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Y TODO POR UN YUYO

La reunión entre el gobierno y el campo duró una hora y media. La reunión entre el gobierno y el campo terminó mal. Minutos antes de este nuevo fracaso, Cristina Fernández de Kirchner había dicho que es “mejor negociar que pelear”. Sus palabras no se condicen con los hechos de su gobierno.

Una vez más, el gobierno decidió esquivar la discusión de las retenciones móviles y diferir el tema para la semana que viene. Pero después de setenta y tres días de conflicto esta decisión revela una módica estrategia política, más cercana a los orgullosos heridos que de los verdaderos hombres de estado. No cabía duda que en la reunión de ayer la discusión debía comenzar por las retenciones móviles. Lo indicaba el sentido común y la dinámica misma de la crisis. Pero el gobierno, una vez más, tomó un camino que lleva al país a que se agrave la crispación y el descontento. Quien haya pensado que por esta vía se podía hacer claudicar a un adversario, que ya demostró sobradamente su cohesión y fortaleza cometió un grave error. Alberto Fernández dijo que no se podía pensar que este tema, el de las retenciones móviles, se iba a arreglar en una reunión. Pero el jefe de gabinete olvida que este conflicto lleva más de dos meses y que los reclamos del campo no han variado desde el inicio de la crisis. Entonces, cabe preguntarse: ¿De qué creía el gobierno que se iba a tratar la reunión de ayer?

El gobierno dice tener una propuesta pero no la pone arriba de la mesa y Fernández, el jefe de gabinete, dijo que la iba a presentar a partir de la semana que viene. Hay que recordar que el 6 de mayo se estuvo a punto de llegar a un acuerdo sobre las retenciones móviles. Fue en aquella reunión que al finalizar, Eduardo Buzzi declaró que Alberto Fernández había reconocido que el sistema tenía errores. Más tarde, por orden de Kirchner, que es Néstor, se tiró todo para atrás y el campo volvió a las rutas.

El acto del domingo en Rosario, que tanto preocupa al kirchnerismo, se convertirá en una caja de resonancia aún mayor de lo que iba a ser. Es muy probable que esa convocatoria mute en una especie de asamblea popular. Si la comparación entre la que organiza el gobierno en Salta y la de Rosario del campo era inevitable, a partir de este nuevo fracaso será ineludible. Sin embargo, esto no es lo más importante porque en definitiva será una anécdota más de la política argentina. La pregunta crucial es: ¿Después del domingo qué? El gobierno no sólo pateó el tablero también lo rompió. Por estas horas, es muy difícil imaginarse cómo llegar a una solución.

El domingo veremos la foto de la fractura de la Argentina y Kirchner lo hizo. Podrá coincidirse o no con la postura del campo, pero no podrá decirse que los que vayan a Rosario sean militantes rentados y ñoquis arreados a cambio de un choripán y un litro de Tetrabrick. En cambio, será muy casi imposible sostener lo mismo para aquellos que el domingo estén en Salta.

El ministro Florencio Randazzo dijo que la convocatoria del campo “será un acto de la oposición”, y afirmó que concurrirán “los sectores y dirigentes políticos que no fueron acompañados en las urnas por el pueblo hace apenas cinco meses”. La paradoja que no explica el ministro, es que en la mayoría de las zonas del país donde más se hace sentir la protesta, las elecciones las ganó Cristina Kirchner. Es decir, que hoy se oponen quienes votaron por ella y que estaban de acuerdo con el modelo.

En este contexto, es probable que la imagen de la Presidenta siga cayendo todavía más; en un descenso que parece no tener fin. De acuerdo con un estudio de la consultora Poliarquía, la imagen de la Señora K descendió en mayo al 26 por ciento, que implica una caída de 20 puntos en dos meses y unos 26 desde su asunción. No hay que ser muy sagaz para comprender que la principal razón de este brutal descenso tiene su raíz en el conflicto del campo. Es difícil encontrar otro caso semejante de dilapidación de capital político en tan corto tiempo.

El estupor de los dirigentes fue tan grande, que anoche, mientras poníamos al aire la conferencia de prensa del jefe de gabinete al finalizar la reunión, nuestro cronista –José Ignacio Fulugonio- nos sorprendió al informar que los ruralistas no habían acordado nada. Calificaban las palabras de Alberto Fernández de “conferencia de prensa unilateral” y empezaron a amenazar con quedarse en el quinto piso del ministerio de economía hasta resolver el tema. Finalmente, esto no ocurrió y los dirigentes prefirieron explicar lo que había sucedido. Varias fuentes afirmaron que en un determinado momento, el jefe de gabinete pidió un momento para retirarse de la reunión. Los miembros de la mesa de enlace pensaron que en poco tiempo volvería, sin embargo Fernández se fue para dar una conferencia de prensa.

La situación era esquizofrénica, Alberto Fernández –flanqueado por el discreto ministro de economía- decía la reunión había sido positiva. Al mismo tiempo, mientras el jefe de gabinete hablaba los dirigentes del agro declaraban que la reunión no había aportado nada y que todo había sido un fiasco. Fue otro claro ejemplo del gobierno de intentar construir un relato de la realidad absolutamente ficticia. Alberto Fernández habló más de media hora de algo que no existió.

A esta altura del conflicto hay muchas aristas que son incógnitas. El ministro Aníbal Fernández dijo que el sistema de retenciones móviles se va a mantener y que sólo había que hacer correcciones técnicas para eliminar asimetrías. Pero lo que nadie dice es cuáles son esas correcciones, y en todo caso, es el gobierno que las tiene que modificar y hacérselas conocer a los productores. Después de setenta y tres días conflicto ese documento no apareció. Por otra parte, si la posición del gobierno es irreductible con respecto al sistema de retenciones móviles, no se entiende sobre qué temas el gobierno quiere seguir discutiendo cuando fue éste punto la causa de la escalada del conflicto.

El otro argumento esgrimido por los Fernández, es que debido a que sólo se presentaron 22 solicitudes de reintegro al flete, sospechan que el resto trabaja en negro. Parece una desproporción muy grande teniendo en cuenta la cantidad de productores que hay en el país. Pero en todo caso, si fuera así sería necesario pedirle cuentas a la AFIP de por qué han permitido tamaña irregularidad y sería muy difícil, si fuera cierto, que en las arcas del Banco Central hubiera reservas por casi U$S 50.000 millones. En su empeño por negar la realidad, el gobierno olvidó que el paro del campo se basaba, justamente, en la no comercialización de granos. Entonces, si no comercializan no hay nada que transportar y si no hay nada para transportar no hace falta solicitar un reintegro. Perdón querido lector, sé que es obvio pero el gobierno parece no entenderlo de esta manera.

Los Fernández, Alberto y Aníbal, también dijeron que las entidades habían presentado dos propuestas disímiles y que el gobierno debía estudiarlas para consensuarlas. El gobierno tiene la obligación dejar clara su posición, y no esperar que los afectados por una medida sean los únicos que tienen la responsabilidad de ofrecer alternativas. Luego de más de dos meses de conflicto, era esperable que hubiera una contrapuesta, si es que el gobierno consideraba que había que hacer algunas correcciones. Y si su posición es seguir adelante con el nuevo régimen de retenciones, comunicar esto y terminar con las negociaciones. Pero lo que sucedió no parece guardar ninguna lógica, a menos que el fin último sea humillar y encrespar los ánimos, no ya sólo del campo, sino de todos los argentinos. Algo que no parece ser un objetivo saludable de ningún gobierno.

El lunes los diarios compararán los dos actos, se harán especulaciones sobre cuál tuvo mayor convocatoria, en cuál se dijeron los discursos más duros y se revelarán todo tipo de intimidades. Los medios hablarán de ganadores y perdedores, pero la verdadera foto que veremos es la de una Argentina dividida y encrespada.

Alfredo De Angeli era renuente a levantar el paro porque no confiaba en el gobierno, y Eduardo Buzzi tuvo que esforzarse para convencerlo. Hoy, ¿alguien puede decirle a De Angeli que sus sospechas eran infundadas?

EN UN MUNDO DE APARIENCIAS

El gobierno y el campo se encuentran dispuestos a retomar las negociaciones. Se prevé que desde el lado oficial se sentarán dos Fernández, Alberto y Carlos –que es el ministro de economía por si el lector no lo ubica bien-, del otro los cuatro miembros de la mesa de enlace.

Más allá de los temas que figuran en la agenda, hay una cuestión que preocupa a ambos bandos: cómo cerrar un acuerdo y parecer el ganador de la contienda. En este punto ya no importa si se es o no el triunfador, es más importante parecerlo que serlo.

En la lógica del kirchnerismo no existe la posibilidad de perder, ni siquiera del empate o del acuerdo en que cada parte cedió algo. Del lado del campo, los dirigentes quieren evitar que las bases se desborden y aparezcan arrodillados frente al gobierno, según el deseo que habría manifestado el ex presidente Kirchner. Ya se sabe que los hermanos De Angeli han acatado el levantamiento del paro bajo protesta, pero están expectantes monitoreando qué vaya a suceder para volver a la ruta. Por eso, en principio las retenciones móviles mutarán en la eufemística expresión “mercados de futuro”. Por estas horas, la Presidenta Cristina Fernández analiza si ella en persona recibirá a los ruralistas o aparecerá para la foto final. Quién llama a quién, es otra de las preguntas que no pasan inadvertidas. Garantes, mediadores y celestinas reclaman unos y otros: el cardenal Jorge Bergoglio, Juan Carlos Lascurain, Hermes Binner y Juan Schiaretti son algunos de los nombres que se han mencionado como intermediarios. Casi parece un minué de novios quinceañeros, pero así es la política aunque sea difícil de comprender para el común de la gente. Más allá de las apariencias, unos y otros no deben olvidar que todo cuanto resuelvan afectará a todos los argentinos y la mayoría no participa en política ni en luchas de poder.

UNA SEMANA DECISIVA

El gobierno comienza una semana clave, tal vez la más importante desde que Cristina Kirchner es Presidenta. El campo analiza levantar el paro antes de lo programado, para no seguir desaireando el diálogo propuesto por el gobierno y volver a la mesa de negociación; pero también porque los dirigentes entienden que la sociedad reclama que de una vez por todas se resuelva el conflicto, que ya lleva más de dos meses. Pero para que el diálogo sea verdaderamente fructífero, el gobierno deberá negociar en serio y respetar los acuerdos ya firmados y los que se vayan a rubricar. Ahora, no hay margen para que Guillermo Moreno, por orden de Néstor Kirchner, boicotee las reuniones y dinamite cualquier entendimiento. Por parte de los productores, sería muy útil que Alfredo De Angeli baje un poco su perfil. El entrerriano empieza a mostrar síntomas de abandonar la estructura de la Federación Agraria y convertirse en un polo de conflicto en sí mismo. A modo de advertencia a los integrantes de la mesa de enlace, De Angeli dijo: “no pueden tomar esa decisión (la de levantar el paro) en soledad. Antes tendrán que consultar a las bases”. Los dirigentes deben contenerlo porque si ellos pierden representatividad, no será posible ninguna negociación y el conflicto corre el riesgo de descarrilar.

En este segundo capítulo, el gobierno deberá sentarse a discutir el sistema de retenciones móviles, un tema que no puede seguir evadiéndolo y probablemente deba ceder en algo. Pero el principal problema para el kirchnerismo no es ceder, sino presentarlo ante la sociedad de tal manera que no parezca lo que es. El kirchnerismo se maneja en el reino de las apariencias, pero a medida que un conflicto escala como ha sucedido con la crisis del campo, se hace cada vez más difícil que la simulación sea efectiva.

La economía empieza a sentir el impacto del conflicto y ésta es la razón de la solicitada publicada el sábado por los industriales y los banqueros. El costo fiscal por la parálisis de las exportaciones asciende a los U$S 1.000 millones. Si se tiene en cuenta que con las retenciones móviles el gobierno esperaba recaudar unos U$S 1.300, el balance aparece claramente como negativo. Las ventas de maquinaria agrícola cayó a la mitad en los primeros cuatro meses del año, que equivale a una pérdida de $ 70 millones y ya se habla que de persistir el conflicto podrían producirse despidos. Además, bajó la venta de ropa, autos y departamentos. El Banco Central pasó de ser vendedor de dólares a comprador para que la cotización no se dispare. Una clara señal que emiten los argentinos cuando empiezan a perder la confianza.

Los costos de esta crisis son demasiado grandes y sólo el orgullo y el autoritarismo pueden explicar las causas del actual contexto político. Néstor Kirchner no logra poner de rodillas al campo, pero si no hay acuerdo pronto todos vamos a terminar arrodillados, incluido el gobierno.

El gobierno está preocupado por el acto del 25 de mayo en Rosario y no sabe cómo hacer para desmontarlo; algo que por el momento parece imposible. El mismo día en Salta el kirchnerismo llevará adelante su propia concentración, pero ya no habrá acuerdo del Bicentenario, ni pacto social ni relanzamiento del gobierno. Sin lugar a dudas, será un día muy distinto al que había soñado el matrimonio presidencial sólo algunas semanas atrás. Se estima que la concentración convocada por los productores será multitudinaria y será imposible que los medios de comunicación no comparen ambos eventos. Pero no sólo se analizarán los actos desde el número de concurrentes, sino que desde el lado del kirchnerismo siempre estará la sospecha de los militantes rentados que ni siquiera saben por qué van.

El conflicto entre el gobierno y el campo ha generado un debate que aún está en estado embrionario pero que tarde o temprano se va a instalar con fuerza. Los gobernadores ven la oportunidad de discutir la coparticipación de las retenciones. Una discusión muy compleja para el kirchnerismo porque apunta a esmerilar su poder de disciplinamiento. Hoy, los mandatarios provinciales tienen que hacer buena letra para que los fondos lleguen. Hermes Binner, Juan Schiaretti; y los ex gobernadores Jorge Busti y Carlos Reutemann están planteando la necesidad de federalizar los fondos. Los intendentes también presionan a los gobernadores en el mismo sentido, porque en muchos casos sus territorios aportan en concepto de retenciones entre cuatro y cinco veces el valor de sus presupuestos. Esa es la discusión que viene, independientemente de cómo se termine resolviendo esta crisis.

La crisis dejará otra conclusión, la falencia de la oposición para hacer política y plantear alternativas de solución. Una oposición casi ausente, cuyos líderes no fueron mucho más allá de las declaraciones casi de compromiso. Casos como el de Hermes Binner, Elisa Carrió, Luis Juez y en algún punto el diputado Francisco De Narvaez fueron algunas de las excepciones; pero no se vio una alternativa orgánica de solución por parte del arco opositor. El congreso fue un módico escenario de la crisis y se desaprovechó una buena oportunidad para “marcar la cancha”, apelando a la frondosa jerga futbolística. Es evidente, que si cualquier expresión de la oposición pretende alzarse con el poder en el 2011 todavía debe transitar un largo camino.

El encuestador Jorge Giacobbe reveló un estudio que es para preocupar a cualquiera. En sólo cinco meses la imagen positiva Cristina Kirchner bajó del 42 por ciento al 23. El 30 por ciento de los encuestados asocia a la Presidenta con la palabra soberbia y el 7 con autoritarismo. No hay dudas que el gobierno necesita oxigenarse porque Cristina tiene que gobernar más de tres años. Una de las habilidades de los verdaderos estadistas, es no enamorarse de los métodos políticos que en un determinado contexto probaron ser exitosos y corregir el rumbo. Uno de los errores más graves de Carlos Menem y Fernando de la Rúa fue aferrarse a la convertibilidad cuando ya estaba agotada. Así, el salvavidas se convirtió en una horca.

A PONER LA MESA

Las palabras de ayer de Cristina Kirchner han generado un marco propicio para volver al diálogo, nadie que quiera ser ecuánime puede negar esto. El silencio que mantuve Néstor Kirchner ha contribuido de manera clara a distender el clima enrarecido que se había gestado desde que el diálogo entre el gobierno ye l campo se truncó. Sin embargo, los ruralistas están desconfiados y quieren señales muy claras de parte del gobierno para levantar la medida de fuerza. Mario Llambías, titular de Confederaciones Rurales Argentinas dijo: “Acá tiene que haber señales claras y muy públicas. Se quisieron disfrazar cosas y a nosotros nos llevó a un enfrentamiento por querer clarificar las cosas”, en obvia alusión a la controversia que mantuvo con Alberto Fernández luego de la última vez que se vieron las caras.
Es lógico que los dirigentes del campo y los productores miren con desconfianza al gobierno. Los acuerdo que se firmaron, sobre trigo y exportación de carnes, todavía no se pusieron en vigencia por excusas burocráticas. Sistemáticamente, las reuniones fueron boicoteadas desde Puerto Madero por el brazo ejecutor de Kirchner, Guillermo Moreno; cuando desde el atril la Presidentala Victoria. Ayer, en la asunción de Néstor Kirchner faltaron Juan Schiaretti, Carlos Reutemann y Norberto Nicotra, presidente del justicialismo santafecino; sólo por mencionar los nombres más taquilleros. Por primera vez, el kirchnerismo entendió que su base político-electoral podría entrar en riesgo, si el descontento de algunos gobernadores –la mayoría en susurros- se expandía por todo el país. Sin lugar a dudas, el gobierno no quiere que otros mandatarios provinciales imitaran la actitud del cordobés Schiaretti.
Por otra parte, el Banco Central todos los días debe salir al mercado a sostener la cotización del dólar. Por caso, ayer tuvo que desprenderse de U$S 200 millones y de los U$S 50.000 millones de reservas que se contabilizaban el 25 de abril, tuvo que vender U$S 916. La falta de entrada de divisas por la paralización de las exportaciones y la percepción de un enrarecimiento del clima económico y político se potencian para que la gente vuelva a pensar en el dólar como un lugar seguro para guarecer sus depósitos. Por supuesto, algo que va hablaba –como ahora- de diálogo y búsqueda de consensos. Y no hay que olvidar un dato no menor, el gobierno tardó más de diez en armar la primera reunión luego de la autoimpuesta tregua ofrecida por los ruralistas. El kirchnerismo pensaba que así los iba a disciplinar, y que cualquier otro camino para llegar a un entendimiento, iba en contra de la lógica de vencedores y vencidos tan cara al kirchnerismo. Pero resultó que los hombres del campo no se disciplinaron y redoblaron la apuesta, volvieron a las rutas pero utilizando otra metodología para evitar el desabastecimiento y el aumento de precio y con ello la inflación. En estos ocho días, el kirchnerismo empezó a experimentar la rebelión de provincias como Córdoba y Santa Fé y de numerosas intendencias gobernadas por el Frente Para
a contramano del mundo donde hoy ya casi nadie piensa en el dólar, pero –como sabemos- a los argentinos nos gusta ser así.
El gobernador Hermes Binner tuvo dos gestos políticos que lo recortaron de la opaca oposición argentina. Recibió a los integrantes de la mesa de enlace casi en un acto público y les permitió que saludaran a sus seguidores desde el balcón de la Casa Gris, como se conoce a la casa de gobierno de Santa Fé. Sin declaraciones altisonantes, ni presentándose como un antagonista cerril del gobierno nacional; Binner fue el único dirigente que puso una cuota de racionalidad y aportó distensión a los ánimos crispados.
Es cierto, empieza a generarse un clima propicio para volver al diálogo. Las palabras de Cristina Kirchner parecen haber vuelto a abrir ese camino. Los dos bandos están desgastados y si el conflicto continúa estancado no va a faltar mucho para que aparezcan los violentos de los dos sectores, que seguramente precipitarán un final que nadie ansía. Es necesario llegar a un acuerdo pero emblemas como Guillermo Moreno, Luis D’Elía, Emilio Pérsico y la todopoderosa mano de Néstor Kirchner deben dar un paso al costado. Incluso,
es probable que el Alfredo De Angeli deba empezar a moderar su discurso. El gobierno y campo deberán esmerarse para que la famosa frase “ni vencedores ni vencidos” sea realidad.
Hace minutos, la mesa de enlace anunció su decisión de seguir con la protesta una semana más y pidió una audiencia con la Presidenta. Así, queda al descubierto la desconfianza de los productores hacia el gobierno, luego de un sinnúmero de idas y vueltas que sólo han profundizado el conflicto. En varias oportunidades De Angeli ha manifestado que “nadie le cree al gobierno” y esto es lo que percibe detrás de la decisión de continuar de no abandonar las rutas, seguir con los tractorazdos y las asambleas y convocar a un acto en Rosario el próximo 25 de mayo; el mismo día en que el kirchnerismo poryectaba re lanzar el gobierno de Cristina Kirchner. Es posible que la decisión de los ruralistas de seguir adelante con las protestas, sea tomada por el gobierno como una pulseada política y parecería bastante difícil que la Presidenta los reciba con los tractores en las rutas. El gobierno está pagando su incumplimiento a los acuerdos y la lógica de la capitulación con que gobiernan los Kirchner, frente a un adversario que parece estar resuelto a hacerles probar su propia medicina.

Foto: Agenciafe.com

¡AL ATAQUE!

Luis D’Elía salió con los tapones de punta, anunciando que las organizaciones sociales preparan un plan en contra de la protesta del campo. “Queremos debatir con las elites y poderosos del país, que facturaron 20 mil millones de dólares, y hoy generan desabastecimiento e inflación vamos a elaborar respuestas para estar preparados, contra el paro, lock out patronal, que profundiza y endurece sus términos”, explicó ante los medios de comunicación a quienes acusó de preparar un golpe de estado.

Además, reveló que están estudiando la posibilidad de trasladarse a Gualeguaychú, centro neurálgico de la protesta rural donde reina Alfredo De Angeli, con la intención de juntar unas 30.000 personas para debatir de cara a la sociedad argentina el país que queremos, inclusivo y para todos”. Además, lanzó una advertencia a los gobernadores que comenzaron a tender puentes de diálogo con el gobierno: “Gobernadores ojo con dejarse apretar”.
Las palabras pronunciadas por D’Elía parecen ser el prolegómeno del discurso que mañana dará Kirchner en la localidad de 3 de Febrero, en oportunidad de asumir la presidencia del justicialismo. Así, mañana puede esperarse un discurso muy fuerte en contra del campo y los medios por parte del ex presidente. Es difícil pensar que D’Elía y Pérsico hayan decidido llevar adelante esta apuesta en solitario sin la venia de aprobación del kirchnerismo, parece ser la estrategia del gobierno para terminar con la protesta rural.
Luis D’Elía ya decidió que la Plaza de Mayo sólo se puede usa para manifestar a favor del gobierno o en contra de la oligarquía y ahora se propone reglamentar el derecho de huelga. Es su pensamiento los únicos que pueden ser tenidos en cuenta son los que piensan como él, el resto son los enemigos del modelo y de la patria. Si finalmente los piqueteros oficiales se trasladan a Gualeguaychú, la situación puede volverse muy comprometida y no habría que descartar actos de violencia. Será una provocación de la que será responsable el gobierno. Nadie puede pensar que éste es el camino de la solución, pero en el gobierno parece que hace rato los moderados dejaron de tener lugar.
El clima en la Argentina se enrarece y si ésta es la respuesta del gobierno al conflicto con el campo, implica que su posición se ha debilitado y está dispuesto a apelar a cualquier método para hacer prevalecer su pensamiento. No parece muy democrático y está lejos del fortalecimiento institucional tan pregonado por la Presidente. ¿Las fuerzas de seguridad harán una zona liberada si los piqueteros van a Gualeguaychú? No es aventurado imaginarse esto, cuando eso fue lo que pareció la noche en que D’Elía “recuperó” la plaza.
Una vez más, D’Elía vuelve a menear una frase terrible para la memoria de cualqui9er argentino de bien: “golpe de estado”. No se puede apelar a estas tres palabras livianamente, luego de la historia trágica que ha vivido nuestro país. Es una irresponsabilidad por parte de cualquier dirigente político hacerlo sin una base sólida. Tal vez, el fiscal Marijuan hoy vuelva a sentir la necesidad de hacer una denuncia como la que hizo contra el ruralista Alfredo De Angeli.
Hay que tener mucho cuidado con azuzar los fantasmas del pasado, y Luis D’Elía cree que la democracia sólo se concibe con lo que él considera correcto. Se ha convertido en el comisario político nacional. El clima se enrarece cada vez más.

EL PRIMER OPOSITOR

El dirigente Alfredo de Angeli se convirtió en el virtual jefe de la oposición, lo que demuestra que los partidos políticos siguen perdiendo y van rezagados detrás de los dirigentes sociales.
Las brutales definiciones de De Angeli chocan la dialéctica pseudo ideológica del gobierno, cuyos funcionarios son expertos en chicanas y finos esgrimistas de un lenguaje acotado; pero que parecen haber olvidado hace mucho que la política es una autopista para encontrar soluciones que mejoren la vida del pueblo.

El gobierno sigue dilatando las negociaciones. Hoy debían reunirse con los dirigentes agropecuarios para tratar el tema del trigo. El encuentro estaba pautado para las cinco de la tarde, pero a las tres desde la Jefatura de Gabinete se informó que se suspendía. Una hora y media más tarde se anunció una nueva convocatoria para el agro, ya se parece a una comedia de enredos mexicana. Está claro que el gobierno que los dirigentes agropecuarios cometan un error que los haga enfrentar con la opinión pública, porque para el kirchnerismo lo más importante no es la política sino las percepciones mediáticas. La visita de Guillermo Moreno al Mercado de Liniers, su amenaza de utilizar la ley de abastecimiento para que se cumplan los precios máximos, las marchas y contramarchas en las mesas de negociación, las acusaciones del humo, entre otras acciones, buscan llevar a los ruralistas a quebrar el diálogo y volver a las rutas antes de que expire la tregua que ellos mismos propusieron. Por eso, el campo debe respetar la palabra empeñada y no entrar en el juego del gobierno, porque si lo hacen van a perder.

Como no podía ser de otra manera, el pedido de investigación a De Angeli por parte del fiscal Guillermo Marijuán encrespó una vez más los ánimos. Dentro de la gran familia judicial tiene fama de honesto e independiente y, como se recordará, es el fiscal que investiga la “misteriosa” bolsa con dinero que apareció en el despacho ministerial de Felisa. Hoy, el fiscal Jorge Di Lello decidió darle curso al pedido de investigación de Marijuán que apunta a determinar si De Angeli cometió los delitos de intimidación pública y acopio de armas. Aun cuando nada haga dudar de las calidades de ambos fiscales, sus decisiones son perfectamente funcionales a la estrategia del gobierno que apunta a demonizar a De Angeli; quien paradójicamente pertenece a la Federación Agraria Argentina que estuvo ideológicamente muy cercana al gobierno.
De todos modos, estos pedidos de investigación en el actual contexto político mueven a sospecha. Sin ánimo de defender a De Angeli, pero siguiendo el principio jurídico que la ley es igual para todos, cabe hacerse algunas preguntas. La presencia de los camioneros con Pablo Moyano a la cabeza amenazando con romper los piquetes rurales, ¿no constituyó un acto de intimidación pública? Lo mismo podría decirse del General Kirchnerista Guillermo Moreno cuando atendió a un empresario con su pistola arriba del escritorio y de sus constantes aprietes a todo aquel que ose contradecirlo. En estos casos los fiscales no fueron tan expeditivos ni celosos del cumplimiento de la ley. Bueno, tal vez no sea extraño teniendo en cuenta las declaraciones del juez Ricardo Recondo, Presidente de la Asociación de Magistrados, que declaró: “Se busca sojuzgar a al Poder Judicial…no están dadas las condiciones para procesar a un funcionario en actividad”. Sin lugar a dudas, las declaraciones del juez son muy graves porque es la primera vez que un juez hace públicas las presiones sobre la justicia.
Las actitudes de los Moyano –padre e hijo- y de Moreno no deben interpretarse como una excusa para tener un comportamiento similar al de ellos. Si De Angeli debe ser investigado para determinar si quebró la ley que lo sea, pero la misma actitud debería adoptarse con cualquiera, sin importar si es funcionario, filo kirchnerista o amigo del gobierno.

Alfredo De Angeli no es un Frankestein nacido de la marmita mediática como quiere hacer creer algún ministro, es un producto de la impericia y soberbia del gobierno y de la oposición que hace mucho que está ausente en la Argentina. Luis D’Elía, afirmó que el líder ruralista Alfredo De Ángeli, “es el nuevo (Juan Carlos) Blumberg que necesita la derecha”.En algo tiene razón D’Elía, De Angeli se puede asemejar al Blumberg como emergente de un sector que el Estado no le brinda soluciones, sin embargo su perfil ideológico poco tiene que ver con el del fallido ingeniero. Cuando la política se retira, su lugar es ocupado por emergentes sociales, con los que el gobierno se asusta mucho porque no puede manejarlos porque sólo acepta la disciplina ciega y con una sonrisa.
Si De Angeli no quiere ser “blumberizado” tiene que calmarse porque ya dejó de ser un simple chacarero, se convirtió en la voz de sus pares y en la demostración de la ineptitud del gobierno para dar soluciones y buscar consensos. Si no empieza a medir sus expresiones, se convertirá en una pieza funcional a la estrategia del gobierno que en poco colaborará para alcanzar sus objetivos e inexorablemente pasarán sus quince minutos de fama y será devorado por el olvido.
Foto: Agencia Nova.