UN SEÑOR LLAMADO CLETO




“¿Saben por qué a Cobos le dicen chicle?”, pregunta un humorista desde el micrófono de un programa matutino de radio.

“¡¡¡Nooooooooo!!!”, responden sus compañeros.

“Porque está en boca de todos pero nadie se lo traga”, remata el cómico. Risas y aplausos. Tanda.


El vicepresidente Julio César Cleto Cobos es la estrella política del momento desde que emitió su votos “no positivo”. A este momento su papel se limitaba a tocar la campanita en el Senado, a donde había recalado como parte de la Concertación Plural que el kirchnerismo ideó para disfrazar la lógica del pensamiento único.


A partir de esa noche agitada en que la resolución 125 se convirtió en el emblema de la derrota oficial, la estrella del Señor Cleto se encendió y ya ha demostrado que pretende sacarle toda la ventaja que pueda. Maratones, inauguraciones, reuniones con la oposición, declaraciones que apuntan a cuestionar el nucleo duro del poder kirchnerista, un armado político en estado embrionario y rumores de candidaturas de todo tipo. Cleto no para ni parece que lo vaya hacer, mientras el kirchnerismo no sabe cómo disciplinarlo. Ignorarlo ya no es una estrategia que arroje buenos resultados.

El plan ideado por Cobos parece estar funcionando, hoy es el dirigente con mejor imagen positiva del país. No son pocos los que ven en el vicepresidente una alternativa de poder del post kirchnerismo.

Ahora bien, pero tampoco se puede negar que hay una gran cuota de oportunismo del mismo Cobos, del kirchnerismo y de la Unión Cívica Radical, y es importante analizar detenidamente cada una de estas situaciones.


Cobos se convirtió en vicepresidente gracias a la maquinaria electoral del kirchnerismo, que en el 2007 estaba aceitada, robusta –y como quedó demostrado en las elecciones- resultó ser invencible. Si bien ahora actúa de manera similar a un opositor, es difícil pensar que descubrió el estilo K recién en el conflicto del campo y por la 125. El gobierno de Cristina Kirchner no es muy distinto al de su marido, incluso el núcleo de poder se mantiene desde el sin alteraciones importantes. Por caso, Julio De Vido no apareció como un paracaidista húngaro el 10 de diciembre, Ricardo Jaime tampoco y lo mismo sucede con tantos otros funcionarios cuestionados. Al kirchnerismo se le puede cuestionar muchas cosas, pero en su brutalidad y en su lógica de rendición incondicional termina siendo coherente. ¿Alguien podía pensar que Cristina iba ser una Konrad Adenauer latina? La respuesta es un conjunte no. Es cierto que no son pocos los que imaginaban que su gobierno no dependería tanto de Néstor Kirchner, y las decisiones pasarían por ella. Pero la lógica del poder y el mecanismo de toma de decisiones seguirían inalterables entre las administraciones de los cónyuges presidenciales. Julio Cobos compró todo eso. Cuando aceptó aliarse con el kirchnerismo e integrar la fórmula con la Presidenta, Cleto compró todo el combo. Aceptó a De Vido, la sospechosa relación carnal con Venezuela, a Uberti y la lista sigue. Cleto aceptó y pensar otra cosa es poco menos que ingenuo, y cualquiera que esté medianamente informado sabe que la ingenuidad no tiene lugar en la política y mucho menos en la cima del poder. Por eso, es difícil creer que Julio es la esperanza blanza de la Argentina. ¿Por qué Cobos ahora exige que Julio De Vido explique todo lo que sabe de la valija voladora? Nadie recuerda que haya actuado de la misma manera cuando el escándalo estalló a los tres días de la asunción de la Cristina. Por aquel entonces, no pocos líderes de la oposición exigieron que el poderoso ministro de planificación diera detalles del escándalo que lo roza demasiado cerca.


El presidente Néstor Kirchner inventó la Concertación Plural como fachada del cambio con continuidad, y Cleto no sólo fue funcional a ese ensayo sino su cara más visible. Claro, pasadas las elecciones el kirchnerismo decidió sacarse la máscara de Néstor y todo quedó remido a un vice mudo y a convidar con un puñado de cargos menores a los radicales que decidieron saltar de la oposición al oficialismo. No es muy aventurado pensar que desde aquella noche del Senado, Néstor debe estar preguntándose ¿qué hice yo para merecer esto? No cabe duda que Cleto no estaba en los planes de nadie, ni siquiera del propio Cleto y mucho menos del matrimonio presidencial; que luego de alzarse con la reelección decidieron archivarlo en la Cámara Alta.

La Concertación Plural nunca fraguó porque jamás fue lo que dijeron que era, sólo consistió en una estrategia de la campaña electoral.


El radicalismo entró en una profunda luego de la salida de Fernando De la Rúa y nunca se pudo recuperar. La Concertación ideada por Kirchner parecía el tiro de gracia para sacar de la cancha al centenario partido. Sin embargo, a mediados de septiembre del 2007 el Tribunal de Etica del Comité Nacional de la UCR decidió la expulsión de Cleto por integrar la fórmula con Cristina. El lema “que se parta pero que no se doble parecía vigente”. La decisión de la autoridad disciplinaria se basó en el hecho de que Cobos, quien había “aceptado ser candidato a la segunda candidatura en importancia que tiene el país, como es la de la vicepresidencia de la Nación por una fuerza política diferente y enfrentadas entre sí como pueden estarlo dentro de la ley la oposición del oficialismo”, pueden leerse en los considerandos de la decisión del partido. “La candidatura proclamada del citado como integrante de una fórmula que enfrentará a la de la UCR en las elecciones del 28 de octubre es incompatible además con el sistema democrático basado en la coexistencia y diferenciación de mayorías y minorías, representadas por partidos políticos que establece la Constitución Nacional“, explicó el Tribunal de Ética de la UCR, integrado por Hipólito Solari Irigoyen, Elva Roulet y Rodolfo Parente. Además, la resolución ordenó separar a Cobos de las filas radicales, exrgándolo de sus registros de afiliados por su inconducta y falta de ética”. Los miembros del Tribunal también le impusieron la medida accesoria de la “inhabilitación de por vida para ocupar funciones o candidaturas de cualquier índole en nombre de la Unión Cívica Radical”.


A Cleto no le preocupó la medida de su ex partido, siguió adelante como compañero de fórmula de CFK y se convirtió en vicepresidente. Después llegó el voto “no positivo” y su estrella volvió a brillar. Su imagen se disparó en todas las encuestas y sorpresivamente un radical volvía a estar en los primeros lugares en la consideración pública. El radicalismo vio una oportunidad que no podía perder, traerlo nuevamente a Cleto a sus filas, casi como Mesías con la capacidad de devolver a la UCR a los primeros lugares políticos. De traidor a salvador, Cleto se prepara para volver al radicalismo. Claro, hay que guardar las formas entonces muchos piensan en una licencia hasta que termine su mandato de vicepresidente y otras alquimias por el estilo. Una hipocresía similar a aquellas familias en las que todos saben que el padre tiene una amante pero los domingos nunca faltan a misa. Cobos también necesita de la UCR para apoyarse en esa estructura política y juntar masa crítica para llevar adelante su proyecto, que todavía no está muy claro cuál es pero lo que es seguro es que no está dentro del kirchnerismo. Así, la UCR cambió su lema que ahora parece ser que “se doble pero que no quiebre”. Nadie sabe cómo hacer para que Cobos vuelva a la UCR disimulando lo que verdaderamente es, el salto del compañero de Cristina del oficialismo a la oposición desandando lo que hizo hace algo más de un año. Pragmatismo que le dicen de un lado, traición gritan del otro; y sólo es el anverso y el reverso de la misma moneda.

El principal problema que enfrenta Cleto es que su perfil se desdibuje, esto es que nadie termine sabiendo si es oficialista u opositor. Una cuestión para nada menor en política, que es lo más parecida a una guerra sin armas. Bueno, a veces. A propósito, Cleto ¿es oficialista u opositor?

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