EL DIA QUE SE ACABO EL MIEDO



cacerolazo

La respuesta del gobierno a la marcha de los indignados argentinos dista de ser original: redoblar la apuesta. Algo que probablemente implique más reelección, más Afip, más denuncias infundadas de intentos de desestabilización y más cadenas. En definitiva, más relato. El kirchnerismo entiende que un paso atrás significa una derrota por eso nadie en su sano juicio puede pensar que el gobierno va a cambiar en el algo su agenda. Persistirá en el error y en todas aquellas cuestiones que llevó a miles de argentinos a ocupar muchas plazas del país, demostrando su hastío por una Presidente que no se ocupa de los problemas del país.

El Jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina fue quien mejor graficó el pensamiento del gobierno sobre lo que ocurrió el jueves. Descalificó a los autoconvocados de la protesta más potente desde los días de la 125, como gente que “les preocupa más lo que sucede en Miami que lo que pasa en San Juan. En esos barrios no nos votan”. Medina, en su modesto análisis político que pone de manifiesto su poca militancia, descalificó a los manifestantes que no pisaban el césped para no ensuciarse y los instó a formar un partido político y ganar las elecciones. Como no podía ser de otra manera, el Jefe de Gabinete también le dedicó algún párrafo al Grupo Clarín; un clásico tópico del relato. Es evidente que Abal Medina, como el resto del gobierno, viven cada vez más ajenos a la realidad. Abal Medina y el resto de los funcionarios dejaron de tener esa sensibilidad de interpretar el humor social, terminaron por creerse su propio personaje.

Parece mentira, pero los políticos terminan siempre por cometer el mismo error; se enamoran de un modelo y nunca se dan cuenta que llega el momento de dar un viraje. Lo mismo le pasó a Domingo Cavallo con la Convertibilidad, no entendió que ese plan que le había dado éxito necesitaba ser dejado de lado cuando empezó a generar más problemas que soluciones. Cristina Fernández de Kirchner está cayendo en el mismo error que Cavallo, no entiende que el 2003 ya quedó muy lejos y que las recetas que dieron resultado en aquella época están desgastadas porque la realidad cambió.

El jueves pasado la gente dijo muchas cosas, aunque tal vez la síntesis de lo que se gritó en muchas plazas del país fue: No te tenemos miedo. Aunque el gobierno no lo vaya admitir en público, la enorme concentración lo tomó por sorpresa. No fue Clarín, no fue la adormecida e ineficaz oposición argentina más preocupada en sus propias nimiedades que en la construcción de una alternativa de poder, ni tampoco un grupo de conspiradores corporativos que añoran otras épocas. Fue mucha gente que se cansó, tan sencillo y a la vez tan complejo como eso. Es algo que Abal Medina no entiende y su modesto análisis de encuadrar lo sucedido en una lucha de clases, sólo pone de manifiesto que es un teórico de la política pero –al igual que el resto del gobierno- que está muy lejos de la realidad.

El gobierno quiere responder a la marcha con una marcha de “Unidos y Organizados”, un mosaico de agrupaciones de ultra kirchneristas. Por supuesto, el objetivo es una demostración de fuerza convocando más gente que la que se congregó el jueves en diversos puntos del país y pedir por la re reelección de Cristina Fernández. Nadie podrá pensar que todos los que asistan a esa marcha lo hagan propia voluntad, sin ser llevados por distintos referentes. No será lo mismo. Redoblar la apuesta e ir por todo, aun a riesgo de quedarse sin nada; es la única lógica que del kirchnerismo.

El planteo es pobre, se pretende descalificar los reclamos de los autoconvocados llevando más gente a las plazas, como si ello hiciera desaparecer los problemas como por arte de magia y los reclamos pueden ser descalificados por una cuestión numérica.

A Cristina Fernández de Kirchner la ponen nerviosa el ruido de las cacerolas, aunque en San Juan haya dicho lo contario,  y mucho más que miles de personas salgan a la calle sin ser convocadas porque no se le puede echar la culpa a nadie. Responsabilizar a Clarín, a Cecilia Pando o a la extracción social de los participantes son todas explicaciones vacías que surgen de una construcción de la realidad que hace tiempo se convirtió en una caricatura.

Si bien el principal destinatario de las protesta del jueves fue el gobierno, la oposición también debiera tomar nota de ese mensaje. Nadie está capitalizando el descontento que un importante sector de la sociedad tiene. La oposición también fue tomada por sorpresa, ellos también son responsables. Debe empezar a construir una alternativa de poder de cara al 2015 y en las elecciones del año que viene debe demostrar que va en la dirección correcta. Los indignados argentinos salieron a hacer el trabajo el trabajo que en cualquier democracia seria hace la oposición, demostrar que hay límites en el ejercicio del poder.

El gobierno doblará la apuesta. Cristina Fernández aparecerá más crispada que de costumbre en sus cadenas nacionales, hablará de una realidad y de un país que no se trata de la Argentina real. Los aplaudidores de siempre seguirán riendo y festejando cada una de sus ocurrencias, seguramente más por miedo que por convencimiento. Habrá operativos clamor para que Cristina se eternice en el poder, pero un sector importante de la sociedad ya le hizo saber a la Presidente que no le tiene miedo y volverá a gritarlo en la calle.

Alguna vez Martin Luther King dijo: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética…Lo que me preocupa es el silencio de los buenos”.

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