La grieta como excusa

Desde la salida del kirchnerismo del poder los argentinos nos hemos acostumbrado a explicar gran parte de nuestros fracasos apelando a la famosa Grieta. 

La grieta sirve para explicar todo, desde una pelea entre mediáticas, la impericia de Cambiemos en resolver los problemas del país, la sed de venganza del kirchnerismo y lo que se les ocurre. Todo se explica por la grieta. Líderes de opinión en todos los medios, pensadores, filósofos, jóvenes conductores de televisión que se escandalizan de todo tal vez porque no saben mucho de historia, panelistas y cualquier especie de la fauna mediática empezó a pedir que se cerrara la grieta porque es la madre de todos los males que nos aquejan. Que ese era el camino imprescindible para que el país saliera adelante. Un reencuentro de todos los argentinos hermanados bajo una misma bandera. Convertir en realidad un aviso de cerveza Quilmes en temporada mundialista.

En rigor de verdad la Argentina es un país tan mediocre que ni siquiera padece una buena grieta. Es más, la mala calidad de esta grieta es un indicador de la decadencia del país. Grietas eran las de antes, dirá alguien entrado en años de esos que lo vieron todo. Y tiene razón. 

Nadie podrá discutir que la grieta entre unitarios y federales era más profunda que ésta, aquella en la década de los 70 y ni que hablar de la del `55. Eran grietas que se cobraban vidas de a cientos. Lo que llaman grieta en estos tiempos ni siquiera se le parece. Los ejemplos locales y extranjeros podrían seguir y seguir. 

¿Se puede hablar de grieta en serio en un país en donde la oposición ha votado la mayoría de las leyes que envió el oficialismo al Congreso? Imposible aun cuando muchos acérrimos anti peronistas dentro y fuera de Cambiemos siempre creen ver un conspiración para desestabilizar a Mauricio Macri. Al igual que lo denunciaba el kirchnerismo cuando estaba en el poder acusando a la oposición de entonces que es el oficialismo del presente. Ya quisiera Donald Trump que el partido Demócrata se comportara como la oposición argentina. 

Días atrás Emmanuel Alvarez Agis, ex vice ministro de economía durante la gestión de Axel Kicillof, sostenía en un reportaje con Ernesto Tenembaum que había que llevar a cabo un gran acuerdo de precios y salarios para domar la inflación. Ponía como ejemplo el caso español y los Pactos de La Moncloa. A decir verdad era un gusto escucharlo. Sin embargo, se lamentaba que en la Argentina la receta española era de muy difícil implementación a causa de la grieta. Así, la solución de la inflación obedecía no ya a una cuestión de política económica sino a la falta de diálogo. 

Claro, hoy a Alvarez Agis le toca estar en la oposición pero no debe olvidarse que integraba un gobierno que utilizaba como “hábiles negociadores” a Guillermo Moreno y a Hugo Moyano. Nunca el kirchnerismo llamó al diálogo cuando estuvo en el poder. Semana tras semana la oposición de ese entonces, que es el oficialismo de hoy, se lo pedía y desde el gobierno le respondían que ganaran las elecciones. Hoy, esos mismos que pedían el dialogo democrático y republicano para sacar al país de su crisis permanente, son los que afirman –por ejemplo- que un acuerdo de precios y salarios no sirve para nada. Es una constante en la Argentina, los que están en la oposición piden diálogo, acordar una agenda legislativa e invariablemente se refieren a los Pactos de La Moncloa como un ejemplo que deberíamos seguir. Al llegar al poder rápidamente olvidan el espíritu democrático que tenían en sus épocas de opositores y creer que escuchar, dialogar e incluso darle la razón al adversario es un síntoma de debilidad. 

No se trata de grieta como un factor que impida el avance del país. No se puede seguir utilizando la grieta como excusa porque no es tal. No hay una grieta tan profunda y seria que impida el diálogo. Eso no es cierto. En la Argentina hay mezquindad política, egoísmo y unos egos enormes; pero grieta en serio no existe.

La grieta se ha transformado en la excusa de la impericia en un país donde todos hablan pero nadie dice nada. 

Imagen: www.buenavibra.es

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