Empieza el cuarto gobierno kirchnerista

Mauricio Macri perdió las elecciones y desde el próximo 10 de Diciembre será reemplazado en la presidencia por Alberto Fernández. El oficialismo esperó un milagro desde la contundente derrota que sufrió en Agosto en las Paso. El resultado de hoy confirma, una vez más, que en política los milagros no existen. De todos modos, Juntos por el Cambio perdió por una diferencia de 7,59%; 48,03% para la fórmula de los Fernández y 40,44% para la dupla Macri – Pichetto. Una performance mucho mejor de lo que vaticinaban los analistas y las encuestas. En la Provincia de Buenos Aires Axel Kiciloff le sacó 13 puntos a la gobernadora María Eugenia Vidal; 52,10% a 38,40%. Una victoria contundente para el ex ministro de economía de Cristina Fernández de Kirchner, que derrotó a la figura más taquillera del oficialismo sin atenuantes. El peronismo retoma el mando de la provincia que gobernó desde 1987 hasta el 2015.

Las cámaras legislativas quedaron muy parejas, lo que garantiza que el gobierno entrante deberá consensuar todo con la oposición. En la Cámara de Diputados el Kirchnerismo / PJ tendrá 120 bancas y Juntos por el Cambio 119 y el Peronismo no kirchnerista 5. En en el Senado la situación es semejante: 37 bancas para el kirchnerismo / PJ, 29 para Juntos por el Cambio y 2 para el Peronismo no kirchnerista. No quedan dudas que todos deberán tener una fina muñeca política.

Ganó el peronismo pero no aplastó a la coalición oficial como muchos preveían. Macri intentó un milagro, recorrió 32 ciudades en 30 días pero no le alcanzó para darla vuelta. Se acordó tarde de tomar contacto con la gente, confió demasiado en el marketing político pero fundamentalmente su gobierno no fue bueno. Como sucede siempre al intentar explicar cualquier proceso político, las razones de un determinado resultado nunca son únicas. En el caso del fin de la era de Macri no hay duda que la gestión de esta administración estuvo muy por debajo de las expectativas que había generado. La ineficiencia con una alta dosis de soberbia y un gobierno sin ningún rumbo devuelven al kirchnerismo al poder luego de tan solo cuatro años desempeñando el papel de oposición. Ni Cristina ni el kirchnerismo estaban muertos.

El presidente Mauricio Macri será recordado como uno de los peores desde la recuperación de la democracia en 1983. Llegó a la Casa Rosada asegurando que terminaría con los vicios de la vieja política y que cambiaría la lógica del poder. Afirmaba que bajar la inflación era algo tan fácil que ni siquiera era un tema que se detuviera analizar. Se vanagloriaba de dirigir al mejor equipo de los últimos cincuenta años y pedía que fuera juzgado por la baja de la pobreza. El resultado fue que nunca controló la inflación que durante los últimos cuatro años trepó al 300%, la pobreza aumentó 5,4%, el desempleo 1,5%. La pobreza infantil, es decir los niños menores de 14 años, alcanza al 52,6%. El 2019 terminará en el mejor de los casos con una inflación cercana al 57%, posicionando a la Argentina como el tercer país en el mundo con mayor inflación detrás de Venezuela y Zimbabue. Este año también se proyecta una caída del PBI del orden del 3,1%. Es difícil encontrar una variable económica que favorezca a Juntos por el Cambio.

El resultado electoral de hoy es el fin de una agonía que comenzó en Abril de 2018 cuando el mundo rechazó seguir apostando su dinero en un gobierno que jamás tuvo un programa económico sólido. Luego llegó el capítulo del Fondo Monetario Internacional y el romance con Christine Lagarde. Pero el gobierno ya había malgastado los dos primeros años de mandato haciendo un populismo de baja intensidad, que le valió el mote de parte del ex candidato José Luis Espert de “kirchnerismo de buenos modales”. En rigor de verdad Mauricio Macri y su gobierno jamás volvieron a recuperarse de ese primer cimbronazo. A partir de ahí el gobierno siempre fue barranca abajo, salvo por algunas bajas circunstanciales de la inflación. Al presidente le faltó audacia para llevar a cabo cambio profundo de su gobierno. En vez de ello se encerró cada vez más en su grupo intimo encabezado por el jefe de gabinete Marcos Peña; tal vez uno de los funcionarios más odiados dentro del propio oficialismo. Probablemente, la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, se haya convertido en la principal víctima de esa mesa chica en cabezada por Peña. Aunque es difícil saberlo, si a Vidal le hubieran permitido desdoblar las elecciones provinciales probablemente podría haber hecho tenido más chances que conservar la gobernación.

A medida que la gestión del gobierno empeoraba, los estrategas de Juntos por el Cambio decidieron que debían profundizar la polarización con Cristina Fernández de Kirchner. Entonces la ex presidente movió sus piezas y nombró a Alberto Fernández como su candidato a presidente. Una estrategia brillante que obligó Mauricio Macri a elegir como compañero de fórmula al senador Miguel Angel Pichetto, en un intento por captar algo del voto peronista y en especial por seducir gobernadores. Nada funcionó y en cambio Alberto Fernández fue completamente eficaz en unir los fragmentos peronistas desperdigados en todo el arco político. Hasta Sergio Massa volvió al redil del kirchnerismo, el único que opuso resistencia fue el gobernador cordobés Schiaretti.

El golpe de las Paso, las continuas derrotas en las elecciones provinciales salvo en Jujuy, Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires sellaron en destino final del sueño macrista.

Comienza una transición muy difícil que la inauguró el presidente saliente al anunciar en el discurso de admisión de la derrota que había invitado a desayunar a la Casa Rosada al presidente electo. A su turno, en el discurso de la victoria Alberto Fernández anunció que allí estaría. Ambos estuvieron a la altura de los acontecimientos. No es poco en una región convulsionada. La Argentina acaba de poner punto final a un proceso electoral prolijo y transparente, es mucho más de lo que puede decir en otros países sudamericanos. Alberto Fernández es el presidente electo y nadie duda que ello es así porque fue el más votado.

Desde esta anoche, además, Cristina Fernández de Kirchner se convirtió en vicepresidente electa. Nadie cree que su destino será simplemente tocar la campanita en el Senado. En la noche del triunfo se encargó de dejar eso bien claro. No cabe duda que la transición que acaba de comenzar no sólo es entre un gobierno saliente y otra entrante; sino también en mantener el equilibrio interno del Frente de Todos.

La elección terminó y la sociedad eligió. Le dijo que no a Macri y volvió a depositar sus esperanzas en el kirchnerismo, a quien había dado la espalda cuatro años atrás eligiendo a Macri. La Argentina parece estar encerrada en un laberinto circular. Busca al kirchnerismo para resolver los problemas que agravó y generó el macrismo, al que eligió para que resolviera los problemas agravados y generados por los primeros.  

Mauricio Macri se lleva un premio consuelo, haber sido el primer presidente no peronista desde 1983 que terminaría su mandato. Comienza el cuarto gobierno kirchnerista.

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