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“NO SOY UN PUSILANIME”

Ricardo-Alfonsin-18-04Ricardo Alfonsín quedó segundo en las elecciones y por supuesto el resultado no lo dejó para nada conforme ni a él, ni a la Unión Cívica Radical pero como sus oponentes dice que va a dar pelea. Insiste en que la crisis del 2001 está muy presente y en una sensación de mejoría económica que percibe la gente; para explicar el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner.

La Unión Cívica Radical ha decidido poner más énfasis en el segmento legislativo de la elección, porque es muy difícil descontar el margen de la Presidenta y van a tratar de equilibrar la cancha en la Cámara de Diputados. En este sentido hay una sensación que la candidatura de Alfonsín quedará un poco en soledad. Sin embargo, el mismo candidato considera que, después de la pelea presidencial, afirma que el segundo objetivo en importancia es tratar de incorporar la mayor cantidad de diputados posibles. 

Alfonsín defiende su alianza con Francisco De Narváez y sostiene que “no es un pusilánime” para tomar decisiones por temor a los oportunistas, en alusión que aquellos que lo criticaron luego del resultado del 14 como Federico Storani.  “Yo tomo las decisiones que creo que son las correctas”, explica el candidato dejando en claro que él lleva el timón de la candidatura.

Escuchá la entrevista completa a Ricardo Alfonsín en Contrapunto (FM Identidad 92.1)

“ES IMPOSIBLE UN ACUERDO DESPUES DE LAS PRIMARIAS”

binnerEl gobernador Hermes Binner es el candidato de la oposición que más posibilidades de crecer tiene en las elecciones octubre, las primarias lo ayudaron a tener el nivel de conocimiento a nivel país que no tenía.

Binner se muestra confiado y, a diferencia de sus adversarios de la oposición, no pretende transformar la elección presidencial en una parlamentaria: “Vamos a seguir en la misma línea”, declaró en Contrapunto por FM Identidad 92.1.

Reconoce que la economía explica en gran medida el triunfo de la Cristina Fernández de Kirchner, convalidando la línea de apoyo a los ejecutivos que estén ejerciendo las distintas administraciones, haciendo la salvedad del resultado que se produjo en Catamarca.

Binner sostiene que “es impensable un acuerdo entre la oposición después de las primarias porque la ley no lo permite” pero afirma que está dispuesto a dialogar.

Hermes Binner en Contrapunto

LA MADRE DE LA VICTORIA

cfkLa victoria de Cristina Fernández de Kirchner por el 50 por ciento de los votos es inapelable. Si el estreno de las primarias abiertas iba a determinar dónde estaba parado el oficialismo, queda claro que el resultado pone a la Presidenta a las puertas de la reelección y sumió a la oposición en un desconcierto de una magnitud que no estaba en sus cálculos. También se había vaticinado que la elección ayudaría a recortar acabadamente a un candidato de la oposición detrás del que presuntamente se encolumnaría el voto opositor. Sin embargo, esto no fue así porque no hay un claro segundo, sino que la contienda terminó en un empate técnico entre Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde y hasta Hermes Binner, que con apenas el 10 por ciento y cuarenta días de campaña se convirtió en la sorpresa. Es difícil que alguno de los tres pueda generar alguna sorpresa de cara al 23 de octubre, ya mostraron todo lo que tenían para ofrecer. Ricardo Alfonsín puso el apellido, el peso de un partido que, aunque más débil que en otras épocas, sigue en pie y una tenacidad envidiable. Por su parte, Eduardo Duhalde intentó mostrarse como un estadista alumbrado bajo el ala intelectual de Lula y con pergaminos de piloto de tormentas, pero que fue impotente para mantener cohesionado a ese colectivo bautizado como Peronismo Federal del que ya queda apenas un recuerdo.

Es evidente, a la vista de los resultados obtenidos por el oficialismo, que los guarismos obtenidos en la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba no fueron más que una primavera pasajera que a la postre la oposición no supo o no pudo capitalizar. Es claro que parte de los votantes de Mauricio Macri, Miguel Del Sel y José Manuel de la Sota se inclinaron por CFK; eso es claramente lo que explican los números.

Es probable que la raíz de los errores de la oposición se encuentre en la implosión de los dos polos que a principios de este año se calculaba que disputarían el poder: El Acuerdo Cívico y Social y el Peronismo Federal. Ambos grupos implosionaron y no cabe duda alguna que esta circunstancia favoreció al kirchnerismo.Atomizaron al electorado y los beneficios se los llevó el kirchnerismo. Claramente, ninguna expresión de la oposición es alternativa de poder en la actualidad.

Francisco De Narváez fue aplastado por Daniel Scioli, en parte por la fractura de la tríada que en el 2009 integró con Felipe Solá y Mauricio Macri; pero también porque su alianza con Ricardo Alfonsín fue percibida por el electorado bonaerense como un matrimonio contra natura y por eso se registraron en varias mesas votos a Duhalde y a él.

La elección volvió a marcar una tendencia que ya está consolidada y es el voto en favor de la continuidad de los oficialismos, fenómeno que hasta ahora sólo dejó de verificarse en Catamarca y en el partido de Vicente López donde sorpresivamente se impuso Jorge Macri por seis puntos al Japonés García, que ocupa la intendencia desde hace 24 años.

Pero sin lugar a dudas sería injusto explicar la victoria de Cristina Fernández de Kirchner a causa de la torpeza de la oposición de vertebrar una propuesta tentadora hacia los votantes. Al igual que parte del triunfo de Mauricio Macri se explica a través de la aprobación de su gestión al frente de la Ciudad de Buenos Aires, también es razonable inferir que ésta ha sido una razón de peso en los más de diez millones de votos cosechados por el kirchnerismo.

Sí, una vez más fue la economía estúpido. El consumo que disimula en parte los efectos de la inflación, pero también los acuerdos paritarios que les permite a los empleados en blanco tener un salario que por el momento mantiene su poder adquisitivo. La asignación universal por hijo, que a pesar de no ser universal y de haber salido por decreto, no puede negarse que redundó en una importante mejora en la calidad de vida de muchos argentinos de los niveles socioeconómicos más bajos. El campo que, a pesar de sus críticas cada vez de menor intensidad, tiene una rentabilidad más importante que en el 2009; lo que se verifica con los resultados en ciudades como Pergamino, Rauch, Tres Arroyos, San Pedro, Gualeguaychú y el interior de la Provincia de Santa Fe, Córdoba  y Buenos Aires. En todos se impuso el oficialismo cumpliéndose el vaticinio de un encuestador que meses atrás pronosticó que el voto del campo se inclinaría por el oficialismo porque “la plata la pesan”. La oposición contaba con esas voluntades, pero ese fue el escenario del 2009 y dos años después todo había cambiado. Los autos y los plasmas también ayudaron a parte de la clase media a apoyar la continuidad, apuntalada por la falta de una propuesta superadora alumbrada por la oposición; tal vez ésta sea la explicación de por qué en trece de las quince comunes de la Ciudad de Buenos Aires, donde semanas atrás arrasó Macri ahora se impuso Cristina Fernández.

No quedan dudas que la victoria pertenece a la Presidenta, ella es la responsable de un triunfo sin atenuantes. Se animó a desperonizar en parte al peronismo con La Cámpora, a ignorar a la CGT y su mandamás Hugo Moyano y a imponerle las listas a los barones del Conurbano que protestaron pero a pesar de los vaticinios ninguno sacó los pies del plato; salvo por el intendente de Malvinas Argentinas que explícitamente se pasó a las filas del duhaldismo.

El resultado electoral también dejó otra conclusión, a la sociedad argentina no le interesan la corrupción. Ninguno de los escándalos más resonantes, como puede ser el caso que tiene como protagonista a Hebe de Bonafini y a Sergio Schoklender, le ha quitado un voto al oficialismo. En este sentido el kirchnerismo se muestra blindado y el escándalo sólo anida en pequeños sectores de la sociedad. Es una mala señal que emite la sociedad argentina, que en un punto parece cambiar dignidad por algo de confort. En este sentido, una vez más como en tantas otras ocasiones, parece imponerse el roban pero hacen.

La oposición, frente al categórico resultado de la elección, quedó shokeada y realinea su estrategia en estos setenta días en reforzar el segmento legislativo de la elección. El diputado radical Ricardo Gil Lavedra declaró en Contrapunto que si la tendencia se mantiene, el oficialismo está a las puertas de conformar un poder hegemónico y por eso el partido hará campaña para no perder espacios en el Congreso. En las filas del duhaldismo también se preparan cambios, aunque todavía se mantienen bastante reservados.

Cristina Fernández triunfó con su propia receta, la victoria le pertenece a ella sola. Ahora, sólo necesita flotar hasta el 23 de octubre, su campaña tiene que ser la no campaña y la primera vuelta de la elección presidencial no le deparará demasiadas sorpresas. Su negocio ahora es el status quo.

EL GRAN ELECTOR

mauricio-macri-_409x274Carlos Corach había imaginado que Carlos Menem , una vez que dejara la presidencia, se convirtiera en un “king maker”, como llaman los norteamericanos e ingleses a aquellos políticos que al borde de su retiro dejan un sucesor. No pudo ser. El mismo papel jugó Eduardo Duhalde en su forzada salida del poder aunque con mayor éxito, a pesar que hoy se arrepienta de ello. Luego de tratar de convencer sin éxito a Carlos Reutemann y concluir que José Manuel De la Sota no movía el amperímetro nacional, finalmente se decidió por Néstor Kirchner y el patagónico llegó a la Casa Rosada. A su vez, éste bendijo a su mujer para que lo sucediera.

El domingo a la noche Mauricio Macri no sólo derrotó de manera contundente a Daniel Filmus, también fue posicionado por los medios y  parte del arco opositor como el gran elector. Se convirtió en la novia que todos quieren cortejar. No es antojadizo afirmar que la pregunta que más debe escuchar el reelecto Jefe de Gobierno es a quién va a bendecir en octubre.

Eduardo Duhalde le ha lanzado decenas de guiños y Ricardo Alfonsín, para quien Macri era un límite, dejó de serlo hace tiempo. Mientras tanto, el líder del PRO mantiene la incógnita y sólo se ha preocupado en dejar claro que sigue en la vereda de en frente del gobierno; desarticulando una operación política que lo ponía cerca del kirchnerismo. Mauricio Macri ha dado muestras que no le disgusta el nuevo papel que empezó a jugar ni bien se conoció el resultado definitivo en la Ciudad de Buenos Aires. Claramente, le permite ocupar un rol destacado en una discusión de la que hubiera quedado apartado cuando decidió bajarse de la carrera presidencial.

La respuesta del Jefe de Gobierno cada vez que es consultado por el tema siempre es la misma, va a hablar con todos y se decidirá luego de las primarias abiertas del 14 de agosto. Sabe que mantener la expectativa eleva su cotización política, pero tendrá que hacer gala de sus habilidades de tiempista para que esa fortaleza no se diluya.

Las internas abiertas, que no serán internas, sincerarán la fortaleza del kirchnerismo y, supuestamente, de ellas emergerá el verdadero contendiente de Cristina Fernández de Kirchner. Y, la teoría indica que Macri jugaría a ganador dándole su apoyo al candidato opositor que quede mejor posicionado. Claro, pero esto es en teoría y es lo que deslizan varias fuentes del PRO. Sin embargo, la cuestión dista de ser sencilla y está sujeta a una gran gama de grises. Macri ha dicho que ha dejado en libertad de acción a sus dirigentes para trabar los acuerdos que crean convenientes. Así, Miguel Del Sel ya dijo que su votó será para Eduardo Duhalde y Jorge Macri, que disputará la intendencia de Vicente López, también se ha definido por el ex presidente al pedir a la justicia que lo autorice a a adherir su boleta a la del candidato presidencial. En otros distritos la preferencia ha sido similar, como por ejemplo en La Plata; salvo por la solitaria decisión de Gabriela Michetti de apoyar la candidatura de Oscar Aguad en Córdoba; allí el PRO apoya a José Manuel De la Sota. En Mendoza acordaron con Alberto Rodríguez Saá. Claramente, la mayoría de la dirigencia del PRO fue cerrando acuerdos con el peronismo disidente y, en este contexto, no parece vislumbrarse una negociación robusta con Ricardo Alfonsín aunque haya desandado el camino que llevó al candidato radical a ponerlo a Macri como un límite de su política de alianzas. Un importante error estratégico que no se explica luego de haber acordado con Francisco De Narváez. En este contexto, sería muy complicado para el jefe del PRO hacer otro acuerdo que no sea con Duhalde, cuando una porción muy importante de su espacio ya cerró con él.

La decisión de Jorge Macri de jugar con Duhalde es un dato políticode suma importancia en este tema. Además de ser un dirigente gravitante en las decisiones de su primo, fue el artífice de la alianza con Felipe Solá y Francisco de Narváez que en el 2009 derrotó a Néstor Kirchner. Conoce muy bien el Conurbano bonaerense, donde como de costumbre se librará la madre de todas las batallas. Jorge Macri es un gran tejedor de alianzas, gracias a lo cual pudo mantener acuerdos con los diputados que responden a De Narváez en la Cámara de Diputados de la Provincia a pesar de los encontronazos entre Mauricio Macri y el Colorado.

No se requiere ser avezado analista político para darse cuenta que Macri está más cerca de Duhalde que del radicalismo, como gran parte del PRO ya lo está demostrando. Por eso, es probable que la definición que hoy todo el mundo espera, de quien al parecer se ha convertido en el gran elector de la oposición, no sea tajante sino más bien que se vaya haciendo paulatinamente y un buen día Mauricio Macri y Eduardo Duhalde posen para la foto.

LA MADRE DE LA DERROTA

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Las victorias tienen dueños lo mismo que las derrotas, pero la diferencia entre unas y otras es que mientras por la primeras todos se pelean; de las segundas todos quieren escapar como si fueran un cáncer que consume a quien lo alcance. Derrotas y victorias siempre se explican por una multiplicidad de factores y actores. En este sentido la política es brutal, ganadores y perdedores son juzgados con esa misma vara que se mide a los entrenadores en el fútbol; donde muchas veces la historia no importa aunque esta se trate de una cadena de triunfos. La política como el fútbol es inapelable en cuanto a los resultados. En este sentido, Cristina Fernández de Kirchner es la madre de la derrota por casi veinte puntos de Daniel Filmus, aunque por supuesto el senador tiene su cuota de responsabilidad al presentarse a un electorado complejo como el porteño como un mero delegado municipal del Poder Ejecutivo.

Es claro que la estrategia del kirchnerismo en la Ciudad de Buenso Aires fue mala, confundieron imagen positiva –que en el caso de la Presidenta alcanza al 50%- con votos. Los estrategas de Olivos pensaron que a caballo de la imagen presidencial Filmus superaría el 30% y quedaría ubicado en el ballotage en una posición más cómoda.

La Presidenta apoyó su dedo real en Filmus y quedó automáticamente convertido en candidato, luego de jugar a una interna abierta con Amado Boudou –hoy candidato a vicepresidente- y Carlos Tomado, que en ese mismo acto acto fue entronizado como su compañero de fórmula.

Cristina Fernández de Kirchner le impidió a Filmus hablar el día de su entronización como delegado del poder central. Como en todos los distritos, diseñó junto con el “Chino” Zanini la lista de candidatos a legisladores y así alumbró como cabeza de lista Juan Cabandié, militante de La Cámpora. El grupo político que goza del favor presidencial y que representa la juventud que enamora a la Presidenta, pero que en estas elecciones demostró que a la hora de los votos le faltan mucha militancia y mucho barro.

La Presidenta se metió en la campaña de Filmus mucho más de lo que ahora se reconoce, porque nadie está dispuesto a ser el padre, en este caso la madre, de la derrota. Era lógico, el hombre a derrotar era Mauricio Macri, a quien Cristina Fernández había elegido como indiscutido rival para las elecciones de octubre. No caben dudas que para el kirchnerismo era más fácil confrontar con Macri que hacerlo con Ricardo Alfonsín.

Es mentira que Daniel Filmus haya hecho una buena elección, aunque su jefe de campaña el sociólogo Luis Alberto Quevedo haya tratado de imponer la idea a partir de las seis de la tarde que era el mejor resultado del Frente para la Victoria en toda su historia. Frente a la contundencia de la victoria de Mauricio Macri, que sorprendió a los propios dirigentes del PRO, el gobierno se embarcó en el esfuerzo absurdo de querer disfrazar su derrota de triunfo. La contundencia del resultado electoral hace que cualquier intento en este sentido sea un fracaso y en este marco aparezcan análisis que muestran verdadera impotencia. Es el caso del inefable Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, que con bronca declaró que “pueblos tienen los gobiernos que se merecen” y, como no podía ser de otra manera, responsabilizó a Clarín, La Nación y Perfil del triunfo del PRO por haber ocultado la mala gestión de Macri. Es obvio que el ex intendente de Quilmes sólo respeta la voluntad popular cuando le es favorable al gobierno y de lo contrario merece el máximo de los repudios. Muchos dictadores a lo largo de la historia tomaron el mismo camino. Aníbal Fernández hace un juicio que asombra por su pobreza intelectual, pero enoja por su falta de respeto a la voluntad popular. Es torpe pensar que un grupo de medios periodísticos puedan arrear a los porteños como ganado. De hecho si fuera así, Cristina Fernández no tendría la intención de voto que ostenta en la actualidad que, en apariencia, le permitiría conseguir la reelección en primera vuelta.

Mauricio Macri ganó en buena ley y no sólo porque perdió Filmus, gracias a la torpeza de los estrategas de Olivos, que nunca pudieron decodificar a un distrito complejo como es la Ciudad de Buenos Aires. Es imposible e injusto no adjudicar parte de la victoria de Macri a su gestión, que al igual que otros oficialismos en el país, hoy goza de las preferencias de los votantes. Es imposible pensar que después de casi cuatro en el gobierno, con los resultados en la mano, la gestión macrista no haya sido buena; especialmente si se tiene en cuenta las características de un electorado tan esquivo como el porteño que ha demostrado que no es cautivo de nadie. En este sentido, los radicales pueden dar buena cuenta de ello con los apenas dos puntos que cosechó Silvana Giúdice.

La primera vuelta en la Ciudad experimentó una fuertísima polarización que dejó afuera de la discusión a otras agrupaciones que habían tenido una buena performance en turnos anteriores. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las elecciones con sistema de doble vuelta, la polarización se produce en el segundo round mientras que en la primera los votantes se inclinan por los candidatos que mejor los representan ideológicamente. Es lo que no ocurrió en la Ciudad.

La principal víctima de este fenómeno fue Fernando “Pino” Solanas que no pudo llegar al 13%, aunque también hubo errores que cometió el candidato de Proyecto Sur. Sin embargo, la primera cuestión de la que no es responsable, es que una elección legislativa es muy distinta a una en la que se eligen cargos ejecutivos. Por lo general, los votantes en la primera se sienten más libres y se inclinan por expresiones que propendan a controlar al poder; en cambio tienden a ser más conservadores en el caso de las segundas. Ese fue el primer escollo que afrontó Solanas y después hubo una cadena de decisiones incorrectas que también contribuyeron a su magro resultado. Los problemas internos de Proyecto Sur no se pueden disimular y su separación del frente liderado por Hermes Binner, claramente jugaron en contra de sus aspiraciones de meterse en el ballotage. Además, Solanas no amoldó su discurso a la campaña porteña cuando decidió bajarse de su carrera presidencial. Siguió hablando de las mineras, de los ferrocarriles y no hizo hincapié con la suficiente energía en las propuestas para tentar a los porteños.

En la Ciudad de Buenos Aires se hizo añicos la idea de la invencibilidad de la Presidenta. La Cámpora lució como un grupo inexperto, poderoso siempre y cuando se encuentre bien cobijado en las polleras del poder, pero incapaz de cosechar votos en el barro de la contienda electoral. Es obvio que los intendentes del Conurbano tomaron debida nota de lo que sucedió en Buenos Aires y su resistencia con el dilecto grupo político de la Presidenta serán, a partir de ahora, más férreas.

A partir de los primeros resultados de las bocas de urna, comenzó a circular la versión que Daniel Filmus podría bajarse de la segunda vuelta. Por supuesto, por la noche, minutos antes que Mauricio Macri saliera al escenario del bunker instalado en Costa Salguero, los operadores del PRO no ocultaban su intento por instalar la especia. Filmus, por orden de la Presidenta salió a desmentir la versión rápidamente apenas comenzó su discurso cuando la tendencia de la voluntad de los porteños ya era irreversible.

A pesar de lo que los voceros de siempre del kirchnerismo dicen en público, en sus entrañas saben que es imposible dar vuelta un resultado tan contundente como el que obtuvo Mauricio Macri. La cuestión no parece ser si Filmus puede ganarle Macri en una segunda vuelta que parece tener el nombre del ganador escrita de antemano, el tema a dilucidar es por cuánto perderá el kirchnerismo. Sin lugar a dudas, se prendió una luz amarilla en el cuartel general del kirchnerismo. Es obvio que las cosas que no salieron acorde a los deseos de Olivos. Pero la derrota no sucedió en cualquier lugar, ocurrió en la Ciudad de Buenos Aires que es una vidriera indiscutible de la política nacional. Es difícil pensar que el resultado de estas elecciones no vaya a tener un impacto nacional, al que se sumarán los resultados en Santa Fe y en Córdoba y lo que vaya a ocurrir en La Pampa, que luego de la renuncia de Carlos Verna la provincia está en estado deliberativo.

Ganó Mauricio Macri que ahora tendrá un papel a nivel nacional, como aquel que soñó cuando lanzó su propuesta de diálogo a todos los partidos de la oposición. En aquella oportunidad, su convite no fue escuchado y hasta fue desdeñado. De aquel entonces son las palabras de Ricardo Alfonsín señalando que Macri era un límite para trabar un acuerdo político. Ese límite parece haberse desdibujado, que en una manifestación de pragmatismo político, se apuró a darle su apoyo para la segunda vuelta.

LA OPOSICION ENCERRADA EN SU PROPIO LABERINTO

MM1Mauricio Macri anunciaría de forma oficial en las próximas horas que viene su decisión de buscar la reelección en la Ciudad de Buenos Aires. El Jefe de Gobierno ya se decidió porque con la implosión del Peronismo Federal sus posibilidades de armar una alianza quedaron prácticamente reducidas a cero, no hay que olvidarse que Macri esperaba el resultado de esas mini internas para cerrar con el ganador. Además, Ricardo Alfonsín se metió en su relación con Francisco De Narvaéz, que si terminando acordando con el radical se habrá recibido de peronista hecho y derecho en eso del pragmatismo por el poder.La tercera cuestión que habría terminado por hacer decidir a Macri de abandonar la carrera presidencial, es que ni Gabriela Michetti ni Horacio Rodríguez Larreta le aseguran un triunfo en su territorio y, un resultado adverso, por supuesto aniquilaría sus aspiraciones a la presidencia.

El consultor Carlos Fara en diálogo con Contrapunto (FM Identidad 92.1) sostiene que “Macri es el mejor candidato que puede ofrecer el PRO”. No hay dudas que el escenario en la Ciudad de Buenos Aires no es sencillo y es un distrito que estará muy disputado con un Daniel Filmus en ascenso, que podría finalmente ser ungido por Cristina Fernández de Kirchner y la decisión de Pino Solanas de meterse en la pelea. Si bien Fara sostiene que la de Macri es la candidatura más fuerte que puede ofrecer el PRO, también admite que “en la primera vuelta sacará unos diez puntos menos que la elección que lo llevó a la jefatura de gobierno”.

Dejando de lado la coyuntura porteña, Carlos Fara afirma “que hoy la Presidenta tiene una intención de voto de 45 por ciento”, lo que la llevaría a ganar en la primera vuelta. “La mejor noticia para Cristina Kirchner fue que Solanas vaya a la Ciudad”, porque el temor en el kirchnerismo era que le sacara votos por izquierda. “Alfonsín se fortalece con la decisión de Macri porque es el único que tiene una estructura en todo el país aunque la candidatura de Duhalde es una molestia”, declara Fara.

En las últimas horas, en forma simultanea a conocerse la decisión de Mauricio Macri de bajarse de la carrera presidencial, corrió el rumor que el PRO habría sellado un acuerdo con el duhaldismo para respaldar la candidatura del ex Presidente y que habría una sorpresa importante sobre quien completaría esa fórmula. Por supuesto, los nombres en danza no son pocos y ninguno está confirmado.

La oposición está inmersa en un laberinto donde sobran sillas y faltan candidatos. Es una señal clara de la fortaleza que hoy tiene Cristina Fernández de Kirchner si finalmente compite por la reelección.

Carlos Fara en Contrapunto (FM Identidad 92.1)