EL DIA QUE EL DIABLO FALTO A LA CITA



Lucifer La Argentina es un país contradictorio. Produce alimentos para 300 millones de personas y no puede alimentar a 40 y nos convertimos en pioneros en la lucha por la igualdad en la defensa del matrimonio de parejas homosexuales. Sin embargo, es un gran paso adelante el debate que se llevó a cabo en la Cámara de Senadores y la aprobación de la ley. Si bien el proyecto que llegó de la Cámara de Diputados tiene muchas falencias y los legisladores deberán trabajar bastante para reformar otras normas y evitar colisiones jurídicas, implica un gran avance en materia de reconocimiento de derechos.

Es lógico que haya muchas opiniones refractarias al cambio, especialmente cuando es de fondo como en este caso y hace crujir pautas culturales arraigadas por décadas. Algunos argumentos en contra de la ley han sido, no sólo poco robustos, sino que demostraron el poco conocimiento y tolerancia que existe en gran parte de la sociedad. Desafortunadamente, la Iglesia se puso a la cabeza de aquellos que expresaron la intolerancia tratando de infundir miedo invocando a Satanás y a la tergiversación del Plan de Dios. Está bien que la Iglesia se expresa en contra de aquello que cree que puede atentar contra los valores que ella propugna, pero lo que irritó en muchos casos fue la forma. No se trató de una guerra de Dios o que Satanás se haya encarnado en el cuerpo de cada uno de los legisladores que votaron a favor, se trató principalmente de una discusión jurídica donde la religión en esta época poco tiene  que ver. En este marco, lo que la Iglesia parece no comprender es que su influencia política y jurídica ha disminuido considerablemente desde aquellos viejos tiempos cuando desde el púlpito se hacía tronar el escarmiento. Eran tiempos en que la Biblia estaba por encima de la Constitución, en la actualidad es exactamente al revés y fue lo que hicieron los Senadores.

El gobierno impulsó el proyecto en su afán por seguir usando las ropas del progresismo que viste desde el 2003, pero que cada día se ven más ajadas y por supuesto para asestarle a la Iglesia –y en especial al cardenal Jorge Bergoglio- un fuerte golpe político. Es difícil imaginar al matrimonio presidencial llevando adelante un lucha sin que medie un cálculo electoral o de caja. Cualquier tema, desde los Derechos Humanos hasta las jubilaciones puede ser funcional a su plan de acumulación de poder, especialmente en un momento en que saben que corren el riesgo que comiencen a transitar el amargo camino del “pato rengo”.

Cristina Kirchner no dudó en invitar a China a dos senadoras que iban a votar por la negativa, el viejo truco de tentar con viajes a legisladores que pueden resultar un poco molestos. Una estrategia que pone al descubierto que el mecanismo para el kirchnerismo fue el mismo que utilizan para tratar cualquier otro proyecto legislativo, aunque en este caso se trataba de una iniciativa de fondo que llegó para reformar una de las instituciones más importantes de la sociedad como es el matrimonio.  Las senadoras de gira presidencial no estuvieron a la altura de las circunstancias y, tal vez, sean más responsables que la Presidenta por haber aceptado el convite. Lo mismo sucede con aquellos senadores que se ausentaron en vez de defender sus ideas desde las bancas, independientemente de si votarían en contra o a favor del proyecto. Todos ellos han defraudado a su electorado y varios, a los que constantemente se los menciona como presidenciables, demostraron que no están en condiciones de gobernar un país porque hay temas donde lo único que vale es poner la cara y hacerse cargo de las consecuencias. Luis Juez demostró ser un ejemplo de lo contrario, ya que representando a Córdoba, una de las provincias más conservadoras del país y con aspiraciones a ocupar la gobernación, dio el debate y votó de acuerdo con sus convicciones sabiendo que se expone a poner en riesgo su propio proyecto político.

En Twitter alguien dijo que se había ido a dormir en la Edad Media y se había levantado en el siglo XXI. Son las contradicciones históricas de la Argentina, que se puede poner al frente de otorgar más derechos a una minoría –propio de los países más desarrollados- pero no puede llegar a la final del Mundial con los mejores jugadores del mundo porque no juega en equipo.

Los senadores no hicieron más que convalidad desde la legalidad situaciones de hecho, porque ya hay nueve casamientos autorizados por la justicia y muchos chicos están siendo criados por parejas gays adoptados por uno de los dos integrantes como lo permite la ley. A partir de la aprobación de la ley estas situaciones de hechos se convertirán en situaciones dentro de un marco legal, pasibles de generar derechos y obligaciones. En definitiva lo que hizo el Congreso fue reglamentar la realidad, algo que nada tiene que ver con el Diablo…que dicho sea de paso hoy no se le apareció a nadie.

 

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