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CANCER, POLITICA Y PODER

voceroLa enfermedad de Cristina Fernández de Kirchner se convirtió en un culebrón veraniego. Los médicos se convirtieron en estrellas mediáticas que hicieron sus propias interpretaciones y desmintieron a otros colegas. En cuestión de días los argentinos nos convertimos en expertos en cáncer de tiroides y todo fue tomando el cariz de una comedia de enredos, que tuvo su broche de oro con el comunicado del Hospital Austral, solo comprensible para un médico que al parecer en vez de aclarar sembró más confusión. En el medio se perdió el vocero presidencial Alfredo Scoccimarro, que ya no leyó los partes médicos de la salud de la Presidenta porque sencillamente dejaron de existir. La información oficial desapareció, un clásico del kirchnerismo y una vez más hay que guiarse por los dichos del senador Aníbal Fernández: “Está muy bien de ánimo y con todos los cables enchufados”, declaró el ex Jefe de Gabinete. Eso es todo, dando por descontado que la expresión “cables enchufados” debe referirse a que la Presidenta está tomando todas las decisiones y Amado Boudou se limita a tocar la campanita pero ahora desde una oficina ubicada en el Banco Nación.

Como primera medida es muy bueno que Cristina Fernández de Kirchner no tenga cáncer y en este momento esté en “franca recuperación”, como escribió ella misma en su cuenta de Facebook. Pero lo que demostró todo este episodio es, por una parte, la falta de seriedad con que se trató la dolencia de la Presidenta, cuando se anunció un cáncer que en definitiva no padecía y no se trata de polemizar con las explicaciones que dieron los médicos sobre el “falso positivo”. Si había una mínima posibilidad que el resultado podría ser distinto al del primer estudio, como efectivamente ocurrió, debió haberse agotado esa posibilidad antes de anunciar el cáncer presidencial. La decisión es política y no médica.

Es cierto que parte de la polémica se relaciona con el cuidado médico de un Jefe de Estado, que no es una cuestión privada sino pública y debe ser lo más transparente posible; cosa que no siempre ocurre ni en la Argentina ni en el mundo. Pero probablemente el tema que subyace en toda esta polémica, es si el gobierno utilizó la enfermedad presidencial con un objetivo político como una pieza más de su aceitado engranaje comunicacional. En definitiva, la sospecha es si el gobierno sabía que existía la posibilidad que el primer diagnóstico fuera desmentido por un estudio más profundo e igual se inclinó por el escenario del cáncer. Es cierto que el sólo hecho de plantear la hipótesis es grave porque de confirmarse se estaría en presencia de un gobierno que demostraría que no tiene respeto por nada. Pero desafortunadamente esa posibilidad no parece descabellada frente a otras acciones del gobierno en pos de la construcción de un relato que aspira a moldear la realidad a su medida. En este campo es ineludible no acudir al ejemplo del INDEC que sostiene que la inflación del 2011 fue sólo del 9,5% y que en ese periodo la carne se encareció apenas un dos por ciento. Un gobierno que es capaz de mentir de una forma tan descarada durante tanto tiempo en una cuestión como la inflación, que afecta a todos pero especialmente a los más pobres, que no es necesario ser un economista para darse cuenta que los precios del supermercado son muy superiores a los difundidos por el organismo oficial; perfectamente puede –sin el menor de los escrúpulos- hacer una utilización política de la enfermedad de la Presidenta. Es esto lo que está en el fondo de la polémica sobre la enfermedad de la Cristina Fernández de Kirchner.

El kirchnerismo ha demostrado una incontable cantidad de veces que sus límites son, por decirlo de una manera elegante, bastante laxos y que no duda a la hora de hacer demostraciones de poder y poner en marcha las acciones más audaces. Entonces, por qué no pensar que esta vez el gobierno pudo haber actuado como tantas otras veces lo hizo. El planteo no es descabellado pero sí muy grave, porque la falta de límites y de escrúpulos es algo que ya se toma como parte del ADN del gobierno. Se ha convertido en algo normal que el gobierno desafíe cualquier límite a su poder como así que administre dosis diarias de su relato a través de un enorme aparato comunicacional. No se trata de una polémica sobre partes médicos o sesudos análisis elaborados en un lenguaje incompresible para el ciudadano medio, la polémica de fondo se trata de un gobierno que cada vez tiene más rasgos de autoritarismo y que hace mucho dejó de reconocer límites a su poder.

CAMBIO DE GABINETE: LO NUEVO DE LO VIEJO

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abal medinaFinalmemte, Cristina Fernández de Kirchner develó el misterio sobre el gabinete con el que iniciará su último mandato presidencial. En realidad es un misterio que menor significado política que con otras administraciones porque, como se sabe, salvo por algunos ministerios clave, el resto del gabinete no tiene un importante peso político dentro de la forma de gobernar que tiene el kirchnerismo.

Sin lugar a dudas la principal novedad fue la decisión de la Presidenta de nombrar como Jefe de Gabinete, en reemplazo de Aníbal Fernández, a Juan Manuel Abal Medina; quien se venía desempañenando como Secretario de Comunicación. Una posición clave dentro del gobierno porque era el encargado de distribuir la millonaria pauta oficial, que el kirchnerismo ha utilizado como una eficaz herramienta –en muchos casos- para construir el relato oficial a través de los medios oficiales pero también utilizando el sistema de medios para oficiales que se nutren de la publidad estatal como pirncipal fuente de financiamiento. En este marco, no cabe duda que Abal Medina es una persona de extrema confiaza de Cristina Fernández de Kirchner, que es lo que la Presidenta privilegió a la hora de designarlo en el puesto más poderoso que tiene Poder Ejecutivo después del de presidente. Además, el ascenso de Abal Madina también marca la ratificación de la alianza de Fernádez de Kirchner con la juventud, que es una de las improntas que la Presidenta le quiere dar a lo que se ha dado en llamar el “cristinismo”. Pero hay otros elementos que la Presidenta debe haber tenido en cuenta para que su decisión recaiga sobre el hasta ahora Secretario de Medios. Es un cuadro totalmente disciplinado que suele decir que el gobierno “no debate ni discute”. Un soldado, sin estructura propia y con el perfil muy bajo, en contraste –por ejemplo- con Amado Boudou y con el flamante Senador Aníbal Fernández. En este sentido, es difícil pensar que Abal Medina le imprima al cargo la impronta tan combativa desde lo discursivo y a veces casi pendeciera que fue casi un sello distintivo del Jefe de Gabinete saliente. Es de imaginar que Abal Medina tenga un perfil más bajo pero mucho más ideologizado, más refinado en las formas pero mucho más combativo desde los argumentos de fondo, especialmente con aquellos que tienen que ver con la profundización del modelo. Al fin y al cabo Aníbal siempre fue peronista y del Conurbano para más datos, una verdadera marca registrada que implica todo un estilo de hacer política. Abal Medina no es peronista, militó en el Frente Grande y llegó al gobierno de la mano de Alberto Fernández, pero se quedó luego de la salida de éste. No se manchó en el barro del Conurbano bonaerense y tienen una marcada formación técnica. No es ilógica pensar que su designación implique profundización del modelo nacional y popular desde la gestión y una desperonización de Cristina, un viejo anhelo de la muchachada de La Cámpora que está convencida que la vieja estructura del PJ es anacrónica y hace mucho dejó de ser una maquinaria electoral efectiva.

Por spuesto que con el ascenso de Abal Medina se diluyeron las aspiraciones de Florencio Randazzo, que había dejado trascender a través de sus operadores que aspiraba a ocupar la Jefatura de Gabinete, y en cambio seguirá al frente del Ministerio del Interior. Randazzo tiene un perfil muy distinto al del flamente Jefe de Gabinete: es peronista, tiene una buena relación con los barones del Conurbano, cuenta con una estructura propia en la Provincia de Buenos Aires y aspira a ser gobernador. Si bien cuenta con el atributo de la juventud, muy apreciado por el kirchnerismo, su perfil no es el de un joven K sino que pertenece a esa estructura justicialista clásica que La Cámpora pretende desmonatr o en el mejor de los casos reconducir.

En un minimalista cambio de gabinete, la otra sorpresa fue la designación de Hernán Lorenzino como reemplazante de Amado Boudou en el Ministerio de Economía, quien hasta ahora se venía desempeñando como Secretario de Finanzas Públicas. Es una sorpresa porque siempre se dijo que Lorenzino era el candidato Boudou para que lo sucediera y, como se sabe, el electo vice presidente parece haber caído en desgracia dentro del kirchnerismo debido a su alto perfil, su oposición a las medidas que tomó el gobierno para controlar la fuga de capitales –ideadas básicamete por Mercedes Marcó del Pont- y la torpeza que cometió al querer ocuar de Néstor Kirchner frente a un grupo de intendentes de la Provincia de Buenos Aires. Expresiones que habrían llegado a oídos de Máximo Kirchner y habría decidio cortarles las alas. Pero el malestar con el saliente Ministro de Economía quedaron al descubierto cuando la Presidenta en un acto celebrado en Puerto Madero lo llamó “concheto”. Ese día, Amado Boudou sufrió en público el estilete de la Presidenta que ya lo había experimentado Daniel Scioli como vice y en mayor medida Julio Cobos. Es por ello que era logico esperar que las acciones de Lorenzino para reemplazar a Boudou habrían sufrido una dramática baja. Sin embargo, su nombramiento parece una victoria para el alicaído vice presidente electo, quien esperaba que Lorenzino lo sucediera para seguir teniendo influencia en Economía. Además, con el nombramiento de Lorenzino, Boudou le gana la pulseada a Mercedes Marcó del Pont, que también había sido mencionada para ocupar el cargo y en cambio se quedará al frente del Banco Central. Ahora, el paso de los días determinará si Boudou seguirá pesando o se dedicará a tocar la campanita del Senado como al parecer no pocos cristinistas quieren.

Hernán Lorenzino llegó al Ministerio de Economía de la mano de Carlos Fernández en el 2008 y llevó adelante las negociaciones con el Club de París, que muchos dicen que están prácticamente concluidas pero que hasta el momento no se han hecho anuncios al respecto, y la segunda operación de canje de deuda llevada adelante en el 2010 destinada a los holdouts que quedaron afuera de la primera reestructuración. En síntesis, Lorenzino estaba a cargo de implementar las políticas de lo que el gobierno ha dado en llamar desendeudamiento. Como Ministro de Economía, Lorenzino deberá diseñar la magnitud del ajuste que ha dado sus primeros pasos con el anuncio de la quita de subsidios, recuperar el superavit fiscal, cerrar las negociaciones con el Club de París, llegar a un acuerdo con los holdouts y, por supuesto, ocuparse en serio del combate a  la inflación. Una cuestión que hasta el momento el gobierno no ha dado señales, más allá de la mención que hizo Cristina Fernández de Kirchner durante la conferencia de la UIA. En suma, Lorenzino tiene por delante el trabajo de un verdadero cirujano, en un contexto económico interno y externo que desde la crisis del 2009 no es favorable.

En un cambio de gabinete, no sólo es importante analizar los hombres que llegan sino también los que se quedan porque en muchos casos tienen una relevancia política importante. Julio De Vido y Carlos Tomada son dos casos que conviene analizar. En primer lugar, es obvio que el primero no se convirtió en Jefe de Gabinete ni en Ministro de Economía, como se especuló durante varias semanas; ni el segundo se fue del gobierno como se había dicho que era su deseo después de estar ocho años al frente del Ministerio de Trabajo. Es muy probable que ambos permenezcan en el gobierno por razones bastante parecidas, son los dos ministros que tienen trato directo con la CGT y son dos funcionarios muy experimentados en la cuestión. De Vido, desde las elecciones, se ha convertido en la cara visible del operativo impulsado para desmontar los subsidios y reestructurar Aerolíneas Argentinas. En los anuncios opacó a Amado Boudou y a Mariano Recalde dejándolos en un segundo plano, quedando demostrado que la Presidenta lo elige cada vez que hay que tomar decisiones estratégicas. No cabe dudas que su peso político dentro del gobierno creció en los últimos tiempos después que en varias oportunidades se lo mencionaba con un pie afuera. Además, hoy es el interlocutor que tiene el gobierno con Hugo Moyano, tarea para la cual De Vido debe demostrar toda su capacidad negociadora para intentar descomprimir el cada vez más menos disimulado conflicto con el líder sindical. Por su parte, Carlos Tomada deberá llevar adelante las que tal vez sean las paritarias más complejas de la era kirchnerista. Sin los subsidios que impactará directamente sobre el bolsillo de los trabajadores, con una actualización salarial que el gobierno pretende que sea superior al 18 por ciento y con el mínimo no imponible pisado, Cristina Fernández optó por un funcionario que ya ha probado eficacia al frente de la cartera de Trabajo, pero al igual que De Vido, Tomada también deberá demostar su muñeca política y maniobrar sin colisionar con Hugo Moyano y sus aliados, cada vez más distanciados del gobierno y, por el momento, en un seguro rumbo de colisión.

Cristina Fernández de Kirchner retocó el gabinete. El nombramiento de Juan Manuel Abal Medina como Jefe de Gabinete implica emprimir la impronta del Cristinismo, en una estrcutra primigeniamente diseñada por Néstor Kirchner. Pero el mantenimiento de Julio De Vido y Carlos Tomada en sus cargos, refleja su decisión de seguir contando con dos funcionarios experimentados que deberán amortiguar el conflicto con la CGT y las consecuencias de un ajuste que ya se puso en marcha. La llegada de Lorenzino a lo más alto del Ministerio de Economía, más allá de la victoria de Amado Boudou, bien puede explicar el intento de la Presidenta que la Argentina cierre sus conflictos económicos internacionales todavía abiertos y vuelva al mercado de voluntario de crédito en un contexto mundial que no es para nada favorable.

El otro cambio es la llegada como Norberto Yahuar como reemplazante de Julian Dominguez al frente del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aimentación. No fue una sorpresa y tal vez haya sido el reemplazo más sabido y el que menos expectativas despertaba porque todo estaba parcaticamente claro desde un primer momento.

El resto del gabinete sigue igual, con ministros casi mudos –el caso más notorio es el de Héctor Timerman que por ahora sigue al frente de la Cancillería- y sin peso político porque si a alguien no le quedó claro; la que gobierna es Ella.

Es claro que Cristina Fernández de Kirchner quiso apostar a lo que conoce, a lo que ya sabe que le da buenos resultados porque los próximos cuatro años no serán de abundancia y lo que se viene es la adminsitración de la escasez.

LA MADRE DE LA VICTORIA

cfkLa victoria de Cristina Fernández de Kirchner por el 50 por ciento de los votos es inapelable. Si el estreno de las primarias abiertas iba a determinar dónde estaba parado el oficialismo, queda claro que el resultado pone a la Presidenta a las puertas de la reelección y sumió a la oposición en un desconcierto de una magnitud que no estaba en sus cálculos. También se había vaticinado que la elección ayudaría a recortar acabadamente a un candidato de la oposición detrás del que presuntamente se encolumnaría el voto opositor. Sin embargo, esto no fue así porque no hay un claro segundo, sino que la contienda terminó en un empate técnico entre Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde y hasta Hermes Binner, que con apenas el 10 por ciento y cuarenta días de campaña se convirtió en la sorpresa. Es difícil que alguno de los tres pueda generar alguna sorpresa de cara al 23 de octubre, ya mostraron todo lo que tenían para ofrecer. Ricardo Alfonsín puso el apellido, el peso de un partido que, aunque más débil que en otras épocas, sigue en pie y una tenacidad envidiable. Por su parte, Eduardo Duhalde intentó mostrarse como un estadista alumbrado bajo el ala intelectual de Lula y con pergaminos de piloto de tormentas, pero que fue impotente para mantener cohesionado a ese colectivo bautizado como Peronismo Federal del que ya queda apenas un recuerdo.

Es evidente, a la vista de los resultados obtenidos por el oficialismo, que los guarismos obtenidos en la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba no fueron más que una primavera pasajera que a la postre la oposición no supo o no pudo capitalizar. Es claro que parte de los votantes de Mauricio Macri, Miguel Del Sel y José Manuel de la Sota se inclinaron por CFK; eso es claramente lo que explican los números.

Es probable que la raíz de los errores de la oposición se encuentre en la implosión de los dos polos que a principios de este año se calculaba que disputarían el poder: El Acuerdo Cívico y Social y el Peronismo Federal. Ambos grupos implosionaron y no cabe duda alguna que esta circunstancia favoreció al kirchnerismo.Atomizaron al electorado y los beneficios se los llevó el kirchnerismo. Claramente, ninguna expresión de la oposición es alternativa de poder en la actualidad.

Francisco De Narváez fue aplastado por Daniel Scioli, en parte por la fractura de la tríada que en el 2009 integró con Felipe Solá y Mauricio Macri; pero también porque su alianza con Ricardo Alfonsín fue percibida por el electorado bonaerense como un matrimonio contra natura y por eso se registraron en varias mesas votos a Duhalde y a él.

La elección volvió a marcar una tendencia que ya está consolidada y es el voto en favor de la continuidad de los oficialismos, fenómeno que hasta ahora sólo dejó de verificarse en Catamarca y en el partido de Vicente López donde sorpresivamente se impuso Jorge Macri por seis puntos al Japonés García, que ocupa la intendencia desde hace 24 años.

Pero sin lugar a dudas sería injusto explicar la victoria de Cristina Fernández de Kirchner a causa de la torpeza de la oposición de vertebrar una propuesta tentadora hacia los votantes. Al igual que parte del triunfo de Mauricio Macri se explica a través de la aprobación de su gestión al frente de la Ciudad de Buenos Aires, también es razonable inferir que ésta ha sido una razón de peso en los más de diez millones de votos cosechados por el kirchnerismo.

Sí, una vez más fue la economía estúpido. El consumo que disimula en parte los efectos de la inflación, pero también los acuerdos paritarios que les permite a los empleados en blanco tener un salario que por el momento mantiene su poder adquisitivo. La asignación universal por hijo, que a pesar de no ser universal y de haber salido por decreto, no puede negarse que redundó en una importante mejora en la calidad de vida de muchos argentinos de los niveles socioeconómicos más bajos. El campo que, a pesar de sus críticas cada vez de menor intensidad, tiene una rentabilidad más importante que en el 2009; lo que se verifica con los resultados en ciudades como Pergamino, Rauch, Tres Arroyos, San Pedro, Gualeguaychú y el interior de la Provincia de Santa Fe, Córdoba  y Buenos Aires. En todos se impuso el oficialismo cumpliéndose el vaticinio de un encuestador que meses atrás pronosticó que el voto del campo se inclinaría por el oficialismo porque “la plata la pesan”. La oposición contaba con esas voluntades, pero ese fue el escenario del 2009 y dos años después todo había cambiado. Los autos y los plasmas también ayudaron a parte de la clase media a apoyar la continuidad, apuntalada por la falta de una propuesta superadora alumbrada por la oposición; tal vez ésta sea la explicación de por qué en trece de las quince comunes de la Ciudad de Buenos Aires, donde semanas atrás arrasó Macri ahora se impuso Cristina Fernández.

No quedan dudas que la victoria pertenece a la Presidenta, ella es la responsable de un triunfo sin atenuantes. Se animó a desperonizar en parte al peronismo con La Cámpora, a ignorar a la CGT y su mandamás Hugo Moyano y a imponerle las listas a los barones del Conurbano que protestaron pero a pesar de los vaticinios ninguno sacó los pies del plato; salvo por el intendente de Malvinas Argentinas que explícitamente se pasó a las filas del duhaldismo.

El resultado electoral también dejó otra conclusión, a la sociedad argentina no le interesan la corrupción. Ninguno de los escándalos más resonantes, como puede ser el caso que tiene como protagonista a Hebe de Bonafini y a Sergio Schoklender, le ha quitado un voto al oficialismo. En este sentido el kirchnerismo se muestra blindado y el escándalo sólo anida en pequeños sectores de la sociedad. Es una mala señal que emite la sociedad argentina, que en un punto parece cambiar dignidad por algo de confort. En este sentido, una vez más como en tantas otras ocasiones, parece imponerse el roban pero hacen.

La oposición, frente al categórico resultado de la elección, quedó shokeada y realinea su estrategia en estos setenta días en reforzar el segmento legislativo de la elección. El diputado radical Ricardo Gil Lavedra declaró en Contrapunto que si la tendencia se mantiene, el oficialismo está a las puertas de conformar un poder hegemónico y por eso el partido hará campaña para no perder espacios en el Congreso. En las filas del duhaldismo también se preparan cambios, aunque todavía se mantienen bastante reservados.

Cristina Fernández triunfó con su propia receta, la victoria le pertenece a ella sola. Ahora, sólo necesita flotar hasta el 23 de octubre, su campaña tiene que ser la no campaña y la primera vuelta de la elección presidencial no le deparará demasiadas sorpresas. Su negocio ahora es el status quo.

LA PLATA EMPIEZA A ESCASEAR

lavagna2La frase que lleva por título esta nota pertenece al ex ministro de Economía Roberto Lavagna, quien rara vez hace declaraciones altisonantes y uno de sus rasgos característicos es la mesura.

A lo largo de la entrevista que concedió a Contrapunto (FM Identidad 92.1), Lavagna brindó definiciones importantes: “La Argentina está cara en dólares”, dijo y con referencia a la crisis internacional, que para el su sucesor Amado Boudou prácticamente no va a tener efectos en el país subrayó que “ningún país puede quedar blindado”. En este sentido afirmó que debido a la crisis internacional la Argentina corre el riesgo de sufrir “un debilitamiento en los precios de los commodities”. Un escenario que sin lugar a dudas profundizaría el déficit fiscal que muchos economistas afirman que existe pero que el gobierno se encarga de disimular.

Las declaraciones de Lavagna realizadas en Contrapunto impactan en una semana en que Bossio, titular del ANSES, le explicó a los ministros de la Corte Suprema de Justicia que el organismo no tiene el dinero suficiente para hacer frente a la generalización del fallo Badaro que afecta a ciento de miles de jubilados. Es evidente que, a pesar de las enormes cantidades de dólares que entraron a la Argentina, el modelo económico del kirchnerismo empieza a mostrar síntomas de fatiga. Por eso, ni pocos economistas hablan desde hace muchos que se necesita “un service” en palabras de Martín Redrado o “una corrección en el rumbo” como afirma desde hace bastante Martin Lousteau.

A pesar de todos los avisos, el gobierno jamás hecho caso a ninguna de las advertencias y uno de los principales problemas del modelo económico como es la inflación directamente se niega y solo se admite que lo que hay es una tensión de precios, tal el diagnóstico de Amado Boudou. Es claro que, alguien que niega un problema o en el mejor de los casos lo minimiza, jamás se va a preocupar en resolverlo porque directamente no existe. Y ese es el verdadero problema.

“SCIOLI SERIA UN BUEN CANDIDATO”

alberto-fernandez La declaración del título de esta nota pertenece al ex Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que completa su análisis asegurando que “él dice dice que quiere seguir en la Provincia”. En un extensa entrevista en Contrapunto, Fernández aseguró que en el incidente que protagonizó Néstor Kirchner con Daniel Scioli la semana pasada “el resultado no fue bueno para Néstor. Es muy poco feliz. Por suerte Scioli se calló la boca”. Y agrega en defensa del gobernador: “Pocos tipos han sido sido tan consecuentes como Scioli acompañando a Kirchner”. Se refiere a las listas colectoras, la idea pergeñada en Olivos para las últimas elecciones.

En un tono moderado, más cercano al analista que al político de estos tiempos, Fernández sostiene que “la clase media no es un grupo de xenófobos que rechaza a los morochos como dice la Presidenta”, y no duda en afirmar que el gobierno “minimiza la demanda de la clase media demostrando la ajenidad que tiene con las demandas de la sociedad”.

“La Argentina tiene una economía en riesgo latente que se llama inflación y nadie se está ocupando seriamente del tema”, explica el ex hombre de confianza del matrimonio presidencial.

La entrevista completa a Alberto Fernández en Contrapunto por FM Identidad, donde habla de todos los temas desde la la crisis institucional de Santa Cruz hasta Papel Prensa.

DE ESO NO SE HABLA

AAG_3025 La Presidenta utilizó 72 minutos por cadena nacional para exponer el caso Papel Prensa. Cerca de una hora y media para presentar un informe confeccionado por los funcionarios que se abocaron con precisión a destruir la credibilidad del INDEC y privarnos a todos de estadísticas confiables. Siguiendo al pie de la letra la liturgia kirchnerista, el acto se presentó como un evento de características épicas con connotaciones fundacionales. El tono de la Cristina Fernández fue el de siempre, por momentos soberbio, burlón y descalificante; el estilo K en toda su expresión más allá de las equivocaciones y los furcios que muchos medios destacaron pero que no es un tema importante.

Descubrir la verdad está bien y siempre es un objetivo encomiable, pero eso no es lo que persigue. El verdadero objetivo es moldear el pasado para hacerlo funcional a intereses coyunturales, algo que raya lo perverso, en especial cuando ese pasado es trágico y está sembrado de muertos.

Nunca la Presidenta usó la cadena nacional para hablar del hambre en la Argentina, un país que produce alimentos para satisfacer las necesidades de 300 millones de personas pero que no es capaz de alimentar a 40. Tampoco la Presidenta se dedicó ni media hora para referirse a la inflación, y las contadas ocasiones que hizo alusión al tema, fue para defender la intervención de facto del INDEC y avalar las cifras de ese organismo. Pero jamás explicó por qué si la inflación es de un dígito los sindicatos cierran en paritarias incrementos salariales del 25% en promedio. No se trata de sindicatos contrarios al gobierno, son las organizaciones que dirige Hugo Moyano, uno de los principales aliados del gobierno y que esta semana fue entronizado como presidente del justicialismo de la Provincia de Buenos Aires.

La Presidenta prefiere dedicar su valioso tiempo a hablar de Papel Prensa mientras los precios siguen aumentando. Tampoco nunca dedicó una cadena nacional para explicar sus visión y sus planes para combatir la inseguridad, otro de los temas tabú que el gobierno prefiere evadir. En muy pocas ocasiones la Presidenta tuvo alguna palabra de contención hacia los familiares de las víctimas, sencillamente porque para el gobierno no es un problema, sólo se trata de una sensación amplificada por los medios. Entonces las víctimas no existen y si existen es preferible ignorarlas. La Presidenta no habla de estos temas que son de preocupación diaria de todos  los argentinos, no los reconoce y por lo tanto no los soluciona. Ella prefiere dedicarse a otra agenda, relacionada con sus intereses y los de su marido; mientras el pueblo mira desde el lado de afuera como el gobierno se aleja día a día de la realidad.

La señora Presidenta tampoco usó la cadena nacional para explicar cómo su fortuna personal y la de su marido aumentó exponencialmente desde que comparten el poder como si fuera un bien ganancial. Debió haberlo hecho porque a pesar de haber sido exonerados por un juez tan cuestionado como Norberto Oyarbide, siendo la persona más importante de la Argentina tiene la obligación de explicar por qué es cada vez más rica. A Cristina Kirchner, que cada día parece estar más ajena a los problemas de los argentinos y las argentinas, eso no le preocupa. Ella no le da explicaciones a nadie y tal vez hasta se ofenda por estos cuestionamientos. Convengamos que es una visión por cierto sumamente particular del progresismo, a través de la cual el derrame de la riqueza de un país engrosa los bolsillos de sus gobernantes.

No sólo se enriqueció la pareja presidencial en estos años, también se beneficiaron con el modelo dos de sus secretarios que poseen suntuosas residencias en el sur, funcionarios, familiares y los empresarios amigos del poder. De eso la Presidenta no habla, ni tampoco lo hacen los defensores que la rodean, verdaderos profetas de la nada; siempre solícitos a descalificar, ningunear y agredir.

No es un pecado ser rico, lo que es poderosamente llamativo es que alguien se haga mucho más rico a partir de su llegada al poder. Pero Cristina Kirchner prefiere dedicar su tiempo a Papel Prensa y a Héctor Magnetto; que ahora es el enemigo público número uno del gobierno pero desde el 2003 y hasta el 2006 fue uno de los aliados del poder.

No está mal tener presente el pasado porque eso evita volver a cometer los mismos errores, pero lo que no se puede admitir es la tergiversación de ese pasado con el único propósito de ponerlo en función de los intereses personales de unos pocos.

En el acto del martes el gobierno pareció querer ocupar el lugar de los jueces, algo similar con lo que ocurre en el caso Fibertel. Así, el gobierno investiga, acusa y parece que ahora también sentencia. Nadie puede poner en tela de juicio la legitimidad de origen de Cristina Fernández de Kirchner. Nadie puede poner en duda que ganó la presidencia por una diferencia holgada, pero ello no la habilita a arrogarse la facultad de reemplazar a los jueces; porque es el punto de inflexión en que un gobierno deja de ser democrático para convertirse en autoritario. Y, desafortunadamente, este gobierno poco a poco va adquiriendo rasgos en este sentido.

El matrimonio presidencial parece entender que la fuerza de los votos actúa como un bill de indemnidad que los faculta a reinar sin respetar límites. Es peligroso pero los Kirchner parecen  haber comenzado a transitar ese camino, que no es otro que el del autoritarismo. ¿Cuál será el próximo movimiento? ¿Qué sorpresa nos tiene deparada Néstor Kirchner? ¿Qué se estará planificando en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos? ¿Quién será el próximo blanco? No son preguntas antojadizas, surgen del pasado reciente y de la manera en que actúa el gobierno.

El intento de controlar a los medios no es una novedad en el gobierno, pero se exacerbó desde el resultado de las últimas elecciones porque Néstor Kirchner está convencido que a ellos se debió su derrota. Por eso, al principio de su mandato trató de seducirlos, objetivo que consiguió durante algún tiempo, después utilizó la publicidad oficial para premiar y castigar; método aún vigente. Intentó formar un multimedios con fachada privada para que operara de contrapeso a los medios independientes, pero nadie los lee porque la gente no es tan crédula como el gobierno sostiene. Tampoco resultó, entonces ahora decidió directamente destruir a la prensa independiente para uniformar el relato y que el discurso sea un monólogo sin fisuras. Desafortunadamente, todo hace presagiar que se vienen tiempos peores.

La gente ve como el sueldo se lo come la inflación, es presa de una delincuencia cada vez más violenta y en muchos casos no tiene sus necesidades básicas cubiertas. Pero la Presidenta no tiene tiempo para esos temas, está dedicada a cuestiones más importantes como Papel Prensa. De eso no se habla.