AISLADOS



La política exterior argentina es una de las grandes deudas del kirchnerismo, porque los dos últimos gobiernos han decidido mirar exclusivamente hacia adentro y un poco hacia Brasil y España. Durante la campaña, Cristina Fernández de Kirchner parecía cómoda moviéndose en el glamour que rodea a los líderes más importantes, y siempre se machacaba con jerarquizar las relaciones internacionales. Sin embargo, poco o nada ha cambiado en este sentido desde que se hizo cargo de la presidencia y tal vez haya empeorado. Al parecer, la Presidenta sólo se inclina por la superficialidad de las relaciones internacionales, como si el solo hecho de sacarse una foto con una figura importante la convirtiera en una de las líderes del mundo desarrollado. Desafortunadamente, las cosas no son tan fáciles. Resulta contradictorio cada vez que la Presidenta afirma que necesitamos inversiones y por otro lado el gobierno es un fiel seguidor de la frase “vivir con lo nuestro”, cuando hace ya mucho que el mundo comprendió las ventajas del intercambio comercial. La Argentina perdió peso en el mundo, mantiene un irresuelto conflicto con el Uruguay del que el gobierno no ha vuelto a hablar. Apenas se han podido restablecer las relaciones con los Estados Unidos luego del papelón que hizo el gobierno con la valija de Antonini Wilson, acusando a la justicia de aquel país de montar una operación política para desprestigiar a Cristina Kirchner. La Comunidad Económica quiere revocarle a la Argentina la cuota Hilton, como consecuencia de haber cerrado la exportación a raíz del conflicto con el campo. El gobierno español muestra signos de fatiga en su relación con el kirchnerismo y las reciente argentinización de Aerolíneas Argentinas y los incumplimientos de incremento de tarifas como por ejemplo a la española Gas Natural Ban, han sido motivo de varios roces. Los funcionarios argentinos están ausentes de los principales foros internacionales como una muestra de rebeldía, luego que los desplantes de Néstor Kirchner en las cumbres internacionales se hicieran famosos. En este racconto no hay que dejar de mencionar la operación para rescatar a Ingrid Bentacourt, en poder de las FARC desde hace seis años, que lo llevó a Kirchner al medio de la selva enfundando en un vistoso atuendo para la ocasión; tal vez emulando a Jimmy Carter que a poco de dejar la presidencia viajó a Teherán para asistir a los rehenes de la embajada norteamericana, como reconocimiento de su sucesor Ronald Reagan. Como se recordará, el coordinador del fallido rescate fue Hugo Chávez, que desplegaba mapas frente a cuanta cámara de televisión se le ponía delante. Resultado: Ingrid Bentancourt sigue en poder de las FARC.
En este contexto, el principal aliado de la Argentina es Chávez que se ha convertido en nuestro prestamista de última instancia, bueno el único prestamista a la módica tasa del 13 por ciento. Brasil, rehén del capitalismo imperialista la consigue al 5.
En la cumbre de jefes de estado que se realizó en Lima, la Presidenta habló de la Argentina como productora de alimentos, algo que resulta paradójico cuando el gobierno permanentemente traba las exportaciones. Es la típica política argentina: no hago lo que digo. Un clásico del matrimonio Kirchner.
El Canciller argentino se llama Jorge Taiana y todavía sigue en su cargo, pero no forma parte del círculo áulico del kirchnerismo y una pregunta pende sobre él: ¿Sabía de los autos truchos de la Cancillería? Taiana es un oscuro ministro de relaciones exteriores, que cuando deje su cargo no será recordado por su logros o por haber insertado al país en el mundo. Sencillamente, no será recordado.
El 13 de mayo, el diario español El País publicó un lapidario análisis sobre la política exterior de la Argentina firmado por el periodista Fernando Gualdoni bajo el título “Argentina, más aislada que nunca”. A continuación reproducimos algunos de sus párrafos más importantes.


Argentina, más aislada que nunca

Argentina está sola. Su relación con Venezuela la ha alejado de Estados Unidos, un conveniente socio y aliado. A Bolivia le ha dado la espalda cuando más la necesitaba y su amistad íntima con Uruguay pasa por su peor momento. Poco a poco, Brasil le ha arrebatado todo su poder de influencia regional y con España, la madre patria, apenas si se escribe. El peor efecto a largo plazo de la crisis de 2001 para Argentina ha sido su desaparición del mundo. El país suramericano ha descuidado dos ejes clave de su política exterior: el fortalecimiento del Mercosur y las relaciones con la Unión Europea, ha perdido peso en los foros internacionales y ningún líder mundial se muere por visitarlo. En marzo, la secretaria de Estado de EE UU, Condoleezza Rice, ignoró sin rodeos a Argentina en una visita que hizo a Brasil y Chile.

A la falta de una estrategia en política exterior se ha unido el carácter huraño del matrimonio que lleva en el poder desde 2003. Al ex presidente Néstor Kirchner no le importaban las relaciones internacionales, llegaba el último a casi todas las cumbres donde Argentina tenía algo que decir y se iba el primero. Kirchner es un economicista obseso que no se da cuenta de que la tercera potencia latinoamericana no puede sobrevivir sola y que debe tener una posición sobre los temas que se debaten en su región y el mundo. Lo triste es que con el modelo continuista de su esposa Cristina Fernández, presidenta desde diciembre, tampoco recuperará el lugar que por historia y cultura se merece.

Durante el mandato de Néstor Kirchner, Argentina forjó una gran alianza con Venezuela que le valió para firmar contratos de suministro energético, colocar bonos de deuda pública al Estado venezolano y hasta para salvar de la quiebra a una empresa láctea. Pero como otro gran aliado de Venezuela es Irán, Kirchner no dudó en enfrascarse en una feroz batalla dialéctica y judicial con Teherán para evitar una confrontación con Washington y para aplacar la ira de la comunidad judía argentina, segura de que los iraníes han estado detrás de los atentados contra la embajada israelí en 1992 y una mutua médica judía en 1994 que costaron más de 100 vidas. Mientras Kirchner juega a quedar bien con todos, la diplomacia argentina le da la espalda a la crisis que vive Bolivia.

A pesar de que el país andino se sitúa al borde de la guerra civil, Buenos Aires desaprovecha la histórica influencia que tiene sobre La Paz y no hace nada para aliviar una situación que amenaza con desestabilizar toda la región. La política exterior argentina hacia Bolivia siempre se ha esforzado por sacar a La Paz de la órbita de Brasilia y atraerla hacia Buenos Aires.

Incapaz de hacer algo por Bolivia, el Gobierno argentino se enfrasca a tiempo completo en un sorprendente conflicto: la pugna con Uruguay por la construcción de papeleras en la margen uruguaya del río fronterizo. La evolución de este conflicto es probablemente el mejor ejemplo de la inexistencia de una estrategia de política exterior y de la propia crisis de representación interna que vive Argentina, en la que no hay ningún partido que cuestione la marcha de la diplomacia.

Cristina Fernández hereda de su marido el conflicto con Uruguay y lo aviva. En su discurso de toma de posesión de diciembre de 2007 la presidenta trata a los uruguayos como hermanos y al mismo tiempo les acusa de violar los tratados internacionales. El presidente Vázquez estaba en la ceremonia, así que las declaraciones como poco pueden calificarse de inoportunas. No es de extrañar que tras este conflicto Uruguay se plantee dejar de ser miembro del Mercosur para convertirse en “asociado” y tener vía libre para negociar un acuerdo de libre comercio con Washington. Poco después de este desplante, otra crisis demostró el poco talante diplomático argentino. La presidenta ordena al Parlamento “repudiar la ofensa” de EE UU porque durante una investigación de las autoridades estadounidenses salta la sospecha de que Fernández ha recibido financiación para su campaña de parte del presidente venezolano Hugo Chávez.

En Europa poco se recuerda la existencia argentina excepto por sus excelentes futbolistas y porque visitar hoy Buenos Aires es barato gracias a la fortaleza del euro. Cristina Fernández pasó recientemente por París sin pena ni gloria. Al volver prefirió reunirse con la modelo Naomi Campbell que contarle a la prensa qué acuerdos clave para Argentina había cerrado con Francia. A España como presidenta aún no ha viajado y, aunque mantiene una relación cordial con el Gobierno de Zapatero, ni el mundo político ni el empresarial español le echan de menos. Tras su paso como candidata en julio del año pasado, a nadie le quedó claro cuál era el proyecto político, económico y social de Fernández. Casi un año después lo que entonces fueron dudas ha dado paso a la indiferencia.

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One Response to AISLADOS

  1. Dany Mazza dice:

    En varias notas suele señalarse que los problemas económicos que estamos sufriendo tienen su origen en el modo de manejar la política que tiene este gobierno. Creo que hay que ir más allá y ver que la manera de manejar la política tiene su origen en la falta de salud mental de una persona, Néstor K. Lamentablemente es una persona que proyecta sobre toda la sociedad aquellos temas que debería resolver de forma urgente con su analista. Pensemos, sin ir más lejos, que considera como derrota la simple revisión de una medida administrativa y que está paralizando al país por querer ver “de rodillas” a uno de sus tantos enemigos imaginarios. Observemos también que aunque el aumento de precios es evidente no se puede mencionar la palabra “inflación” porque Néstor se enoja. Notemos como la desconfianza de que en su entorno alguien pueda tener alguna mejor idea que él hace que los funcionarios que deberían ser más ejecutivos (Min. de Economía, Sec. de Agricultura) sean inexistentes al punto de que no conocemos ni su voz. Pregunto: ¿hasta cuando vamos a bailar con esta música suicida? Reflexionando sobre el Bicentenario veo que, como en aquellos días, también necesitamos liberarnos de un dominio asfixiante, arbitrario e ineficaz. Pero pretendemos recorrer el camino inverso: en 1810 hubo un cabildo abierto que en solo 3 días tomó forma institucional en la Primera Junta, en cambio nosotros permitimos el vaciamiento institucional del Poder Legislativo para pasar a múltiples y ya crónicos “cabildos abiertos” en forma de asambleas, piquetes y cosas por el estilo. No sirve. Creo que la mejor forma de celebrar el Bicentenario es recuperar un Congreso representativo y no servil al poder patológico que nos está llevando a la disolución. Fortalezcamos la democracia desde abajo.

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