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Presos de la Corrección Política

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Entre los muchos mensajes que dejó el resultado electoral en los Estados Unidos, el hastío de la gente a la corrección política que en vez de contribuir a que los debates sean más ricos, profundos y libres nos encarceló en un pensamiento dominante. Los votantes de Trump, los que apoyaron el Brexit y los colombianos que se opusieron al tratado de paz con las FARC son los que empezaron a demostrar cansancio por lo que en definitiva terminó por convertirse en un pensamiento dominante que no admite discrepancias. Y aquel que se atreva a desafiar estas reglas rápidamente es estigmatizado. Una paradoja porque el argumento de la estigmatización es el que usan los representantes de aquello que es políticamente correcto para obturar cualquier voz discrepante. Por supuesto, que la Argentina no quedó excluida del pensamiento políticamente correcto, aunque poco a poco a surgir quienes los desafían. Darío Lopérfido se atrevió a cuestionar el número de 30.000 desaparecidos. Prácticamente fue puesto al nivel de un genocida y lo que fue peor es que Horacio Rodríguez Larreta no lo sostuvo y perdió su puesto de ministro. Simplemente por plantear un disenso con el pensamiento hegemónico, que para sus defensores la verdad muchas veces ni siquiera es un estorbo. En la Argentina no hay ningún documento ni testimonio objetivo que prueba que desaparecieron 30.000 personas. Ello no significa que sea menos grave, que los militares tengan una menor responsabilidad como perpetradores de la peor tragedia argentina. Siguen siendo delitos de lesa humanidad pero la magnitud es distinta y hay que decirlo 30.000 desaparecidos no es lo mismo que 7.000.

El otro que se animó a desafiar la corrección política fue el senador Miguel Angel Pichetto cuando puso en debate el tema de la inmigración. Rápidamente fue calificado de xenófobo y el INADI abrí varios procesos administrativos. ¿Por qué no se puede discutir la inmigración en la Argentina? ¿No tenemos derecho los que pagamos impuestos a opinar en dónde se gastan? Se podrá coincidir o no con Pichetto pero en ningún momento su planteo fue xenófobo. Pero el solo hecho de plantear una idea disonante es suficiente para callar al osado y transformarlo en una amenaza al orden establecido. Un disparate.

¿Estás de acuerdo con el fallo de la Corte Suprema que despenaliza el aborto en caso de violación?

EL DEBATE SOBRE EL ABORTO

La despenalización del aborto genera un debate interminable, en ocasiones poco serio debido a las posiciones extremas de los polemistas en uno y en otro sentido. Personalmente, no tengo una posición tomada sobre la raíz del tema y desde que el asunto empezó a interesarme creo tener claridad sólo sobre dos puntos. El resto, son sólo preguntas que como en una cadena se engarzan unas con otras.
Es más, aquellos que consideran que es necesaria la despenalización no terminan de definir los alcances que tendría. Me refiero a si el aborto se equipararía a un método anticonceptivo, aunque en realidad el término no sea del todo preciso porque la concepción ya se habría producido. La otra posibilidad en cuanto a despenalización podría ser la ampliación de las excepciones contempladas en el inciso 2° del artículo 86 del Código Penal. Allí, se establece que el médico que practique un aborto no es punible “si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente”. Desde mi punto de vista es una cláusula más que cuestionable. Es posible inferir, que el legislador haya contemplado esta excepción por considerar que una discapacitada mental no tiene herramientas suficientes como para defenderse. Si ésta fuera la razón, cabría preguntarse por qué la excepción no se extiende a todas las mujeres víctimas de una violación, sin importar su condición mental. La violación es, en la mayoría de los casos, un delito que para cometerlo el agresor necesita emplear la fuerza física para someter a su víctima. ¿Cuál es la diferencia entre mujeres violadas normales o con su capacidad mental disminuida? Al momento del sometimiento ninguna. Es más, incluso podría concluirse que en muchos casos, una mujer en uso de todas sus facultades sufriría mayores daños psicológicos; ya que tiene una comprensión cabal de la agresión que sufrió. ¿Por qué el Estado le obliga a engendrar el producto de su violación?
Un militante contra el aborto dirá que una vez que nazca esa criatura, indudablemente no querida, la madre podrá darlo en adopción y así beneficiar a aquellas parejas que no pueden tener hijos. Pero lo que no explican aquellos que sostienen esta postura, es el sufrimiento que deberá atravesar una mujer violada durante nueve meses de gestación, al que debe sumarse el padecimiento generado por la violación misma. No cabe suda que, en este sentido, la mayor parte del castigo pesa sobre los hombros de la víctima y no sobre los del victimario. Por esta razón soy partidario de ampliar la excepción citada a todas las mujeres violadas.
Uno de los argumentos más escuchados por aquellos que propician la despenalización del aborto, es la cantidad de muertes que se producen debido a su práctica clandestina. Por supuesto que las cifras varían, pero nadie podrá sostener que los casos son pocos. Sin embargo, el Estado dio respuesta a esta problemática cuando puso en vigencia la ley de Salud Reproductiva. Inteligentemente, atacó las causas siguiendo un razonamiento muy lógico que es impedir los embarazos no deseados poniendo métodos anticonceptivos al alcance de todos; que sin duda es la mejor manera de luchar contra las muertes de mujeres que abortan en la clandestinidad.

Martín Pittón