LA MADRE DE LA DERROTA



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Las victorias tienen dueños lo mismo que las derrotas, pero la diferencia entre unas y otras es que mientras por la primeras todos se pelean; de las segundas todos quieren escapar como si fueran un cáncer que consume a quien lo alcance. Derrotas y victorias siempre se explican por una multiplicidad de factores y actores. En este sentido la política es brutal, ganadores y perdedores son juzgados con esa misma vara que se mide a los entrenadores en el fútbol; donde muchas veces la historia no importa aunque esta se trate de una cadena de triunfos. La política como el fútbol es inapelable en cuanto a los resultados. En este sentido, Cristina Fernández de Kirchner es la madre de la derrota por casi veinte puntos de Daniel Filmus, aunque por supuesto el senador tiene su cuota de responsabilidad al presentarse a un electorado complejo como el porteño como un mero delegado municipal del Poder Ejecutivo.

Es claro que la estrategia del kirchnerismo en la Ciudad de Buenso Aires fue mala, confundieron imagen positiva –que en el caso de la Presidenta alcanza al 50%- con votos. Los estrategas de Olivos pensaron que a caballo de la imagen presidencial Filmus superaría el 30% y quedaría ubicado en el ballotage en una posición más cómoda.

La Presidenta apoyó su dedo real en Filmus y quedó automáticamente convertido en candidato, luego de jugar a una interna abierta con Amado Boudou –hoy candidato a vicepresidente- y Carlos Tomado, que en ese mismo acto acto fue entronizado como su compañero de fórmula.

Cristina Fernández de Kirchner le impidió a Filmus hablar el día de su entronización como delegado del poder central. Como en todos los distritos, diseñó junto con el “Chino” Zanini la lista de candidatos a legisladores y así alumbró como cabeza de lista Juan Cabandié, militante de La Cámpora. El grupo político que goza del favor presidencial y que representa la juventud que enamora a la Presidenta, pero que en estas elecciones demostró que a la hora de los votos le faltan mucha militancia y mucho barro.

La Presidenta se metió en la campaña de Filmus mucho más de lo que ahora se reconoce, porque nadie está dispuesto a ser el padre, en este caso la madre, de la derrota. Era lógico, el hombre a derrotar era Mauricio Macri, a quien Cristina Fernández había elegido como indiscutido rival para las elecciones de octubre. No caben dudas que para el kirchnerismo era más fácil confrontar con Macri que hacerlo con Ricardo Alfonsín.

Es mentira que Daniel Filmus haya hecho una buena elección, aunque su jefe de campaña el sociólogo Luis Alberto Quevedo haya tratado de imponer la idea a partir de las seis de la tarde que era el mejor resultado del Frente para la Victoria en toda su historia. Frente a la contundencia de la victoria de Mauricio Macri, que sorprendió a los propios dirigentes del PRO, el gobierno se embarcó en el esfuerzo absurdo de querer disfrazar su derrota de triunfo. La contundencia del resultado electoral hace que cualquier intento en este sentido sea un fracaso y en este marco aparezcan análisis que muestran verdadera impotencia. Es el caso del inefable Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, que con bronca declaró que “pueblos tienen los gobiernos que se merecen” y, como no podía ser de otra manera, responsabilizó a Clarín, La Nación y Perfil del triunfo del PRO por haber ocultado la mala gestión de Macri. Es obvio que el ex intendente de Quilmes sólo respeta la voluntad popular cuando le es favorable al gobierno y de lo contrario merece el máximo de los repudios. Muchos dictadores a lo largo de la historia tomaron el mismo camino. Aníbal Fernández hace un juicio que asombra por su pobreza intelectual, pero enoja por su falta de respeto a la voluntad popular. Es torpe pensar que un grupo de medios periodísticos puedan arrear a los porteños como ganado. De hecho si fuera así, Cristina Fernández no tendría la intención de voto que ostenta en la actualidad que, en apariencia, le permitiría conseguir la reelección en primera vuelta.

Mauricio Macri ganó en buena ley y no sólo porque perdió Filmus, gracias a la torpeza de los estrategas de Olivos, que nunca pudieron decodificar a un distrito complejo como es la Ciudad de Buenos Aires. Es imposible e injusto no adjudicar parte de la victoria de Macri a su gestión, que al igual que otros oficialismos en el país, hoy goza de las preferencias de los votantes. Es imposible pensar que después de casi cuatro en el gobierno, con los resultados en la mano, la gestión macrista no haya sido buena; especialmente si se tiene en cuenta las características de un electorado tan esquivo como el porteño que ha demostrado que no es cautivo de nadie. En este sentido, los radicales pueden dar buena cuenta de ello con los apenas dos puntos que cosechó Silvana Giúdice.

La primera vuelta en la Ciudad experimentó una fuertísima polarización que dejó afuera de la discusión a otras agrupaciones que habían tenido una buena performance en turnos anteriores. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las elecciones con sistema de doble vuelta, la polarización se produce en el segundo round mientras que en la primera los votantes se inclinan por los candidatos que mejor los representan ideológicamente. Es lo que no ocurrió en la Ciudad.

La principal víctima de este fenómeno fue Fernando “Pino” Solanas que no pudo llegar al 13%, aunque también hubo errores que cometió el candidato de Proyecto Sur. Sin embargo, la primera cuestión de la que no es responsable, es que una elección legislativa es muy distinta a una en la que se eligen cargos ejecutivos. Por lo general, los votantes en la primera se sienten más libres y se inclinan por expresiones que propendan a controlar al poder; en cambio tienden a ser más conservadores en el caso de las segundas. Ese fue el primer escollo que afrontó Solanas y después hubo una cadena de decisiones incorrectas que también contribuyeron a su magro resultado. Los problemas internos de Proyecto Sur no se pueden disimular y su separación del frente liderado por Hermes Binner, claramente jugaron en contra de sus aspiraciones de meterse en el ballotage. Además, Solanas no amoldó su discurso a la campaña porteña cuando decidió bajarse de su carrera presidencial. Siguió hablando de las mineras, de los ferrocarriles y no hizo hincapié con la suficiente energía en las propuestas para tentar a los porteños.

En la Ciudad de Buenos Aires se hizo añicos la idea de la invencibilidad de la Presidenta. La Cámpora lució como un grupo inexperto, poderoso siempre y cuando se encuentre bien cobijado en las polleras del poder, pero incapaz de cosechar votos en el barro de la contienda electoral. Es obvio que los intendentes del Conurbano tomaron debida nota de lo que sucedió en Buenos Aires y su resistencia con el dilecto grupo político de la Presidenta serán, a partir de ahora, más férreas.

A partir de los primeros resultados de las bocas de urna, comenzó a circular la versión que Daniel Filmus podría bajarse de la segunda vuelta. Por supuesto, por la noche, minutos antes que Mauricio Macri saliera al escenario del bunker instalado en Costa Salguero, los operadores del PRO no ocultaban su intento por instalar la especia. Filmus, por orden de la Presidenta salió a desmentir la versión rápidamente apenas comenzó su discurso cuando la tendencia de la voluntad de los porteños ya era irreversible.

A pesar de lo que los voceros de siempre del kirchnerismo dicen en público, en sus entrañas saben que es imposible dar vuelta un resultado tan contundente como el que obtuvo Mauricio Macri. La cuestión no parece ser si Filmus puede ganarle Macri en una segunda vuelta que parece tener el nombre del ganador escrita de antemano, el tema a dilucidar es por cuánto perderá el kirchnerismo. Sin lugar a dudas, se prendió una luz amarilla en el cuartel general del kirchnerismo. Es obvio que las cosas que no salieron acorde a los deseos de Olivos. Pero la derrota no sucedió en cualquier lugar, ocurrió en la Ciudad de Buenos Aires que es una vidriera indiscutible de la política nacional. Es difícil pensar que el resultado de estas elecciones no vaya a tener un impacto nacional, al que se sumarán los resultados en Santa Fe y en Córdoba y lo que vaya a ocurrir en La Pampa, que luego de la renuncia de Carlos Verna la provincia está en estado deliberativo.

Ganó Mauricio Macri que ahora tendrá un papel a nivel nacional, como aquel que soñó cuando lanzó su propuesta de diálogo a todos los partidos de la oposición. En aquella oportunidad, su convite no fue escuchado y hasta fue desdeñado. De aquel entonces son las palabras de Ricardo Alfonsín señalando que Macri era un límite para trabar un acuerdo político. Ese límite parece haberse desdibujado, que en una manifestación de pragmatismo político, se apuró a darle su apoyo para la segunda vuelta.

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