GOLPE A LA SOBERBIA



El gobierno perdió y el campo ganó. Este es el corolario de una batalla que empezó el 11 de marzo, y que Néstor Kirchner llevó al extremo exasperante de acusar de golpistas a todos los que se oponían a la ratificación de la resolución 125; a través de la cual el gobierno pretendió implantar las retenciones móviles.

Pero el autor material de la peor derrota del kirchnerismo fue el Vicepresidente Julio Cobos, que luego de un empate en 36 votos desempató en contra de la iniciativa oficialista. “No puedo acompañar y esto no significa que estoy traicionando a nadie, estoy actuando de acuerdo con mis convicciones. Que la historia me juzgue, pido perdón si me equivoco”, fueron las palabras de un Cobos, nervioso y vacilante, segundos antes de pronunciarse en contra de las retenciones móviles.

Julio Cobos dio la sorpresa. El mismo que nadie tenía en cuenta, que fue ninguneado por casi todos los funcionarios cuando invitó a los gobernadores al Senado para buscar consensos. Fue destratado por el kirchnerismo y olvidado, incluso el presidente de la bancada del Frente para la Victoria, Miguel Angel Pichetto, dijo que en el caso que votara en contra se tendría que ir. El Vicepresidente en su discurso dijo que “quería seguir siendo el vicepresidente de todos los argentinos”, dando a entender que la renuncia no está en sus planes. En por lo menos tres oportunidades, Cobos dijo que era el momento más difícil de su vida y su tono de voz reflejaba que la presión que debe haber soportado fue muy grande. Cobos demostró comprender mejor que nadie, que ratificar las retenciones móviles no resolvía el conflicto entre el campo y el gobierno. Prefirió desencadenar una crisis política que lo tiene como protagonista, que profundizar un conflicto que no debió durar cuatro meses ni haberse llevado a este extremo.

En su soberbia el kirchnerismo descontaba una victoria, ajustada sí, pero victoria al fin. El oficialismo sólo entendió que la derrota estaba cerca cuando el senador catamarqueño Emilio Rached definió su voto por el rechazo del proyecto oficial, y Julio Cobos le dejó de atender el teléfono a Alberto Fernández y a Néstor Kirchner.

El gobierno perdió una votación pero la democracia y la gobernabilidad no están en juego, ese argumento desmesurado que Néstor Kirchner no se cansó de azuzar siempre fue falaz. Sí es cierto que el gobierno queda sumido en una profunda crisis política, que deberá solucionar, pero que el principal responsable de ella no es otro que el marido de la Presidenta; que se ha mantenido en un preocupante segundo plano. La derrota en el Senado es una cachetada a la soberbia kirchnerista y la lógica de la rendición incondicional que es la única que admite el matrimonio presidencial. El gobernador santafesino Hermes Binner ya lo había vaticinado hace más de un mes cuando dijo “se acaba una forma de gobernar”. Pero no se acabó un gobierno, terminó un estilo pero la legitimidad del gobierno no está en discusión; tal como lo señaló el senador Gerardo Morales al término de la sesión. No hay golpistas agazapados, no hubo una lucha de clases y ni siquiera se discutió seriamente la distribución de la riqueza; que nadie con un mínimo de sentido común pueda pensar que se resuelve con una resolución ministerial contraria a la Constitución. De todos modos, es cierto que nunca un gobierno dilapidó tanto capital político en tan poco tiempo, y ello se comprobó en el Senado donde el bloque del oficialismo apreció hecho jirones. Lejos parecen haber quedado los días en que los Kirchner se ufanaban de contar con 48 senadores que les respondían, en la madrugada desertaron 12. Así, en sólo 48 horas el kirchnerismo perdió la calle luego que la convocatoria del campo en Palermo congregó más del doble de manifestantes que la del gobierno, y perdió la mayoría absoluta en el Senado que le garantizaba una convivencia sin sobresaltos con el Congreso. Ademàs, hay otro dato importante para analizar sobre la votación en senadores y es que votaron aquellos en los que el kirchnerismo había depositado cuotas importantes de poder. Si bien Carlos Reutemann nunca fue un aliado del kirchnerismo, en algún momento se lo mencionó como compañero de fórmula de la señora Cristina; votó en contra. Roberto Urquía, ex brazo empresario oficialista votó en contra. El ex gobernador salteño Juan Carlos Romero, actual vicepresidente segundo de la Cámara de Senadores, nombrado en ese cargo con la anuencia del kirchnerismo también votó en contra y presentó su propio proyecto.

¿Néstor Kirchner ahora pensará que el gobierno está dominado por una caterva de golpistas? ¿Qué el vicepresidente es el jefe de una asociación ilícita que busca desestabilizar a su mujer?

La derrota del kirchnerismo tiene múltiples facetas y consecuencias, pero la más importante es que nadie podrá decir que se trató de una mano negra que buscaba desestabilizar al gobierno. Nadie podrá afirmar que se trató de un intento de golpe de estado encubierto, porque la derrota del gobierno se produce en el Congreso de cara a la sociedad. Ahora, es cuando el gobierno debe demostrar que verdaderamente respeta el principio de división de poderes y en definitiva se atiene a la decisión de los legisladores, que al igual que la Presidenta, también cuenta con el respaldo del voto popular.

La presidenta Cristina Kirchner podría tomar la derrota para cambiar radicalmente la dinámica de su gobierno, y así convertir la crisis en una oportunidad. Este fracaso del gobierno es una excelente ocasión para que la Presidenta se independice de la influencia de su marido, quien es el verdadero artífice de este revés. Tal vez sea el momento que el señor Néstor disfrute una buena temporada en algún café literario. Además, la Presidenta también podría aprovechar este momento para deshacerse de varios funcionarios desgastados o directamente impresentables. Es hora que Alberto Fernández, Julio De Vido, Javier de Urquiza, Guillermo Moreno, Aníbal Fernández y Ricardo Jaime –por mencionar sólo a algunos- dejen sus lugares en el gobierno.

Si el gobierno lee correctamente la señal política que emergió del Congreso, debe comprender que la lógica de los matones y el apriete como forma de gobierno se terminó. Es hora que Cristina Kirchner se convierta en una Presidenta en pleno uso de todas sus funciones y afronte sus responsabilidades cortando el cordón umbilical que la mantiene atada a un gobierno que terminó el 10 de diciembre del año pasado.

Es necesario hacer algunas aclaraciones acerca de las consecuencias del rechazo del proyecto oficial en la Cámara de Senadores. De acuerdo con el artículo 81 de la Constitución Nacional, el proyecto oficial –que tenía media sanción de la Cámara de Diputados- no puede volver a ser tratado durante este año parlamentario en virtud del rechazo del Senado. El gobierno puede enviar un nuevo proyecto sobre retenciones móviles e insistir con su posición.

La resolución 125 está en vigencia hasta que el Poder Ejecutivo la derogue, aun cuando el proyecto rechazado en la madrugada establecía en su primer artículo la ratificación. Este es un punto importante que deberá cumplir el gobierno, que se comprometió a respetar la decisión del Congreso. Así lo dijo el propio Néstor Kirchner en el acto del martes hablando en nombre de la Presidenta, y en el mismo sentido lo hizo el ministro del interior, Florencio Randazzo, en Contrapunto el viernes pasado.

El artículo segundo de la iniciativa es sospechoso porque establece que “lo dispuesto en el artículo precedente lo es sin perjuicio de la vigencia de las medidas dictadas”. Es decir, que si el gobierno no deroga la resolución ésta continúa en vigencia. Sin embargo, parece inimaginable pensar que el Ejecutivo vaya a ignorar lisa y llanamente la decisión del Congreso, ya que en ese caso la paz social se vería seriamente comprometida. En este aspecto las próximas horas serán decisivas.

El vicepresidente Julio Cobos dio una lección de respeto y demostró que verdaderamente buscaba el consenso. Es una actitud muy distinta a la del matrimonio presidencial, que nunca dejan de invocar la búsqueda de consensos pero que no pasa de una mera declamación. En estos 128 días, desde que estalló el conflicto con el campo, los Kirchner se empeñaron en dividir el frente agropecuario, nunca mostraron una verdadera vocación de negociar el núcleo de la crisis que siempre fueron las retenciones móviles, no dudaron en fracturar el país y acusaron de golpistas y codiciosos a los productores. El kirchnerismo siempre demuestra que hay una profunda brecha entre lo que dice y lo que hace. En cambio, Cobos demostró coherencia entre los dichos y los hechos hasta el último minuto. Le dio la oportunidad al oficialismo de pasar a un cuarto intermedio, y el senador Pichetto prácticamente lo acusó de traidor utilizando las palabras que Jesús le dijo a Judas: “Lo que haya que hacer, hagámoslo rápido”.

Sin lugar a dudas, las próximas horas serán cruciales. El gobierno deberá discutir y debatir cómo se vuelve a parar en la cancha, y de qué manera trata de recuperar la iniciativa y el capital político que perdió desde que comenzó la crisis.

El gobierno sale más debilitado del Senado pero no está herido de muerte ni peligra su estabilidad, sin embargo la Presidenta deberá hacer un análisis frío sobre cuáles serán sus próximos pasos.

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4 Responses to GOLPE A LA SOBERBIA

  1. halavisi dice:

    Martín & Co…
    En un comentario anterior manifesté mi preocupación por lo que me parecía un comportamiento mentalmente insano del matrimonio “K” y su círculo íntimo.
    Sin embargo, a esta altura de la soiree, teniendo en cuenta muchos datos de la realidad, creo que es un comportamiento absolutamente perverso y premeditado.
    Que el “progresismo” que pregonan, no es una confusión de sus mentes calenturientas, sinó una fachada (de la peor catadura moral) para hacer pingües negocios desde el poder político.
    Saludos.
    http://www.halavisi.blogspot.com

  2. halavisi dice:

    Otra mas…
    Debo reconocer que a lo largo de esta crisis he sido sumamente molesto e insistente sobre la conveniencia de permutar nuestro sistema “presidencialista” por uno de tipo “parlamentario”.
    Creo que lo ocurrido en el Congreso apoya mi tesis.
    Es evidente que si las decisiones políticas surgen del debate de casi 400 representantes elegidos democráticamente por el pueblo, existen muchas mayores garantías, que si surgen de una sola persona, que detenta el cargo de presidente, caudillo o iluminado de turno.
    ¿Ejemplos?
    En los últimos años hay unos cuantos, no se si estos nombres les suenan… Menem, De la Rua, Kirchner.
    ¿Cuál será el próximo? ¿Cuanto nos costará, en recursos contantes y sonantes, en tiempo, y en ilusiones perdidas?.
    Digamos basta. Demandemos ¡¡REFORMA POLITICA YA!!.
    Saludos.
    http://www.halavisi.blogspot.com

  3. Anonymous dice:

    Por favor Martín Visita el flog:

    http://www.fotolog.com/alfredo_deangeli

    Decime que te parece los posteos que figuran cada dia, inmediatamente debajo de cada foto.
    No te digo que te leas todos las c opiniones del libro de visitas, porque son demasiados, pero si el estilo de nuestros comentarios.
    Te seguimos con entusiasmo
    Abrazos
    Muriel Dubal

  4. Draugmith dice:

    Martín, leo y releo los artículos de la Constitución Nacional de 1994 y no encuentro nada respecto de que el vicepresidente es ¨el representante del ejecutivo en el Senado¨ y tampoco ¨que esté obligado a desempatar votando a favor del gobierno¨como muchos diputados, senadores, políticos, dirigentes sociales y familiares del gobierno K manifiestan.
    Transcribo seguidamente los artículos, quizás alguien encuentre algo que yo no veo.
    Art. 57.- El vicepresidente de la Nación será presidente del Senado; pero no tendrá voto sino en el caso que haya empate en la votación.
    Art. 87.- El Poder Ejecutivo de la Nación será desempeñado por un ciudadano con el título de “Presidente de la Nación Argentina”.
    Art. 88.- En caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución del presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el vicepresidente de la Nación. En caso de destitución, muerte, dimisión o inhabilidad del presidente y vicepresidente de la Nación, el Congreso determinará qué funcionario público ha de desempeñar la Presidencia, hasta que haya cesado la causa de la inhabilidad o un nuevo presidente sea electo.
    Art. 89.- Para ser elegido presidente o vicepresidente de la Nación, se requiere haber nacido en el territorio argentino, o ser hijo de ciudadano nativo, habiendo nacido en país extranjero; y las demás calidades exigidas para ser elegido senador.
    Art. 90.- El presidente y vicepresidente duran en sus funciones el término de cuatro años y podrán ser reelegidos o sucederse recíprocamente por un solo período consecutivo. Si han sido reelectos o se han sucedido recíprocamente no pueden ser elegidos para ninguno de ambos cargos, sino con el intervalo de un período.
    Art. 91.- El presidente de la Nación cesa en el poder el mismo día en que expira su período de cuatro años; sin que evento alguno que lo haya interrumpido, pueda ser motivo de que se le complete más tarde.

    Art. 92.- El presidente y vicepresidente disfrutan de un sueldo pagado por el Tesoro de la Nación, que no podrá ser alterado en el período de sus nombramientos. Durante el mismo período no podrán ejercer otro empleo, ni recibir ningún otro emolumento de la Nación, ni de provincia alguna.
    Art. 93.- Al tomar posesión de su cargo el presidente y vicepresidente prestarán juramento, en manos del presidente del Senado y ante el Congreso reunido en Asamblea, respetando sus creencias religiosas, de: “desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente (o vicepresidente) de la Nación y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina”.

    http://www.senado.gov.ar/web/interes/constitucion/cuerpo1.php

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