El virus que lo cambió todo

El paro del campo por la suba de la retenciones, la reforma judicial, la jubilación masiva de jueces y fiscales por el cambio en sus jubilaciones, la reforma judicial, las luchas de poder entre cristinistas y albertistas e incluso la deuda; son temas que parecen pertenecer a un pasado lejano. Eran épocas en que el coronavirus no había irrumpido en la Argentina y era un tema con el que debía lidiar los chinos que están muy lejos de Buenos Aires. Eran tiempos en los que el ministro de salud Ginés González García afirmaba: «Me preguntan por coronavirus y yo tengo que reconocer que hoy en Argentina me preocupa más el dengue que el coronavirus. Hay una muy baja probabilidad que llegue al país el coronavirus, es un virus circunscripto a China, que hizo cosas excepcionales, como tener en cuarentena a 50 millones de personas». El ministro estaba equivocado aunque más tarde admitió su error.

Con la típica lógica kirchnerista binaria, casi se descalificaba por alarmistas y superficiales a los que empezaron a hablar del coronavirus. Se lo comparaba con los muertos que anualmente cobra la gripe, como si ello mitigaría de alguna forma su propagación.

Sin embargo, la primera reacción del gobierno argentino no fue muy distinta a los de Estados Unidos, Italia, Brasil y España entre otros. Por caso, el presidente Donald Trump minimizó las consecuencias del virus desmintiendo la tasa de mortalidad causada por la pandemia basándose en una corazonada. La cobertura minuto a minuto del Corona virus y sus efectos barrió con todo. Las últimas cifras revelan que hay 132.758 personas infectadas en el mundo en 123 países y 5.077 muertos, 2 de los cuales son argentinos.

Hasta el momento la cifra de infectados en la Argentina es de 45 personas y todavía el virus no dio el salto exponencial como sucedió en otros países.

El gobierno argentino, luego de sus primeros errores, pareció entender la dimensión de la crisis y tomó una serie de medidas con el objetivo de ralentizar la propagación de la enfermedad. El mundo parece coincidir que con las medidas que se toman no se trata de evitar los contagios, algo que muchos afirman que es prácticamente imposible, sino que el ritmo de estos se amesete. Se busca, así, evitar un colapso del sistema hospitalario. En una palabra que no se enfermen todos juntos.

Por estas horas, el gobierno argentino se encuentra en una disyuntiva: seguir tomando medidas en forma progresiva de acuerdo con la evolución de los contagios o para la Argentina por diez días como declaró el presidente Alberto Fernández. “Estamos evaluando parar la circulación por 10 días. Minimizar las salidas y que se queden en casa, así podemos minimizar mucho el riesgo. No es fácil ese parate, pero si lo pudiéramos lograr, habría una especie de sistema de transporte de emergencia: que haya por ejemplo dos colectivos por línea circulando”, dijo Fernández en declaraciones periodísticas.

La decisión de “parar la Argentina” por diez días como declaró el presidente, es la consecuencia obvia de dos cuestiones.  La primera fue la posibilidad de suspender las clases, pero si los padres de los chicos tienen que seguir trabajando y los cuidan los abuelos –como sucede en muchos casos- implica  exponer al principal grupo de riesgo como son los ancianos a contagiarse. Por eso, si los chicos no van al colegio los padres deben cuidarlos. La otra razón es la más obvia y la explicó el mismo presidente cuando dijo que el virus circula porque nosotros circulamos. Así la única forma de frenar los contagios es que cada uno se quede en su casa. Parar el país por el plazo que sea es muy complicado, pero es muy probable que tarde o temprano se deba hacer. El interrogante no es si poner a los argentinos en cuarentena o no, sino más bien cuándo tomar esta llevarla a cabo. Aparentemente, el gobierno analizando las medidas que se tomaron en Francia y España seguiría el mismo camino que estos países pero antes que se produzca la cantidad de infectados y muertos.

En la última semana, varias empresas multinacionales –siguiendo directivas de sus casas matrices-, llevaron a cabo pruebas haciendo que sus empleados trabajaran desde sus casas. El objetivo probar si las redes tenían la fortaleza suficiente para soportar una mayor demanda.

El presidente Alberto Fernández busca tomar decisiones en el momento justo, no quiere que el coronavirus le marque los tiempos. Mientras tanto, la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner desapareció de la escena público, algo bastante propio de ella en medio de las crisis.

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