LA PROXIMA DECADA “GANADA”



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“Quiero convocar a todos los argentinos para que esta década ganada le siga otra más”, dijo Cristina Fernández de Kirchner desde el escenario montado en la Plaza de Mayo para festejar los diez años de gobierno del kirchnerismo. “No soy eterna ni tampoco quiero serlo”, también dijo la Presidenta.

Como era lógico suponer, las especulaciones acerca de la vuelta del proyecto re reeleccionista volvieron a aparecer; aunque es un objetivo de máxima en el cual nunca el gobierno dejó de pensar. El kirchnerismo difícilmente deje de lado un proyecto político, en todo caso frente a circunstancias coyunturales lo disimula pero jamás lo olvida. Ni un paso atrás, es uno de sus slogans y hasta ahora lo ha cumplido.

Analizar la década que acaba de terminar el kirchnerismo hoy no es lo más importante, cada quien sacará sus propias conclusiones y los balances siempre son dispares. Sin embargo, no se debe soslayar de qué manera llega el kirchnerismo al festejo de sus diez años en el poder. Un índice de inflación preocupantemente alto y con el que el gobierno no parece saber cómo lidiar. En primer lugar, porque no asume el problema y en segundo, porque es evidente que la solución está en manos de funcionarios que no están capacitados para resolverlo. Como consecuencia del un descalabro económico cada vez más indisimulable comienzan a aparecer los primeros síntomas en el mercado laboral: las empresas no están tomando gente y los puestos de trabajo que quedan vacantes no son cubiertos, lo que deriva en una reducción de los planteles de empleados. Ataques contra los medios independientes, escraches a periodistas y una amenaza latente de desembarcar en el Grupo Clarín. Restricción a la compra de dólares. Congelamientos de precios. Empresas administradas por el Estado con resultados en rojo permanente -los casos emblemáticos son Aerolíneas Argentinas e YPF. Un gasto público que continua aumentando. La emisión monetaria utilizada como recurso electoral que por supuesto presiona sobre la inflación, un clásico de la Argentina sobre el que no hace falta mayores precisiones. El Poder Judicial, que por supuesto necesita reformarse, jaqueado por un paquete de leyes que apunta a convertirlo en una fuente de impunidad ilimitada que refrende cualquier deseo de Cristina Fernández. Un país aislado que cada vez se refleja más en Venezuela y que parece haber entrado en una metamorfosis chavista de segunda, esa que ahora lidera Nicolás Maduro. La multiplicación de casos de corrupción que empiezan a demostrar que la década ganada fue para los amigos del poder y que el resto miró con la ñata contra el vidrio. Un gabinete de bajo nivel intelectual y operativo que únicamente está para cumplir diligentemente los deseos de la Presidenta. Y, finalmente, una oposición que en términos generales se parece más a un grupo de analistas políticos que a dirigentes dispuestos a cambiar el curso de la realidad. Esta es la foto del país, no es la película de una década que acaba de terminar, no se trata de un balance sino más bien de una descripción –siempre arbitraria- de la Argentina luego de diez años de kirchnerismo. En este contexto no es casual las cifras que arrojan las mediciones de Management & Fit, que dan cuenta de un 59% de desaprobación de la marcha del gobierno y sólo un 29 de aprobación.

Cristina Fernández de Kirchner dijo que no es eterna ni lo quiere ser, pero hay algo que es claro y es que pretende quedarse en el poder más allá del 2015. Es necesario entender que esa batalla no sólo se librará en las próximas elecciones de Octubre. Hoy es difícil pensar que el kirchnerismo tenga un resultado que le permita reformar la Constitución para que Cristina Fernández se converta en la arquitecta de la próxima “década ganada”. Sin embargo, pensar que el kirchnerismo no va a intentar otro camino para permanecer en el poder más allá de una reforma constitucional, a esta altura de los acontecimientos, sería por lo menos ingenuo. Al menos hay plantearse más de un escenario.

El primero es el más obvio y sencillo pero también el más difícil de concretarse. Un resultado en las elecciones que le permita al oficialismo alzarse con la cantidad necesaria de legisladores para llevar a cabo la reforma, luego del consabido operativo clamor en el que la Presidenta se sacrifica por su pueblo y, a pesar de no querer, continúa en el poder. El segundo escenario sería convocar a algún tipo de consulta popular no vinculante, pero que ejerza una presión tal que fuerce a conseguir el número de voluntades necesaria para llevar adelante la reforma. Este es un camino que requiere tiempo de maduración y cuyos preparativos ya han comenzado. La estrategia pasa por convertir a la Constitución en un verdadero obstáculo para el bienestar del pueblo, haciendo hincapié que la reforma de 1994 fue manejada por los mismos grupos concentrados que hoy hablan de fin de ciclo. La Presidenta ya comenzó con el esmerilamiento constitucional cuando hace pocos días en La Plata dijo que para hacer una verdadera reforma judicial era necesaria una reforma. Cristina Fernández no es original, Hugo Chávez vertebró el mismo discurso para reformar la Constitución venezolana. Hoy la oposición de ese país alerta a los argentinos sobre la cuestión y sostiene que si la reforma constitucional se convirtiera en realidad el kirchnerismo podría volverse eterno más allá de los deseos de Cristina Fernández. La tercera posibilidad, que tímidamente comienza a emerger, es que en el 2015 sea electo un Presidente surgido de las entrañas del modelo y Cristina Fernández de Kirchner se convierta en Jefa de Gabinete. Es lo que podría llamarse un escenario a la rusa, donde Vladimir Putin se convirtió en Primer Ministro luego de dejar la presidencia.

En los festejos de la “década ganada”, Cristina Fernández de Kirchner apeló al miedo, planteando que si este proceso político se interrumpiera en el 2015 sobrevendría un nuevo 2001. Cargó contra los economistas que no le avisaron a la gente que se venía el corralito porque eran cómplices, aunque no se refirió al motivo por el cual el matrimonio Kirchner también calló en esa época.

Cristina Fernández alertó sobre esos enemigos siempre invisibles, que de cuando en cuando son corporizados en Héctor Magnetto y en el Grupo Clarín, para pedirle al pueblo que se organice. Por eso La Cámpora saldrá a verificar los precios de 500 módicos productos de supermercados, pero en unos meses dejarán las segundas líneas de varios ministerios clave para explícitamente tomar su control. Ya no habrá nada que disimular para convertir al peronismo en un mero partido vecinal.

Las palabras de Cristina Fernández de Kirchner no son casuales, el diputado Andrés “Cuervo” Larroque ya lo había anticipado mientras arengaba a su militantes y vaticinó que se van a quedar diez años más, “le guste a quien le guste”. El objetivo está definido, según ellos la próxima década será de Cristina. Cómo conseguirlo, para el kirchnerismo no es más que un detalle.

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