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Respeto

boudou

Pocas horas antes que Chiquito Romero se convirtiera en un nuevo héroe nacional, el vicepresidente Amado Boudou asumía el rol protagónico de los actos por un nuevo aniversario de la independencia argentina. Cristina Fernández de Kirchner entendió que era una buena oportunidad para que su compañero de fórmula hiciera su presentación en sociedad ya como procesado. Le prestó el atril, los granaderos y los ministros para que lo arropen. Boudou se mostraba pleno, desafiante y no eludió alguna “selfie”. El mismo Boudou que llegó prácticamente a escondidas de una gira inventada y que le pidió al gobierno panameño que le mantuviera a los periodistas alejados. Es consciente que ya no puede contestar ni las inocuas preguntas que surgen de los pseudo periodistas rentados por el gobierno.

Diana Conti: “Hay un fusilamiento mediático de Amado Boudou”

Conti

En diálogo con Contrapunto (Fm Identidad 92.1) la diputada oficialista Diana Conti reveló que habló mucho con el vicepresidente Amodo Boudou sobre el caso Ciccone. “Después de varias charlas personales creo que en realidad el traicionado fue Amado”, afirmó.

Refiriéndose a los medios sostuvo que “el llamado indagatoria era pedido a gritos por algunos medios como ahora están pidiendo su procesamiento” y agregó que “el juez también tiene como función evitar el escarnio público”.

Algunas de las frases más importantes que dejó el diálogo con Diana Conti:

“Sé que el Vicepresidente Boudou va a aprovechar la indagatoria que es la primera acción de defensa para demostrar su inocencia”.

“A los jueces también les preocupa las tapas de Clarín y el escarnio mediático”-

“Yo aprecio muchísimo a Esteban Righi, es mi amigo y para mí Boudou fue injusto con lo que dijo”.

“La expropiación (de Ciccone) fue una decisión política para que la emisión de la moneda sea algo que solo haga el Estado”.

 

El reportaje completo a Diana Conti en Contrapunto (Fm Identidad 92.1)

Fernández: “La expropiación de Ciccone es el encubrimiento a Boudou”

Alberto Fernandez

El ex jefe de gabinete Alberto Fernández afirmó en Contrapunto (Fm Identidad 92.1) que el pedido de indagatoria a Amado Boudou “era algo que se veía venir” y sostuvo que “ojalá recupere la dignidad y se de cuenta el daño institucional que le ha hecho a la republica y al gobierno y ojala se pida licencia”.

“Son tantas argumentaciones que dio Boudou y todas fueron verificadas como falsas”.

“Yo no se si Cristina estaba al tanto de lo que sucedió en Ciccone. Cristina tiene una enorme necedad para admitir sus errores”.

“La expropiación es el encubrimiento a Boudou, eso fue promovido por el gobierno y aprobado por los diputados y senadores. Todo lo que hizo Cristian es cubrirlo y llevo hasta al mismo Congreso a hacer lo mismo”.

Escuchá el reportaje completo a Alberto Fernández en Contrapunto (Fm Identidad 92.1)

Ocaña: “Si Boudou tuviera un poco de vergüenza tiene que renunciar”

Ocaña

La legisladora Graciela Ocaña declaro a Contrapunto (Fm Identidad 92.1) que Amado Boudou tiene que “pedir licencia o renunciar a su cargo” de vicepresidente, luego que el juez Ariel Lijo le citara a prestar declaración indagatoria en el marco de la causa Ciccone. Además, afirmó que “Boudou debe responder por su  patrimonio que no puede explicar”.

A juicio de Ocaña “ya quedó claro que hay una asociación ilícita”.

Escuchá el reportaje completo a Graciela Ocaña 

EL PASADO COMO PRESENTE

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El discurso de la presidente Cristina Fernández de Kirchner para dejar inauguradas las sesiones ordinarias del Congreso, duró dos horas y cuarenta y cinco minutos, bastante menos que las casi cinco horas del año pasado y de las 4 horas y 20 minutos del 2012.

Cristina Fernández se basó en el pasado para explicar lo que a su juicio son los logros del presente. Entiende que sus dos periodos y el de Néstor Kirchner son un solo gobierno, por eso dijo que éste era el mensaje número 11 desde el 2003. Una vez más utilizó el mecanismo de contrastar estadísticas de la actualidad con aquellas del 2001, 2002 y 2003. Así puede ofrecer guarismos que suenan impresionantes pero que, en definitiva, terminan por demostrar un contraste cada vez más profundo con la realidad.  Es claro que en una comparación con el inicio de su segundo mandato o con el discurso del 1 de marzo de 2013, los resultados dejarían de ser espectaculares. Así, la primera conclusión que puede sacarse es que el relato se construye en las glorias del pasado tratando de convertirlas en logros del presente.

Un buen ejemplo es la afirmación de Cristina Fernández que se crearon seis millones de puestos de trabajo. Sin embargo, un informe del Ministerio de Trabajo revela que de esos seis millones, 4,9 millones se crearon en el periodo comprendido desde el año 2003 hasta fines del 2009. Es decir que en los tres años siguientes sólo se habrían creado algo más de un millón. Una simple división permite advertir que en el lapso 2003/2009 la creación de puestos de trabajo trepaba a los 700.000 por año, mientras que desde el 2010 hasta fines del 2013 se redujo a 275.000. Entonces la espectacularidad del discurso muta inexorablemente en preocupación y evidencia una economía que se frena. No es casual que en ese periodo, además, se acelerara la inflación. A la presidente le gusta sembrar sus discursos con cantidades de cifras, pero muchas son engañosas y solo son victorias de papel.

El discurso presidencial ante la Asamblea Legislativa no tuvo anuncios concretos y los principales temas que preocupan a la sociedad fueron tergiversados, como el caso del empleo, o directamente quedaron afuera. Fernández de Kirchner no dijo nada sobre los planes del gobierno para bajar la inflación, palabra maldita que ni siquiera pronuncia. Tampoco hubo menciones sobre las negociaciones con el Club de París, el nuevo índice de precios, los salarios, la seguridad y el narcotráfico. En suma, quedó claro que la agenda presidencial nada tiene que ver con las preocupaciones de la sociedad. Se trató de un discurso que principalmente miró al pasado y estuvo plagado de menciones a Néstor Kirchner. Por momentos, dio la sensación de una mandataria que lentamente comienza a despedirse del poder; a pesar de que aún le queden casi dos años de mandato.

EL OBLIGADO REGRESO DE CRISTINA

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La información oficial, siempre escasa e imprecisa, dice que Cristina Fernández de Kirchner retoma sus funciones presidenciales con algunas restricciones. Se sabe que los médicos le han recomendado que no vuele y que trate de evitar las situaciones de stress. Lo primero no es algo trascendente y solo genera complicaciones de logística, en cambio lo segundo despierta dudas, interrogantes y versiones de todo tipo e invariablemente desemboca en una pregunta central: ¿Cómo gobernará sus dos últimos años? La otra cuestión de la que también se habla es del estado de ánimo de Cristina Fernández, algo que está totalmente relacionado con el nivel de stress. Hay quienes sostiene que no es el mejor.

El jefe de gabinete Juan Manuel Abal Medina, en pos de mantener viva la épica oficial, declaró: “La vamos a tener plenamente con nosotros, con restricciones solo de movimientos físicos pero con todas sus capacidades”. Las declaraciones de Abal Medina se contradicen con las órdenes de los médicos y también con los deseos de Máximo y Florencia. Es evidente que se trata de un mensaje dirigido a la propia tropa, que, con diferencias de matices, se asemeja al chavismo cuando repetía una y otra vez que Hugo Chávez estaba completamente curado. Es cierto que la situación no es la misma, pero el mecanismo no tiene demasiadas diferencias. Acaso el mensaje del jefe de gabinete tenga por destinatarios a gobernadores e intendentes que comenzaron a mostrar inusuales pero lógicos síntomas de autonomía.

El hiperpresidencialismo es un estilo de gobierno que requiere de un gran esfuerzo físico y mental, supone que el gobernante es omnipresente, que se avoca a los grandes temas pero también está en los más mínimos detalles de la gestión; aunque en muchos casos ella se limite a los anuncios y no se traduzca en hechos concretos. Supone rodearse de colaboradores con acotadísimos márgenes de decisión propia y con escaso nivel técnico y poco prestigio. Los  criterios personales de los ministros quedan muy menguados y sólo se espera que ejecuten eficientemente los deseos del jefe, en este caso de la jefa. Ese es el esquema de gestión que ha puesto en práctica el kirchnerismo desde que llegó al poder en el 2003 y cuesta imaginar un  cambio de fondo. Es difícil imaginar una Cristina de baja intensidad y con el atril vacío. El hiperpresidencialismo requiere de un líder presente y por lo tanto de las cadenas nacionales, de los anuncios permanentes y de transmitir un estado de lucha constante contra una conspiración eterna y anónima. Cristina Fernández de Kirchner ya no podría ejercer ese tipo de liderazgo, que requiere exponerse a situaciones desgastantes y estresantes; a menos que decida poner en riesgo su salud.