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LA NOCHE QUE GANO EL SILENCIO

longo(14/3/2012) – Alberto Fernández estaba siendo entrevistado por Marcelo Longobardi. El ex Jefe de Gabinete era duro con la Presidenta y la acusaba de mentir sobre el anuncio de la derogación de la llamada Ley de Convertibilidad. Explicaba que en realidad lo que derogó fueron las dos reformas que el propio Kirchner le había introducido a esa ley para garantizar el circulante con reservas. Eran las 23.04 y de golpe, abruptamente, aparece la sigla del C5N y mandan la tanda. Las redes sociales explotaron. En Twitter los hashtags, que rápidamente ganaron en popularidad, fueron #LongobardiCensurado, #CensuraenC5N y #C5Ncensura. Pero todo se puso peor cuando las sospechas se convirtieron en certezas luego de los tweets que escribió Alberto Padilla, ex periodista de la CNN que estaba invitado al programa de Longobardi y directamente no pudo salir al aire porque su bloque estaba pautado luego del reportaje con Fernández.

Padilla arrancó a las 23.36 con su primer twit que decía: “Sres: Fui testigo presencial de la represión a la prensa en Arg. Sacaron del aire a Longobardi por orden de la Pres Kirchner”. Doce minutos más tarde publicó el segundo: “Fui testigo que sacaron del aire a Longobardi por orden directa del Ministro DeVido luego de declaraciones del periodista Jorge Icaza”. Eran las 23.36  y en C5N Nicolás Magaldi trataba de pilotear la situación de la mejor forma que podía. Un síntoma sutil de lo que ocurría, Magaldi es un fanático de su Ipad y constantemente convoca a la gente a que participe a través de las redes sociales, anoche ni la abrió. A las 23.50 Padilla atacó de nuevo a golpe de Tweeter: “Lo siento mucho por Uds mis Hermanos Argentinos. Espero al menos la prensa retome mañana el tema a profundidad. Yo no los dejaré solos”.

Los Twits de Padilla eran retwiteados una y mil veces. Decía que había sido Julio De Vido el que había llamado a C5N para que sacaran el programa del aire. Muchos decían que el caso de censura explícita se debía a los dichos de Alberto Fernández que estaba haciendo revisionismo histórico del kirchnerismo. En cambio, otros sostenían, y el mismo Padilla entre ellos, que el levantamiento del programa de Longobardi se debía a la intervención de Jorge Asís; que fue el primer periodista en escribir sobre el escándalo Ciccone Boudou. Asís no se privó de nada y entre ironías deslizó que probablemente la senadora Beatriz Rojkes de Alperovich termine segunda en la línea presidencial.

A la una de la mañana, cuando Magaldi terminó de conducir su segmento, que hay que decirlo el hombre resistió estoicamente, mandaron la primera entrega de Ese Amigo del Alma –el micro de Lito Vitale- y después la tanda. Habían pasado algunos minutos de la una de la mañana y se suponía que el canal emitiría la repetición del programa de Longobardi. Y sí…empezó Longobardi hablando una vez más de l que le pasó a Baby Etchecopar pero a los diez segundos…tanda otra vez. Avisos, avisos…aparece Tomás Bulat con un programa grabado. Para que quede claro, Marcelo Longobardi fue censurados dos veces en un mismo día.

Pero si la situación ya era muy grave, lo peor sucedió hoy por la mañana. Marcelo Longobardi comenzó su programa en Radio 10 como si nada hubiera sucedido. Era una situación paradójica porque mientras en Mitre Nelson Castro entrevistaba a Padilla y contaba el caso de censura, Longobardi hablaba de deportes con su columnista. Sí, un disparate propio de la Argentina de estos tiempos. Al final Daniel Hadad, uno de los accionistas de la emisora salió al aire junto con Alberto Fernández, González Oro y el propio Longobardi. En síntesis, Hadad explicó que todo se había tratado de un exceso de rigor en los horarios y como Longobardi se había pasado cuatro minutos lo sacaron del aire. “Fue un exceso de formalismo”, afirmó Hadad y además agregó que el conductor no usa “cucaracha” que es el auricular pequeño que se utiliza para recibir indicaciones del director y de la producción y no sabía que se había pasado del tiempo del programa. Un argumento muy poco creíble, cuando la semana pasada Longobardi terminó su programa a las 23.30 y nadie lo sacó del aire. Por otra parte, tenía previsto un bloque más luego del reportaje con Fernández que era aquel en el que iba a participar Padilla. Cualquier periodista con un mínimo de experiencia en radio y televisión es perfectamente consciente de los tiempos use o no cucaracha.

En la puesta en escena de Radio Diez, a nadie pareció darle importancia a los dichos de Padilla en Twitter ni en las numerosas entrevistas que concedió contando lo sucedido en el piso de C5N entre ellos FM Identidad. Pr su parte,  Alberto Fernández en Radio Mitre dijo que era “muy penoso” lo que había ocurrido. “De repente veo que Longobardi se levanta mal, nervioso y vino la producción a explicar. La producción explicó que hubo llamados de funcionarios del gobierno pidiendo el levantamiento del programa y una orden de la dirección disponiendo el levantamiento”, declaró Fernández que calificó el hecho de “lamentable” y “patético”. No cabe duda que la aclaración puesta e marcha por Daniel Hadad fue peor y sembró más sospechas acerca de lo que había ocurrido.

El testimonio del ex Jefe de Gabinete y el de Alberto Padilla no dejan lugar a dudas que se trató de un acto de censura liso y llano. Por eso, en ese contexto la puesta en escena que se puso al aire por Radio Diez a modo de aclaración; estuvo muy lejos de dejar de lado las sospechas de lo que pasó en el estudio de C5N y más bien las acrecentaron. Es un hecho de enorme gravedad, si verdaderamente las cosas ocurrieron como lo cuentan Fernández y Padilla. Que funcionarios del gobierno llamen a un canal de televisión para levantar un programa del aire es una cuestión tremendamente seria en una democracia, pero lo peor es que todos creen que este gobierno es muy capaz de hacerlo. Pero también es muy grave que los responsables de ese medio accedan a hacerlo y corresponde preguntarse cuáles son las razones que se esconden para que la dirección de un canal soporte las exigencias evidentemente espurias del gobierno. En este contesto también Marcelo Longobardi es responsable por no haber dicho lo que verdaderamente ocurrió y prestarse a la puesta en escena que en apariencia no tiene que ver mucho con la realidad. Es la misma actitud que toman muchos empresarios que agachan la cabeza ante cada apriete de Guillermo Moreno que les ordena la rentabilidad que tienen que tener sus empresas, dónde vender, qué vender o qué pueden importar o no. Desde hace muchos años siempre se dice que no son pocos los que son permeables a los “pedidos” de Moreno porque tienen varias cosas que les conviene que sigan en las sombras. ¿Ocurrirá lo mismo en este caso?

Marcelo Longobardi es un periodista prestigioso que todas las mañanas conduce el programa más escuchado del prime time de la radio. No es un improvisado y no es la primera vez que le ocurre algo similar, aunque hay que decir que en otras oportunidades no había ocurrido con la brutalidad de ahora. Siempre lo explicó de frente y lo denunció. ¿Por qué razón en esta oportunidad cambió de actitud? No podía ignorar lo que había sucedido la noche anterior y en la madrugada; ni tampoco con los mensajes que seguramente recibió por parte de sus oyentes. Sin embargo, no dijo nada, se mantuvo en silencio y sólo habló del tema con las disculpas que Daniel Hadad le pidió a Fernández. Nada de lo que sucedió en Radio Diez esta mañana fue creíble y en realidad, más allá de las palabras y los argumentos que se dieron, lo cierto es que se impuso el silencio. El silencio que quiere Cristina Fernández de Kirchner, porque los que hablan y escriben aquello que le disgusta son nazis. Una comparación odiosa, fuera de lugar y principalmente peligrosa viniendo de la boca de una persona que desde hace mucho tiempo se acostumbró a hablar sola rodeada de los aplaudidores de siempre.

Ganó el silencio, perdió la libertad de expresión y la Argentina es un país un poco menos civilizado. A esta altura de los acontecimiento seguramente veremos cosas peores.

UNA OFRENDA A ESE DIOS LLAMADO RATING

A José Rodríguez Coronel le dicen “El Cheto” o “El Chilenito”, tiene 20 años y el jueves juntos con otros tres cómplices irrumpieron en horas del mediodía en la sucursal del Banco Nación de la localidad de Pilar. Cuando intentaron huir del banco llegó la policía y El Cheto se atrincheró en el local del nación sin el apoyo de sus colegas que consiguieron emprender la fuga. Rodríguez Coronel tomó a cuarenta rehenes, tenía un comportamiento alterado que le dificultaba a los negociadores de la policía acordar los términos de la entrega y comenzó a vivir sus quince minutos de fama.

El Cheto quería cámaras, que lo enfoquen decía y Guillermo Andino y Paulo Kablan de las cadenas América y C5N no dudaron en aprovechar el filón que les presentaba. Cumplieron el deseo de Rodriguez Coronel y sus quince minutos de fama y en una controvertida decisión lo pusieron al aire, aun a costa que ello podía implicar a los rehenes. “Andino y Kablan asumieron la ligereza que la TV emplea en el floreciente mundo de los reality shows sobre la marginalidad y el hampa. Pero la cosa tomó rápidamente un cariz mucho más peligroso, con el agravante de que todo ocurría en directo, sin red”, escribió al siguiente en La Nación Marcelo Stiletano en una columna donde critica el papel de los medios en la cobertura del hecho. Por su parte, Pablo Mendelevich, periodista y director de la carrera de periodismo de la Universidad de Palermo, en declaraciones a Contrapunto por FM Identidad 92.1 es categórico: “Fue patético en todo sentido, no solo en la transgresión ética por sobre los policías; toda la cobertura tan sensacionalista berreta. No te atrapaba nada, era de mala calidad. Me viene a la mente la película ‘Cuarto poder y la manipulación utilizando la toma de rehenes”.

El claro que el periodismo tiene empezar a transitar de una vez por todas el camino del profesionalismo. No se trata de no llevar información a la sociedad o de ejercer autocensura, pero es necesario comenzar a ser más cuidadoso porque non todo puede ser hecho en función de ese dios llamado rating. No es admisible poner en riesgo la vida de cuarenta rehenes sólo en pos de tener un punto más de rating y merced a ello obstaculizar la acción de la policía frente a una crisis como es la toma de un banco. En sus quinces minutos de fama El Cheto fumaba porros armados con billetes de cien pesos que se los hacía armar a uno de los empleados del banco, su carácter estaba alterado, estaba jugado como se dice en la jerga del hampa. El no tiene nada que perder pero los rehenes sí y el periodismo no puede prestarse a ser funcional a los caprichos de un delincuente para conseguir una mayor audiencia. Un periodista no está capacitado para mantener un diálogo con una persona con sus facultades obviamente alteradas porque una palabra dicha de más puede desencadenar una tragedia. Y, los únicos que van a perder, serán los rehenes.

Pablo Mendelevich en Contrapunto (FM Identidad 92.1)