A PONER LA MESA



Las palabras de ayer de Cristina Kirchner han generado un marco propicio para volver al diálogo, nadie que quiera ser ecuánime puede negar esto. El silencio que mantuve Néstor Kirchner ha contribuido de manera clara a distender el clima enrarecido que se había gestado desde que el diálogo entre el gobierno ye l campo se truncó. Sin embargo, los ruralistas están desconfiados y quieren señales muy claras de parte del gobierno para levantar la medida de fuerza. Mario Llambías, titular de Confederaciones Rurales Argentinas dijo: “Acá tiene que haber señales claras y muy públicas. Se quisieron disfrazar cosas y a nosotros nos llevó a un enfrentamiento por querer clarificar las cosas”, en obvia alusión a la controversia que mantuvo con Alberto Fernández luego de la última vez que se vieron las caras.
Es lógico que los dirigentes del campo y los productores miren con desconfianza al gobierno. Los acuerdo que se firmaron, sobre trigo y exportación de carnes, todavía no se pusieron en vigencia por excusas burocráticas. Sistemáticamente, las reuniones fueron boicoteadas desde Puerto Madero por el brazo ejecutor de Kirchner, Guillermo Moreno; cuando desde el atril la Presidentala Victoria. Ayer, en la asunción de Néstor Kirchner faltaron Juan Schiaretti, Carlos Reutemann y Norberto Nicotra, presidente del justicialismo santafecino; sólo por mencionar los nombres más taquilleros. Por primera vez, el kirchnerismo entendió que su base político-electoral podría entrar en riesgo, si el descontento de algunos gobernadores –la mayoría en susurros- se expandía por todo el país. Sin lugar a dudas, el gobierno no quiere que otros mandatarios provinciales imitaran la actitud del cordobés Schiaretti.
Por otra parte, el Banco Central todos los días debe salir al mercado a sostener la cotización del dólar. Por caso, ayer tuvo que desprenderse de U$S 200 millones y de los U$S 50.000 millones de reservas que se contabilizaban el 25 de abril, tuvo que vender U$S 916. La falta de entrada de divisas por la paralización de las exportaciones y la percepción de un enrarecimiento del clima económico y político se potencian para que la gente vuelva a pensar en el dólar como un lugar seguro para guarecer sus depósitos. Por supuesto, algo que va hablaba –como ahora- de diálogo y búsqueda de consensos. Y no hay que olvidar un dato no menor, el gobierno tardó más de diez en armar la primera reunión luego de la autoimpuesta tregua ofrecida por los ruralistas. El kirchnerismo pensaba que así los iba a disciplinar, y que cualquier otro camino para llegar a un entendimiento, iba en contra de la lógica de vencedores y vencidos tan cara al kirchnerismo. Pero resultó que los hombres del campo no se disciplinaron y redoblaron la apuesta, volvieron a las rutas pero utilizando otra metodología para evitar el desabastecimiento y el aumento de precio y con ello la inflación. En estos ocho días, el kirchnerismo empezó a experimentar la rebelión de provincias como Córdoba y Santa Fé y de numerosas intendencias gobernadas por el Frente Para
a contramano del mundo donde hoy ya casi nadie piensa en el dólar, pero –como sabemos- a los argentinos nos gusta ser así.
El gobernador Hermes Binner tuvo dos gestos políticos que lo recortaron de la opaca oposición argentina. Recibió a los integrantes de la mesa de enlace casi en un acto público y les permitió que saludaran a sus seguidores desde el balcón de la Casa Gris, como se conoce a la casa de gobierno de Santa Fé. Sin declaraciones altisonantes, ni presentándose como un antagonista cerril del gobierno nacional; Binner fue el único dirigente que puso una cuota de racionalidad y aportó distensión a los ánimos crispados.
Es cierto, empieza a generarse un clima propicio para volver al diálogo. Las palabras de Cristina Kirchner parecen haber vuelto a abrir ese camino. Los dos bandos están desgastados y si el conflicto continúa estancado no va a faltar mucho para que aparezcan los violentos de los dos sectores, que seguramente precipitarán un final que nadie ansía. Es necesario llegar a un acuerdo pero emblemas como Guillermo Moreno, Luis D’Elía, Emilio Pérsico y la todopoderosa mano de Néstor Kirchner deben dar un paso al costado. Incluso,
es probable que el Alfredo De Angeli deba empezar a moderar su discurso. El gobierno y campo deberán esmerarse para que la famosa frase “ni vencedores ni vencidos” sea realidad.
Hace minutos, la mesa de enlace anunció su decisión de seguir con la protesta una semana más y pidió una audiencia con la Presidenta. Así, queda al descubierto la desconfianza de los productores hacia el gobierno, luego de un sinnúmero de idas y vueltas que sólo han profundizado el conflicto. En varias oportunidades De Angeli ha manifestado que “nadie le cree al gobierno” y esto es lo que percibe detrás de la decisión de continuar de no abandonar las rutas, seguir con los tractorazdos y las asambleas y convocar a un acto en Rosario el próximo 25 de mayo; el mismo día en que el kirchnerismo poryectaba re lanzar el gobierno de Cristina Kirchner. Es posible que la decisión de los ruralistas de seguir adelante con las protestas, sea tomada por el gobierno como una pulseada política y parecería bastante difícil que la Presidenta los reciba con los tractores en las rutas. El gobierno está pagando su incumplimiento a los acuerdos y la lógica de la capitulación con que gobiernan los Kirchner, frente a un adversario que parece estar resuelto a hacerles probar su propia medicina.

Foto: Agenciafe.com

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