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CANCER, POLITICA Y PODER

voceroLa enfermedad de Cristina Fernández de Kirchner se convirtió en un culebrón veraniego. Los médicos se convirtieron en estrellas mediáticas que hicieron sus propias interpretaciones y desmintieron a otros colegas. En cuestión de días los argentinos nos convertimos en expertos en cáncer de tiroides y todo fue tomando el cariz de una comedia de enredos, que tuvo su broche de oro con el comunicado del Hospital Austral, solo comprensible para un médico que al parecer en vez de aclarar sembró más confusión. En el medio se perdió el vocero presidencial Alfredo Scoccimarro, que ya no leyó los partes médicos de la salud de la Presidenta porque sencillamente dejaron de existir. La información oficial desapareció, un clásico del kirchnerismo y una vez más hay que guiarse por los dichos del senador Aníbal Fernández: “Está muy bien de ánimo y con todos los cables enchufados”, declaró el ex Jefe de Gabinete. Eso es todo, dando por descontado que la expresión “cables enchufados” debe referirse a que la Presidenta está tomando todas las decisiones y Amado Boudou se limita a tocar la campanita pero ahora desde una oficina ubicada en el Banco Nación.

Como primera medida es muy bueno que Cristina Fernández de Kirchner no tenga cáncer y en este momento esté en “franca recuperación”, como escribió ella misma en su cuenta de Facebook. Pero lo que demostró todo este episodio es, por una parte, la falta de seriedad con que se trató la dolencia de la Presidenta, cuando se anunció un cáncer que en definitiva no padecía y no se trata de polemizar con las explicaciones que dieron los médicos sobre el “falso positivo”. Si había una mínima posibilidad que el resultado podría ser distinto al del primer estudio, como efectivamente ocurrió, debió haberse agotado esa posibilidad antes de anunciar el cáncer presidencial. La decisión es política y no médica.

Es cierto que parte de la polémica se relaciona con el cuidado médico de un Jefe de Estado, que no es una cuestión privada sino pública y debe ser lo más transparente posible; cosa que no siempre ocurre ni en la Argentina ni en el mundo. Pero probablemente el tema que subyace en toda esta polémica, es si el gobierno utilizó la enfermedad presidencial con un objetivo político como una pieza más de su aceitado engranaje comunicacional. En definitiva, la sospecha es si el gobierno sabía que existía la posibilidad que el primer diagnóstico fuera desmentido por un estudio más profundo e igual se inclinó por el escenario del cáncer. Es cierto que el sólo hecho de plantear la hipótesis es grave porque de confirmarse se estaría en presencia de un gobierno que demostraría que no tiene respeto por nada. Pero desafortunadamente esa posibilidad no parece descabellada frente a otras acciones del gobierno en pos de la construcción de un relato que aspira a moldear la realidad a su medida. En este campo es ineludible no acudir al ejemplo del INDEC que sostiene que la inflación del 2011 fue sólo del 9,5% y que en ese periodo la carne se encareció apenas un dos por ciento. Un gobierno que es capaz de mentir de una forma tan descarada durante tanto tiempo en una cuestión como la inflación, que afecta a todos pero especialmente a los más pobres, que no es necesario ser un economista para darse cuenta que los precios del supermercado son muy superiores a los difundidos por el organismo oficial; perfectamente puede –sin el menor de los escrúpulos- hacer una utilización política de la enfermedad de la Presidenta. Es esto lo que está en el fondo de la polémica sobre la enfermedad de la Cristina Fernández de Kirchner.

El kirchnerismo ha demostrado una incontable cantidad de veces que sus límites son, por decirlo de una manera elegante, bastante laxos y que no duda a la hora de hacer demostraciones de poder y poner en marcha las acciones más audaces. Entonces, por qué no pensar que esta vez el gobierno pudo haber actuado como tantas otras veces lo hizo. El planteo no es descabellado pero sí muy grave, porque la falta de límites y de escrúpulos es algo que ya se toma como parte del ADN del gobierno. Se ha convertido en algo normal que el gobierno desafíe cualquier límite a su poder como así que administre dosis diarias de su relato a través de un enorme aparato comunicacional. No se trata de una polémica sobre partes médicos o sesudos análisis elaborados en un lenguaje incompresible para el ciudadano medio, la polémica de fondo se trata de un gobierno que cada vez tiene más rasgos de autoritarismo y que hace mucho dejó de reconocer límites a su poder.

CAMBIO DE GABINETE: LO NUEVO DE LO VIEJO

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abal medinaFinalmemte, Cristina Fernández de Kirchner develó el misterio sobre el gabinete con el que iniciará su último mandato presidencial. En realidad es un misterio que menor significado política que con otras administraciones porque, como se sabe, salvo por algunos ministerios clave, el resto del gabinete no tiene un importante peso político dentro de la forma de gobernar que tiene el kirchnerismo.

Sin lugar a dudas la principal novedad fue la decisión de la Presidenta de nombrar como Jefe de Gabinete, en reemplazo de Aníbal Fernández, a Juan Manuel Abal Medina; quien se venía desempañenando como Secretario de Comunicación. Una posición clave dentro del gobierno porque era el encargado de distribuir la millonaria pauta oficial, que el kirchnerismo ha utilizado como una eficaz herramienta –en muchos casos- para construir el relato oficial a través de los medios oficiales pero también utilizando el sistema de medios para oficiales que se nutren de la publidad estatal como pirncipal fuente de financiamiento. En este marco, no cabe duda que Abal Medina es una persona de extrema confiaza de Cristina Fernández de Kirchner, que es lo que la Presidenta privilegió a la hora de designarlo en el puesto más poderoso que tiene Poder Ejecutivo después del de presidente. Además, el ascenso de Abal Madina también marca la ratificación de la alianza de Fernádez de Kirchner con la juventud, que es una de las improntas que la Presidenta le quiere dar a lo que se ha dado en llamar el “cristinismo”. Pero hay otros elementos que la Presidenta debe haber tenido en cuenta para que su decisión recaiga sobre el hasta ahora Secretario de Medios. Es un cuadro totalmente disciplinado que suele decir que el gobierno “no debate ni discute”. Un soldado, sin estructura propia y con el perfil muy bajo, en contraste –por ejemplo- con Amado Boudou y con el flamante Senador Aníbal Fernández. En este sentido, es difícil pensar que Abal Medina le imprima al cargo la impronta tan combativa desde lo discursivo y a veces casi pendeciera que fue casi un sello distintivo del Jefe de Gabinete saliente. Es de imaginar que Abal Medina tenga un perfil más bajo pero mucho más ideologizado, más refinado en las formas pero mucho más combativo desde los argumentos de fondo, especialmente con aquellos que tienen que ver con la profundización del modelo. Al fin y al cabo Aníbal siempre fue peronista y del Conurbano para más datos, una verdadera marca registrada que implica todo un estilo de hacer política. Abal Medina no es peronista, militó en el Frente Grande y llegó al gobierno de la mano de Alberto Fernández, pero se quedó luego de la salida de éste. No se manchó en el barro del Conurbano bonaerense y tienen una marcada formación técnica. No es ilógica pensar que su designación implique profundización del modelo nacional y popular desde la gestión y una desperonización de Cristina, un viejo anhelo de la muchachada de La Cámpora que está convencida que la vieja estructura del PJ es anacrónica y hace mucho dejó de ser una maquinaria electoral efectiva.

Por spuesto que con el ascenso de Abal Medina se diluyeron las aspiraciones de Florencio Randazzo, que había dejado trascender a través de sus operadores que aspiraba a ocupar la Jefatura de Gabinete, y en cambio seguirá al frente del Ministerio del Interior. Randazzo tiene un perfil muy distinto al del flamente Jefe de Gabinete: es peronista, tiene una buena relación con los barones del Conurbano, cuenta con una estructura propia en la Provincia de Buenos Aires y aspira a ser gobernador. Si bien cuenta con el atributo de la juventud, muy apreciado por el kirchnerismo, su perfil no es el de un joven K sino que pertenece a esa estructura justicialista clásica que La Cámpora pretende desmonatr o en el mejor de los casos reconducir.

En un minimalista cambio de gabinete, la otra sorpresa fue la designación de Hernán Lorenzino como reemplazante de Amado Boudou en el Ministerio de Economía, quien hasta ahora se venía desempeñando como Secretario de Finanzas Públicas. Es una sorpresa porque siempre se dijo que Lorenzino era el candidato Boudou para que lo sucediera y, como se sabe, el electo vice presidente parece haber caído en desgracia dentro del kirchnerismo debido a su alto perfil, su oposición a las medidas que tomó el gobierno para controlar la fuga de capitales –ideadas básicamete por Mercedes Marcó del Pont- y la torpeza que cometió al querer ocuar de Néstor Kirchner frente a un grupo de intendentes de la Provincia de Buenos Aires. Expresiones que habrían llegado a oídos de Máximo Kirchner y habría decidio cortarles las alas. Pero el malestar con el saliente Ministro de Economía quedaron al descubierto cuando la Presidenta en un acto celebrado en Puerto Madero lo llamó “concheto”. Ese día, Amado Boudou sufrió en público el estilete de la Presidenta que ya lo había experimentado Daniel Scioli como vice y en mayor medida Julio Cobos. Es por ello que era logico esperar que las acciones de Lorenzino para reemplazar a Boudou habrían sufrido una dramática baja. Sin embargo, su nombramiento parece una victoria para el alicaído vice presidente electo, quien esperaba que Lorenzino lo sucediera para seguir teniendo influencia en Economía. Además, con el nombramiento de Lorenzino, Boudou le gana la pulseada a Mercedes Marcó del Pont, que también había sido mencionada para ocupar el cargo y en cambio se quedará al frente del Banco Central. Ahora, el paso de los días determinará si Boudou seguirá pesando o se dedicará a tocar la campanita del Senado como al parecer no pocos cristinistas quieren.

Hernán Lorenzino llegó al Ministerio de Economía de la mano de Carlos Fernández en el 2008 y llevó adelante las negociaciones con el Club de París, que muchos dicen que están prácticamente concluidas pero que hasta el momento no se han hecho anuncios al respecto, y la segunda operación de canje de deuda llevada adelante en el 2010 destinada a los holdouts que quedaron afuera de la primera reestructuración. En síntesis, Lorenzino estaba a cargo de implementar las políticas de lo que el gobierno ha dado en llamar desendeudamiento. Como Ministro de Economía, Lorenzino deberá diseñar la magnitud del ajuste que ha dado sus primeros pasos con el anuncio de la quita de subsidios, recuperar el superavit fiscal, cerrar las negociaciones con el Club de París, llegar a un acuerdo con los holdouts y, por supuesto, ocuparse en serio del combate a  la inflación. Una cuestión que hasta el momento el gobierno no ha dado señales, más allá de la mención que hizo Cristina Fernández de Kirchner durante la conferencia de la UIA. En suma, Lorenzino tiene por delante el trabajo de un verdadero cirujano, en un contexto económico interno y externo que desde la crisis del 2009 no es favorable.

En un cambio de gabinete, no sólo es importante analizar los hombres que llegan sino también los que se quedan porque en muchos casos tienen una relevancia política importante. Julio De Vido y Carlos Tomada son dos casos que conviene analizar. En primer lugar, es obvio que el primero no se convirtió en Jefe de Gabinete ni en Ministro de Economía, como se especuló durante varias semanas; ni el segundo se fue del gobierno como se había dicho que era su deseo después de estar ocho años al frente del Ministerio de Trabajo. Es muy probable que ambos permenezcan en el gobierno por razones bastante parecidas, son los dos ministros que tienen trato directo con la CGT y son dos funcionarios muy experimentados en la cuestión. De Vido, desde las elecciones, se ha convertido en la cara visible del operativo impulsado para desmontar los subsidios y reestructurar Aerolíneas Argentinas. En los anuncios opacó a Amado Boudou y a Mariano Recalde dejándolos en un segundo plano, quedando demostrado que la Presidenta lo elige cada vez que hay que tomar decisiones estratégicas. No cabe dudas que su peso político dentro del gobierno creció en los últimos tiempos después que en varias oportunidades se lo mencionaba con un pie afuera. Además, hoy es el interlocutor que tiene el gobierno con Hugo Moyano, tarea para la cual De Vido debe demostrar toda su capacidad negociadora para intentar descomprimir el cada vez más menos disimulado conflicto con el líder sindical. Por su parte, Carlos Tomada deberá llevar adelante las que tal vez sean las paritarias más complejas de la era kirchnerista. Sin los subsidios que impactará directamente sobre el bolsillo de los trabajadores, con una actualización salarial que el gobierno pretende que sea superior al 18 por ciento y con el mínimo no imponible pisado, Cristina Fernández optó por un funcionario que ya ha probado eficacia al frente de la cartera de Trabajo, pero al igual que De Vido, Tomada también deberá demostar su muñeca política y maniobrar sin colisionar con Hugo Moyano y sus aliados, cada vez más distanciados del gobierno y, por el momento, en un seguro rumbo de colisión.

Cristina Fernández de Kirchner retocó el gabinete. El nombramiento de Juan Manuel Abal Medina como Jefe de Gabinete implica emprimir la impronta del Cristinismo, en una estrcutra primigeniamente diseñada por Néstor Kirchner. Pero el mantenimiento de Julio De Vido y Carlos Tomada en sus cargos, refleja su decisión de seguir contando con dos funcionarios experimentados que deberán amortiguar el conflicto con la CGT y las consecuencias de un ajuste que ya se puso en marcha. La llegada de Lorenzino a lo más alto del Ministerio de Economía, más allá de la victoria de Amado Boudou, bien puede explicar el intento de la Presidenta que la Argentina cierre sus conflictos económicos internacionales todavía abiertos y vuelva al mercado de voluntario de crédito en un contexto mundial que no es para nada favorable.

El otro cambio es la llegada como Norberto Yahuar como reemplazante de Julian Dominguez al frente del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aimentación. No fue una sorpresa y tal vez haya sido el reemplazo más sabido y el que menos expectativas despertaba porque todo estaba parcaticamente claro desde un primer momento.

El resto del gabinete sigue igual, con ministros casi mudos –el caso más notorio es el de Héctor Timerman que por ahora sigue al frente de la Cancillería- y sin peso político porque si a alguien no le quedó claro; la que gobierna es Ella.

Es claro que Cristina Fernández de Kirchner quiso apostar a lo que conoce, a lo que ya sabe que le da buenos resultados porque los próximos cuatro años no serán de abundancia y lo que se viene es la adminsitración de la escasez.

NO RENUNCIO A MIS SUBSIDIOS

factura1El gobierno, no se puede negar, es hábil construyendo el “relato” del modelo; que viene a ser una justificación pseudo intelectual para explicar sus propias contradicciones y que queden disimuladas. Lo hizo muchas veces, pero sin lugar a dudas el mecanismo llegó a su clímax con el operativo para desmantelar los subsidios que el kirchnerismo distribuyó a mansalva en estos últimos ocho años. Convirtió un ajuste al mejor estilo conservador propio de la década de los ‘90 en algo “cool” y “fashion” como los Ray Ban espejados, Palermo Hollywood y los Mini Cooper.
En los noventa los ajustes se imponían desde afuera, se cumplían a medias y producían lo que Felisa Miceli, la ministra de economía que encontró un montón de plata en su baño y todavía trata de explicar el fenómeno, denominaba “la paz de los cementerios”. Resulta que ahora el ajuste pasó a convertirse en la sintonía fina para la profundización del modelo nacional y popular, pero con un grado de cinismo que carecían aquellos de la década menemista. El gobierno pretende que cada uno se autoajuste y las usinas oficiales lo explican como un acto patriótico y los voceros de siempre ahora se escandalizan frente a esta herramienta que le ha servido al kirchnerismo, no sólo para asistir a los que menos tienen, sino también como eficaz instrumento de acumulación de poder. Es más, los constructores del relato han convertido la renuncia a los subsidios en una acción políticamente correcta y militante. Hoy, renunciar a los subsidios es fashion y hasta lo podés hacer por internet mientras mirás 6,7,8. Eso sí, si hay miseria que no se note.
El kirchnerismo es paradojal. Los mismos funcionarios que hasta hace diez minutos defendían el sistema de subsidios, ahora hacen cola para que sus nombres figuren en la lista de los que dieron el paso al costado. Es un acto de militancia y de compromiso con el modelo. Aníbal Fernández ya se parece a un economista del CEMA y en cualquier momento Julio De Vido empieza a desempolvar los discursos de Anne Kruger y Anoop Sing. No quiero dar ideas pero en cualquier momento se viene una ola privatizadora, defendida por Ricardo Forster y su delicioso grupo de amigos.
Como no podía ser de otra manera, la Presidenta figura al tope de la lista, claro, en una renuncia testimonial porque en Olivos es impensable que los presidentes paguen las boletas de luz, agua y gas. Y, en lo que tiene que ver son sus propiedades personales, es claro que una persona con la fortuna que tiene Cristina Fernández de Kirchner no debe calificar para seguir siendo subsidiada; aunque hasta ahora no se sepa con claridad el criterio que Julio De Vido utilizará para decidir quién se queda y quien se va.
En lo personal no voy a renunciar a los subsidios que recibo en mis boletas de servicios públicos. Sí, lo sé, en estos tiempos es casi un acto de rebeldía sacrílega. Una decisión políticamente incorrecta y, por cierto, nada fashion ni cool que me convierte en un personero de la puta oligarquía como diría el amigo Eduardo Aliverti. Si el gobierno se quedó sin la plata suficiente para seguir manteniendo los subsidios que repartió a diestra y siniestra y sin ningún criterio racional; que pague el costo político de hacer el ajuste noventista que impulsa bajo el ropaje de progresismo. Pero que no me pida a mí que haga el trabajo sucio por ellos. No voy a ser cómplice del cinismo institucionalizado que disfraza el autoajuste como un acto de patriotismo. Además, los subsidios son la única herramienta a través de la cual percibo que el Estado me devuelve en algo los impuestos que pago. Y ello no es poca cosa en un país donde hay que pagar seguridad privada, educación privada y medicina privada; tres servicios que debe prestar el Estado pero que, como muchos creemos, no lo hace de manera eficiente.
En otra contradicción enorme, en donde nada es lo que parece, por un lado el gobierno empieza a desmontar el sistema de subsidios con el discurso que la Argentina está mejor que antes y que muchos sectores ya no los necesitan. Aunque muchos de esos sectores jamás los necesitaron como los bingos, casinos y los vecinos de Puerto Madero, una barriada popular elegida por muchos funcionarios kirchneristas para estar más cerca del pueblo. Pero por otro lado el Congreso se apresta a revalidar la vigencia de la Ley de Emergencia Económica. ¿Estamos bien pero vamos mal? No se entiende o mejor dicho sí se entiende, con la emergencia económica la Presidenta tiene una serie de facultades discrecionales que le permite tomar decisiones sin pasar por el Congreso.
Quiero seguir subsidiado porque no es justo que tengamos a pagarle a Mariano Recalde y sus compañeros de facultad un curso para que aprendan a manejar Aerolíneas Argentinas, y me tenga que bancar afrontar toda la factura de luz yo solo con el sudor de mi frente. Por cierto, factura de luz que ahora va a aumentar como consecuencia de usar el aire acondicionado, eso sí a rigurosos 24 grados, y el filtro de la pileta. Es más, tampoco está bien que tenga que pagar la tarifa plana de gas y un cargo por importación porque en ocho años el gobierno prefirió comprarle gas a Bolivia y fuel oil a Venezuela en vez de invertir en exploración en el país. Países hermanos que nos vendieron esos combustibles a los precios fijados por los grandes grupos hegemónicos del anarco capitalismo. No, no y no. Ni piensen que voy a renunciar a mis subsidios; los quiero, estoy enamorado de ellos. Es más, ya ni puedo imaginarme una boleta de Edenor sin la leyenda “Consumo con Subsidio del Estado Nacional”. No creo poder seguir afrontando la vida sin solazarme con ese cuadro comparativo de tarifas que hace que me sienta orgulloso de vivir en la Provincia de Buenos Aires. Por ejemplo, en Julio de este año mi consumo de electricidad tuvo un subsidio de $ 81,98, gracias a lo cual pagué sólo $ 65,23. En cambio si hubiera sido santafesino tendría que haber abonado $ 166,53, pero peor me hubiera ido si viviera en Córdoba ya que mi consumo hubiera alcanzado los $ 170,18 y todo esto lo sé gracias a un simpático cuadrito comparativo confeccionado por el ENRE e impreso en mi boleta “a título meramente informativo”. Dicho sea de paso, raro que no hayan comparado con provincias gobernadas por kirchneristas de pura cepa como Capitanich o Gioja, sólo por dar dos ejemplos mal intencionados propios de un periodista de la “opo”. Bueno, después de todo son los privilegios que tenemos los derrotados de Caseros en un país federal y popular. Dios podrá estar en todas partes, pero por suerte el kirchnerismo atiende en el Conurbano, que con el 54% de los votos tiene más adhesiones que el Creador del Cielo y de la Tierra. Es obvio que no quiero pagar lo mismo que un santafecino o un cordobés y mucho menos que los $ 515,31 que hubiera tenido que abonar un chileno que vive en Santiago pero peor serían los $ 642,84 que paga un uruguayo. Perdón, pero yo vivo en el Conurbano y pertenecer tiene sus privilegios y quiero seguir subsidiado.

KIRCHNER SABIA QUE GRONDONA ES UN CORRUPTO

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El ex Presidente de Velez, Raúl Gámez, reveló en una entrevista en Contrapunto que cuando el gobierno ideaba el programa Fútbol para Todos, Néstor Kirchner investigó a Julio Grondona. Según Gámez, Kirchner habría descubierto maniobras corruptas del hombre fuerte de la AFA y por eso “le sacó el fútbol”.

Las declaraciones de Gámez son fuertes y cobran más estridencia en el contexto de las acusaciones que en las últimas se hicieron contra Grondona a través de dos cámaras ocultas aportadas por el abogado Mariano Cúneo Libarona, que representa en una denuncia a Carlos Avila, ex dueño de Torneos y Competencias. Pero además de los dichos de Gámez podría inferirse que la AFA terminó rompiendo su acuerdo con Torneos y asociándose con el gobierno como producto de lo que habría sido un chantaje. Gámez lo dice sin vueltas y afirmas que el gobierno lo “apretó” al eterno mandamás de la AFA y así se habría alumbrado el Fútbol para Todos.

“El gobierno dominó a Grondona por la corrupción en la AFA”, dispara Gámez y afirma que Don Julio y el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández son viejos conocidos de cuando el segundo era el intendente de Quilmes y se construyeron unas torres en ese partido del Conurbano, donde presuntamente Grondona habría invertido.

Escuchá las explosivas declaraciones de Raúl Gámez en Contrapunto (FM Identidad 92.1)

ODIADA BUENOS AIRES

fitoA partir de la aplastante victoria de Mauricio Macri en la Ciudad el domingo pasado, el kirchnerismo ha reaccionado de una manera torpe que es funcional a las pretensiones del Jefe de Gobierno de buscar su reelección. Se enojaron con los votantes que votaron a Macri, no discuten la gestión del PRO en la Ciudad y hasta dejaron de criticar a Macri. Han decidido centrar la crítica en los 833.000 porteños que quieren que Macri siga. Aníbal Fernández, Fito Paéz, Peteco Carabajal y el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González; además de varios voceros menores de lo nacional y popular, fueron los encargados de fustigar a los vecinos que no hicieron más que ejercer su voto en elecciones libres.

El kirchnerismo olvidó que el interregno entre la primera y segunda vuelta en un sistema de ballottage, se utiliza para intentar seducir a aquellos votantes que se inclinaron por otras alternativas que no tuvieron los votos suficientes para llegar a la última instancia. No serán votos fieles porque en su momento eligieron otra alternativa, en todo caso serán votantes que consideran el mal menor al candidato por el cual se inclinen en la segunda vuelta. Por eso, las armas de seducción para captarlo deben ser muy bien utilizadas para captarlo y no para ahuyentarlo. Sin embargo, a pesar de la obviedad del argumento, el kirchnerismo ha decidido marchar en sentido contrario. Es como querer conquistar a una mujer diciéndole que es fea o que tiene algunos kilos de más. Eso es precisamente lo que está haciendo el kirchnerismo cuando el Jefe de Gabinete con bronca sentencia que la Ciudad se le parece a Macri, el asco que dice Fito que siente por la mitad de los porteños o la rebuscada explicación del Horacio González diciendo que “se instaló una ideología tacaña, particularista defensiva y egoísta”.

Daniel Filmus intenta poner paños fríos a esta andanada tratando de ensayar una autocrítica, pero frente a la catarata de declaraciones de sus supuestos defensores, todo termina siendo inútil. En este contexto Macri no necesita hacer campaña, sólo con seguir en la postura dialoguista y abierta que mostró en Costa Salguero la noche de su triunfo le alcanza porque sus jefes de campaña no militan en el PRO sino el Frente para la Victoria.

Las encuestas serias sostienen que la gestión de Cristina Fernández de Kirchner goza de una imagen positiva del 50% en la Ciudad de Buenos Aires. No es necesario ser un experto analista político para concluir, entonces, que una porción de los vecinos que votaron por Macri y que seguramente repetirán su voto el 31 de julio vayan a votar por la reelección de la Presidenta en Octubre. A ellos también están despreciando Aníbal Fernández, Fito Paéz y Horacio González. Claro, pero seguramente en las elecciones presidenciales estos serán rubios, altos y de ojos celestes; en orden a las contradicciones que marcan el estilo del gobierno.

Las reacciones del kirchnerismo revelan, además de desconcierto frente a la contundencia del resultado electoral, una gran dosis de soberbia y autoritarismo. En el fondo todas las expresiones de repudio al voto mayoritario de los porteños, lleva implícito el mensaje que no supieron votar, que son unos desagradecidos con el modelo que disfruta el resto del país que está comprometido con el bienestar de todos los argentinos. No debe olvidarse que en la matriz de pensamiento del kirchnerismo Patria, modelo y gobierno son una misma cosa; por eso quien está en contra del gobierno cuestionando el modelo no es otra cosa que un traidor. Por eso, los más de 800.000 vecinos de la Ciudad que se decidieron por la continuidad de Macri no son más que eso: una caterva de traidores.

Una vez más el gobierno demuestra que no tiene el más mínimo resquicio para la autocrítica y que esas encuestas engañosas por las que pagan millones que salen de los impuestos de todos los argentinos, las consumen ellos también. El colmo de la torpeza. Además, en estas últimas horas han evidenciado que les faltaron reflejos frente a un revés electoral que fue más contundente de lo que se creía y no tuvieron mejor idea que apelar a la agresión. Es claro que la soberbia y un profundo sentimiento autoritario no les permite ver el escenario electoral en toda su dimensión.

LA MADRE DE LA DERROTA

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Las victorias tienen dueños lo mismo que las derrotas, pero la diferencia entre unas y otras es que mientras por la primeras todos se pelean; de las segundas todos quieren escapar como si fueran un cáncer que consume a quien lo alcance. Derrotas y victorias siempre se explican por una multiplicidad de factores y actores. En este sentido la política es brutal, ganadores y perdedores son juzgados con esa misma vara que se mide a los entrenadores en el fútbol; donde muchas veces la historia no importa aunque esta se trate de una cadena de triunfos. La política como el fútbol es inapelable en cuanto a los resultados. En este sentido, Cristina Fernández de Kirchner es la madre de la derrota por casi veinte puntos de Daniel Filmus, aunque por supuesto el senador tiene su cuota de responsabilidad al presentarse a un electorado complejo como el porteño como un mero delegado municipal del Poder Ejecutivo.

Es claro que la estrategia del kirchnerismo en la Ciudad de Buenso Aires fue mala, confundieron imagen positiva –que en el caso de la Presidenta alcanza al 50%- con votos. Los estrategas de Olivos pensaron que a caballo de la imagen presidencial Filmus superaría el 30% y quedaría ubicado en el ballotage en una posición más cómoda.

La Presidenta apoyó su dedo real en Filmus y quedó automáticamente convertido en candidato, luego de jugar a una interna abierta con Amado Boudou –hoy candidato a vicepresidente- y Carlos Tomado, que en ese mismo acto acto fue entronizado como su compañero de fórmula.

Cristina Fernández de Kirchner le impidió a Filmus hablar el día de su entronización como delegado del poder central. Como en todos los distritos, diseñó junto con el “Chino” Zanini la lista de candidatos a legisladores y así alumbró como cabeza de lista Juan Cabandié, militante de La Cámpora. El grupo político que goza del favor presidencial y que representa la juventud que enamora a la Presidenta, pero que en estas elecciones demostró que a la hora de los votos le faltan mucha militancia y mucho barro.

La Presidenta se metió en la campaña de Filmus mucho más de lo que ahora se reconoce, porque nadie está dispuesto a ser el padre, en este caso la madre, de la derrota. Era lógico, el hombre a derrotar era Mauricio Macri, a quien Cristina Fernández había elegido como indiscutido rival para las elecciones de octubre. No caben dudas que para el kirchnerismo era más fácil confrontar con Macri que hacerlo con Ricardo Alfonsín.

Es mentira que Daniel Filmus haya hecho una buena elección, aunque su jefe de campaña el sociólogo Luis Alberto Quevedo haya tratado de imponer la idea a partir de las seis de la tarde que era el mejor resultado del Frente para la Victoria en toda su historia. Frente a la contundencia de la victoria de Mauricio Macri, que sorprendió a los propios dirigentes del PRO, el gobierno se embarcó en el esfuerzo absurdo de querer disfrazar su derrota de triunfo. La contundencia del resultado electoral hace que cualquier intento en este sentido sea un fracaso y en este marco aparezcan análisis que muestran verdadera impotencia. Es el caso del inefable Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, que con bronca declaró que “pueblos tienen los gobiernos que se merecen” y, como no podía ser de otra manera, responsabilizó a Clarín, La Nación y Perfil del triunfo del PRO por haber ocultado la mala gestión de Macri. Es obvio que el ex intendente de Quilmes sólo respeta la voluntad popular cuando le es favorable al gobierno y de lo contrario merece el máximo de los repudios. Muchos dictadores a lo largo de la historia tomaron el mismo camino. Aníbal Fernández hace un juicio que asombra por su pobreza intelectual, pero enoja por su falta de respeto a la voluntad popular. Es torpe pensar que un grupo de medios periodísticos puedan arrear a los porteños como ganado. De hecho si fuera así, Cristina Fernández no tendría la intención de voto que ostenta en la actualidad que, en apariencia, le permitiría conseguir la reelección en primera vuelta.

Mauricio Macri ganó en buena ley y no sólo porque perdió Filmus, gracias a la torpeza de los estrategas de Olivos, que nunca pudieron decodificar a un distrito complejo como es la Ciudad de Buenos Aires. Es imposible e injusto no adjudicar parte de la victoria de Macri a su gestión, que al igual que otros oficialismos en el país, hoy goza de las preferencias de los votantes. Es imposible pensar que después de casi cuatro en el gobierno, con los resultados en la mano, la gestión macrista no haya sido buena; especialmente si se tiene en cuenta las características de un electorado tan esquivo como el porteño que ha demostrado que no es cautivo de nadie. En este sentido, los radicales pueden dar buena cuenta de ello con los apenas dos puntos que cosechó Silvana Giúdice.

La primera vuelta en la Ciudad experimentó una fuertísima polarización que dejó afuera de la discusión a otras agrupaciones que habían tenido una buena performance en turnos anteriores. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las elecciones con sistema de doble vuelta, la polarización se produce en el segundo round mientras que en la primera los votantes se inclinan por los candidatos que mejor los representan ideológicamente. Es lo que no ocurrió en la Ciudad.

La principal víctima de este fenómeno fue Fernando “Pino” Solanas que no pudo llegar al 13%, aunque también hubo errores que cometió el candidato de Proyecto Sur. Sin embargo, la primera cuestión de la que no es responsable, es que una elección legislativa es muy distinta a una en la que se eligen cargos ejecutivos. Por lo general, los votantes en la primera se sienten más libres y se inclinan por expresiones que propendan a controlar al poder; en cambio tienden a ser más conservadores en el caso de las segundas. Ese fue el primer escollo que afrontó Solanas y después hubo una cadena de decisiones incorrectas que también contribuyeron a su magro resultado. Los problemas internos de Proyecto Sur no se pueden disimular y su separación del frente liderado por Hermes Binner, claramente jugaron en contra de sus aspiraciones de meterse en el ballotage. Además, Solanas no amoldó su discurso a la campaña porteña cuando decidió bajarse de su carrera presidencial. Siguió hablando de las mineras, de los ferrocarriles y no hizo hincapié con la suficiente energía en las propuestas para tentar a los porteños.

En la Ciudad de Buenos Aires se hizo añicos la idea de la invencibilidad de la Presidenta. La Cámpora lució como un grupo inexperto, poderoso siempre y cuando se encuentre bien cobijado en las polleras del poder, pero incapaz de cosechar votos en el barro de la contienda electoral. Es obvio que los intendentes del Conurbano tomaron debida nota de lo que sucedió en Buenos Aires y su resistencia con el dilecto grupo político de la Presidenta serán, a partir de ahora, más férreas.

A partir de los primeros resultados de las bocas de urna, comenzó a circular la versión que Daniel Filmus podría bajarse de la segunda vuelta. Por supuesto, por la noche, minutos antes que Mauricio Macri saliera al escenario del bunker instalado en Costa Salguero, los operadores del PRO no ocultaban su intento por instalar la especia. Filmus, por orden de la Presidenta salió a desmentir la versión rápidamente apenas comenzó su discurso cuando la tendencia de la voluntad de los porteños ya era irreversible.

A pesar de lo que los voceros de siempre del kirchnerismo dicen en público, en sus entrañas saben que es imposible dar vuelta un resultado tan contundente como el que obtuvo Mauricio Macri. La cuestión no parece ser si Filmus puede ganarle Macri en una segunda vuelta que parece tener el nombre del ganador escrita de antemano, el tema a dilucidar es por cuánto perderá el kirchnerismo. Sin lugar a dudas, se prendió una luz amarilla en el cuartel general del kirchnerismo. Es obvio que las cosas que no salieron acorde a los deseos de Olivos. Pero la derrota no sucedió en cualquier lugar, ocurrió en la Ciudad de Buenos Aires que es una vidriera indiscutible de la política nacional. Es difícil pensar que el resultado de estas elecciones no vaya a tener un impacto nacional, al que se sumarán los resultados en Santa Fe y en Córdoba y lo que vaya a ocurrir en La Pampa, que luego de la renuncia de Carlos Verna la provincia está en estado deliberativo.

Ganó Mauricio Macri que ahora tendrá un papel a nivel nacional, como aquel que soñó cuando lanzó su propuesta de diálogo a todos los partidos de la oposición. En aquella oportunidad, su convite no fue escuchado y hasta fue desdeñado. De aquel entonces son las palabras de Ricardo Alfonsín señalando que Macri era un límite para trabar un acuerdo político. Ese límite parece haberse desdibujado, que en una manifestación de pragmatismo político, se apuró a darle su apoyo para la segunda vuelta.