MENOS VOCES



Longobardi

Hoy Marcelo Longobardi dejó de estar al aire en Radio 10, luego de ser el periodista más escuchado en la franja más competitiva de la radio que es de 6 a 9. Su programa, Cada Mañana, acaparaba el 45 % del share, para que se entienda mejor prácticamente la mitad de los argentinos que se informan a través de la radio lo escuchaban. Dicen los estudiosos del rating, que las audiencias sumadas de las tres emisoras que le seguían no podían igualarlo. En un país normal, la continuación del ciclo sería algo fuera de toda discusión partiendo de la base que cualquier radio tiene por objetivo sumar la mayor cantidad de oyentes posible para, de esa manera, conseguir una mayor participación en la torta publicitaria. Sin lugar a dudas, el programa de Marcelo Longobardi encajaba perfectamente en esta sencilla lógica que rige a los medios desde hace décadas. Claro, pero hay un pequeño detalle, la Argentina dejó de tener lógica o, al menos, la lógica del sentido común que ha dejado su lugar a una visión de las cosas cuyos objetivos apuntan a silenciar las voces incómodas aunque se diga lo contrario.

La decisión de Cristóbal López no tiene lógica empresaria alguna. Nadie en su sano juicio echaría por teléfono al periodista más escuchado de su radio, aun cuando lo detestara y ni siquiera escuchara su programa. Pero es obvio que no se trata de fortalecer a un medio, es evidente que su beneficio redunda en callar a Longobardi aun en desmedro de debilitar a la misma radio que compró. Es muy probable que la decisión y la contraprestación que reciba Cristóbal López queden en esas insondables conversaciones donde se dicen medias palabras pero todos entienden los mensajes.

La brillante biografía de Steve Jobs, escrita por Walter Isaacson, cuenta que muchas veces las decisiones del creador de Apple eran calificadas de locuras destinadas al fracaso; pero nadie dudaba, ni sus propios detractores, que su objetivo era vender más computadoras. Ese era el negocio. Pero no es el negocio del señor López que ha tomado una decisión que, sin lugar a dudas, hará perder oyentes a Radio 10. Pero López no es Jobs y su negocio no es que los medios que regentea tengan más oyentes, probablemente es que tengan menos. De seguro, el destino de La Diez será similar al de Radio América y Del Plata.

El diputado Gustavo Ferrari no se cansa de decir que los políticos y los periodistas han caído en un error importante, y es no entender que el gobierno / cristinismo / kirchnerismo tiene otra lógica que la del común de la sociedad. Una lógica donde la ley y las contradicciones no operan como límite. El caso Longobardi es un ejemplo más de que Ferrari está en lo cierto y cuando se ensaya lo que dice, enseguida se empieza a entender con más profundidad  la lógica binaria y perversa que rige a la Argentina en la actualidad.

Marcelo Longobardi hacía un buen programa, que podía gustar más o menos pero no hay duda que estaba bien hecho. El fundamento de esta afirmación es su alto nivel de audiencia, sostenido a lo largo de más de una década. “Marcelo tiene un ángel especial para contar las noticias”, me dijo en una oportunidad Willy Kohan buscando una razón que explicara su éxito. Probablemente sea eso y mucho más.

El gobierno, a medida que la realidad se empeña en alcanzarlo, se vuelve cada vez más burdo y todo apunta a una constante demostración de poder. El despido de Longobardi lo tiene a él mismo como primera víctima pero no es la más importante. Los principales damnificados son sus oyentes y también quienes no lo eran porque ahora el gobierno, a través de Cristóbal López, les impide dejar de elegirlo o criticarlo. Sencillamente, porque vaya a saber quién, en las cuatro paredes de algún coqueto despacho, decidió que la sociedad no tiene el derecho de elegir si escuchar o no a Marcelo Longobardi. La Argentina se ha vuelto un país penoso.

Usualmente no escribo mis notas en primera persona, pero al menos una parte de este artículo no puede escapar a esta excepción. Siento un entrañable afecto por Marcelo Longobardi, aunque no sea su amigo y hace dos o tres años que no hablo con él. Pero junto a Daniel Hadad me abrieron las puertas al periodismo. Longobardi me tomó la única entrevista laboral que tuve en esta profesión y fue para entrar en la Revista Apertura que él fundó junto con Gabriel Griffa. Fue un desastre. No tenía ninguna experiencia ni reunía el más mínimo requisito para entrar en una revista. Sólo quería que terminara de hacerme preguntas que no podía responder pero el tipo insistía. Por alguna extraña razón que no conozco pasé su filtro que me habilitaba a tener una segunda sesión de torturas, pero esta vez con Alicia Cerri; quien por aquel entonces estaba al frente de la redacción de Apertura. La escena se repitió, me preguntaba cosas a las que no podía responder pero milagrosamente me tomó. Al día de hoy sigo sin explicarme el por qué pero fui parte de ese grupo y es uno de los mejores recuerdos que tengo de esta profesión. Desde aquel entonces le estoy agradecido a Longobardi por haberme dado una oportunidad y por supuesto a Alicia Cerri. Cuento esta anécdota personal porque en el fondo creo que es la razón por la que escribo estas líneas, en vísperas de Noche Buena, con un calor agobiante y una importante carga de indignación.

El despido de Longobardi es parte del “vamos por todo” al que habría que sumarle “…y por todos”. Pero también deja en una incómoda situación a aquellos que defendían la Ley de Medios pregonando que era el instrumento que permitiría la diversidad de voces. No hay tal cosa. El gobierno sólo acepta menos voces que amplifiquen un relato desgastado, cuyos guionistas están cada vez más disociados de la realidad. Feliz Navidad.

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5 Responses to MENOS VOCES

  1. Maria del Carmen Ratti dice:

    Gracias por esta excelente nota, no solo nos prohiben escuchar a Marcelo, le estan negando su derecho a trabajar. Esperemos que algun medio lo incluya en su programacion aunque quedan pocos medios independientes.

  2. Andres dice:

    Martin, el problema no es Longobardi. Como vos decis, tiene mucha audiencia, y el mercado lo va poner en otra radio. Hay muchos ‘longobardis’ que piensan distinto, no miden tanto, y no se van a recolocar. Y eso es lo q buscan. Que solo se escuche una voz, la del croupier Cristobal Lopez diciendo ‘Cero!!! Me la llevo toda’.
    Abrazo
    Andres

  3. Cristian J. Caravello dice:

    Hola Martín

    Me sumo a la indignación que sentís.
    Una política mediática que le quita a la gente lo que más escucha, está en contra de la gente.

    Estoy a favor de una ley de medios que nos preserve de los monopolios. Esta no es una de esas.

    Saludos.

  4. Betina Kraus dice:

    No había leído esta nota tuya Martín. Excelente desde todo punto de vista. No sabía tus comienzos en la revista “Apertura” que como lo dice su nombre te tomaron en una época con ideología abierta y dando posibilidades a lo que pensaban que valía la pena. Otros tiempos…..

    Yo era una fiel oyente de Longobardi y comparto con vos la opinión que dado su estilo particular supo mantenerse aprox. 14 años en radio 10 y con un nivel de audiencia fantástico.

    Estoy convencida de que en algún momento se hará justicia!

    Felicitaciones Martín por la calidad y altura de tu nota.

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