Alberto no es Cámpora

Dese que Cristina Fernández de Kirchner eligió a Alberto Fernández como su compañero de fórmula las especulaciones jamás cesaron. Ni siquiera ante la prueba que el engrosamiento de la base electoral del peronismo, que le permitió retomar el poder  lo tiene a Fernández como  uno de sus principales responsables.

El planteo es siempre el mismo, Alberto Fernández no será el presidente sino que tan solo fungirá de mascarón de proa del verdadero poder que estará en manos de Cristina. Las comparaciones con Héctor Cámpora, aquel delegado de Juan Domingo Perón que gobernó el país por cuarenta y cinco días, son ineludibles aunque las situaciones no tengas nada que ver. Alberto Fernández no es Cámpora ni tampoco tiene vocación de títere.

El gobierno que asume el próximo martes tiene un formato novedoso tratándose del peronismo que hasta ahora siempre reconoció una estructura exclusivamente monolítica y verticalista. El próximo gobierno es una sociedad política, cuyos principales accionistas son los integrantes de la fórmula presidencial. Es un experimento novedoso del peronismo que habrá que verlo funcionar.

El presidente electo tendrá un poder recortado por su vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner. No reconocer esto sería necio, pero eso no lo hace un títere o una suerte de delegado der la viuda de Néstor Kirchner. Desde el 10 de diciembre la Argentina será gobernada por una sociedad política, que como tal ha delineado sus límites de poder en la estructura del estado.

Alberto Fernández armó un gabinete en base a la concepción “nestortista” del poder. Muchos de sus integrantes tuvieron fuerte enfrentamientos con el cristinismo. Felipe Solá, el canciller designado, no dudó en aliarse a Mauricio Macri y Francisco de Narváez para derrotar al propio Néstor Kirchner en la Provincia de Buenos Aires. En 2013, Sergio Massa con su victoria en  el mismo distrito truncó una posible reforma de la Constricción  que le daría a Cristina la posibilidad de una re re elección. Daniel Arroyo, un aliado de Massa y designado ministro de Desarrollo Social, criticó con dureza las políticas sociales del gobierno de CFK y por su parte Victoria Donda también abandonó el espacio denunciando violaciones a los derechos humanos. Vilma Ibarra, ex pareja de Fernández y designada Secretaria Legal y Técnica fue una muy fuerte crítica de la ex presidente; al punto que escribió un libro sobre sus contradicciones. Estos nombres y sus designaciones en lugares estratégicos del nuevo gobierno, nunca pueden ser obra de un presidente débil.

A la hora de ser ecuánime  también debe decirse que el gabinete no es una exclusiva criatura parida por el presidente electo. Eduardo “Wado” de Pedro en el ministerio del interior y Carlos Zanini como procurador general del tesoro; son designaciones que indudablemente llevan la firma de la ex presidente.

Cristina Fernández de Kirchner también armó una estructura en ambas cámaras del Congreso y siguiendo el ejemplo de Néstor, ubicó a incondicionales en aquellos organismos que manejan suculentas cajas como la Afip, la Aduana, el PAMI o Anses.

Es claro que Alberto Fernández asume con un poder recortado en comparación con otros presidentes, pero eso no lo hace un títere y ello se relaciona directamente con la génesis de la sociedad política que gobernará la Argentina por los próximos cuatro años.

Nadie duda que el gobierno entrante está sostenido por un equilibrio tenso y que seguro se tensará a medida aún más a medida que pasen las semanas y deban enfrentarse los problemas. Alberto Fernández deberá demostrar sus mejores dote de componedor y negociador, las dos habilidades que lo llevaron a ser el elegido de Cristina Fernández de Kirchner para encabezar un gobierno peronista que llega con un formato novedoso. Cualquier cosa puede pasar.  

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