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MARIOTTO AL GOBIERNO, CRISTINA AL PODER

Mariotto

Es curioso pero sciolistas y mariotistas coinciden en que nadie quiere atentar contra la estabilidad del gobernador Daniel Scioli y que todos están poniendo la mejor de las voluntades para solucionar los problemas de los bonarenses. Claro, pero esto es sólo en público para guardar unas apariencias que cada vez son más difíciles de guardar. A esta altura es un minué que es poco creíble.

El fin de semana el vicegobernador Gabriel Mariotto, en una muestra de apoyo a Scioli, no encontró mejor manera de hacerlo que compararlo con Fernando De la Rúa; que para el imaginario popular es un sinónimo de ineficiencia en la gestión y de debilidad política. No parece un gesto de apoyo muy elocuente del vicegobernador. Horacio Verbitzky, desde su columna del oficialista Página 12, expresó que Scioli, para demostrar que es parte del proyecto nacional y popular que encarna Cristina Fernández de Kirchner, debe presentarse como candidato a diputado en el 2013. Ya no se trata de un candidatura testimonial, como fue el bochorno pergeñado por Néstor Kirchner porque ahora de lo que se trata es que Scioli ofrezca una muestra de lealtad sin condicionamientos, las únicas aceptadas por el cristinismo. Claro que para ello debe renunciar a la gobernación, cargo que ocupará Gabriel Mariotto. A esta altura nadie puede llamar a Julio Cobos destituyente o traidor sin querer caer en el ridículo.

AVANTI MOROCHA

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phoca_thumb_l_cristina-28121102Hace una semana el país se paralizó cuando el vocero presidencial comunicó que Cristina Fernández de Kirchner padecía un cáncer de tiroides, debía ser operada y se tomaba licencia por veinte días dejando al vice presidente Amado Boudou a cargo del Poder Ejecutivo; tal como manda el artículo 88 de la Constitución Nacional.
La infinidad de los médicos entrevistados por los medios coincidieron en que las perspectivas son de las mejores y que el cuadro de la Presidenta no reviste preocupación. Así, despejada la cuestión desde el punto de vista médico, queda por analizar las consecuencias políticas de la enfermedad de CFK.
Cristina Fernández de Kirchner sufrió un profundo cambio de su imagen desde la muerte de Néstor Kirchner. El luto se convirtió en permanente, los quiebres en su voz al recordar a su marido y compañero de militancia en un clásico y mientras el aparato comunicacional y mediático del gobierno laboriosamente construía el mito Néstor Kirchner paralelamente se moldeaba a la Cristina abnegada, viuda, fuerte y sacrificada; que es capaz de pedir ayuda para gobernar porque sola no puede aunque las decisiones de su gestión se tomen con puño de hierro.
El efecto luto como se lo ha llamado permitió que la gestión de la Presidenta trepara de un módico 30 por ciento de imagen positiva hasta un inalcanzable 70 en pocos días. Es cierto que no fue el único factor que le permitió alzarse con la reelección con el 54 por ciento, pero no cabe duda que constituyó una sólida plataforma de lanzamiento de campaña.
Terminada la operación comienza la etapa de la recuperación y a los atributos que acuñaron a la mujer abnegada y sacrificada, se sumará el de la viuda que venció al cáncer; una enfermedad que sólo con mencionarla produce temor. Es probable que la primera consecuencia sea una retroalimentación de la luna de miel, una falta de cuestionamientos a las decisiones que tome una persona que se recupera de una feroz enfermedad. En este sentido, los conflictos, por ejemplo, con Hugo Moyano experimentarán una descompresión, especialmente del lado del líder cegetista, que se ha convertido en el adversario más fuerte del gobierno. Será una tregua que no estaba en los planes de nadie. Algo similar ocurrirá con las consecuencias de la quita de los subsidios e incluso con las tenues críticas de los líderes de la oposición. Al fin y al cabo no es de buen gusto criticar a una persona convaleciente. El aparato comunicacional del gobierno, oficial y para oficial, se encargará de fortalecer la construcción de la mujer sacrificada pero fuerte que ni siquiera los quebrantos de la salud la hacen retroceder. La madre que se entrega a sus hijos en cuerpo y alma, el pueblo argentino claro. En este sentido no sería raro que su índice de popularidad creciera, algo más que oportuno cuando la Argentina ha comenzado a transitar los primeros pasos de un ajuste que deja atrás la idea de un soft landing de la economía.
Los vestidos negros de la Presidenta a partir de ahora no sólo simbolizarán el luto permanente, una similitud con la Reina Victoria cuando falleció su marido el Príncipe Alberto. El negro será, además, el símbolo de la abnegación y de la fortaleza de la mujer que se quedó sola, que superó la pérdida de su compañero de militancia y que ahora venció a una de las terribles enfermedades. El negro brillará más que nunca y Cristina conseguirá lo que no pudo Evita.
Veinte días gobernará formalmente Amado Boudou, pero ya se sabe que no tomará decisiones de trascendencia. Será Cristina la que gobierne desde su cama y el vice, si en algún momento pensó que este interregno permitiría una suerte de relanzamiento político luego de la penitencia a la que fue condenado, se equivocó y ello ya se lo hicieron saber. Buscaré ganarse definitivamente la confianza de la Presidenta y de su círculo íntimo y pondrá todas sus energías en desterrar cualquier idea que pueda relacionarlo con Julio Cobos.
Cristina Fernández de Kirchner saldrá políticamente fortalecida de su operación, gozará de un nuevo periodo sin cuestionamientos que le permitirá tener una mayor margen de maniobra. Avanti Morocha volverá a sonar y la épica del mito se fortalecerá.

CAMBIO DE GABINETE: LO NUEVO DE LO VIEJO

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abal medinaFinalmemte, Cristina Fernández de Kirchner develó el misterio sobre el gabinete con el que iniciará su último mandato presidencial. En realidad es un misterio que menor significado política que con otras administraciones porque, como se sabe, salvo por algunos ministerios clave, el resto del gabinete no tiene un importante peso político dentro de la forma de gobernar que tiene el kirchnerismo.

Sin lugar a dudas la principal novedad fue la decisión de la Presidenta de nombrar como Jefe de Gabinete, en reemplazo de Aníbal Fernández, a Juan Manuel Abal Medina; quien se venía desempañenando como Secretario de Comunicación. Una posición clave dentro del gobierno porque era el encargado de distribuir la millonaria pauta oficial, que el kirchnerismo ha utilizado como una eficaz herramienta –en muchos casos- para construir el relato oficial a través de los medios oficiales pero también utilizando el sistema de medios para oficiales que se nutren de la publidad estatal como pirncipal fuente de financiamiento. En este marco, no cabe duda que Abal Medina es una persona de extrema confiaza de Cristina Fernández de Kirchner, que es lo que la Presidenta privilegió a la hora de designarlo en el puesto más poderoso que tiene Poder Ejecutivo después del de presidente. Además, el ascenso de Abal Madina también marca la ratificación de la alianza de Fernádez de Kirchner con la juventud, que es una de las improntas que la Presidenta le quiere dar a lo que se ha dado en llamar el “cristinismo”. Pero hay otros elementos que la Presidenta debe haber tenido en cuenta para que su decisión recaiga sobre el hasta ahora Secretario de Medios. Es un cuadro totalmente disciplinado que suele decir que el gobierno “no debate ni discute”. Un soldado, sin estructura propia y con el perfil muy bajo, en contraste –por ejemplo- con Amado Boudou y con el flamante Senador Aníbal Fernández. En este sentido, es difícil pensar que Abal Medina le imprima al cargo la impronta tan combativa desde lo discursivo y a veces casi pendeciera que fue casi un sello distintivo del Jefe de Gabinete saliente. Es de imaginar que Abal Medina tenga un perfil más bajo pero mucho más ideologizado, más refinado en las formas pero mucho más combativo desde los argumentos de fondo, especialmente con aquellos que tienen que ver con la profundización del modelo. Al fin y al cabo Aníbal siempre fue peronista y del Conurbano para más datos, una verdadera marca registrada que implica todo un estilo de hacer política. Abal Medina no es peronista, militó en el Frente Grande y llegó al gobierno de la mano de Alberto Fernández, pero se quedó luego de la salida de éste. No se manchó en el barro del Conurbano bonaerense y tienen una marcada formación técnica. No es ilógica pensar que su designación implique profundización del modelo nacional y popular desde la gestión y una desperonización de Cristina, un viejo anhelo de la muchachada de La Cámpora que está convencida que la vieja estructura del PJ es anacrónica y hace mucho dejó de ser una maquinaria electoral efectiva.

Por spuesto que con el ascenso de Abal Medina se diluyeron las aspiraciones de Florencio Randazzo, que había dejado trascender a través de sus operadores que aspiraba a ocupar la Jefatura de Gabinete, y en cambio seguirá al frente del Ministerio del Interior. Randazzo tiene un perfil muy distinto al del flamente Jefe de Gabinete: es peronista, tiene una buena relación con los barones del Conurbano, cuenta con una estructura propia en la Provincia de Buenos Aires y aspira a ser gobernador. Si bien cuenta con el atributo de la juventud, muy apreciado por el kirchnerismo, su perfil no es el de un joven K sino que pertenece a esa estructura justicialista clásica que La Cámpora pretende desmonatr o en el mejor de los casos reconducir.

En un minimalista cambio de gabinete, la otra sorpresa fue la designación de Hernán Lorenzino como reemplazante de Amado Boudou en el Ministerio de Economía, quien hasta ahora se venía desempeñando como Secretario de Finanzas Públicas. Es una sorpresa porque siempre se dijo que Lorenzino era el candidato Boudou para que lo sucediera y, como se sabe, el electo vice presidente parece haber caído en desgracia dentro del kirchnerismo debido a su alto perfil, su oposición a las medidas que tomó el gobierno para controlar la fuga de capitales –ideadas básicamete por Mercedes Marcó del Pont- y la torpeza que cometió al querer ocuar de Néstor Kirchner frente a un grupo de intendentes de la Provincia de Buenos Aires. Expresiones que habrían llegado a oídos de Máximo Kirchner y habría decidio cortarles las alas. Pero el malestar con el saliente Ministro de Economía quedaron al descubierto cuando la Presidenta en un acto celebrado en Puerto Madero lo llamó “concheto”. Ese día, Amado Boudou sufrió en público el estilete de la Presidenta que ya lo había experimentado Daniel Scioli como vice y en mayor medida Julio Cobos. Es por ello que era logico esperar que las acciones de Lorenzino para reemplazar a Boudou habrían sufrido una dramática baja. Sin embargo, su nombramiento parece una victoria para el alicaído vice presidente electo, quien esperaba que Lorenzino lo sucediera para seguir teniendo influencia en Economía. Además, con el nombramiento de Lorenzino, Boudou le gana la pulseada a Mercedes Marcó del Pont, que también había sido mencionada para ocupar el cargo y en cambio se quedará al frente del Banco Central. Ahora, el paso de los días determinará si Boudou seguirá pesando o se dedicará a tocar la campanita del Senado como al parecer no pocos cristinistas quieren.

Hernán Lorenzino llegó al Ministerio de Economía de la mano de Carlos Fernández en el 2008 y llevó adelante las negociaciones con el Club de París, que muchos dicen que están prácticamente concluidas pero que hasta el momento no se han hecho anuncios al respecto, y la segunda operación de canje de deuda llevada adelante en el 2010 destinada a los holdouts que quedaron afuera de la primera reestructuración. En síntesis, Lorenzino estaba a cargo de implementar las políticas de lo que el gobierno ha dado en llamar desendeudamiento. Como Ministro de Economía, Lorenzino deberá diseñar la magnitud del ajuste que ha dado sus primeros pasos con el anuncio de la quita de subsidios, recuperar el superavit fiscal, cerrar las negociaciones con el Club de París, llegar a un acuerdo con los holdouts y, por supuesto, ocuparse en serio del combate a  la inflación. Una cuestión que hasta el momento el gobierno no ha dado señales, más allá de la mención que hizo Cristina Fernández de Kirchner durante la conferencia de la UIA. En suma, Lorenzino tiene por delante el trabajo de un verdadero cirujano, en un contexto económico interno y externo que desde la crisis del 2009 no es favorable.

En un cambio de gabinete, no sólo es importante analizar los hombres que llegan sino también los que se quedan porque en muchos casos tienen una relevancia política importante. Julio De Vido y Carlos Tomada son dos casos que conviene analizar. En primer lugar, es obvio que el primero no se convirtió en Jefe de Gabinete ni en Ministro de Economía, como se especuló durante varias semanas; ni el segundo se fue del gobierno como se había dicho que era su deseo después de estar ocho años al frente del Ministerio de Trabajo. Es muy probable que ambos permenezcan en el gobierno por razones bastante parecidas, son los dos ministros que tienen trato directo con la CGT y son dos funcionarios muy experimentados en la cuestión. De Vido, desde las elecciones, se ha convertido en la cara visible del operativo impulsado para desmontar los subsidios y reestructurar Aerolíneas Argentinas. En los anuncios opacó a Amado Boudou y a Mariano Recalde dejándolos en un segundo plano, quedando demostrado que la Presidenta lo elige cada vez que hay que tomar decisiones estratégicas. No cabe dudas que su peso político dentro del gobierno creció en los últimos tiempos después que en varias oportunidades se lo mencionaba con un pie afuera. Además, hoy es el interlocutor que tiene el gobierno con Hugo Moyano, tarea para la cual De Vido debe demostrar toda su capacidad negociadora para intentar descomprimir el cada vez más menos disimulado conflicto con el líder sindical. Por su parte, Carlos Tomada deberá llevar adelante las que tal vez sean las paritarias más complejas de la era kirchnerista. Sin los subsidios que impactará directamente sobre el bolsillo de los trabajadores, con una actualización salarial que el gobierno pretende que sea superior al 18 por ciento y con el mínimo no imponible pisado, Cristina Fernández optó por un funcionario que ya ha probado eficacia al frente de la cartera de Trabajo, pero al igual que De Vido, Tomada también deberá demostar su muñeca política y maniobrar sin colisionar con Hugo Moyano y sus aliados, cada vez más distanciados del gobierno y, por el momento, en un seguro rumbo de colisión.

Cristina Fernández de Kirchner retocó el gabinete. El nombramiento de Juan Manuel Abal Medina como Jefe de Gabinete implica emprimir la impronta del Cristinismo, en una estrcutra primigeniamente diseñada por Néstor Kirchner. Pero el mantenimiento de Julio De Vido y Carlos Tomada en sus cargos, refleja su decisión de seguir contando con dos funcionarios experimentados que deberán amortiguar el conflicto con la CGT y las consecuencias de un ajuste que ya se puso en marcha. La llegada de Lorenzino a lo más alto del Ministerio de Economía, más allá de la victoria de Amado Boudou, bien puede explicar el intento de la Presidenta que la Argentina cierre sus conflictos económicos internacionales todavía abiertos y vuelva al mercado de voluntario de crédito en un contexto mundial que no es para nada favorable.

El otro cambio es la llegada como Norberto Yahuar como reemplazante de Julian Dominguez al frente del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aimentación. No fue una sorpresa y tal vez haya sido el reemplazo más sabido y el que menos expectativas despertaba porque todo estaba parcaticamente claro desde un primer momento.

El resto del gabinete sigue igual, con ministros casi mudos –el caso más notorio es el de Héctor Timerman que por ahora sigue al frente de la Cancillería- y sin peso político porque si a alguien no le quedó claro; la que gobierna es Ella.

Es claro que Cristina Fernández de Kirchner quiso apostar a lo que conoce, a lo que ya sabe que le da buenos resultados porque los próximos cuatro años no serán de abundancia y lo que se viene es la adminsitración de la escasez.

“NO SOY UN PUSILANIME”

Ricardo-Alfonsin-18-04Ricardo Alfonsín quedó segundo en las elecciones y por supuesto el resultado no lo dejó para nada conforme ni a él, ni a la Unión Cívica Radical pero como sus oponentes dice que va a dar pelea. Insiste en que la crisis del 2001 está muy presente y en una sensación de mejoría económica que percibe la gente; para explicar el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner.

La Unión Cívica Radical ha decidido poner más énfasis en el segmento legislativo de la elección, porque es muy difícil descontar el margen de la Presidenta y van a tratar de equilibrar la cancha en la Cámara de Diputados. En este sentido hay una sensación que la candidatura de Alfonsín quedará un poco en soledad. Sin embargo, el mismo candidato considera que, después de la pelea presidencial, afirma que el segundo objetivo en importancia es tratar de incorporar la mayor cantidad de diputados posibles. 

Alfonsín defiende su alianza con Francisco De Narváez y sostiene que “no es un pusilánime” para tomar decisiones por temor a los oportunistas, en alusión que aquellos que lo criticaron luego del resultado del 14 como Federico Storani.  “Yo tomo las decisiones que creo que son las correctas”, explica el candidato dejando en claro que él lleva el timón de la candidatura.

Escuchá la entrevista completa a Ricardo Alfonsín en Contrapunto (FM Identidad 92.1)

“ES IMPOSIBLE UN ACUERDO DESPUES DE LAS PRIMARIAS”

binnerEl gobernador Hermes Binner es el candidato de la oposición que más posibilidades de crecer tiene en las elecciones octubre, las primarias lo ayudaron a tener el nivel de conocimiento a nivel país que no tenía.

Binner se muestra confiado y, a diferencia de sus adversarios de la oposición, no pretende transformar la elección presidencial en una parlamentaria: “Vamos a seguir en la misma línea”, declaró en Contrapunto por FM Identidad 92.1.

Reconoce que la economía explica en gran medida el triunfo de la Cristina Fernández de Kirchner, convalidando la línea de apoyo a los ejecutivos que estén ejerciendo las distintas administraciones, haciendo la salvedad del resultado que se produjo en Catamarca.

Binner sostiene que “es impensable un acuerdo entre la oposición después de las primarias porque la ley no lo permite” pero afirma que está dispuesto a dialogar.

Hermes Binner en Contrapunto

LA MADRE DE LA VICTORIA

cfkLa victoria de Cristina Fernández de Kirchner por el 50 por ciento de los votos es inapelable. Si el estreno de las primarias abiertas iba a determinar dónde estaba parado el oficialismo, queda claro que el resultado pone a la Presidenta a las puertas de la reelección y sumió a la oposición en un desconcierto de una magnitud que no estaba en sus cálculos. También se había vaticinado que la elección ayudaría a recortar acabadamente a un candidato de la oposición detrás del que presuntamente se encolumnaría el voto opositor. Sin embargo, esto no fue así porque no hay un claro segundo, sino que la contienda terminó en un empate técnico entre Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde y hasta Hermes Binner, que con apenas el 10 por ciento y cuarenta días de campaña se convirtió en la sorpresa. Es difícil que alguno de los tres pueda generar alguna sorpresa de cara al 23 de octubre, ya mostraron todo lo que tenían para ofrecer. Ricardo Alfonsín puso el apellido, el peso de un partido que, aunque más débil que en otras épocas, sigue en pie y una tenacidad envidiable. Por su parte, Eduardo Duhalde intentó mostrarse como un estadista alumbrado bajo el ala intelectual de Lula y con pergaminos de piloto de tormentas, pero que fue impotente para mantener cohesionado a ese colectivo bautizado como Peronismo Federal del que ya queda apenas un recuerdo.

Es evidente, a la vista de los resultados obtenidos por el oficialismo, que los guarismos obtenidos en la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba no fueron más que una primavera pasajera que a la postre la oposición no supo o no pudo capitalizar. Es claro que parte de los votantes de Mauricio Macri, Miguel Del Sel y José Manuel de la Sota se inclinaron por CFK; eso es claramente lo que explican los números.

Es probable que la raíz de los errores de la oposición se encuentre en la implosión de los dos polos que a principios de este año se calculaba que disputarían el poder: El Acuerdo Cívico y Social y el Peronismo Federal. Ambos grupos implosionaron y no cabe duda alguna que esta circunstancia favoreció al kirchnerismo.Atomizaron al electorado y los beneficios se los llevó el kirchnerismo. Claramente, ninguna expresión de la oposición es alternativa de poder en la actualidad.

Francisco De Narváez fue aplastado por Daniel Scioli, en parte por la fractura de la tríada que en el 2009 integró con Felipe Solá y Mauricio Macri; pero también porque su alianza con Ricardo Alfonsín fue percibida por el electorado bonaerense como un matrimonio contra natura y por eso se registraron en varias mesas votos a Duhalde y a él.

La elección volvió a marcar una tendencia que ya está consolidada y es el voto en favor de la continuidad de los oficialismos, fenómeno que hasta ahora sólo dejó de verificarse en Catamarca y en el partido de Vicente López donde sorpresivamente se impuso Jorge Macri por seis puntos al Japonés García, que ocupa la intendencia desde hace 24 años.

Pero sin lugar a dudas sería injusto explicar la victoria de Cristina Fernández de Kirchner a causa de la torpeza de la oposición de vertebrar una propuesta tentadora hacia los votantes. Al igual que parte del triunfo de Mauricio Macri se explica a través de la aprobación de su gestión al frente de la Ciudad de Buenos Aires, también es razonable inferir que ésta ha sido una razón de peso en los más de diez millones de votos cosechados por el kirchnerismo.

Sí, una vez más fue la economía estúpido. El consumo que disimula en parte los efectos de la inflación, pero también los acuerdos paritarios que les permite a los empleados en blanco tener un salario que por el momento mantiene su poder adquisitivo. La asignación universal por hijo, que a pesar de no ser universal y de haber salido por decreto, no puede negarse que redundó en una importante mejora en la calidad de vida de muchos argentinos de los niveles socioeconómicos más bajos. El campo que, a pesar de sus críticas cada vez de menor intensidad, tiene una rentabilidad más importante que en el 2009; lo que se verifica con los resultados en ciudades como Pergamino, Rauch, Tres Arroyos, San Pedro, Gualeguaychú y el interior de la Provincia de Santa Fe, Córdoba  y Buenos Aires. En todos se impuso el oficialismo cumpliéndose el vaticinio de un encuestador que meses atrás pronosticó que el voto del campo se inclinaría por el oficialismo porque “la plata la pesan”. La oposición contaba con esas voluntades, pero ese fue el escenario del 2009 y dos años después todo había cambiado. Los autos y los plasmas también ayudaron a parte de la clase media a apoyar la continuidad, apuntalada por la falta de una propuesta superadora alumbrada por la oposición; tal vez ésta sea la explicación de por qué en trece de las quince comunes de la Ciudad de Buenos Aires, donde semanas atrás arrasó Macri ahora se impuso Cristina Fernández.

No quedan dudas que la victoria pertenece a la Presidenta, ella es la responsable de un triunfo sin atenuantes. Se animó a desperonizar en parte al peronismo con La Cámpora, a ignorar a la CGT y su mandamás Hugo Moyano y a imponerle las listas a los barones del Conurbano que protestaron pero a pesar de los vaticinios ninguno sacó los pies del plato; salvo por el intendente de Malvinas Argentinas que explícitamente se pasó a las filas del duhaldismo.

El resultado electoral también dejó otra conclusión, a la sociedad argentina no le interesan la corrupción. Ninguno de los escándalos más resonantes, como puede ser el caso que tiene como protagonista a Hebe de Bonafini y a Sergio Schoklender, le ha quitado un voto al oficialismo. En este sentido el kirchnerismo se muestra blindado y el escándalo sólo anida en pequeños sectores de la sociedad. Es una mala señal que emite la sociedad argentina, que en un punto parece cambiar dignidad por algo de confort. En este sentido, una vez más como en tantas otras ocasiones, parece imponerse el roban pero hacen.

La oposición, frente al categórico resultado de la elección, quedó shokeada y realinea su estrategia en estos setenta días en reforzar el segmento legislativo de la elección. El diputado radical Ricardo Gil Lavedra declaró en Contrapunto que si la tendencia se mantiene, el oficialismo está a las puertas de conformar un poder hegemónico y por eso el partido hará campaña para no perder espacios en el Congreso. En las filas del duhaldismo también se preparan cambios, aunque todavía se mantienen bastante reservados.

Cristina Fernández triunfó con su propia receta, la victoria le pertenece a ella sola. Ahora, sólo necesita flotar hasta el 23 de octubre, su campaña tiene que ser la no campaña y la primera vuelta de la elección presidencial no le deparará demasiadas sorpresas. Su negocio ahora es el status quo.