LA CONSTRUCCION DE UNA REALIDAD EN CADENA



CFK

Cristina Fernández de Kirchner ha decidido construir su propia realidad a fuerza de transmitir sus discursos en cadena nacional. De por sí se trata de un gesto autoritario que persigue forzar a los argentinos a que le presten atención, a que nadie escape de sus análisis barnizados de una oratoria, que si bien en otros tiempos causaba admiración, en la actualidad aparece mínima y con claros síntomas de chabacanería.

La Presidenta sólo habla de lo que ella le parece importante pero siempre con el cuidado de no mencionar los temas o hechos que el relato no puede disimular ni subvertir. Sin lugar a dudas, la inflación encabeza el ranking de los temas tabú y la seguridad marcha detrás. Los casos de corrupción engrosan la lista. Cada vez más Cristina Fernández adopta el ropaje de una comentarista de la realidad en la que sólo ella parece vivir y la comunica desde la impunidad que tienen aquellos que hablan solos y nadie les puede contestar. Fustiga, reta, chicanea, hace chistes; se esmera por dar una imagen que ella está por sobre todos y todas. Abajo están los aplaudidores de siempre que le festejan sus ocurrencias aún cuando alguno de ellos pueda ser víctima de sus ocurrencias o de un reto con un tono soberbiamente maternal.

En cada una de sus alocuciones Cristina Fernández adopta diversos papeles y estados de ánimo. Puede ser una abnegada viuda ofreciendo su vida por el modelo que construyó su difunto marido, que con la voz quebrada a punto de estallar en llanto casi suplica que la ayuden porque no puede sola. Pero casi sin solución de continuidad muta en una mujer combativa, que con una verba afilada castiga sin piedad a los enemigos de turno. Cualquiera puede convertirse en blanco de la ira presidencial. Sin lugar a dudas, Clarín es una de sus obsesiones y sus últimas reacciones hacen pensar que prepara el asalto final contra el multimedios, en base a una peculiar interpretación de un fallo de la Corte Suprema. La oposición prácticamente ha desaparecido de su lista de víctimas, su lugar fue ocupado principalmente por los enemigos internos y otros ocasionales como el ya célebre señor Saldaña. A la hora de ser ecuánime hay que decir que la Presidenta no discrimina. Gobernadores, funcionarios, empresarios, sindicalistas, economistas, periodistas, grupos empresarios, personajes de la historia y hasta ciudadanos comunes pueden ser mencionados desde el atril presidencial que hace las veces de patíbulo virtual donde son ejecutados los enemigos del modelo. Los de abajo aplauden, se ríen, festejan y vuelven a aplaudir. Es un cortejo obsecuente alrededor de una abeja reina. Quieren que ella los vea aplaudir y festejar cada una de sus ocurrencias.

La autorefencialidad es una constante en sus discursos, algo que parece seguir la lógica de haber heredado la Argentina que desde el 2003 se convirtió en un bien ganancial del matrimonio Kirchner. Cristina habla de sus hijos, de su padre, de los amigos de la familia y por supuesto de El; cualquier apelación sirve para mantener en vigencia un modelo que cada vez tiene menos que ver con sus orígenes. Por eso, siempre son mencionados los logros de la presidencia de Néstor Kirchner pero rara vez los de ella porque a decir verdad la gestión de Cristina Fernández cada vez parece llegar sólo hasta los limites del relato. Los problemas que afectan a la mayoría de los argentinos invariablemente están ausentes.

En el Show se Cristina nada está librado al azar: hay gigantografías con las tapas de Clarín, powerpoints, personas comunes que son cuidadosamente elegidas para reforzar aquello que se dice desde las alturas del atril presidencial. En todo hay una espontaneidad ensayada y artificial. Es el intento de humanizar la parrafada de cifras que siempre está presente en los discursos de Fernández de Kirchner. Sin embargo, el mecanismo ya se vio envuelto en varios papelones cuando se descubrió que esos ciudadanos comunes que de buena fe le agradecían a la Presidenta eran militantes kirchneristas.

El otro papel que suele adoptar Cristina Fernández es el de la una presidenta relajada, segura de sí misma gracias a sus éxitos, muchos de los cuales habitan sólo en una interpretación retórica y vacía de la realidad. Es cuando apela a un leguaje que pretende ser moderno, descontracturado y popular y termina siendo soberbio y sólo muestra a una mandataria que ni siquiera utiliza las mismas palabras que el pueblo que gobierna. El resultado es una persona que se muestra cada vez más alejada de la realidad. Por eso, se convierte en un acto épico anunciar que los jubilados van a ganar casi  dos mil pesos o que los actos políticos son eventos culturales que permiten la reinserción de los presos. En el mundo de la Presidenta no existe el caso Ciccone, la corrupción, una economía que pide a gritos medidas de fondo, así -por poner solo un ejemplo- las barras bravas que se mezclan con la politica se convierten en vehementes hinchas que sólo pretenden alentar a sus equipos. Los muertos por la violencia en el fútbol no se contabilizan en el mundo kirchneristas como tampoco los sufrientes usuarios del transporte público. En el mundo kirchnerista todo cambia y se vuelve color de rosa para que nada incomode al modelo y por supuesto a su principal heredera y continuadora. Los hechos hacen mucho que dejaron de importar, sólo importa quién los saca a la superficie. Cristina Fernández no discute hechos, su relato sólo trata de desacreditar personas como mecanismo para desvirtuar la realidad de los primeros. Si Clarín dice que llueve, aunque diluvie la Presidenta explicará que es un bello día soleado y todo se trata de una conspiración. De acuerdo a su humor y a la coyuntura del día, el lugar de Clarín puede ser ocupado por un periodista, economista, empresario o cualquier otro que la Presidenta considere a su infalible buen saber y entender que debe ser castigado. Por supuesto, abajo aplauden y aplauden.

Cristina Fernández de Kirchner pronuncia discursos que cada vez son más “vintage” pero aunque habla mucho lo cierto es que dice poco. El pueblo al que ella quiere acercarse imponiendo sus palabras a fuerza de cadenas nacionales cambia de canal. La Presidenta no resuelve los problemas porque en su mundo, en esa realidad que pacientemente se construye y le construyen, ellos no existen. Cristina Fernández está cada vez más sola y el show de su relato cada vez es más ineficaz para disimular la realidad.

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3 Responses to LA CONSTRUCCION DE UNA REALIDAD EN CADENA

  1. […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos Política Argentina: La construcción de una realidad en cadena martinpitton.net/2012/08/04/la-construccion-de-una-realid…  por vaargentina hace […]

  2. Noticias Verdaderas dice:

    excelente, lo que todos sabemos muy bien redactado

  3. Cristian J. Caravello dice:

    El problema del gobierno, son sus desaciertos.
    El problema de la democracia es la falta de propuestas alternativas aceptables.
    Los desaciertos seguirán al poder hasta que alguien diga cuál es la forma correcta de hacerlo. Entonces la gente tendrá una alternativa seductora que seguir. Pero lamentablemente, en la vereda de enfrente hay un montón de oportunistas que independientemente de cuanto disientan o concuerden, solo persiguen la meta de liderar la oposición. Es común escucharlos verter frases vacías como “Hay que combatir la inseguridad” o “Hay que bajar la inflación” o “Mi límite es el Kirchnerismo”. En lugar de decirnos qué cosas van a hacer, concretamente; leen títulos con los que atraer pobres almas ingenuas que quieren un cambio, pero nunca explican cómo se resolverán los problemas.

    Mientras el oficialismo se transforma en un gigante que arrasa con todo y al que no conviene desavenir, que persigue a sus enemigos quitándoles la voz o las cajas, que lleva adelante un programa comunicacional orientado a adoctrinar el pensamiento en lugar de adiestrar a la razón y dejar que el pensamiento vuele libre; mientras ese es el escenario oficialista, la oposición es una bandada de buitres buscando carroña para alimentar sus propios vientres.
    Ese es el panorama que se perfila para el 2015. De allí deberemos elegir al gobernante.

    Creo que es un buen momento para empezar a preocuparnos.

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