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CAMBIO DE GABINETE: LO NUEVO DE LO VIEJO

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abal medinaFinalmemte, Cristina Fernández de Kirchner develó el misterio sobre el gabinete con el que iniciará su último mandato presidencial. En realidad es un misterio que menor significado política que con otras administraciones porque, como se sabe, salvo por algunos ministerios clave, el resto del gabinete no tiene un importante peso político dentro de la forma de gobernar que tiene el kirchnerismo.

Sin lugar a dudas la principal novedad fue la decisión de la Presidenta de nombrar como Jefe de Gabinete, en reemplazo de Aníbal Fernández, a Juan Manuel Abal Medina; quien se venía desempañenando como Secretario de Comunicación. Una posición clave dentro del gobierno porque era el encargado de distribuir la millonaria pauta oficial, que el kirchnerismo ha utilizado como una eficaz herramienta –en muchos casos- para construir el relato oficial a través de los medios oficiales pero también utilizando el sistema de medios para oficiales que se nutren de la publidad estatal como pirncipal fuente de financiamiento. En este marco, no cabe duda que Abal Medina es una persona de extrema confiaza de Cristina Fernández de Kirchner, que es lo que la Presidenta privilegió a la hora de designarlo en el puesto más poderoso que tiene Poder Ejecutivo después del de presidente. Además, el ascenso de Abal Madina también marca la ratificación de la alianza de Fernádez de Kirchner con la juventud, que es una de las improntas que la Presidenta le quiere dar a lo que se ha dado en llamar el “cristinismo”. Pero hay otros elementos que la Presidenta debe haber tenido en cuenta para que su decisión recaiga sobre el hasta ahora Secretario de Medios. Es un cuadro totalmente disciplinado que suele decir que el gobierno “no debate ni discute”. Un soldado, sin estructura propia y con el perfil muy bajo, en contraste –por ejemplo- con Amado Boudou y con el flamante Senador Aníbal Fernández. En este sentido, es difícil pensar que Abal Medina le imprima al cargo la impronta tan combativa desde lo discursivo y a veces casi pendeciera que fue casi un sello distintivo del Jefe de Gabinete saliente. Es de imaginar que Abal Medina tenga un perfil más bajo pero mucho más ideologizado, más refinado en las formas pero mucho más combativo desde los argumentos de fondo, especialmente con aquellos que tienen que ver con la profundización del modelo. Al fin y al cabo Aníbal siempre fue peronista y del Conurbano para más datos, una verdadera marca registrada que implica todo un estilo de hacer política. Abal Medina no es peronista, militó en el Frente Grande y llegó al gobierno de la mano de Alberto Fernández, pero se quedó luego de la salida de éste. No se manchó en el barro del Conurbano bonaerense y tienen una marcada formación técnica. No es ilógica pensar que su designación implique profundización del modelo nacional y popular desde la gestión y una desperonización de Cristina, un viejo anhelo de la muchachada de La Cámpora que está convencida que la vieja estructura del PJ es anacrónica y hace mucho dejó de ser una maquinaria electoral efectiva.

Por spuesto que con el ascenso de Abal Medina se diluyeron las aspiraciones de Florencio Randazzo, que había dejado trascender a través de sus operadores que aspiraba a ocupar la Jefatura de Gabinete, y en cambio seguirá al frente del Ministerio del Interior. Randazzo tiene un perfil muy distinto al del flamente Jefe de Gabinete: es peronista, tiene una buena relación con los barones del Conurbano, cuenta con una estructura propia en la Provincia de Buenos Aires y aspira a ser gobernador. Si bien cuenta con el atributo de la juventud, muy apreciado por el kirchnerismo, su perfil no es el de un joven K sino que pertenece a esa estructura justicialista clásica que La Cámpora pretende desmonatr o en el mejor de los casos reconducir.

En un minimalista cambio de gabinete, la otra sorpresa fue la designación de Hernán Lorenzino como reemplazante de Amado Boudou en el Ministerio de Economía, quien hasta ahora se venía desempeñando como Secretario de Finanzas Públicas. Es una sorpresa porque siempre se dijo que Lorenzino era el candidato Boudou para que lo sucediera y, como se sabe, el electo vice presidente parece haber caído en desgracia dentro del kirchnerismo debido a su alto perfil, su oposición a las medidas que tomó el gobierno para controlar la fuga de capitales –ideadas básicamete por Mercedes Marcó del Pont- y la torpeza que cometió al querer ocuar de Néstor Kirchner frente a un grupo de intendentes de la Provincia de Buenos Aires. Expresiones que habrían llegado a oídos de Máximo Kirchner y habría decidio cortarles las alas. Pero el malestar con el saliente Ministro de Economía quedaron al descubierto cuando la Presidenta en un acto celebrado en Puerto Madero lo llamó “concheto”. Ese día, Amado Boudou sufrió en público el estilete de la Presidenta que ya lo había experimentado Daniel Scioli como vice y en mayor medida Julio Cobos. Es por ello que era logico esperar que las acciones de Lorenzino para reemplazar a Boudou habrían sufrido una dramática baja. Sin embargo, su nombramiento parece una victoria para el alicaído vice presidente electo, quien esperaba que Lorenzino lo sucediera para seguir teniendo influencia en Economía. Además, con el nombramiento de Lorenzino, Boudou le gana la pulseada a Mercedes Marcó del Pont, que también había sido mencionada para ocupar el cargo y en cambio se quedará al frente del Banco Central. Ahora, el paso de los días determinará si Boudou seguirá pesando o se dedicará a tocar la campanita del Senado como al parecer no pocos cristinistas quieren.

Hernán Lorenzino llegó al Ministerio de Economía de la mano de Carlos Fernández en el 2008 y llevó adelante las negociaciones con el Club de París, que muchos dicen que están prácticamente concluidas pero que hasta el momento no se han hecho anuncios al respecto, y la segunda operación de canje de deuda llevada adelante en el 2010 destinada a los holdouts que quedaron afuera de la primera reestructuración. En síntesis, Lorenzino estaba a cargo de implementar las políticas de lo que el gobierno ha dado en llamar desendeudamiento. Como Ministro de Economía, Lorenzino deberá diseñar la magnitud del ajuste que ha dado sus primeros pasos con el anuncio de la quita de subsidios, recuperar el superavit fiscal, cerrar las negociaciones con el Club de París, llegar a un acuerdo con los holdouts y, por supuesto, ocuparse en serio del combate a  la inflación. Una cuestión que hasta el momento el gobierno no ha dado señales, más allá de la mención que hizo Cristina Fernández de Kirchner durante la conferencia de la UIA. En suma, Lorenzino tiene por delante el trabajo de un verdadero cirujano, en un contexto económico interno y externo que desde la crisis del 2009 no es favorable.

En un cambio de gabinete, no sólo es importante analizar los hombres que llegan sino también los que se quedan porque en muchos casos tienen una relevancia política importante. Julio De Vido y Carlos Tomada son dos casos que conviene analizar. En primer lugar, es obvio que el primero no se convirtió en Jefe de Gabinete ni en Ministro de Economía, como se especuló durante varias semanas; ni el segundo se fue del gobierno como se había dicho que era su deseo después de estar ocho años al frente del Ministerio de Trabajo. Es muy probable que ambos permenezcan en el gobierno por razones bastante parecidas, son los dos ministros que tienen trato directo con la CGT y son dos funcionarios muy experimentados en la cuestión. De Vido, desde las elecciones, se ha convertido en la cara visible del operativo impulsado para desmontar los subsidios y reestructurar Aerolíneas Argentinas. En los anuncios opacó a Amado Boudou y a Mariano Recalde dejándolos en un segundo plano, quedando demostrado que la Presidenta lo elige cada vez que hay que tomar decisiones estratégicas. No cabe dudas que su peso político dentro del gobierno creció en los últimos tiempos después que en varias oportunidades se lo mencionaba con un pie afuera. Además, hoy es el interlocutor que tiene el gobierno con Hugo Moyano, tarea para la cual De Vido debe demostrar toda su capacidad negociadora para intentar descomprimir el cada vez más menos disimulado conflicto con el líder sindical. Por su parte, Carlos Tomada deberá llevar adelante las que tal vez sean las paritarias más complejas de la era kirchnerista. Sin los subsidios que impactará directamente sobre el bolsillo de los trabajadores, con una actualización salarial que el gobierno pretende que sea superior al 18 por ciento y con el mínimo no imponible pisado, Cristina Fernández optó por un funcionario que ya ha probado eficacia al frente de la cartera de Trabajo, pero al igual que De Vido, Tomada también deberá demostar su muñeca política y maniobrar sin colisionar con Hugo Moyano y sus aliados, cada vez más distanciados del gobierno y, por el momento, en un seguro rumbo de colisión.

Cristina Fernández de Kirchner retocó el gabinete. El nombramiento de Juan Manuel Abal Medina como Jefe de Gabinete implica emprimir la impronta del Cristinismo, en una estrcutra primigeniamente diseñada por Néstor Kirchner. Pero el mantenimiento de Julio De Vido y Carlos Tomada en sus cargos, refleja su decisión de seguir contando con dos funcionarios experimentados que deberán amortiguar el conflicto con la CGT y las consecuencias de un ajuste que ya se puso en marcha. La llegada de Lorenzino a lo más alto del Ministerio de Economía, más allá de la victoria de Amado Boudou, bien puede explicar el intento de la Presidenta que la Argentina cierre sus conflictos económicos internacionales todavía abiertos y vuelva al mercado de voluntario de crédito en un contexto mundial que no es para nada favorable.

El otro cambio es la llegada como Norberto Yahuar como reemplazante de Julian Dominguez al frente del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aimentación. No fue una sorpresa y tal vez haya sido el reemplazo más sabido y el que menos expectativas despertaba porque todo estaba parcaticamente claro desde un primer momento.

El resto del gabinete sigue igual, con ministros casi mudos –el caso más notorio es el de Héctor Timerman que por ahora sigue al frente de la Cancillería- y sin peso político porque si a alguien no le quedó claro; la que gobierna es Ella.

Es claro que Cristina Fernández de Kirchner quiso apostar a lo que conoce, a lo que ya sabe que le da buenos resultados porque los próximos cuatro años no serán de abundancia y lo que se viene es la adminsitración de la escasez.

“SCIOLI SERIA UN BUEN CANDIDATO”

alberto-fernandez La declaración del título de esta nota pertenece al ex Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que completa su análisis asegurando que “él dice dice que quiere seguir en la Provincia”. En un extensa entrevista en Contrapunto, Fernández aseguró que en el incidente que protagonizó Néstor Kirchner con Daniel Scioli la semana pasada “el resultado no fue bueno para Néstor. Es muy poco feliz. Por suerte Scioli se calló la boca”. Y agrega en defensa del gobernador: “Pocos tipos han sido sido tan consecuentes como Scioli acompañando a Kirchner”. Se refiere a las listas colectoras, la idea pergeñada en Olivos para las últimas elecciones.

En un tono moderado, más cercano al analista que al político de estos tiempos, Fernández sostiene que “la clase media no es un grupo de xenófobos que rechaza a los morochos como dice la Presidenta”, y no duda en afirmar que el gobierno “minimiza la demanda de la clase media demostrando la ajenidad que tiene con las demandas de la sociedad”.

“La Argentina tiene una economía en riesgo latente que se llama inflación y nadie se está ocupando seriamente del tema”, explica el ex hombre de confianza del matrimonio presidencial.

La entrevista completa a Alberto Fernández en Contrapunto por FM Identidad, donde habla de todos los temas desde la la crisis institucional de Santa Cruz hasta Papel Prensa.

UN ACUERDO QUE NO ES LO QUE PARECE

b4a9321042 La ex Secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, se mostró muy crítica del acuerdo que la semana firmaron los presidente de la Argentina y el Uruguay: “No se puede pretender que una carilla de cuatro artículos sea un plan de monitoreo serio”. A diferencia del gobierno al que perteneció que mostró la firma del documento como el fin del conflicto entre ambos países por la instalación de Botnia, señaló que: “No es un plan de monitoreo que es algo mas complejo y detallado con una serie de indicadores como alerta temprana y parámetros establecidos. lo que dice el acuerdo es lo que ha estado sucediendo, que es que la DINAMA controle a Botnia de acuerdo con su propia ley”, declaró en Contrapunto por FM Identidad 92.1 y añadió que “le agrega doce visitas al año por parte de un técnico argentino a las instalaciones pero que no puede tomar muestras, va como un observador”.

La semana pasada, el gobierno presentó el acuerdo alcanzado por Cristina Fernández de Kirchner y José Mujica como el fin del conflicto con Uruguay por la instalación de la pastera. “Es un acuerdo ejemplar en el marco del tratado y de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU)”, señaló la Presidenta.

En sintonía con sus palabras, el canciller Héctor Timerman declaró que “el Acuerdo con Uruguay es la gran herramienta para la protección del medioambiente en el Río Uruguay. La ciencia argentina cumplirá su tarea”, publicó a través de la red Twitter.  Sin embargo, la ex funcionaria kirchnerista le bajó el tono en lo que hace a su faz técnica: “El acuerdo dice que ambos gobiernos van a nombrar científicos en la CARU que ya cuenta con científicos que estaban haciendo estudios y que se le abren las puertas de Botnia pero no para tomar las muestras, que las va a seguir tomando el gobierno uruguayo de acuerdo con sus parámetros que no son los adecuados para medir a una papelera de las características de Botnia. Eso no era lo que pedían los asambleístas”. De acuerdo con las palabras de Picolotti, la Argentina no estaría haciendo un monitoreo con el Uruguay sino que sólo cumplirá un papel de observadora y ni siquiera sobre las bases de reglas establecidas por consenso sino de acuerdo a las del Uruguay. Así, parece que el gobierno, como hace en muchos otros temas, le subió el precio a un acuerdo que al parecer no pone fin al conflicto y pone a la Argentina en un lugar desventajoso con respecto al país hermano. “No hay ningún cambio con respecto a un plan de monitoreo permanente”, declaró Picolotti reafirmando sus críticas. Sin embargo, enfatizó que “es un primer paso en que los dos presidentes han mostrado, pero en ningún caso se lo puede llamar a esto un plan de monitoreo”.

Romina Picolotti en Contrapunto (FM Identidad 92.1)

En su guerra permanente con el Grupo Clarín, el Canciller había señalado a través de Twitter que “Clarín boicotea el acuerdo de Botnia porque es bueno para el país. El acuerdo permite el ingreso de científicos argentinos a Botnia 12 veces al año”. En este contexto las declaraciones de una ex funcionaria kirchnerista resultan reveladoras, porque no se trata de alguien enrolado en la oposición o que defienda intereses empresarios contrapuestos con las políticas desplegadas por el gobierno. Romina Picolotti se hizo cargo de la Secretaría de Medio Ambiente cuando el gobierno estaba en plena batalla con el gobierno de Tabaré Vázquez y las relaciones con Uruguay estaban muy frías. Eran tiempos en que el kirchnerismo consideraba la decisión de los asambleístas de cortar la ruta como parte de la estrategia argentina para resolver el conflicto y Néstor Kirchner decía que la lucha contra la instalación de Botnia era “una causa nacional”. En ese marco, Picolotti se convirtió en funcionaria de la mano del ex jefe de gabinete Alberto Fernández y hoy considera que “es un misterio de por qué me convocó el gobierno”. Dejó el cargo el 2 de diciembre de 2008 porque no estuvo de acuerdo con el veto presidencial a la Ley de Protección de Glaciares que el Congreso votó por unanimidad y una fuerte denuncia de Clarín por el nombramiento de varios familiares en el organismo; entre ellos su hermano que ocupó la jefatura de su gabinete.

“El mismo día en que se anunció el acuerdo de los Presidentes les llega a los asambleístas una citación de un juez federal que han sido querellados por el gobierno para designen abogados, yo no creo en esas coincidencias”, explica Picolotti cuando se la consulta sobre si para ella el gobierno ha cambiado de actitud con los asambleístas y agrega: “En un primer momento hay un apoyo contundente al reclamo y se los termina querellando por una serie de delitos. El ex presidente hizo un acto en el corsódromo y resulta que dos años después el mismo gobierno los querella y los trata de delincuentes. El cambio lo adjudico a como miden las encuestas porque a la gente no les gusta que le corten las rutas, la mayoría está de acuerdo con la causa pero no con la metodología”.

Los asambleístas no están conforme con un acuerdo que parece que no es lo que parece, por estas horas deliberan volver a la ruta mientras esperan respuestas en el encuentro que mantendrán con Héctor Timerman.

ALBERTO FERNANDEZ: “MACRI FUE UN GOLPISTA”

2008-05-30-alberto_fernandez El ex jefe de gabinete, Alberto Fernández, fue durísimo con Mauricio Macri por la causa de las escuchas telefónicas. Lo acusó de haber protagonizado el primer golpe de estado que terminó con la destitución de Aníbal Ibarra, como consecuencia de las tragedia de Cromagnon. Además, dijo que el jefe de gobierno debería, por lo menos, ir a la Legislatura a dar explicaciones porque “tiene una enorme responsabilidad política”.

Las declaraciones del otrora hombre de confianza de Néstor Kirchner se produjeron en FM Identidad 92.1 en el programa Contrapunto, donde Fernández también dijo que no está de acuerdo con cambiar un discurso único por otro como se está haciendo ahora desde el gobierno. Además, enfatizó que los principales problemas que afecta el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner son el déficit y la inflación.

RUMBO DE COLISION

AF El ex jefe de gabinete Alberto Fernández compara la crisis política con lo que los psicólogos denominan el Juego del Gallina, que consiste en dos autos que en una ruta circulan a gran velocidad en sentidos opuestos con evidente rumbo de colisión. Gana quien tiene la sangre más fría como para ser el último en esquivar a su oponente. Para Fernández el juego es perverso porque en realidad “gana” quien le tiene menos miedo a la muerte y “pierde” el más sensato.
La comparación parece ajustarse con bastante realismo a lo que ha pasado a lo largo de esta semana en la política argentina: gobierno y oposición están lanzados a bordo de sus bólidos dispuestos a estrellarse; aunque el gobierno no se priva de retar al Poder Judicial al perverso juego.
El discurso de ayer de la Presidenta Kirchner, como nunca, puso los nervios de punta al país. Acusando a diestra y siniestra de destituyente a todo aquel que se atreva a ponerle un límite a su poder, que no es ilimitado porque todavía la Argentina es un república.
Cristina Fernández no quiere entender que fue la gente con su voto la que armó este Congreso, porque evidentemente no gran parte del electorado no está de acuerdo con el rumbo de su gobierno. Es tan fácil como eso pero para el matrimonio presidencial parece que es muy difícil de admitir. Néstor y Cristina prefieren ir contra el resto del mundo antes de parecer que están perdiendo el poder, pero no se dan cuenta que van a terminando estrellando el país en una crisis cuya usina es la Quinta de Olivos.
El mensaje por cadena nacional de la Presidenta es muy preocupante. Anunció que va a desconocer la decisión del Congreso sobre el DNU que creó el Fondo de Desendeudamiento Argentino y también a la justicia, haciendo críticas a los jueces y en especial sobre la vida privada de la jueza Claudia Rodríguez Vidal, que no sólo no son propias de un presidente; sino que además muestra un grado de bronca y resentimiento tal que nadie que dirija los destinos de un paíes puede darse el lujo de tener. La Presidenta, que no pocas veces reivindicó las cuestiones de género, cayó en la crítica más facilista de las mentes retrógradas: inferir que una mujer piensa lo mismo que el marido, poniendo a la jueza Vidal un escalón por debajo de éste.
Es serio que la Presidenta revele que no va a acatar una decisión judicial y que el Poder Judicial sea visto como un grupo destituyente más de los que sólo habitan en la imaginación del matrimonio presidencial.
La peligrosa lista de destituyentes se engrosa día tras día, y en cualquier momento le llegará el turno al pueblo que votó un Congreso con una mínima diferencia en favor de la oposición. Ese día, si llega, los Kirchner quemarán todas sus naves pero todo parece presagiar que van en esa dirección.
La oposición también cometió sus errores esta semana. El principal error fue la manera en cómo trató el tema del pliego de Mercedes Marcó del Pont. No era necesario citarla para que se presentara en un plazo de dos horas y luego rechazar su nominación. Allí, los senadores opositores no obraron con la suficiente serenidad que se requiere en momentos como éste. Eso no significa arriar las banderas. Desafortunadamente, actuaron como el kirchnerismo que nunca pudo elevarse sobre la módica lógica del todo o nada. pelear las comisiones y hacer pesar el número no es un problema y, en definitiva, es el juego de la democracia. El kirchnerismo hizo lo mismo durante seis años y lo pudo hacer porque la sociedad así lo quiso. Lamentablemente, abusó del poder que le dieron las urnas, porque como lo pasó a tantos otros, pensaron que el poder era para siempre. Si de verdad la oposición busca recuperar la República no debe actuar como el kirchnerismo, debe dejar de lado el revanchismo y prepararse para gobernar.
Si nadie decide pegar el volantazo todos vamos a perder jugando a El Gallina.

ESO QUE TODOS LLAMAN GOBERNABILIDAD

La semana pasada el kirchnerismo reveló su principal eje de campaña. El lunes pasado el co presidente disparó: “Si el Gobierno pierde la mayoría, el país puede volver al vacío de 2001, a ese país que estalló”. Dos días después, la Presidenta fue más a fondo y dobló la apuesta: “En las elecciones de junio están en juego la estabilidad y la calidad democrática”. Por su parte, el gobernador Daniel Scioli también hizo declaraciones en el mismo sentido que su jefe político. No cabe duda que el principal pilar de la campaña kirchnerista es infundir miedo, el viejo axioma que reza “Después de mí el diluvio”. Es una estrategia perversa que ya ha sido utilizada por otros presidentes.

La crisis del 2001 está todavía muy presente en las mentes y en los bolsillos de los que más la han sufrido, esa sensación de disolución no es sencilla de olvidar. En las frases del matrimonio subyace el concepto de gobernabilidad, que ya ha sido expresado por otros más explícitamente, y que siempre aflora ante los inconvenientes que debe afrontar el poder de turno. La Real Academia Española dice que gobernabilidad significa “cualidad de gobernable”, por lo que la pregunta obligada sería ¿por qué el país perdería esta condición si el kirchnerismo es derrotado?

La lógica indica que el país no sería menos gobernable si de las elecciones del 28 de junio emerge un Congreso más fortalecido. Es la parte del juego democrático que los Kirchner prefieren ignorar.Sencillamente, el gobierno debería negociar con el Congreso las iniciativas que pretenda convertir en ley. Eso es todo y es lo que pasa en cualquier democracia del mundo. Pero ya se sabe que la lógica del matrimonio presidencial no es la misma que impera en el mundo civilizado, porque no saben de discusiones ni de búsqueda de consensos. En el mundo K gobernabilidad hacer lo que Néstor quiere y manejar la Argentina como si fuera un gran feudo donde sólo es ley la voluntad del poder. La mejor respuesta a la estrategia del miedo no llegó de boca de ningún dirigente de la oposición, sino de Alberto Fernández quien dijo que si la Argentina vuelve al 2001 “será porque fracasamos”. Pocas horas atrás el actual jefe de gabinete, Sergio Massa, hizo declaraciones en el mismo sentido que su predecesor y separándose de la estrategia del miedo. “A mí me parece que no vale la pena hacer ese tipo de especulaciones porque, además, lo más importante de todo es pensar que la Argentina está en una situación fiscal, de superávit comercial, de ocupación en el mercado de trabajo, que le da fortaleza para seguir adelante en medio de esta crisis internacional fenomenal”, dijo Massa.

Las palabras de CFK son más graves aún que las de su marido, porque no puede pensarse que la calidad democrática de la Argentina está atada al resultado de una elección. En todo caso, cada elección –independientemente de su resultado- fortalece el sistema. Pero al parecer las voz del pueblo sólo debe ser escuchada si está en sintonía con la visión kirchnerista, pero si elije otra cosa se resiente la democracia. Es una lógica perversa que es parte de ese mismo credo que exteriorizó Emilio Pérsico de una renuncia anticipada de la Presidenta. Eso también está presente en la lógica del miedo. Recordemos que ya la Presidenta se había referido a las elecciones como ese “escollo” que hay que pasar, lo hizo en oportunidad de anunciar el adelantamiento basándose en la crisis económica internacional, esa de la que no teníamos por qué preocuparnos y que el resto del mundo debía nota del modelo argentino. Hoy, esos argumentos asoman –por lo menos- bastante poco sólidos.

En verdad, la lógica del miedo encierra un el temor del kirchnerismo de enfrentarse quedar entrampado en un escenario con un Congreso fortalecido. Hay que tener en cuenta que el matrimonio presidencial, tanto en Santa Cruz como a nivel nacional,  nunca gobernó con un Poder Legislativo robustecido que no actuara como una escribanía. En ambos casos, la chequera oficial se había mostrado eficiente para comprar voluntades y distribuir obras acá y allá. Pero el proceso político iniciado en 2003 demuestra síntomas de agotamiento, lo mismo que la chequera. No hay dudas, que en este sentido, la crisis con el campo aceleró el desgaste, además del protagonismo del co presidente que relegaron a su mujer –la Presidenta formal- a un segundo plano y a un casi exclusivo rol protocolar. Otro dato no menor es la permanencia en el poder de un grupo de funcionarios indigeribles para la sociedad como Guillermo Moreno, que operan como un corset para que el gobierno de CFK adquiera un perfil propio.

El kirchnerismo enfrenta un panorama electoral muy complejo. Mendoza, Córdoba, Santa Fé están perdidas; la Ciudad de Buenos Aires amenaza con convertirse en un papelón porque no hay nadie, salvo por Carlos Heller que no lo termina de convencer a Kirchner, de presentarse como candidato del oficialismo. la Provincia de Buenos Aires también presenta sus dificultades, el conurbano no promete una victoria segura y las encuestas más serias hablan arrojan un reporto equitativo entre el Frente para la Victoria, el Pro Peronismo y la alianza UCR Coalición Cívica. En el interior del territorio bonaerense la situación crece en dificultades para el oficialismo, porque como en otras zonas del país, las consecuencias de la crisis del campo son más visibles. La Argentina de los Kirchner se ha achicado dramáticamente.

En las últimas horas, Daniel Scioli presiona a los intendentes de La Plata, Pablo Bruera, de Mar del Plata, Gustavo Pulti y de Bahía Blanca, Cristian Breitenstein para que se sumen a las candidaturas testimoniales. Los tres resisten alegando que en su partidos no toleraría tomar una decisión en ese sentido. En las tres ciudades viven al menos un millón de personas, una cifra nada despreciable pero también son zonas que sus formas están estrechamente ligadas al campo.  No es fácil que allí cale el discurso kirchnerista.

Mientras el mundo lidia como puede con la crisis internacional y todos los gobiernos tratan de mantener y llevar la calma, en la Argentina el kirchnerismo hace todo lo contrario elevando el nivel de incertidumbre. Es difícil que en este contexto los inversores se deciden por invertir en el país. El gobierno en vez de atraerlos, se dedica a espantarlos.