ES LA POLITICA…¡ESTUPIDO!



La Argentina se asoma a una crisis política profunda muy distinta a los conflictos que atravesó el país años atrás. Fueron crisis con una raíz económica, que por supuesto luego tuvieron repercusiones políticas. Raúl Alfonsín debió dejar el poder seis meses antes, luego que el colapso del Plan Austral que desembocó en una hiper inflación. Años más tarde, Fernando De la Rúa comprendió que su gobierno había terminado cuando el FMI se negó a concederle un crédito de mil millones de dólares. Ya había fracasado el blindaje y la llegada de Domingo Cavallo al gabinete se convirtió en el más eficaz intento de apagar un incendio con nafta.
La principal diferencia entre una crisis económica y una política es que, aunque el lector piense que estoy equivocado, la primera siempre es más fácil de controlar que la segunda. Es cierto, que dependiendo del programa que se aplique el aterrizaje –como dicen los economistas- será más o menos o menos violento. Pero las recetas en todas sus variantes están escritas y tarde o temprano siempre se logra estabilizar la economía. No vale la pena extenderse porque los argentinos venimos siendo cobayos de todas esas soluciones desde hace décadas. Una vez más quiero aclarar que estamos hablando de crisis con origen económico, por supuesto que después tienen sus efectos sobre la política, y en definitiva, ésta es la que termina teniendo más peso. Otra característica que se dio en estas crisis del pasado, es que siempre hubo alternativas de poder listas para hacerse cargo del gobierno.
La salida anticipada del poder de Raúl Alfonsín, que hoy parece propia de una democracia parlamentaria europea, si bien traumática, Carlos Menem ya había sido electo en elecciones limpias y fuera de todo cuestionamiento y se hizo cargo del poder anticipadamente. Algo demasiado prolijo que no parece haber sucedido en la Argentina. Menem, que ya estaba desgastado y su estilo crispaba a la sociedad, fue reemplazado por el fallido experimento de la Alianza; que se había posicionado en el espectro político como sinónimo de la esperanza. Todos sabemos lo que ocurrió después, pero así y todo, en el 2001 existía un Partido Justicialista unido y conducido por Eduardo Duhalde, que luego de la fallida semana de Adolfo Rodriguez Saá, se hizo cargo del poder.
Hoy, los partidos como organizaciones de poder no existen y sólo hay caudillismos territoriales, especialmente dentro del peronismo que como ha sucedido históricamente, sus crisis internas siempre terminan resolviéndose en público y los argentinos pagando sus consecuencias.
El radicalismo explotó luego de la caída de Fernando De la Rúa y los dirigentes que se quedaron con los restos del partido, saben que la única salida que tienen es su incorporación a la Coalición Cívica. Atrás quedaron las épocas en que se presentaban como una alternativa de poder a la voracidad peronista. La Coalición Cívicatodavía no termina de conformarse, pero su núcleo genético, el ARI, sufrió una escisión luego de las últimas elecciones. Sin embargo, hasta el momento parece ser el proyecto más serio para convertirse en el catalizador de la oposición. El PRO de Mauricio Macri está encerrado en la Ciudad de Buenos Aires, y el Jefe de Gobierno aparece en la agenda nacional a cuenta gotas. Hoy Macri no aparece asomar como un líder opositor nacional. Es lógico, trata de hacer equilibrio entre el gobierno nacional con quien todavía tiene varios temas pendientes y su rol de opositor que cosechó el triunfo más resonante. Ricardo López Murphy está a la deriva después del escándalo de Recrear y es probable que termine cerrando con Elisa Carrió. En suma, por el momento no hay una fuerza política capaz de capitalizar el descontento con el gobierno generado por la crisis del campo. Este es un fenómeno que nunca había ocurrido en la Argentina, al menos desde el advenimiento de la democracia. Por eso, la situación es grave porque se centra en la interna del justicialismo.
El kirchnerismo ha generado una crisis política que aún no estalló, pero de seguir en este camino es posible que vaya a escalar peligrosamente. Y, a diferencia de las crisis económicas, para resolver las políticas no hay recetas escritas que permitan estabilizar la situación rápidamente. Las crisis políticas no saben cómo empiezan, cuánto duran y mucho menos cuándo y cómo terminan. Además, inexorablemente terminan afectando la economía de una manera brutal y hasta que el plano político no se estabiliza es imposible ordenar la economía, como sí es posible hacerlo a la inversa.
Por eso es sumamente riesgoso que el frente oficial haya comenzado a agrietarse, aunque también es lógico por la porfía del matrimonio presidencial de encerrare cada vez más el gobierno y admitir sólo a aquellos que dan incontables pruebas de obediencia ciega, que comience a percibirse muestras de fatiga política.
El principal error de la década de los 90 fue creer que la economía imperaba por sobre la economía, y que mientras ésta funcionara bien todo lo demás eran cuestiones menores. Desafortunadamente, los argentinos aprendimos con sangre que esta máxima era falaz. Ahora, siete años después del 2001 volvemos a transitar el camino de la crisis, todavía incipiente, pero que de no variar el rumbo planteado por el primer matrimonio de la república puede estallar. El campo ha sido el detonador y el catalizador de mucho descontento social y político. Enancados en estos, muchas usinas desestabilizadoras inundaron las casillas de correo electrónico con mails alarmantes y sin ningún asidero. Son los que siempre tratan de sacar alguna ventaja cuando el clima se enrarece. No hay que hacerles caso, aunque su aparición en este momento señala la gravedad de la situación. ¿Cómo termina esto? ¿Cómo sigue el gobierno que apenas asumió hace cinco meses? ¿Termina Cristina? Son las preguntas más escuchadas por estas horas. Los argentinos parecemos no aprender nunca. Esto se resuelve con política como son las soluciones en cualquier democracia civilizada, y los primeros que tienen que entender esto son los Kirchner. Los golpes de atril y los discursos flamígeros no necesariamente son sinónimos de política, aunque los pronuncien políticos.
Cristina Fernández de Kirchner debe terminar el periodo presidencial para la que fue electa en total legitimidad y por mayoría popular. Cristina Kirchner es Presidenta porque los argentinos así lo quisieron, y si consideran que el gobierno no es de su agrado en el 2009 tienen la posibilidad de poblar el Congreso con legisladores provenientes de las filas de la oposición. Es hora que aprendamos que los atajos institucionales, a la larga hacen más difícil, largo y dificultoso el camino. La Argentina no necesita un mesías, necesita respetar la democracia. No es la economía. ¡Es la política, estúpido!

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2 Responses to ES LA POLITICA…¡ESTUPIDO!

  1. Dany Mazza dice:

    Si recordamos acontecimientos mundiales trascendentes (guerras, golpes de estado,revoluciones, etc) en su mayoría los detonantes siempre fueron circunstancias relacionadas con la economía o con otros factores (sociales, territoriales,etc). Los política, por la política misma, no ha sido la impulsora de grandes catástrofes, porque en la cocina de los políticos, todo suele taparse para poder continuar la lucha por el poder,pero sin pisarse la manguera entre ellos.

  2. Anonymous dice:

    Martin: Desde algunos días, me acompañan Uds. en el auto en el regreso a casa, lo que les agradezco.
    Coincido con tu descripción, pero -siempre hay un pero- te recuerdo que en todas aquellas crisis por vos relatadas, lo que determinó la caída fue la crisis politica, resultando más que evidente en el 2001 cuando el presidente desesperadamente convocó a los gobernadores peronistas ofreciéndoles compartir el poder.
    La situación a la que se ha llegado hoy, responde a un estílo particular mediante el cual, como un gatopardismo, nada hace el gobierno frente a los problemas puntuales, sino maquillarlos amparándose en la enorme caja que hoy maneja, discriminando en forma binaria y como un misil: amigo/enemigo. Flaco favor le hacen los gobernadores mientras nos perdemos otra oportunidad de desarrollo y pese a los ingenuos deseos de la Corte en el caso Masa, no habremos aprendido nada de una “crisis” que aún hoy reivindicamos legalmente. Adhiero a tu deseo de que los K cumplan con el mandato. Cuánta institucionalidad nos prometieron y qué poco nos entregan…

    Enrique R. Castelli

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