APENAS POR DEBAJO DE DIOS



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“Sólo hay que tenerle miedo a Dios y a mí un poquito”, dijo Cristina Fernández de Kirchner el jueves pasado una emisión más del show televisivo que ella misma conduce, aunque en esta oportunidad no fue en cadena. La polémica no cesa y sin lugar a dudas se ha convertido en una de sus frases más brutales pero también más sinceras. Es toda una definición política que de manera contundente describe los tiempos que vive la Argentina. También es un monumental gesto de audacia que una persona se ponga apenas un escalón más abajo que Dios. Fernández de Kirchner anunció el jueves que la Argentina va camino a un régimen absolutista.

Si bien es cierto que la Presidenta aclaró que se refería a los funcionarios nombrados por ella, la sensación es que fue una advertencia a todos y a todas. Por supuesto, el auditorio formado principalmente por funcionarios nombrados por ella, aquellos que deben temer aplaudieron y festejaron la ocurrencia; demostrando que la dignidad no es algo por lo que uno deba preocuparse en estos tiempos.

Hay que decirlo, Cristina Fernández puede estar tranquila porque su objetivo está cumplido, incluso sobradamente, porque su gobierno genera miedo. Gobernadores, empresarios, periodistas, legisladores, economistas  saben que en cualquier la furia presidencial puede desatarse sobre ellos. La gente común no escapa a una Presidente que quiere dejar en claro que todo lo ve y que hará sentir su poder; sacando del anonimato a cualquier hombre común que levante la voz. El ya célebre señor Saldaña es un buen ejemplo de ello, al igual que aquel “abuelito amarrete” que quería premiar el buen desempeño escolar de su nieto con diez dólares.

En perfecta sintonía con su jefa, Axel Kicillof le respondió al Ceo de Techint sus críticas al rumbo económico: “Habría que bajar el precio de la chapa y fundir al señor Rocca, pero no lo vamos a hacer, aunque habló mal de nosotros”. El “delito” de Rocca fue criticar la política económica del gobierno y sólo por ello merece ser fundido. Sin embargo, gracias a la misericordia de Kicillof por ahora Rocca se salvó pero la advertencia fue contundente y el resto de los hombres de negocios deberán tomar debida nota.

La estrategia de infundir miedo ha sido exitosa pero también demuestra varias cosas que explican por qué la Argentina cada vez se parece más a la Venezuela de Hugo Chávez y se distancia más de las naciones civilizadas.

Las advertencias de Fernández de Kirchner y la de su funcionario preferido, ponen de manifiesto varias cosas. En primer lugar que el Cristinismo podrá ser cínico, contradictorio y autoritario pero es brutalmente sincero. El poder se ejerce con miedo y no admite ningún tipo de límites, sólo el humor y la “benevolencia” de quienes lo ejercen. En este sentido, es Cristina Fernández de Kirchner es la titular de la fórmula mientras que el resto sólo son ejecutores aunque hoy brillen en el firmamento K. Kicillof incluido. En segundo lugar, la apelación al miedo como herramienta de la praxis del poder también pone de manifiesto que el gobierno ha decidido dejar de lado la política, que se basa en la persuasión, la seducción y el convencimiento. La consecuencia directa de ello es convertir al sistema democrático en apenas una cuestión meramente formal, para mutar en un régimen autoritario. Sólo un dictador entiende que para conservar el poder debe infundir temor.

La estrategia del miedo y el abuso de la utilización de la cadena nacional, dos sobreactuaciones de fuerza, sólo esconden la debilidad de un proyecto político que viene demostrando desde hace mucho fatiga de material. Cristina Fernández de Kirchner fuerza a los argentinos a que la escuchen apelando a la cadena nacional, para compensar la falta de resultados del sistema mediático paraoficial que, por su baja calidad y credibilidad, no logra comunicar los “logros” del gobierno. Cristina va a camino a convertir su gobierno en un reality en cadena, donde en cada una de sus emisiones fuerza a los argentinos, esos mismos que después de Dios sólo deben temerle, a conocer sus estados de ánimo, capítulos de su vida personal y a nunca olvidarse de El; aunque  ella se haya convertido en una ferviente opositora de las políticas de su marido. Y, desde allí, infundir miedo a todos aquellos que piensen distinto y se atrevan a expresarlo. La cadena y la apelación al miedo también demuestran una debilidad en las ideas y el desgaste del relato como medio para desvirtuar la realidad. El miedo y la cadena apuntan a los mismos, a silenciar a los que piensan distintos porque los argumentos del relato ya no son capaces de tapar los problemas del modelo. Y, en medio de ese silencio, sólo debe hacerse oír una sólo voz, la de Cristina Fernández de Kirchner que es fuente de toda razón y justicia. Los Kicillof, Moreno Echegaray y el resto sólo son meros actores de reparto que siguen el libreto que en soledad diseña la Presidente.

Es probable que el análisis político no sea suficiente para explicar el comportamiento de Fernández de Kirchner, pero los concomimientos de la psicología son ajenos a la mayoría de los periodistas. Es claro, a la Argentina no se le cayó el mundo encima, fue la Argentina que se cayó del mundo.

La oposición y los mismos peronistas tienen una gran responsabilidad de lo que está pasando. Ninguno ha sabido construir una alternativa de poder que compita en serio con el kirchnerismo. La oposición perdió una más que interesante oportunidad en el 2009, pero ni siquiera capaces de acordar una agenda parlamentaria. Hoy aparece más desorientada que nunca y sólo reacciona ante los estímulos del oficialismo y la sociedad no percibe que proponga una alternativa de poder cierta. La oposición también olvidó de qué se trata la política.

En las filas del peronismo, donde reina el estado deliberativo, al menos en privado, buscan sobrevivir en especial los gobernadores, salvo por el caso del cordobés José Manuel De la Sota.  Aplauden también y cada vez lo hacen más fuerte porque son ellos también destinatarios del mensaje de temerle un “poquito” a la Presidente.

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2 Responses to APENAS POR DEBAJO DE DIOS

  1. Andres dice:

    Buena nota. La soberbia propia y el entorno genuflexo quiere (consiguio?), hacernos creer que una eleccion ganada con algo parecido al 54% convierte republicas en monarquias.

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