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“SCIOLI SERIA UN BUEN CANDIDATO”

alberto-fernandez La declaración del título de esta nota pertenece al ex Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que completa su análisis asegurando que “él dice dice que quiere seguir en la Provincia”. En un extensa entrevista en Contrapunto, Fernández aseguró que en el incidente que protagonizó Néstor Kirchner con Daniel Scioli la semana pasada “el resultado no fue bueno para Néstor. Es muy poco feliz. Por suerte Scioli se calló la boca”. Y agrega en defensa del gobernador: “Pocos tipos han sido sido tan consecuentes como Scioli acompañando a Kirchner”. Se refiere a las listas colectoras, la idea pergeñada en Olivos para las últimas elecciones.

En un tono moderado, más cercano al analista que al político de estos tiempos, Fernández sostiene que “la clase media no es un grupo de xenófobos que rechaza a los morochos como dice la Presidenta”, y no duda en afirmar que el gobierno “minimiza la demanda de la clase media demostrando la ajenidad que tiene con las demandas de la sociedad”.

“La Argentina tiene una economía en riesgo latente que se llama inflación y nadie se está ocupando seriamente del tema”, explica el ex hombre de confianza del matrimonio presidencial.

La entrevista completa a Alberto Fernández en Contrapunto por FM Identidad, donde habla de todos los temas desde la la crisis institucional de Santa Cruz hasta Papel Prensa.

LA OPOSICION TAMBIEN DEBE DOBLAR LA APUESTA

Kirchner01(1) Los principales dirigentes de la oposición de forma coordinada han establecido que el proyecto del gobierno para regular la fabricación, venta y distribución del papel para diarios termine en algún cajón del Congreso durmiendo el sueño de los justos. Desde el radicalismo hasta la Coalición Cívica, pasando por el PRO y el Peronismo Federal; prácticamente todos han salido a resistir la nueva ofensiva del gobierno aduciendo que el tema no pertenece de la agenda parlamentaria. Que es un tema que no forma parte de las principales preocupaciones que tiene la sociedad, donde como se sabe, ese ranking está encabezado por la seguridad y la inflación que cada vez más afecta el bolsillo de los trabajadores.

El diagnóstico que ensaya la oposición es cierto. El tema de Papel Prensa es percibido como un round más en la guerra entre el gobierno y el Grupo Clarín. No parece ser que el kirchnerismo esté blandiendo una bandera noble, en todo caso está utilizando a los derechos humanos como parte de su estrategia de acumulación de poder. Entre los dirigentes opositores se percibe al proyecto como una estratagema más del kirchnerismo con el objetivo de disciplinar a los diarios críticos y en especial a Clarín. Es difícil discutir el argumento cuando la idea proviene de las mismas mentes que destruyeron el INDEC, distribuyen la pauta oficial con arbitrariedad y hasta idearon la conformación de un multimedios oficialista para contrarrestar el peso del Grupo Clarín. Todos emprendimientos que fracasaron y por eso ahora Néstor Kirchner decidió, como lo hizo Juan Domingo Perón, regular el flujo de papel para, en definitiva, restringir el acceso de la sociedad a la información.

El proyecto es abiertamente inconstitucional porque viola las derechos y garantías de la Constitución y de los tratados de Derechos Humanos. La oposición también lo ha dicho y, desde luego, tiene razón. Sin lugar a dudas es la jugada más osada y grave que pretende impulsar el kirchnerismo desde el 2003. Es un avance descarado y anacrónico contra los derechos de la sociedad a informarse, a elegir a través de quién quiere hacerlo pero también una limitación a publicar las ideas a través de la prensa; uno de los derechos más arraigados en la Argentina que siempre estuvo presente en los textos constitucionales y en los ensayos que hubo antes de 1853.

Sin embargo, la oposición se equivoca si piensa no tratar el tema en el recinto de la Cámara de Diputados o se enreda en las chicanas que le va a plantear el oficialismo. Es cierto que la sociedad no está interesada por la cuestión y que ni siquiera los editores de los diarios habían planteado la necesidad de un marco regulatorio del papel para diarios, sencillamente porque hoy en el mundo sobra el papel y su importación tiene arancel cero. No hay restricciones, no hay escasez y por lo tanto no hay peligro; por lo que la intención del gobierno de regular la libertad de expresión ni siquiera puede ser disimulada con el informe presentado el martes en la Casa de Gobierno. Y, justamente, allí es donde reside la gravedad institucional de la senda que ha comenzado a transitar el gobierno que lo pone en una peligrosa cercanía con el autoritarismo. Se equivoca la oposición cuando dice que hay temas más importantes, éste es el tema central porque avanza en un campo donde la democracia debe operar como el límite natural. Y el ejercicio de ese límite está en manos del Poder Legislativo, aunque siempre existe la Corte Suprema es la instancia de última ratio.

El Congreso debe tratar el proyecto del gobierno y rechazarlo para enviar un mensaje político al oficialismo con tal contundencia que entienda que aun en la acumulación de poder existen los límites. Permitir que el proyecto pierda su estado parlamentario arrumbado en algún cajón implica esquivar un momento político, que por obra del oficialismo, requiere de posiciones indubitables.

El kirchnerismo empezó una vez más a radicalizarse en el marco del inicio del proceso electoral, y en este escenario, Néstor Kirchner no tiene intenciones de mostrarse como el líder de una era política que acusa síntomas de debilidad y de desgaste. Kirchner no sólo buscar mantener y acrecentar su poder, también sabe que debe mandar mensajes hacia la fracción del peronismo que le responde donde no haya dudas que el jefe sigue siendo él. Los destinatarios son los gobernadores e intendentes, principalmente del Gran Buenos Aires, que no puede permitir que hagan demostraciones de independencia. Como se sabe, la lealtad en el peronismo tiene plazo fijo y siempre está relacionada con la cuota de poder que conserve el líder. Por eso, Kirchner no puede darse el lujo de ser percibido con síntomas de debilidad y muchas de sus decisiones van en este sentido.

El gobierno ha puesto, una vez más, a la Argentina al borde de la crispación y Kirchner no dudará en doblar la apuesta si se anoticia que la reacción de la oposición es confusa y evasiva. Es cierto, la regulación del papel para diario no está en la agenda de la sociedad porque son de esos temas pergeñados en la Quinta de Olivos, que parecen muy alejados de la vida diaria de los ciudadanos comunes. Sin embargo, si la oposición quiere gobernar e inaugurar la era post kirchnerista debe entender que a veces los temas importantes no figuran en la agenda del gran público hasta que es muy tarde. “Lo que sucede es que no es una tema de opinión pública”, explica un encuestador analizando la estrategia de la oposición. Tiene razón, pero entonces la oposición lo tiene que convertir en uno.

El arco opositor debe dar el debate y rechazar el proyecto, porque la finalidad no es la regulación del papel para diarios, el verdadero objetivo es restringir la libertad de expresión.

DE ESO NO SE HABLA

AAG_3025 La Presidenta utilizó 72 minutos por cadena nacional para exponer el caso Papel Prensa. Cerca de una hora y media para presentar un informe confeccionado por los funcionarios que se abocaron con precisión a destruir la credibilidad del INDEC y privarnos a todos de estadísticas confiables. Siguiendo al pie de la letra la liturgia kirchnerista, el acto se presentó como un evento de características épicas con connotaciones fundacionales. El tono de la Cristina Fernández fue el de siempre, por momentos soberbio, burlón y descalificante; el estilo K en toda su expresión más allá de las equivocaciones y los furcios que muchos medios destacaron pero que no es un tema importante.

Descubrir la verdad está bien y siempre es un objetivo encomiable, pero eso no es lo que persigue. El verdadero objetivo es moldear el pasado para hacerlo funcional a intereses coyunturales, algo que raya lo perverso, en especial cuando ese pasado es trágico y está sembrado de muertos.

Nunca la Presidenta usó la cadena nacional para hablar del hambre en la Argentina, un país que produce alimentos para satisfacer las necesidades de 300 millones de personas pero que no es capaz de alimentar a 40. Tampoco la Presidenta se dedicó ni media hora para referirse a la inflación, y las contadas ocasiones que hizo alusión al tema, fue para defender la intervención de facto del INDEC y avalar las cifras de ese organismo. Pero jamás explicó por qué si la inflación es de un dígito los sindicatos cierran en paritarias incrementos salariales del 25% en promedio. No se trata de sindicatos contrarios al gobierno, son las organizaciones que dirige Hugo Moyano, uno de los principales aliados del gobierno y que esta semana fue entronizado como presidente del justicialismo de la Provincia de Buenos Aires.

La Presidenta prefiere dedicar su valioso tiempo a hablar de Papel Prensa mientras los precios siguen aumentando. Tampoco nunca dedicó una cadena nacional para explicar sus visión y sus planes para combatir la inseguridad, otro de los temas tabú que el gobierno prefiere evadir. En muy pocas ocasiones la Presidenta tuvo alguna palabra de contención hacia los familiares de las víctimas, sencillamente porque para el gobierno no es un problema, sólo se trata de una sensación amplificada por los medios. Entonces las víctimas no existen y si existen es preferible ignorarlas. La Presidenta no habla de estos temas que son de preocupación diaria de todos  los argentinos, no los reconoce y por lo tanto no los soluciona. Ella prefiere dedicarse a otra agenda, relacionada con sus intereses y los de su marido; mientras el pueblo mira desde el lado de afuera como el gobierno se aleja día a día de la realidad.

La señora Presidenta tampoco usó la cadena nacional para explicar cómo su fortuna personal y la de su marido aumentó exponencialmente desde que comparten el poder como si fuera un bien ganancial. Debió haberlo hecho porque a pesar de haber sido exonerados por un juez tan cuestionado como Norberto Oyarbide, siendo la persona más importante de la Argentina tiene la obligación de explicar por qué es cada vez más rica. A Cristina Kirchner, que cada día parece estar más ajena a los problemas de los argentinos y las argentinas, eso no le preocupa. Ella no le da explicaciones a nadie y tal vez hasta se ofenda por estos cuestionamientos. Convengamos que es una visión por cierto sumamente particular del progresismo, a través de la cual el derrame de la riqueza de un país engrosa los bolsillos de sus gobernantes.

No sólo se enriqueció la pareja presidencial en estos años, también se beneficiaron con el modelo dos de sus secretarios que poseen suntuosas residencias en el sur, funcionarios, familiares y los empresarios amigos del poder. De eso la Presidenta no habla, ni tampoco lo hacen los defensores que la rodean, verdaderos profetas de la nada; siempre solícitos a descalificar, ningunear y agredir.

No es un pecado ser rico, lo que es poderosamente llamativo es que alguien se haga mucho más rico a partir de su llegada al poder. Pero Cristina Kirchner prefiere dedicar su tiempo a Papel Prensa y a Héctor Magnetto; que ahora es el enemigo público número uno del gobierno pero desde el 2003 y hasta el 2006 fue uno de los aliados del poder.

No está mal tener presente el pasado porque eso evita volver a cometer los mismos errores, pero lo que no se puede admitir es la tergiversación de ese pasado con el único propósito de ponerlo en función de los intereses personales de unos pocos.

En el acto del martes el gobierno pareció querer ocupar el lugar de los jueces, algo similar con lo que ocurre en el caso Fibertel. Así, el gobierno investiga, acusa y parece que ahora también sentencia. Nadie puede poner en tela de juicio la legitimidad de origen de Cristina Fernández de Kirchner. Nadie puede poner en duda que ganó la presidencia por una diferencia holgada, pero ello no la habilita a arrogarse la facultad de reemplazar a los jueces; porque es el punto de inflexión en que un gobierno deja de ser democrático para convertirse en autoritario. Y, desafortunadamente, este gobierno poco a poco va adquiriendo rasgos en este sentido.

El matrimonio presidencial parece entender que la fuerza de los votos actúa como un bill de indemnidad que los faculta a reinar sin respetar límites. Es peligroso pero los Kirchner parecen  haber comenzado a transitar ese camino, que no es otro que el del autoritarismo. ¿Cuál será el próximo movimiento? ¿Qué sorpresa nos tiene deparada Néstor Kirchner? ¿Qué se estará planificando en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos? ¿Quién será el próximo blanco? No son preguntas antojadizas, surgen del pasado reciente y de la manera en que actúa el gobierno.

El intento de controlar a los medios no es una novedad en el gobierno, pero se exacerbó desde el resultado de las últimas elecciones porque Néstor Kirchner está convencido que a ellos se debió su derrota. Por eso, al principio de su mandato trató de seducirlos, objetivo que consiguió durante algún tiempo, después utilizó la publicidad oficial para premiar y castigar; método aún vigente. Intentó formar un multimedios con fachada privada para que operara de contrapeso a los medios independientes, pero nadie los lee porque la gente no es tan crédula como el gobierno sostiene. Tampoco resultó, entonces ahora decidió directamente destruir a la prensa independiente para uniformar el relato y que el discurso sea un monólogo sin fisuras. Desafortunadamente, todo hace presagiar que se vienen tiempos peores.

La gente ve como el sueldo se lo come la inflación, es presa de una delincuencia cada vez más violenta y en muchos casos no tiene sus necesidades básicas cubiertas. Pero la Presidenta no tiene tiempo para esos temas, está dedicada a cuestiones más importantes como Papel Prensa. De eso no se habla.

PAPEL PRENSA: EL SHOW DE LA TRAGEDIA

VHB_9999 El gobierno con la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner a la cabeza montó un show alrededor de Papel Prensa. La liturgia kirchnerista se cumplió a la perfección, salvo por aquellos que esquivaron la invitación para no sentirse cómplices de una construcción parida por la imaginación del gobierno. El matrimonio presidencial decidió banalizar los derechos humanos, una bandera que –en un principio había izado con nobleza- pero que termina arriando de la peor manera. Quedó al descubierto que el matrimonio presidencial no se detiene ante nada, ni siquiera el respeto por los derechos humanos es un límite y que la tragedia de la ápoca más oscura de la Argentina se puede moldear al gusto de ellos.

El gobierno montó una mentira, no hay otra manera de decirlo. El caso de Papel Prensa no tiene por objetivo combatir una posición dominante o que los accionistas privados, los diarios Clarín y La Nación, actúen en desmedro de su competencia. La puesta en escena del gobierno tiene en miras controlar la venta y distribución de papel para asestarle un nuevo golpe al Grupo Clarín, y controlando el principal insumo de los diarios controlar el flujo de información premiando a leales y castigando a los díscolos. El acto demuestra que el gobierno fracasó en la distribución arbitraria de la publicidad para conseguir medios y voces adictas y en la conformación de verdaderos multimedios financiados con dinero de todos los argentinos, para que reproduzcan el relato mediático que emerge desde la alcoba presidencial. Ambas estrategias no dieron resultado y entonces ahora directamente apunta a la columna vertebral de los principales diarios de la Argentina. Pero lo que se debe tener en cuenta es que son los “principales” diarios porque son los más leídos, eso sí lo entiende el kirchnerismo y entendió que la única manera de modificar esta situación es controlando la distribución de papel.

La solicitada publicada por Isidoro Graiver pone al descubierto la mentira y al mismo tiempo genera una situación paradójica: una de las supuestas víctimas dice que no lo es. “El precio que recibimos fue el mejor que pudimos obtener. Recuerdo que una nota del diario La Opinión de Jacobo Timerman destacó la conveniencia del precio que obtuvimos. La familia gozaba para esa fecha de total libertad para realizar la operación. Se percibieron los importes del caso en ese momento, y en los meses siguientes se cobraron las cuotas pactadas. Los adquirentes nos pagaron un saldo mediante consignación judicial y este dinero nos lo apropió la dictadura. En resumen: Los diarios adquirentes fueron en esta triste historia, terceros de buena fe que –en su medida– nos ayudaron a paliar en parte la situación de angustia económica por la que atravesábamos”, dice Graiver en su solicitada echando por tierra con tan solo siete líneas los 72 minutos empleados por la Presidenta en su representación.

El ex juez y actual diputado radical Ricardo Gil Lavedra declaró en Contrapunto por FM Identidad 92.1 que en las dos causas que a él le tocó sentenciar que involucraba a la familia Graiver, no hubo una sola mención acerca de alguna irregularidad por la venta de Papel Prensa. Nunca hasta la irrupción de los Kirchner se había mencionado la posibilidad que la operación se hubiera realizado bajo torturas como argumenta el gobierno en complicidad con las empresas periodísticas que adquirieron dichas acciones. Sin embargo, el gobierno construyó una ficción en la que falta que haya sido Héctor Magnetto personalmente quien haya torturado a Lidia Papaleo para que hacerse de su participación.

El gobierno saldrá a cazar traidores, que con su decisión de ausentarse se pusieron en ese sitio a los ojos del kirchnerismo. En este sentido, los empresarios de la UIA y AEA que semanas atrás se fotografiaron con Magnetto serán los primeros que sentirán como trona el escarmiento. Haberse fotografiado con el enemigo público número uno de los Kirchner y protagonizar un desplante en masa tarde o temprano será castigado. Pero los empresarios entendieron que el gobierno había traspasado un límite y decidieron no convalidar con su presencia la puesta en escena.

Lo que no se puede negar es que el gobierno esconda sus verdaderas intenciones. Están a la vista y además los Kirchner no se preocupan en ocultarlas, cuanto mucho las disimulan torpemente. Hay una opinión bastante generalizada que los Kirchner pasaron un límite y que a medida que avance el calendario electoral, no será extraño que la radicalización del gobierno se agudice. Néstor Kirchner no duda a la hora de doblar la apuesta y está convencido que si quiere mantenerse en el poder, debe controlar los medios de comunicación actuando directamente sobre aquellos que se le oponen. El ex Presidente responsabiliza a los medios por su derrota en las últimas elecciones y al parecer ya ha dejado de echar culpas sobre algunos intendentes del conurbano que jugaron a dos puntos. Por eso, está convencido que para ganar antes debe derrotar a un partido que no se presenta a elecciones, el dispositivo mediático opositor como el oficialismo denomina a los medios que no son adictos al poder. Ese “partido”, como no podía ser de otra manera está manejado por el Grupo Clarín y su cara visible, Héctor Magnetto.

Después de la puesta en escena de esta obra con ribetes escalofriantes, cabe preguntarse cuál será el próximo movimiento. Sólo Néstor Kirchner lo sabe.

EL KIRCHNERISMO AL ATAQUE

2170 El matrimonio presidencial encontró un nuevo método de escarmiento, la utilización de la ley para adecuarla a sus necesidades coyunturales y derribar al enemigo de ocasión. Esta es la explicación que se esconde detrás del decreto de la caducidad de la licencia de la proveedora de internet Fibertel, empresa perteneciente al Grupo Clarín. De esta manera, la ley deja de ser ley para convertirse en un simple instrumento funcional a los caprichos del poder. No sólo queda desnaturalizada en su letra y en su espíritu pasa a ser una herramienta de opresión.

Los Kirchner no utilizan la ley para regular derechos y obligaciones como es la función de cualquier norma, la moldean a su gusto sólo con el objetivo que sirva como excusa para explicar sus necesidades. La sanción no emerge de la ley, la sanción es la meta y la ley sólo se utiliza como excusa. Claramente, es un síntoma que el gobierno se cierra cada vez más y avanza sobre las libertades civiles. 

El gobierno sostiene que Fibertel se encuentra en una situación irregular desde años y que esa y no otra es la razón por la cual decretó la caducidad de su licencia. Entonces lo que no se entiende es por qué el gobierno toleró durante todos estos años las supuestas irregularidades de la controlada de Clarín.

Fibertel tiene más de un millón de usuarios y sus responsables sostienen que la empresa crecía a buen ritmo. Era una tenaz competidora de Teléfonica y Telecom, que a través de Speedy y Arnet también prestan servicios de internet. La decisión del gobierno, en su ciega guerra que libra contra Clarín, favorece la concentración en un mercado donde existía la competencia y ninguna licenciataria podía ejercer una posición dominante. Sin lugar a dudas una situación cuyos beneficiarios eran los clientes. A partir de la decisión del gobierno comienzan las dudas sobre la capacidad de absorción de los clientes de Fibertel y de qué manera se verá afectada la calidad del servicio. Además, hasta ahora no hay respuesta acerca de lo que sucederá en aquellas plazas donde la subsidiaria de Clarín era la única prestataria.

El kirchnerismo parece estar embarcado en la madre de todas las batallas en la guerra que libra contra Clarín, cuyo capítulo central se escribirá el martes cuando en la Casa de Gobierno se presente el informe sobre Papel Prensa, y tal vez, como indican los rumores la Presidenta anuncie la intervención de la compañía. El gobierno gobierno quiere ver a Héctor Magnetto tras las rejas y en su torpe estrategia muy probablemente lo termine convirtiendo en un mártir y abroquelando a la oposición. Por estas horas se trabaja en la Casa de Gobierno para que en el acto del martes todo el arco político oficialista esté presente y también asistan los empresarios. Las invitaciones son una excusa, lo que hay en realidad son presiones para armar un nutrido auditorio que presencie lo que se parecerá más a una ejecución que a un acto institucional para desentrañar la verdad de la época más negra de la Argentina. Una vez más los Kirchner planean degradar la lucha y el respeto por los derechos humanos rebajándolos a meros instrumentos funcionales a sus propios intereses. Es claro que en su obsesión por liquidar el disenso el gobierno no trepida en llevarse puesto todo y a todos.

Lo que se esconde detrás de todas las embestidas del gobierno es que el kirchnerismo quieren que los argentinos pienses como ellos quieren y les convenga. Es decir, que consuman el relato de la realidad que sus comisarios políticos construyen y que como mansos corderos acepten lo que denominan “modelo” sin cuestionamientos. No es otra cosa que la rendición incondicional. Néstor Kirchner planea en convertirse en esa suerte de Gran Hermano que todo lo veía en la novela 1984 de George Orwell. El proyecto kirchnerista requiere que no haya fisuras y que cualquier signo de rebeldía sea rápidamente sofocado. Es obvio que al gobierno ya no le alcanza con controlar la caja y distribuir fondos en relación a la lealtad de gobernadores e intendentes. Ahora, es necesario controlar el pensamiento y la opinión del pueblo. Es la lógica del pensamiento único, uniforme y gris. Así, en su módico análisis creen que mintiendo y falseando la realidad los argentinos se conformarán con algún aumento de salario, cómodas cuotas para comprar plasmas y fútbol para todos; una recete que creen infalible para seguir en su desenfrenada carrera de acumulación de poder. Pan y circo,  una forma de despreciar la inteligencia de un pueblo y de ningunear sus aspiraciones que ya fue inventada por los romanos. Los Kirchner están decididos a ir por todo pero es probable que al final del camino terminen por llevarse una desagradable sorpresa, como les sucedió a los decadentes emperadores romanos.