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BRASIL JUEGA OTRO PARTIDO

dilmaEn la Argentina una nueva fiebre recorre el país, la “liberación” de los yacimientos petroleros en pos de conseguir la soberanía energética que la política del kirchnerismo paradójicamente hizo claudicar. YPF se ha convertido en el paradigma a desarticular, luego que la compañía fuera “argentinazada” de la mano de Néstor Kirchner que de la noche a la mañana convirtió en petroleros a la familia Eskenazi. Un milagro del capitalismo de amigos.
Los gobernadores de las provincias petroleras se han lanzado a quitar concesiones a diestra y siniestra, como si fueran los míticos revolucionarios cubanos que bajan de la Sierra Maestra. Cada reversión, palabra que pusieron de moda, se ha convertido en un acto político de liberación. En esta alocada carrera el gobernador de la Provincia de Neuquén, le quitó la concesión a Petrobras de un área llamada Veta Escondida.
La decisión cayó muy mal en Brasil porque afirman que el gobierno fue tomado por sorpresa. “La gente se entera por los diarios y esto desde el punto de vista diplomático cae muy mal” explica el analista Gustavo Segré y añade que lo que más le llamó la atención a los brasileños fue “la forma informal en retirar la concesión a una empresa que es importante tanto para la Argentina como para Brasil”.
En Brasil sostienen que nunca recibieron una advertencia sobre la decisión que tomaría el gobierno de Neuquén, que basó la quita de la concesión en falta de las inversiones comprometidas. En un comunicado emitido por Petrobras, se afirma que la empresa invirtió U$S 10 millones en los últimos tres años. Además, lo que menos comprenden es que a principios de marzo, Cristina Fernández de Kirchner se reunió en Buenos Aires con el Ministro de Minas y Energía, Edison Lobao, y lo instó a que Brasil aumentara sus inversiones en petróleo en la Argentina. Evidentemente, se trata de otra muestra de coherencia del kirchnerismo, que da señales en un sentido que son más tarde desmentidas por sus propios hechos.
“Me sorprendió la noticia. No lo esperaba. Tenemos relaciones de lo más positivas con la Argentina y estábamos evaluando las oportunidades futuras para permanecer en el país”, señaló la presidenta de la Petrobras, Maria das Graças Foste, una íntima amiga de Dilma Rousseff que entro a la empresa como cadete a los dieciocho años.
Cuando los brasileños pidieron explicaciones, el gobierno argentino explicó que la decisión la había tomado la administración neuquina y que ellos no tenían nada que ver. Un argumento difícil de creer cuando se conoce apenas un poco de la política argentina; que no se caracteriza por el federalismo de las decisiones de las provincias. Además, no hay que dejar de lado que el gobernador Jorge Sapag es un gobernador aliado al kirchnerismo.
El lunes los directivos de la petrolera brasileña llegarán a Buenos Aires para reunirse con Julio De Vido y negociar lo que ellos consideran un incumplimiento unilateral del contrato. De Vido estará acompañado por el Ministro de Hidrocarburos de Neuquén Guillermo Coco.
La decisión de rescindir la concesión de Petrobras llega en un momento inoportuno, porque la Argentina y Brasil están discutiendo las restricciones a las importaciones, que ya generaron roces entre ambos países. “La Argentina está haciendo las cosas de una manera muy improvisada”, afirma Segré. Sin embargo, el analista explica que lo más preocupante es que Brasil “no está hablando de la Argentina y eso asusta. Hay un silencio de radio terrible. El foco de Brasil dejó de estar en la Argentina, es como si se dijera no perdamos más tiempo dejemos de insistir con algo que ya no tiene sentido. Hoy el foco en Brasil está puesto en el encuentro que Dilma va a tener con Obama la semana que viene ”.
A nivel internacional Brasil y la Argentina parecen ir por rumbos bien distintos. Mientras el gobierno de Dilma Rousseff, que tiene una imagen positiva del 77%, busca que su país cada vez tenga una mayor inserción internacional, en la Argentina Guillermo Moreno subió a un grupo de empresarios a un charter rumbo a Angola con resultados hasta ahora inciertos. Hay una diferencia abismal.
Un indicio acerca del clima que existe en Brasil sobre la Argentina, lo puede dar el diario O’Globo que publicó un duro artículo titulado El Creciente Aislamiento de la Argentina: “Lo que le importa ala Casa Rosada es disimular las dificultades económicas y políticas en la retórica de la trama de “enemigos extranjeros”, denunciando la supuesta amenaza de la “militarización del Atlántico Sur” – porque el Reino Unido decidió enviar un destructor a las aguas adyacentes a las Islas Malvinas – y despotricar sobre la necesidad de restaurar la soberanía nacional de energía”. El diario brasileño termina su análisis afirmando que “aunque la economía crece, el país sufre de déficit energético crónico, con las distorsiones causadas por la composición de los índices como la inflación y empiezo a tener problemas de escasez. La Casa Rosada prefiere para enmascarar los problemas detrás del discurso nacionalista y puede conducir la Argentina a un aislamiento miserable, cuyo mayor riesgo es el de transformar a la nación en un paria internacional”.
La visión de O’Globo es compartida por muchos argentinos porque desde hace años, el kirchnerismo ha puesto en práctica una política de aislamiento internacional del país que se ha acentuado en estos primeros meses del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner. Brasil juega otro partido, uno que la Argentina decidió no jugar.

LAS MALVINAS SON INGLESAS

800px-Flag_of_the_Falkland_Islands.svg(22/01/12) El gobierno argentino se anotó un triunfo con su estrategia de convencer a los países del Mercosur de no aceptar barcos que enarbolen la bandera de las Falklands Islands. Fue el primer triunfo político práctico en la cuestión Malvinas en mucho tiempo, más allá de la declaración anual del Comité de Descolonización de la Naciones Unidas que insta a argentinos y británicos a discutir la soberanía. Es un ejercicio declarativo necesario pero sin efectos prácticos, ya que los países centrales ignoran permanentemente cualquier declaración del organismo internacional cada vez que no está en sintonía con sus intereses.

Sin embargo, la estrategia del gobierno argentino tiene un efecto práctico que a primera vista podría interpretarse sólo como un simbolismo pero que no es así. El gobierno argentino consiguió que las Malvinas sean inglesas y, aunque parezca paradójico, es una gran noticia porque significa un certero golpe al principal eje argumentativo de los ingleses para negarse a hablar de soberanía y es la autodeterminación de los isleños. Cosa que la Argentina siempre se ha negado y sistemáticamente ha insistido que en la mesa de negociación sólo se sentará con los ingleses. Ahora, los países del Mercosur siguen el mismo camino obligando a los barcos a izar la Union Jack, que en definitiva implica no reconocer a las Falklands como tales y mucho menos a los isleños como un pueblo distinto al británico.

Al principio el gobierno inglés prácticamente se lo tomó como una broma y su Canciller declaró que sencillamente los barcos cambiarían su bandera, restándole importancia a la decisión de los países del Mercosur. Sin embargo, cuando un barco proveniente de Malvinas quiso atracar en el puerto de Montevideo y no se le permitió la entrada por llevar izada la bandera kelper, los ingleses se dieron cuenta que la cuestión era más seria de lo que ellos habían presumido. A partir de ese momento empezó la escalada de declaraciones británicas, que llevaron al Primer Ministro David Cameron a acusar a la Argentina de colonialista. Sin lugar a dudas, una muestra del mejor y más refinado humor inglés. Desafortunadamente, los funcionarios argentinos como el presidente en ejercicio Amado Boudou y Florencio Randazzo le contestaron haciendo gala del patrioterismo escolar argentino que siempre ha sido una herramienta ineficaz a la hora de la diplomacia. Las declaraciones de Cameron, probablemente más destinadas al consumo interno británico que otra cosa, debieron ser contestadas con el leguaje de la diplomacia y no con el que se usa en la mesa de un bar. Por eso, los funcionarios argentinos tienen que bajar un cambio y en todo caso dejar que el Canciller Héctor Timerman, quien hasta el momento viene demostrando una sobriedad atípica, sea el que haga las declaraciones sobre el tema. En un reportaje publicado por Página 12, Timerman explicó la estrategia argentina de esta manera: “La Argentina no busca organizar un bloqueo a las islas. Sólo quiere contrarrestar el interés británico con un hecho jurídico que se opone a una medida de facto. Si ante la medida de facto, que es un barco atracando en un puerto del Mercosur con bandera de las islas, ningún país dice nada, quiere decir que está reconociendo la juridicidad de ese hecho. Por eso era tan importante que no se aceptara la llegada de barcos con esa bandera. Le hemos quebrado al Reino Unido una estrategia de hechos consumados. Las banderas no son trapitos. Si al aceptar un pasaporte se reconoce la entidad de otro país, ¿cómo no va a ser importante una bandera? Vencimos la estrategia inglesa y fue una gran victoria argentina. Esta victoria fue la que motivó la reacción intempestiva de Cameron”.

Los dichos del Canciller argentino ponen de manifiesto una estrategia inteligente y la Argentina tiene que recorrer ese camino y dejar de lado el patrioterismo de tablón. Si Cameron utiliza Malvinas para disimular sus problemas políticos, la Argentino tiene que hacer lo opuesto y que Malvinas sea una causa de consumo externo porque es allí donde el país va a conseguir mayores logros.

Sí, las Malvinas son inglesas y eso es una buena noticia.