra vez que prácticamente no hay diferencias entre un radical y un socialista, que “hasta nos vestimos igual” agrega para quitarle dramatismo al asunto. Alfonsín tiene sus esperanzas puestas en que el gobernador santafesino Hermes Binner sea su compañero de fórmula, idea que se analizaba antes de la salida de Carrió del Acuerdo Cívico pero que ahora cobró más potencia. Parece ser una buena alternativa para correrle al matrimonio Kirchner por izquierda.

El kirchnerismo festejó, dicen que Néstor estaba eufórico con la ruptura del Acuerdo Cívico mientras tiende lazos a los intendentes del conurbano para que vuelvan al redil, luego de varios intentos de autonomía que varios de ellos mostraron. Pero otro que se puede ver beneficiado por la decisión de Carrió es Eduardo Duhalde, porque es muy probable que si la salida de Lilita es definitiva se lanza como candidata a la presidencia. Como es lógico de suponer esto le restaría votos al radicalismo y sus aliados. Fragmentación que podría ubicar al Peronismo Federal en el segundo lugar en las elecciones a tiro de la ballotage, en lo que Duhalde sueña como la madre de todas las batallas para derrotar a Néstor Kirchner cuyo principal teatro de operaciones será, sin lugar a dudas, la Provincia de Buenos Aires.